Adela Bors es una figura destacada en el ámbito del estudio de los Templarios, cuyo trabajo se desarrolla principalmente en el "CENTRO DE ESTUDIOS HISTÓRICOS TEMPLARIOS" y el "PRIORATO TEMPLARIO SAN BERNARDO DE CLARAVAL". Su labor se centra en la investigación y el análisis de la historia y los principios de la Orden del Temple.
Jacques de Vitry, obispo de Acre.
Los Principios de la Orden: Un Vistazo Histórico
Para comprender el contexto en el que se desarrolla el trabajo de Adela Bors, es crucial conocer los orígenes y principios de la Orden del Temple. Es necesario recordar que no se sabe, a ciencia cierta, la identidad de todos los caballeros que iniciaron la Orden de los templarios, aunque entre sus fundadores se menciona, en los escritos más antiguos, a un tal Hugo de Paganis.
La historiografía oficial suele asociar este nombre a un noble de la casa de los condes de Champaña, llamado Hugues de Payens (o de Payns); también se cita al flamenco Godefridus de Sancto Audemaro (conocido por Godofredo de Saint-Omer, de la familia de los Castellans de Saint-Omer en Flandes). Otros nombres son Godofredo Bisol, Payen de Montdidier, Rossal (o Roral, o también Roland) y Archibaldo de Saint-Amand (o Saint-Aignan).
Una carta del rey Balduino nos permite conocer a otros dos caballeros cuyos nombres son André y Gondemaro; el primero de ellos pertenecía a la familia de Montbard, que además era tío materno de Bernardo, el abad del Cister. El caballero que haría el número nueve fue Hugo I, séptimo conde de Champaña, fundador de Clairvaux, que se unió a los ocho primeros templarios en 1125. Su ingreso en la Orden tal vez fue el motivo que impulsó a San Bernardo de Claraval a escribirle una carta felicitándole por haberse hecho «pobre soldado de Cristo», siendo conde y rico como era. Este conde murió en Tierra Santa en 1126.
La cifra de los famosos «nueve» caballeros fundadores se ha tomado de las crónicas de Guillermo de Tiro y Mateo Paris. Según estos textos, esos nueve caballeros habrían fundado y sostenido la Orden desde el año 1118 hasta 1127, momento en el que solicitaron la Regla, aprobada en el Concilio de Troyes en el 1129. Sin embargo muchos historiadores creen poco fiable, por no decir inconcebible, este extremo, y suponen que hubo más, pero no presentan ninguna documentación al respecto.
En su Historia "Rerum in partibus transmarinis gestarum", Guillermo, canciller del Reino de Jerusalén y obispo de Tiro, dice que <<"en aquel año de 1119, ciertos nobles caballeros, llenos de devoción a Dios, religiosos y temerosos de Él, poniéndose en manos del señor patriarca para el servicio de Cristo, hicieron profesión de querer vivir perpetuamente siguiendo la costumbre de las reglas de los canónigos, observando la castidad y la obediencia y rechazando toda propiedad. Los primeros y principales de entre ellos fueron dos hombres venerables, Hugo de Payens y Godofredo de Saint-Omer">>.
En el siglo XIII, Jacobo de Vitry, obispo de Acre, refiere este acontecimiento en su Historia "Orientalis seu Hierosolymitana", y aporta algún dato más:<<"Se comprometieron a defender a los peregrinos contra los bandidos y ladrones, a proteger los caminos y a constituir la caballería del Rey Soberano" "Observaban la pobreza, la castidad y la obediencia según la regla de los canónigos regulares […]" "Al principio no fueron más que nueve […] y durante nueve años, se vistieron con ropas seculares […]" "Y como no tenían iglesia ni lugar en que habitar, el rey les alojó en su palacio, cerca del Templo del Señor […] y por esa razón se les llamó más tarde
Sello de los Caballeros Templarios.
Hacia 1118, estos caballeros se reunieron en Jerusalén para consagrarse al servicio de Dios, a modo de canónigos regulares, siguiendo en parte la antigua regla de San Agustín, que profesaba la unidad de corazón, la vida en común, la pobreza, la oración, la obediencia y la caridad fraterna. Es la regla monástica más antigua de Occidente que San Agustín de Hipona redactó allá por el s. V para organizar la vida de su comunidad en Tagaste y después en Hipona.
Algunos historiadores no comparten este extremo y se basan en el cronicón de San Bertino para negarlo. El historiador del siglo XIX Mateo Bruguera, sostiene que no consta documento alguno que acredite la filiación de aquellos caballeros a la regla de San Agustín. Martínez Díez señala, que en un primer momento, al iniciar en 1120 su vida religiosa en Jerusalén, los templarios tuvieron que haberse acogido a una de las dos reglas o modos de vida vigentes para los regulares de Tierra Santa y en el resto de la Iglesia occidental: la regla benedictina o la seguida por capítulos regulares invocando el nombre de San Agustín.
Y añade, que «dada la dependencia del primer Temple del patriarca de Jerusalén, parece obvio que fuera elegida la misma regla que seguían los canónigos del Santo Sepulcro, que constituían el cabildo propio del patriarca».
En cualquier caso, es indudable que la Orden del Temple fue filiación de la del Cister (en contraposición a la del Cluny que representaba un monacato rico, centralizado y muy litúrgico, mientras que el Císter nació como una reacción radical que buscaba volver a la austeridad, el trabajo manual y la simplicidad de la Regla de San Benito); así lo aseguran fray Ángel Manrique en sus Anales Cistercienses (1642-1659), y fray Miguel Ramón Zapater, cronista del Reino de Aragón y de la Orden del Cister, en su Císter Militante (1662). Incluso hay autores que creen que San Bernardo de Claraval no solo fue sobrino de André de Montbard, sino también pariente del propio Hugo de Payens, a quien protegió eficazmente en el Concilio de Troyes.
Como se ha señalado, los primeros caballeros templarios se reunieron en Jerusalén a modo de canónigos regulares, e hicieron ante el patriarca Gormondo los tres votos ordinarios de obediencia, pobreza y castidad, más un cuarto voto de defender con las armas y preservar los Santos Lugares, así como proteger a los peregrinos, lo cual les convertía de hecho en una fuerza regular y militar.
Balduino II, primo y sucesor de Balduino I, fue coronado rey de Jerusalén en 1118. Admirado del celo de estos «pobres caballeros de Cristo», les cedió el ala de su palacio situado en la antigua mezquita de Al Aqsa, en el monte del Templo, de ahí que fuesen conocidos a partir de entonces como «caballeros templarios».
El obispo de Acre nos decía: ≪Algunos caballeros, amigos y enviados de Dios, renunciaron al mundo, se consagraron a Él y se comprometieron por su fe ante el patriarca de Jerusalén a proteger los caminos y desfiladeros más peligrosos y a defender a los peregrinos contra los bandidos y, sin renunciar a sus hábitos profanos, a observar estrictamente la regla de los canónigos regulares del Santo Sepulcro≫. (JACQUES DE VITRY, obispo de Acre, 1118).
San Bernardo de Claraval y la Defensa de la Nueva Milicia
San Bernardo de Claraval jugó un papel crucial en la defensa de la Orden del Temple, especialmente ante las críticas que surgieron sobre la compatibilidad de la vida cristiana con el uso de la fuerza militar. Ante la preocupación de Hugo de Payens por estas críticas, Bernardo respondió con el tratado "De laude novae militiae. Ad milites Templi" (Sobre la alabanza de la nueva milicia).
En este tratado, Bernardo argumenta que la lucha de los templarios contra los musulmanes en defensa de la Tierra Santa y la Cristiandad no era una guerra "homicida", sino "mali-cida" (exterminadora del mal). Bernardo animó a los caballeros a combatir con confianza y ardor por Jesucristo, deseando incluso la muerte como unión íntima con el Señor.
Según Bernardo, la vida del caballero templario es segura porque está exenta del doble peligro que enfrenta el resto de la humanidad: matar al enemigo corporalmente y a sí mismo espiritualmente. La victoria del cristiano, según Bernardo, debe valorarse no por la fortuna en el combate, sino por los sentimientos del corazón y la justicia de la causa.
San Bernardo de Claraval.
La Relación entre Ramón Llull y Jacques de Molay
Es 1301 cuando Ramón Llull atraca al puerto de Famagusta, Chipre, y es ahí donde se encuentra con Jacques de Molay, el último Gran Maestre de la Orden del Temple. Molay recibe a Llull como a un huésped de honor, y ambos sostienen conversaciones sobre la situación de Tierra Santa y la necesidad de una reforma de la Orden del Temple. Ramón Llull, impresionado por la sabiduría y el fervor religioso de Molay, le dedica una de sus obras más importantes, el "Liber de Fine", en la que propone una nueva estrategia para la reconquista de Tierra Santa.
La relación entre Llull y Molay es un ejemplo de la conexión entre la Orden del Temple y los intelectuales de la época, y demuestra el interés de los templarios por la cultura y el conocimiento.
Historia Secreta De Los Templarios. (Parte I)
Tabla Resumen de Personajes Clave
| Personaje | Rol | Contribución |
|---|---|---|
| Hugo de Payens | Primer Gran Maestre | Fundador de la Orden, buscó el apoyo de San Bernardo |
| San Bernardo de Claraval | Abad del Cister | Defensor de la Orden, autor de "De laude novae militiae" |
| Guillermo de Tiro | Canciller del Reino de Jerusalén | Cronista de la Orden |
| Jacques de Vitry | Obispo de Acre | Historiador de la Orden |
| Ramón Llull | Filósofo y escritor | Huésped de Jacques de Molay |
| Jacques de Molay | Último Gran Maestre | Recibió a Ramón Llull en Chipre |
