Álvaro Urquijo: Vida, Legado Musical y la Historia Detrás de Los Secretos

La historia de Los Secretos, una de las bandas más emblemáticas y longevas de la música española, está intrínsecamente ligada a la trágica desaparición de Enrique Urquijo, líder del grupo hasta su fallecimiento en noviembre de 1999. Tras su muerte, su hermano menor, Álvaro Urquijo, tomó las riendas de la banda, continuando con su legado musical.

Los Secretos en 2015. Fuente: Wikimedia Commons

Familia y Orígenes Musicales

La historia de los hermanos Urquijo comienza en los años sesenta en Madrid, en el seno de una familia de clase media donde siempre sonó la buena música. Javier Urquijo, el padre, empleado en una empresa de construcción y aficionado al jazz y a la música clásica, tuvo la idea de regalar una guitarra a sus hijos. Este gesto propició el nacimiento de un movimiento musical dentro de su hogar en la calle Guzmán El Bueno.

Javier (1958), Enrique (1960) y Álvaro Urquijo (1962) encontraron en la música una segunda familia. Precisamente en la universidad asistieron a sus primeros conciertos y empezaron a tocar para los amigos. Hasta entonces, los Urquijo fueron estudiantes. Javier estudió Económicas, Enrique, Radio y Álvaro, Ciencias de la Información.

Primeros Pasos en la Música

Antes de llamarse Los Secretos, inventaban un nombre distinto cada mes. Comenzaron llamándose «Tos», un nombre que hoy lo hubiera desafiado casi todo. El padre del batería, Canito, les prestó una casa en Becerril de la Sierra donde ensayaban y de ahí, pasaron a una fábrica de chocolates y caramelos como en la película de «Charlie y la fábrica de chocolate».

Canito, el batería del grupo y amigo de los Urquijo, falleció en 1980 en un accidente de tráfico. Su concierto-homenaje en la Escuela de Caminos de Madrid en febrero de aquel año reunió a Parálisis Permanente, Alaska y los Pegamoides, Mermelada, Mamá, Nacha Pop, Paraíso y a ellos mismos, ya reconvertidos en Los Secretos... "Empezaba a pasar algo, el pop despertaba" (Álvaro).

Concierto en la Escuela de Caminos en 1982, con Álvaro Urquijo a la izquierda, Enrique en el centro, Javier a la derecha, y Pedro en la batería. Fuente: La Razón

Superando la Adversidad: Adicciones y Pérdidas

Es bien sabido que Enrique tuvo muchos problemas con las drogas, igual que lo es que tuvo un talento descomunal para escribir algunas de las mejores canciones que se han hecho nunca en castellano. Lo que muchos no sabíamos hasta ahora era que su hermano Álvaro también estuvo enganchado durante algún tiempo a la heroína. Él mismo lo cuenta en Siempre hay un precio, un delicioso y emotivo libro donde el menor de los Urquijo repasa con sus luces y sus sombras la vida de su familia, que es la vida de Los Secretos: desde que los tres hermanos montaron su primera banda a escondidas de su padre, hasta cuatro décadas después, convertidos en historia viva de nuestra música.

Álvaro relata: "Empezamos con la coca. Fumarse unos petas y pasar a la coca era lo habitual; no parecía que tuviera grandes consecuencias. El problema fue cuando entre la oferta estaba la heroína. Como no sabíamos nada, le dábamos la misma importancia a una raya o a un tripi que a un porro. No nos preguntábamos mucho más. Solo queríamos pasarlo bien y nadie nos advirtió de dónde nos estábamos metiendo. Enrique y yo empezamos a pasarnos [...] Es bien sabido que Enrique lo pasó peor. Pero caímos sin ningún tipo de malicia. Nos enganchamos demasiado. Nos cambió el carácter y comenzamos a estar más pendientes del "camellete" de turno que de todo lo demás..."

Fue en 1982 cuando, después de llevar unos meses enganchado, Álvaro le vio las orejas al lobo y supo que era el momento de intentar parar. Ese año, después de cerrar la exitosa gira de su primer disco con tres noches de lleno absoluto en el mítico Rock-Ola de Madrid, el pequeño de los Urquijo se vio con 250.000 pesetas de las de entonces en el bolsillo y fue entonces cuando puso en marcha su plan para dejar la heroína.

Así consiguió Álvaro Urquijo ir, poco a poco, dejando la sustancia. Su hermano Enrique también lo hizo varias veces, pero siempre tratando su adicción en una clínica, de la que salía limpio hasta que al cabo del tiempo volvía a recaer.

Además de Enrique, fallecieron dos de sus baterías: Canito, alma del grupo cuando aún se llamaban Tos, y Pedro Antonio Díaz. Por el camino, una trayectoria llena de pérdidas que hacen que parezca increíble que Los Secretos hayan podido llegar donde han llegado.

La Trágica Muerte de Enrique Urquijo

Álvaro Urquijo ha querido con este libro aclarar algunos capítulos de la vida de Los Secretos, entre ellos el de la muerte de su hermano Enrique. Y no fue como la mayoría pensábamos que fue, o como nos vendieron que fue en los días que sucedieron a aquel nefasto 17 de noviembre de 1999, en el que Enrique Urquijo amaneció sin vida en un portal de Malasaña. No, no fue la heroína la que acabó con su vida.

Al parecer según cuenta Álvaro, su hermano había fumado coca base que, combinada con los barbitúricos (legales) con los que se trataba la depresión, fue letal. Esto fue, en concreto, lo que la forense le dijo: "Tu hermano no tomó heroína aquella noche. Fumó coca base y tomó varios Tranxiliums. Tuvo una sobredosis involuntaria de calmantes".

Álvaro Urquijo mantiene que la muerte de su hermano fue accidental. En ningún caso Enrique buscaba acabar con su vida y tampoco fue la heroína la sustancia que hizo rebosar un vaso que ya estaba lleno de agua. "Fue una combinación de barbitúricos y de coca base la que le causó una parada cardiorrespiratoria. Eso, y la mala suerte. Nadie va a casa de unos camellos a suicidarse. Nadie quiere tener un subidón, se toma unas pastillas para que se le pase y nunca llega a casa", relata Álvaro en el libro, refiriéndose con 'barbitúricos' una sustancia llamada Tranxilium.

Cuando encontraron el cadáver de Enrique en la calle, fue su mujer la que le informó de algo que ya había rondado por su mente. "Solo dijo 'Álvaro, ha pasado' y un largo silencio. Me quedé destrozado", cuenta.

En su última aparición en público, en la entrega de los Premios Amigo, su aspecto era saludable y presumía ilusionadísimo de su más inmediato proyecto: el segundo volumen de grandes éxitos de Los Secretos. Este disco, editado por Dro, salía a la venta, como estaba previsto, justo dos días después de su muerte.

Enrique Urquijo, tras él su hermano Álvaro, en 1982. Fuente: La Razón

Además del libro Siempre hay un precio, el 19 de noviembre saldrá también a la venta el formato CD+DVD de Desde que no nos vemos, un disco homenaje por el vigésimo aniversario del fallecimiento de Enrique Urquijo.

Álvaro Urquijo quiere zanjar el asunto y, aun reconociendo que su hermano era un chico con problemas, pide "que se haga justicia con mi hermano. Quiero aprovechar esta ocasión para dar las gracias, desde el dolor de mi familia, por todo este respeto que hemos podido palpar. Ha sido muy emotivo. Hemos sentido que Enrique era muy querido. Y no es sólo un tópico. La información primera fue muy dura e inexacta, aquellos textos multiplicaron nuestro dolor, no hacían honor a la verdad.

El Legado de Los Secretos y la Persistencia de Álvaro Urquijo

Desde aquel comienzo y hasta hoy se han editado diez discos de Los Secretos y dos de Enrique y los Problemas. Tan sólo hubo un pequeño paréntesis en la carrera de la banda, entre 1983 y 1986.

La obra de Enrique ha sido valorada después de su muerte. Es algo muy triste, pero es la verdad. En este tiempo yo me he encargado de potenciarlo: nunca he tenido ningún rubor en borrar mis canciones del repertorio y poner las de Enrique. No vivo de los derechos de autor ni de los ‘royalties’.

La culpa es Álvaro, que ha dedicado 40 años a luchar por mantener a flote el sueño de su vida. El milagro (y la moraleja de la historia) es que la música venció a tanta fatalidad, o al menos Álvaro Urquijo así lo entiende y lo cuenta en ‘Siempre hay un precio’ (Ed. Espasa), una historia que empieza en un piso del barrio madrileño de Argüelles (calle de Rodríguez San Pedro, 5) con una familia de “Cuéntame” (sic) muy bien avenida gracias a su madre.

Álvaro continuará abanderando la libertad, la valentía que siempre tuvo el sonido Urquijo, su sello de distinción: "Se está olvidando en el mundo de la música la vía de la sinceridad, eso que los americanos llaman feeling". Enrique se llevó una gran dosis del feeling Urquijo.

Álvaro Urquijo no cree que a Los Secretos les asistiera ninguna «maldición», a pesar de que las circunstancias hicieron que perdieran en accidentes a dos de sus baterías. «Malditos, no, lo que pasa que nosotros no éramos precisamente unos angelitos y por timidez o inseguridad pisamos terrenos un poco fangosos. Pero, ¿quién no tuvo un traspiés en su vida? ¿Quién no ha perdido a un ser querido?» Además, advierte de que, cada uno de ellos «no solo eran baterías, eran musicazos y componían. Fue como si te cortaran un brazo».

El mayor secreto de Los Secretos ha sido sobrevivir. Es haber tenido un público maravilloso, con una afinidad emotiva que nos ha hecho perdurar.

Álvaro Urquijo se confiesa y cuenta su verdad. Dice que la historia de la banda es la suma de grandes momentos creados a partir de «retos imposibles, situaciones complicadas y momentos muy difíciles». «Para llegar hasta donde estamos hemos tenido que pagar un precio carísimo».

¿Y valió la pena? «Yo creo que sí. Cuando inicias una carrera tan incierta como es la de la música, la pasión y la vinculación personal que teníamos con ella sobrepasaba cualquier concepto de lo económico o de negocio... Fuimos hacia detrás algunas veces, pero ese cariño del público o canciones que no se olvidan, nos animó a continuar en cada varapalo».

Álvaro, aún con la voz herida durante su primer contacto en estos días con un medio, intenta dar una explicación a la respuesta que siempre encontraron: "Nunca hemos sido personajes públicos pero sí nos hemos sentido muy queridos. Nuestro grupo nunca buscó temas comerciales aunque hayamos mantenido relaciones cordiales con las discográficas. No nos importa el dinero ni la música de moda. Lo nuestro ha sido como un tubo de desagüe hacia el público, que nos lo devuelve en forma de cariño. Nos ha ayudado mucho la sensibilidad de la gente porque al final las canciones se hacen para quien las va a oír en su casa. Hemos trabajado siempre muy libremente, muy felizmente".

Y hablando de libertad, vuelve a su conversación constantemente la figura de Enrique: "Él sí que era un tío de verdad, y su música era de verdad, venía de la sinceridad, nunca hizo un producto de moda. Era una persona de lo más normal y de lo más majeta. Si se leen bien sus letras más sentidas se entiende que era un hombre que sufría.

El respeto por su legado y la pasión por la música son el motor que impulsa a Álvaro Urquijo a seguir adelante, manteniendo viva la llama de Los Secretos para las generaciones venideras.

Enrique quedará. Su herencia, su música, es grande.


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