Actividad Cerebral del Feto y su Desarrollo Durante el Embarazo

El desarrollo del cerebro es un proceso complejo y crucial que comienza temprano en la vida intrauterina y continúa hasta bien entrada la infancia. Este desarrollo es fundamental para el futuro bienestar y las capacidades del individuo.

Desarrollo Temprano del Cerebro Fetal

El cerebro, el órgano más complejo del ser humano, comienza su desarrollo a los 18 días de vida, formando las células nerviosas que más adelante se convertirán en las neuronas. La base del sistema nervioso se desarrolla en las semanas 16 a 18. En estas semanas las neuronas del bebé se multiplican a un ritmo de 250.000 por minuto. Durante este proceso se produce el doble de células de lo que necesita el bebé. Muchas de ellas necesitan ser estimuladas para que se produzca su conexión con otras. El exceso que no sea estimulado, desaparecerá.

Dos semanas después aumenta espectacularmente la superficie del cerebro, de modo que pueden conectarse más células. Como hemos visto, la estimulación prenatal es fundamental desde la semana 20, momento en el que el feto puede empezar a escuchar y notar estímulos del exterior.

Durante el el embarazo, el óvulo fecundado se transforma en embrión y después en feto, a partir de la novena semana de gestación. Un bebé con ocho semanas de edad gestacional ya tiene formadas las estructuras básicas de su sistema nervioso y neuronal. El periodo embrionario comprende las ocho primeras semanas de gestación de vida intrauterina. Alrededor del sexto día tras la fecundación, el embrión se implanta en la pared uterina; está constituido por un grupo de células. La circulación útero-placentaria se ha completado y funcionará dos semanas después. Existe ya un esbozo de sistema nervioso y de la cavidad cardiaca, con latido hacia la tercera semana de gestación. Entre las semanas cuarta y octava el embrión ya tiene aspecto humanoide.

Desarrollo Sensorial y Motor del Feto

En la quinta semana el feto ya desarrolla un repertorio sorprendentemente complejo de actos reflejos. En la octava semana no sólo mueve fácilmente la cabeza, los brazos y el tronco, sino que además con estos movimientos ya ha labrado un primitivo lenguaje corporal: expresa sus gustos y aversiones con sacudidas y patadas bien colocadas. Lo que le desagrada especialmente es que le manipulen. Esta preocupación por la comodidad tal vez explique el motivo por el cual algunos recién nacidos son tan activos por la noche. En el útero, la noche era el momento más ajeteadro del día para el bebe. Una vez acostada, su madre estaba lejos de sentirse relajada y sosegada.

El dominio de las expresiones faciales se retrasa un poco más que el de los movimientos generales del cuerpo. Al cuarto mes el niño intrauterino es capaz de fruncir el ceño, bizquear y hacer muecas. De cuatro a ocho semanas después es tan sensible al tacto como un niño de un año. Si se le cosquillea accidentalmente el pericráneo durante un examen médico mueve la cabeza deprisa. Quizás lo más sorprendente de esta criatura sean sus gustos selectivos.

Basta añadir sacarina a su dieta normalmente suave de líquido amniótico para que su tasa de ingestión se duplique. Investigaciones recientes también demuestran que a partir de la semana veinticuatro, el niño intrauterino en todo momento oye. Además tiene muchas cosas que oír: el abdomen y útero de la embarazada es muy ruidoso. Los retumbos estomacales de su madre son los sonidos más potentes que oye, La voz de ella, la de su padre y otros sonidos ocasionales son más amortiguados, pero igualmente resultan audibles. Sin embargo, el sonido que domina su mundo es el rítmico tac del latido cardíaco de la madre.

Por razones obvias la visión del niño intrauterino se desarrolla con más lentitud: aunque no está totalmente a oscuras, el útero no es el lugar ideal para practicar la visión. Esto no significa que el feto no vea.

A partir del tercer trimestre de gestación, el feto responde a estímulos externos con aumento de su frecuencia cardiaca. También se incrementan sus movimientos espontáneos, tras estímulos auditivos bruscos por sonidos ambientales fuertes, a los que se va acostumbrando poco a poco. En la semana 14 de embarazo empiezan a observarse movimientos respiratorios y de deglución.

Conciencia y Actividad Mental Fetal

El hecho de que el niño intrauterino tenga habilidades demostradas para reaccionar ante su entorno a través de los sentidos, muestra que esta posesión de los requisitos básicos del aprendizaje. Se ha sugerido que el comienzo de la conciencia podría estar entre las semanas veintiocho y treinta y dos. En ese momento se formarían los circuitos neurales del cerebro y estarían tan desarrollados como en un recién nacido. Este dato es fundamental por que los mensajes son retransmitidos a través del cerebro y de éste a diversas partes del cuerpo.

Aproximadamente en la misma época la corteza cerebral madura lo suficiente como para sustentar la conciencia. Pocas semanas después, las ondas cerebrales se vuelven definidas, lo que permite distinguir con facilidad entre los estados de sueño y de vigilia del niño. Ahora está mentalmente activo incluso mientras duerme. A partir de la semana treinta y dos, las pruebas sobre ondas cerebrales comienzan a registrar periodos de sueño REM, que en adultos significa la presencia de estados oníricos, aunque todavía es imposible decir si para el feto significan lo mismo.

Durante el periodo fetal, a partir de la novena semana de gestación, los sistemas van a ir madurando gracias al crecimiento en número y tamaño de sus células. La migración neuronal para formar la corteza cerebral (la sustancia gris) se completa hacia el sexto mes de gestación.

La Influencia Materna y el Entorno en el Desarrollo Fetal

El impacto directo, inmediato y más verificable de la influencia de las hormonas maternas se da en el cuerpo del bebe y no en su mente. Sin embargo, en el curso del proceso, estas sustancias lo empujan hacía una conciencia primitiva de si mismo y de la faceta puramente emocional de los sentimientos. En diversos estudios se vio que surgía una distinción sutil entre las tensiones. En síntesis, aunque las tensiones externas que afronta una mujer tienen importancia, lo más esencial es lo que siente la madre hacía su hijo no nacido.

El útero es el primer mundo del niño. El modo en el que lo experimenta, como amistoso u hostil, crea predisposiciones de la personalidad y el carácter. Esta comprensión explica el origen del comportamiento postparto sorprendentemente logrado del recién nacido. El niño no nacido se convierte en partícipe activo del vínculo intrauterino. La madre marca el ritmo, proporciona las indicaciones y moldea las respuestas de su hijo, pero sólo si éste decide que sus planteamientos tienen sentido para él. En resumen, el vínculo intrauterino no se produce automáticamente: para que funcione, es preciso amor hacía el niño y compresión de los propios sentimientos.

El niño intrauterino es un ser sorprendentemente flexible que, si es necesario, hasta puede lograr que una ligera emoción materna se extienda un largo trecho. Pero no puede establecer el vínculo por su cuenta. Esto no significa que las mujeres de contacto tardío serán malas madres. Los sentimientos maternos de la mujer son demasiado complejos y personales para reducirlos por completo a reacciones biológicas. Los millares de momentos íntimos que a lo largo de la vida unen a la madre y al hijo son también importantes.

También la alimentación de la madre tiene mucha influencia en el desarrollo cerebral. Existen una serie de nutrientes que contribuyen a la formación del cerebro. El ácido fólico, por ejemplo, previene los defectos de la médula espinal y el tubo neural. El cerebro también necesita grasa, proveniente sobre todo de los ácidos grasos poliinsaturados de cadena larga: DHA (ácido docosahexaenico) y AA (ácido araquidónico), cuyas carencias pueden afectar a la inteligencia. Estos ácidos se pueden obtener de la dieta, pero es mejor suplementar ya que es difícil obtener las cantidades necesarias sólo de la alimentación.

Los controles médicos a lo largo del embarazo tienen como misión el detectar y corregir alteraciones en el estado de salud de la madre que puedan tener consecuencias sobre el feto. Los hábitos saludables durante la gestación incluyen el eliminar el alcohol y el tabaco.

Durante el embarazo, tu bebé recibe algunos estímulos: notará cómo acaricias tu tripa, podrá oír tu voz, “degustar” sabores… Al nacer, llega a un mundo lleno de luz, ruido, olores… Si observamos una ecografía de las primeras semanas de embarazo, cuando el bebé es un embrión de cuatro o cinco semanas, a ambos lados de lo que en pocos días se convertirá en su cabeza, ya se perciben unas diminutas manchas negras.

Salud Mental Materna y Desarrollo Fetal

Los trastornos de salud mental durante el embarazo y postparto son prevalentes, y aproximadamente uno de cada cinco embarazadas presentan algún tipo de trastorno de salud mental. En España, la prevalencia se sitúa alrededor del 18%. Dentro de estos, entre los más frecuentes figuran los trastornos de tipo depresivo y/o ansioso. Debido a que en muchos casos son infradiagnosticados, únicamente un 15% de las mujeres con trastornos de salud mental reciben algún tipo de tratamiento durante el embarazo.

Existe bastante evidencia científica que apoya que la depresión durante el embarazo tiene un impacto en la salud materna, puesto que aumenta la probabilidad de que las gestantes adopten hábitos de vida poco saludables (tabaco, drogas, peor alimentación, menos ejercicio). Esto puede afectar al desarrollo del embarazo y aumentar la probabilidad de complicaciones, como partos pretérmino y el nacimiento de bebés de bajo peso o con más riesgo de ingreso en la UCI neonatal. En todo este proceso el estrés, definido como cualquier malestar psicológico, juega un papel fundamental.

El estrés pone en marcha un proceso de activación biológica de regulación que puede favorecer que la placenta libere ciertos factores biológicos que actuarán sobre diversos sistemas en el feto. Y esta es la clave para entender por qué el estrés durante el embarazo se puede asociar a un mayor riesgo de desarrollar ciertas enfermedades en la descendencia. No obstante, actualmente no está del todo claro el que este proceso se asocie con trastornos psico-conductuales en los futuros niños-adolescentes-adultos, y confirmarlo sigue siendo un reto científico.

Durante el confinamiento estricto en la pandemia, en un estudio previo que realizamos en el Hospital Vall d´Hebron en Barcelona, constatamos cómo las mujeres embarazadas presentaban tasas de síntomas depresivos y de ansiedad, superiores a las que se evaluaron antes de la pandemia en población embarazada general, afectando principalmente a las mujeres con menos apoyo social.

Existe también evidencia de que un mayor riesgo de depresión durante el embarazo se asocia con mayores tasas de depresión postnatal, que puede conllevar a trastornos del vínculo madre-bebé. Un reciente estudio de Yuan-Chiao Lu también demuestra que las tasas de síntomas depresivos y de ansiedad fueron superiores en las embarazadas durante la pandemia, en comparación con una cohorte pre-pandemia. Este estudio detecta, además, mediante resonancia magnética fetal, algunos cambios en el desarrollo de las estructuras del sistema nervioso central del feto, como son una disminución en el volumen de la sustancia blanca, el hipocampo y el cerebelo, así como un retraso en la sulcación de la corteza cerebral.

Sin embargo, la asociación de estos hallazgos en las estructuras cerebrales con trastornos del desarrollo más adelante en la vida continúa sin conocerse en la actualidad. Este estudio también concluye que la educación de los padres y su estado laboral se asocia con el desarrollo del cerebro fetal. Esto indica que probablemente las familias con mejor educación y nivel socioeconómico son más conscientes de la importancia de unos hábitos de vida saludables durante el embarazo, que favorecen un menor estrés, para un correcto neurodesarrollo durante el embarazo y los primeros años de vida de sus hijos.

Finalmente cabe remarcar que existe numerosa evidencia que apoya que el desarrollo neuronal se extiende desde el periodo embrionario hasta la adolescencia y que, por lo tanto, el ambiente de desarrollo encierra recursos capaces de favorecer la maduración de los circuitos nerviosos cerebrales a través de una combinación de cuidados, relaciones sociales, estímulos cognitivos y actividades motoras. Esto significa que el periodo de neurodesarrollo es amplio, y hay muchas oportunidades durante la infancia para seguir influyendo de manera favorable en este proceso. Esto es lo que se denomina plasticidad neuronal, de gran importancia en los primeros años de vida.

Hay que remarcar la importancia de un diagnóstico precoz de depresión y/o ansiedad durante el embarazo y/o postparto, tanto para un correcto tratamiento como para minimizar los riesgos para el bebé.

Tabla Resumen del Desarrollo Cerebral Fetal

Semana de Gestación Hito del Desarrollo Cerebral
18 días Inicio de la formación de las células nerviosas
Semanas 16-18 Multiplicación rápida de neuronas (250,000 por minuto)
Semana 20 Inicio de la capacidad del feto para escuchar y notar estímulos externos
Semanas 28-32 Posible inicio de la conciencia y formación de circuitos neurales
Semanas 30 Comienzo de registro de periodos de sueño REM

El desarrollo del cerebro se inicia desde el principio del embarazo pero no finalizará hasta años después del nacimiento. Resulta difícil pensar que el feto desarrolle una actividad consciente tal y como la definimos habitualmente en términos de pensamiento y/o experiencia. Así, encefalogramas en prematuros sugieren que sólo desde las 32 semanas se empiezan a ver patrones eléctricos que recuerdan vagamente a los de un bebé. Los estudios con resonancia magnética sugieren que al final del embarazo la forma de conexión interna del cerebro es todavía muy ineficiente. Todas las áreas de la corteza cerebral parecen conectarse entre sí, lo que explicaría la falta de un procesamiento de señales estructurado. Así pues, no debemos confundir sistema nervioso con cognición o sentimiento.

Por supuesto, aunque no funcione todavía plenamente, el desarrollo cerebral en el útero es crítico para el resto de nuestra vida, y es un proceso muy delicado que debe producirse de forma perfecta. Sabemos que pequeñas desviaciones pueden hacer que las sofisticadas funciones cerebrales no se desarrollen plenamente en el futuro. Así, la nutrición materna y fetal adecuadas, un entorno relajado, evitar una exposición a ruido elevado o estrés físico, la ausencia de tabaco o alcohol...

Un tema de preocupación habitual en referencia a la capacidad sensitiva del feto es la posibilidad de que pueda sentir dolor. Recordemos que las reacciones reflejas no se consideran dolor, que científicamente se define como experiencia subjetiva que requiere conciencia, y como hemos razonado no tenemos evidencia científica que indique que esto sucede en vida fetal. Por otro lado, las conexiones cerebrales que conducen el dolor hasta la corteza se forman desde la semana 24, aunque sabemos que no funcionan adecuadamente hasta las 32 semanas.

Con las dudas que tenemos sobre su estado de conciencia y una falta de experiencias sensoriales, se hace difícil pensar que un feto “sueñe” tal como entendemos nuestros sueños. Por ejemplo, no es hasta su nacimiento que el bebé ve la luz por primera vez, y empieza a responder a estímulos de tipo visual, que aún tardará mucho tiempo en saber interpretar. Realmente, el futuro bebé pasa la mayor parte del día en un estado cerebral parecido al sueño del bebé. Aunque se mueve con frecuencia, incluso dormido, estos movimientos reflejan actividad de la parte básica del cerebro, no de la corteza.

Hay evidencia científica de que tanto la música y los sonidos agradables, como los sonidos elevados y desagradables, influyen en direcciones opuestas en un cerebro en desarrollo. Sabemos también la gran influencia que tiene el entorno familiar, la forma de hablarle al bebé, los sonidos que escucha en casa... en el desarrollo de niños de tan sólo pocos meses. Desde el tercer trimestre el desarrollo cerebral empieza a ser sensible a la exposición a sonidos, en un sentido positivo o negativo. Pero recordemos que esto es así de forma muy general.

Recordemos también que un feto duerme 20 horas al día, y que por otra parte el sonido llega al útero de forma atenuada. Por tanto, seguro que escuchar a Mozart en el embarazo es bueno, pero como el conjunto de una vida equilibrada, y sobre todo en un ambiente de afecto familiar.

Desarrollo Prenatal: Lo Que los Bebés Aprenden Dentro del Vientre

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