Alberto Tomba (San Lazzaro di Savena, 1966) es uno de los esquiadores alpinos más importantes de la historia. Su arrolladora personalidad y capacidad agonística atrajeron a espectadores de todo el mundo para ver sus carreras, en las que siempre estaba asegurada la lucha y la emoción hasta el final.
Tomba ha entrado en las casas de todo el mundo normalizando un deporte de culto durante 21 años. Primer atleta en vencer en la misma especialidad de esquí alpino (en su caso slalom gigante) en dos ediciones consecutivas olímpicas (1988 y 1992), ganó también la Copa del Mundo de esquí en 1995 participando solo en dos pruebas, slalom y slalom gigante, dado que no le gustaba competir en las pruebas de velocidad.
Inicios y Ascenso a la Fama
Alberto Tomba nació playboy. Hijo de una familia adinerada de las afueras de Bolonia, donde la nieve no se percibe en todo el año, conoció el esquí en una de las habituales escapadas de fin de semana de la familia. Practicó el fútbol y el tenis, pero fue la adrenalina del esquí lo que convirtió el deporte invernal en una selección natural para este ‘bon vivant’.
Además, en el fútbol había que compartir honores con el resto del equipo y Tomba es hombre de ganar y perder por sí mismo. En los Juegos Olímpicos de Lillehammer de 1994 ganó su última medalla olímpica, pero fue irrelevante. Lo trascendental fue cuando un plumilla le preguntó si prefería a Katarina Witt a Nancy Kerrigan o a Tonya Harding, tres excelentes y bellas deportistas.
Cuando a finales de los 80 comenzó a deslumbrar por sus bajadas a tumba abierta, la prensa descubrió un filón que iba más allá del espectáculo deportivo. Tomba daba entrevistas a cambio de citas. Pero no era sexo. O sí. Pero no. La fama de Tomba no se labraba en la cama, sino en el cortejo. En sus años de apogeo una corte de periodistas andaba detrás de él como si de la princesa Diana se tratase.
El esquí no pasa de ser una afición turística en muchos países, pero Tomba lo convirtió en un deporte referencial. Tomba consiguió interrumpir la transmisión de la RAI del Festival de San Remo para que toda Italia le viese ganar dos medallas de oro en los Juegos de Calgary 1988. También para que la vieran cortejar a la patinadora alemana Katarina Witt en directo. Intentos, que en directo fueron en vano, pero que entre bambalinas dieron sus frutos.
Logros Deportivos
- Ganó tres oros olímpicos.
- Más de 50 carreras de la Copa del Mundo.
- Primer atleta en vencer en la misma especialidad de esquí alpino en dos ediciones olímpicas consecutivas (1988 y 1992).
- Ganó la Copa del Mundo de esquí en 1995 participando solo en dos pruebas.
Vida Personal y Legado
Tomba fue también el primer campeón que no lo fue por obligaciones geográficas. Fue un esquiador urbano. Ayudó a su leyenda que a Tomba no le gustaba vivir en la nieve, ni ayudaba a su abuelo a apilar leña para el invierno ni sumaba kilómetros bajo el manto blanco para llegar a la escuela. Tomba creció en medio de atascos, con calefacción eléctrica y haciendo la compra en el supermercado.
No solo de testosterona vivió la leyenda Tomba. Cuentan que llevaba un traje de carabinieri en el maletero de su Ferrari que no dudaba en ponerse cuando un atasco lo atrapaba en la ladera de una montaña. En Calgary también se acercó a uno de sus rivales y le dijo que no tenía motivo alguno de que preocuparse, que tenía el segundo puesto asegurado. La medalla de oro era cosa de Tomba. Fue su primera gran actuación internacional. Pícaro y despreocupado fue rebautizado como Alberto de Albertville cuando se llevó de calle a la afición francesa en los Juegos de 1992. Sus saludos a cámara. Una vez retirado confesaría que las sonrisas iban dedicadas a su entrenador y los besos a su ‘mamma’.
Una vez, presentándose como juez en el certamen de Miss Italia, reclamó el primer premio él mismo cuando dejó el evento para salir a cenar con la ganadora. Durante los Juegos Olímpicos de Invierno de 1994, se sugirió que su vida privada estaba interfiriendo con su entrenamiento. «Admito que solía pasar un rato salvaje con tres mujeres hasta las 5 de la mañana. Ahora estoy entrenando, son cinco mujeres hasta las 3 de la mañana».
Por supuesto no hay un mini Tomba. Sería imposible escoger a una entre tantas. Alberto Tomba come, bebe, liga y se divierte. Tomba va camino de la vejez, pero hace malabares para evitarla. Ya no esquía. Cuando llega el verano corre y nada en la playa, porque en invierno se dedica a comer y a beber. “Me invitan a todas partes y simplemente no puedo decir que no porque no sería educado”, contesta cuando le preguntan, “y menos si hay mujeres”, apostilla con gracia.
Popular, mujeriego y juerguista, fue quizás el esquiador más famoso que jamás ha habido. Cuando perdía se le criticaba por vivir de noche y cuando ganaba se le admiraba por dormir de día. La carrera de Tomba fue corta, apenas de una década. Al pasar de la treintena colgaba los esquís ante la imposibilidad de mantener el físico asombroso y la concentración prodigiosa que requiere el slalom.
Uno de esos cuerpos fabulosos cuenta ya con más de medio siglo de vida. Es alto y de anchas espaldas, pero la grasa se ha adueñado de su abdomen. Da igual. Con la ayuda del tinte conserva sus rizos azabaches y el paso del tiempo no ha podido doblegar el poder de su sonrisa. Cuando pasaba de la veintena los muslos de Alberto Tomba eran de granito armado. Fascinaban por igual a hombres y a mujeres. A Tomba le llamaban ‘La Bomba’ porque era igual de atrevido e inquieto con los esquís en los pies que con las mujeres en sus brazos. No hay fiesta que se precie que no cuente con Tomba justo antes de la medianoche. Sigue siendo un play-boy, un Don Juan, un Casanova, un hombre de innegable encanto y descomunal atractivo.
Ya no es tiempo de machos. Berlusconi hace tiempo que dejó de ser Papá Silvio y la televisión italiana ha dejado de mostrar descomunales mujeres semidesnudas. Aquel pijo loco nunca quería ser segundo. Como aquella vez en Lillehammer que acabó duodécimo la primera manga para remontar y acabar ganando la plata. Siempre arriesgaba y nunca ponía su físico por delante. Le dio tiempo a fracasar como actor (interpretando a un detective ligón, como no) y a aparecer en diferentes programas de todo tipo.
