En Argentina, el debate sobre la legalización del aborto ha generado una intensa discusión sobre el estatus y la representación del "no nacido". Estas representaciones están presentes en la cultura de masas, el mercado del embarazo/maternidad, libros infantiles de educación sexual y relatos de mujeres. En este contexto, el caso de "Belén" se convierte en un punto de inflexión para analizar estas construcciones sociales.
En 2016, "Belén" fue condenada a 8 años de prisión, acusada de haber asesinado a su "bebé", a su "hijo", en base a dichos de testigos que encontraron un "feto" de aproximadamente 22 semanas tirado en el inodoro del baño del hospital. Durante los 881 días que la joven estuvo presa, los movimientos de mujeres, feministas y de derechos humanos exigieron su liberación. El caso visibilizaba la problemática de la penalización del aborto, la violación de derechos humanos y la misoginia de la justicia. Belén ―nombre que se le dio para proteger su identidad― estaba presa por ser mujer y por ser pobre (Halfon Laksman, 2017).
Este artículo tiene como objetivo dar cuenta de la pluralidad de representaciones sociales sobre los "no nacidos" y la necesidad de contextualizar cada una de ellas. Por un lado, presentamos una revisión bibliográfica actualizada de estudios que abordan desde diferentes enfoques y metodologías a los "no nacidos". En segundo lugar, estudiamos el desplazamiento de sentidos que presentó el fallo que condenó a Belén ―"hijo", "bebé", "feto", "niño"― y ponemos en relación esta fuente con otras en las que encontramos caracterizaciones similares a las de la sentencia.
Consideramos que estos datos y algunos de los hallazgos de nuestras investigaciones en curso, pueden resultar útiles en un contexto en que ha vuelto a debatirse la legalización del aborto en la Argentina. Mientras que para ciertos sectores la figura "del niño por nacer" aparece como el sujeto de derecho al que hay que proteger, la figura del "no nacido", aun reconociéndole atributos e incluso una identidad, propone lecturas más amplias. Nos preguntamos aquí si la fuerza de estas representaciones puede atribuirse sólo al conservadurismo religioso o si pueden rastrearse en procesos culturales más amplios.
Metodología de Investigación
Nuestras investigaciones se enmarcan dentro del paradigma interpretativo de las ciencias sociales ―la sociología e historia de la religión y estudios de género―. El diseño muestral originario corresponde al diseño flexible de los estudios cualitativos, seleccionándose los casos de manera inductiva y siguiendo criterios teóricos (Vasilachis, 2006). El relevamiento de datos resultó de una combinación de estrategias de investigación cualitativa, observación participante, análisis documental y entrevistas.
En este artículo, para analizar la sentencia judicial de la Corte Suprema de Justicia de la Provincia de Tucumán en relación al "Caso Belén", utilizamos la técnica del análisis de contenido temático (Abela, 2014), mediante el recuento de palabras mayormente utilizadas (presencia, frecuencia, intensidad, dirección y orden) y cualitativo a partir de la codificación, construyendo unidades que permiten la descripción precisa de las características del contenido enunciado (Abela, 2014 p.14).
Análisis de secuelas psicológicas del aborto
La Evolución Histórica y Social del "No Nacido"
Desde la historia social y cultural se destaca que el desarrollo de la embriología como ciencia jugó un papel fundamental en la consideración del embrión como ícono de vida (Morgan, 2009). La necesidad de consolidación de esta disciplina en el campo científico llevó a la construcción de un objeto de estudio propio, el embrión, y así se le otorgó una entidad específica. Se reconstruyen los orígenes de la idea que afirma que la vida inicia en la concepción, se la ubica en la Modernidad (Dubow, 2011) y así se le otorga un carácter social a una creencia que para actores anti derechos reproductivos es una verdad incuestionable y a-histórica.
Woods (2006) en su estudio sobre la historia de la salud y muertes fetales indica que tanto los fetos muertos como los niños nacidos vivos y muertos luego del nacimiento, tenían la misma valoración y accedían a las mismas ceremonias de sepultura y registro en las parroquias. Este trabajo cuestiona la tesis de Ariès (1987) sobre el nacimiento de la infancia y los sentimientos especiales hacia ella recién en el siglo XVII, lo mismo que el situar la presencia de un "amor maternal", producto de una construcción social, recién en esa misma época y no antes (Badinter, 1981).
Otra línea de estudios interpreta el impacto que han tenido las nuevas tecnologías de visualización en los discursos públicos actuales sobre el no nacido (Duden, 1993) y el tipo de vinculación entre la mujer gestante y el feto que propician. La persona gestante mira en una pantalla lo que está sucediendo en su propio cuerpo y esto termina por producir una reificación y fetichismo del feto (Taylor, 2004).
Otros estudios señalan que a mediados del siglo XX surgen marcos normativos y políticas públicas de protección a las mujeres embazadas con el fin de reducir el riesgo de muerte fetal y las tasas de mortalidad infantil. Dichas medidas adjudican responsabilidad a la mujer sobre el cuidado fetal y a la vez otorgan licencias y protecciones laborales, y coberturas de salud más amplias (Daniels, 1993; Katz Rothman, 2014).
El rol de la genética y las tecnologías reproductivas contemporáneas también son señaladas como centrales a la hora de otorgar entidad y estatuto ontológico propio a los no nacidos. Las pérdidas de embarazos, el duelo gestacional y el tratamiento de los cuerpos de los no nacidos muertos durante la gestación (especialmente a partir de la semana 24, las muertes perinatales) han sido recientemente abordados desde diferentes perspectivas.
Se estudian las dificultades de las mujeres en el sistema de salud ante la muerte durante la gestación y sus luchas por ser definidas como madres (Layne, 2003). Desde las ciencias de la salud se analizaron las consecuencias emocionales tanto para mujeres y varones de las pérdidas de embarazos, de dar a luz nacidos muertos (Cassidy, 2011). Desde las ciencias sociales queda por profundizar sobre cómo los padres (re) configuran sus identidades a partir de la muerte de sus hijos durante el embarazo, el parto o en los primeros meses después del alumbramiento (Cadge, Fox & Lin, 2015). Se entiende a esta situación como un evento traumático que deja huellas perdurables y por eso se hace hincapié en el rol de los protocolos de atención en las instituciones hospitalarias y el trato de los profesionales de la salud hacia las mujeres (Memmi, 2011).
Memmi (2011) señala que la muerte fetal es una situación difícil de enfrentar en la práctica sanitaria y que por ello, han surgido grupos de acompañamiento principalmente entre quienes atravesaron estas situaciones, que luego se contactan con profesionales de la salud para expresar sus demandadas, tal como sucede desde mediados de 1990 en varios países de Europa, Estados Unidos y Canadá.
También se está estudiando el impacto que tiene el no nacido en las redes sociales de las mujeres gestantes y sus parejas, ya sea en términos materiales y emocionales. Así se da cuenta de que la maternidad/paternidad se producen mediante la acción social y la retórica colectiva que existe durante todo el embarazo y no solo a partir del nacimiento (Cassidy, 2017). Hay estudios que muestran también la influencia de los muertos en la cotidianeidad de los vivos, particularmente en el caso de la muerte gestacional, las identidades se construyen a partir de las experiencias del embarazo y los futuros imaginados por las parejas gestantes (Cadge, Fox y Lin, 2015, Gerber-Epstein, Leichtentritt y Benyamini 2009).
En esta línea también encontramos estudios que analizan de qué modo influye el mercado en la construcción social del no nacido, con las celebraciones anteriores al nacimiento, la preparación del cuarto, la compra de ropa y juguetes (Layne, 2003), la elección del nombre, la revelación del sexo y la fiesta que puede acompañarla (Pasche Guignard, 2015). Claro que estas prácticas tienen lugar en determinados grupos sociales.
La difusión de las imágenes fetales por fuera del ámbito médico se pone en juego en el mercado del embarazo/maternidades y en la cultura de masas. Fotografías y videos digitales del no nacido de uso familiar pero también películas, obras literarias y teatrales que recrean la vida intrauterina. Uno de los ejemplos del cine de Hollywood más elocuente es Mira quien habla (EE.UU., 1989). La película comienza con una loca carrera de espermatozoides masculinizados que intentan penetrar a un óvulo pasivo, con voz femenina, y continúa con la vida intrauterina del protagonista, quien piensa, siente y habla desde el momento de la concepción.
Registramos obras de teatro infantil, cuentos y juguetes que con la intención de explicar la gestación a la niñez también dan vida al no nacido. El Mundo de Dondo, una obra de títeres de Julia Sigliano (2016) recomendada a partir de los 2 años explica que "desde el momento que un bebe es gestado comienza un gran viaje, la vida (...) el retablo gira y como un cubo mágico se va transformando en la panza de mamá, el cuarto del bebe, los sueños". Mi primer viaje de Paloma Sánchez Ibarzábal (OQO Editora, 2012) alude a la misma metáfora, en este caso un viaje espacial. El bebé que nace al comienzo de Litros y Litros de amor de Cristina Romero Miralles y Francis Marín (Editorial Ob Stare, 2016) dice "salí, te olí y te reconocí. Pasé de habitarte por dentro a cobijarme en ti". Es justamente esta dupla autoral la que ha escrito libros que celebran la menstruación, valoran las nuevas masculinidades y reconocen positivamente la transexualidad (El libro violeta: más allá del rosa y el azul, Editorial Ob Stare, 2018).
A esto se agregan otros productos y servicios que combinan objetivos terapéuticos y creencias religiosas o espirituales. Este segmento ofrece yoga, natación, eutonía y esferodinamia para embarazadas que invitan a "conectar con su bebé", rituales para abrir y cerrar el canal de parto, música relajante para el "bebe en la panza", etc. Estos consumos confirman al no nacido como una persona que conecta con el mundo por medio del cuerpo gestante, un cuerpo que ―según algunas creencias espirituales― el bebé elige para tomar vida en este planeta.
Las constelaciones familiares son otra de las terapias alternativas que colocan al no nacido en una red de relaciones con sus familiares, sin distinguir para tales efectos si ese no nacido no está vivo porque la persona que lo gestaba decidió interrumpir su embarazo o si lo que ocurrió fue un aborto espontáneo (Felitti e Irrazabal, 2018).
La Campaña Nacional por el Derecho al Aborto Legal, Seguro y Gratuito, Amnistía Internacional, artistas, cantantes y políticos de izquierda defendieron a la joven, y Soledad Deza, abogada feminista y experta en temas de bioética y salud, tomó la causa. Esto resultó crucial para que finalmente, en 2017, la Corte Suprema de Justicia de la Provincia de Tucumán la absolviera.
Para una agencia de prensa católica, la defensa trataba de manipular un "infanticidio" (Bustamante, 2016). La artista Paula Bonet, tras sufrir dos abortos espontáneos y compartirlo en redes sociales, se dio cuenta de que el tabú sigue rodeando a la pérdida gestacional. En 'Roedores' cuenta de forma íntima su experiencia. La primera vez que Paula Bonet (Villarreal, 1980) perdió el embrión que estaba esperando apenas habló de ello. «Sólo se lo conté a mi círculo más cercano. Todos decidieron que yo había sido la culpable. Por salir a cenar con las amigas, por haber inhalado aguarrás mientras pintaba, por viajar demasiado y no dormir lo suficiente». Así que cuando se quedó embarazada por segunda vez, intentó enmendarse. «Cancelé compromisos, me gasté el sueldo en comida orgánica, cociné en casa... Y pasó lo mismo», recuerda.
Emocionalmente, el segundo aborto no fue «tan duro» como el primero, pero también sintió que «no tenía herramientas para gestionar» aquel dolor. ¿Qué hacer con todas las expectativas que se habían proyectado sobre la nueva vida que latía en su interior? ¿Cómo canalizar un duelo que la sociedad ignora y no permite? «La noticia de un aborto te aplasta, te anula», explica Bonet, que decidió volcar su experiencia en Roedores (Literatura Random House), un libro que en realidad son dos: por un lado, un «acordeón» ilustrado con distintas versiones de la «ratoncita» que estuvo en su interior «como una osa silenciosa en hibernación» hasta que se fue «sin escándalo», sin casi hacer ruido; por otro, un diario escueto de los dos embarazos y posteriores abortos, una miscelánea en la que «se exploran más los huecos que las palabras», dice. Sobre lo despojado de ornamentos del texto y su brevedad, Bonet afirma que ha «renunciado a mucho al escribirlo». «Necesitaba ahorrar palabras y adjetivos para huir del melodrama y el victimismo», explica.
De hecho, Bonet no se planteó escribir sobre el tema hasta que el pasado 15 de enero subió una fotografía a Instagram, un selfie de perfil, que acompañó con el siguiente mensaje: «Autorretrato en ascensor con embrión con corazón parado» y un dibujo de Louise Bourgeois. Una especie de salida del armario que lo cambió todo: la repercusión en redes fue casi instantánea, miles de mujeres compartieron con ella experiencias parecidas y Bonet se dio cuenta de que si tantas habían pasado por algo igual pero ella no sabía nada sobre el aborto antes de sufrir uno, eso sólo podía significar una cosa: que es un tabú. «No está en la conversación pública. Parece que las mujeres tengamos que vivir en las tinieblas, construyendo estructuras en las que habitamos sólo nosotras, zonas que los hombres no conocen», critica. Al día siguiente sacó del cajón el diario que había ido escribiendo y se lo entregó a su agente para que buscara editor, decidida ya a contar su historia.
Bonet se muestra «prudente» con las redes sociales, a las que ve como «un lugar que te puede engullir», pero dio el paso, confiesa, «por el compromiso que tengo con las de mi género». No hay cifras oficiales sobre el aborto espontáneo en España, tampoco un protocolo hospitalario de carácter psicológico que acompañe a las miles de mujeres que cada año padecen uno o varios. Como la muerte perinatal, la endiometrosis o la desesperante lucha contra la infertilidad, el del aborto espontáneo es uno de los muchos tabúes que aún rodean a la maternidad del tampoco hay apenas literatura en la que encontrar algún tipo de consuelo. Por eso, Bonet espera que su libro sirva, al menos, para «poner el tema encima de la mesa» porque, insiste, «lo que no se nombra no existe».
Además de luchar contra la invisibilidad social del aborto, Roedores aborda una de las reacciones que muchas mujeres tienen al sufrir uno: la culpabilidad. «Aunque intentes ser coherente y mantener el temple, cuando te dicen que hay algún problema con el embrión el primer sentimiento que te asalta es que tienes una tara, que has fallado», explica la autora. Si resulta difícil huir de la culpa, más lo es llevar el trance bien. «Yo seguramente lo he hecho fatal. Pero también los que estaban cerca mío. Los dos abortos coincidieron el mismo año que mi hermana y cinco amigas se quedaron embarazadas. Primero, ellas no venían a verme. Y, después, no venían a verme con los niños. ¡Y eso que yo no tenía nada en contra de mi sobrino!», recuerda Bonet, que aquel año también perdió a dos abuelos.
Para ella, enfrentarse al tema sigue siendo difícil porque es «una historia que no ha terminado», cuyo desenlace sigue en el aire. ¿Y ahora? «Ahora ya no sé nada», se sincera. «Ni siquiera sé si quiero ser madre», añade. «Me propuse serlo hace dos años, a los 36, en una lucha contra el tiempo en la que, en el fondo, me había colocado el contexto capitalista y patriarcal en el que vivimos», reflexiona. Más conclusiones: «Nos avergonzamos de hablar de las emociones», asegura. «Vivimos de espalda al dolor y forma parte de la construcción del yo», precisa. Bonet también ha aprendido que la maternidad lo cambia todo. «Incluso la maternidad que más se acerque a la idea más tradicional que nos podamos imaginar de ella tiene partes muy oscuras. Yo sólo he estado embarazada tres meses en dos ocasiones y noté cómo mi relación cambiaba con el mundo. Mientras gestas no te perteneces, eres como un muro, un lugar seguro. Te vuelves loca».
Luego, tras los abortos, sintió como su cuerpo volvía a ser suyo.Bonet, que está ilustrando otro libro sobre la pérdida, El año del pensamiento mágico de Joan Didion (que verá la luz en mayo), cree que «habría sido mucho más fácil ocultarlo todo, seguir con mi vida y dedicarme a pintar paisajes en el Empordà». «Pero, por doloroso que sea», afirma, «no quiero darle la espalda. Sobre todo después de ver cómo con aquel post salían todas aquellas ratitas de las alcantarillas». Para ellas son estos Roedores.
El Caso Belén: Análisis de la Sentencia Judicial
Del análisis de contenido de la sentencia de la Corte Suprema de Justicia de la provincia de Tucumán surge que la absolución estuvo vinculada mayormente a cuestiones técnicas del proceso penal. En principio, la violación del secreto profesional (gráfico 1) fue lo que habilitó la imputación de la joven. No sólo la habían señalado como autora del "homicidio del bebé" sino que habían facilitado su historia clínica al personal policial. También se contempló que el aborto había sido espontáneo y que la joven había sido víctima de violencia institucional.
Nuestra tarea de análisis no contemplará las cuestiones técnicas del Derecho sino que pondremos foco en el hecho que se narró al violar el secreto profesional y que en el conteo de palabras aparece como minoritario. Se trata de la asociación de feto, bebé y vida que luego cualitativamente re aparece como feto, bebé, hijo de la mujer imputada. Esta conceptualización por parte de profesionales de la salud y policías al descubrir el feto en el inodoro y luego sostenida por los operadores judiciales que condenaron a la mujer, nos parece relevante para comprender la contienda actual sobre el aborto en la Argentina al dar cuenta de la existencia de distintas cosmologías sobre los no nacidos.
Gráfico 1: Análisis de Contenido en la Sentencia del Caso Belén
En el gráfico 1 pueden observarse la cantidad de palabras clave utilizadas en la sentencia, reflejando la tensión entre las diferentes conceptualizaciones del "no nacido".
En un margen de tiempo que alcanza hasta las 5AM, la mujer pidió permiso para ir al baño y allí, indican, parió "un bebé" ―"un feto"― "un niño" ―"su hijo"― que tiró al inodoro con la intención de "provocarle la muerte al arrojarlo por las cañerías del baño y tirar la cadena" (p. 2). Luego del "parto", relatan, "se retiró del baño y se dirigió nuevamente al consultorio donde estaba siendo atendida, quedando el cuerpo de su hijo, ya sin vida, atascado en la cañería del inodoro" (p.2). Los médicos fueron alertados por la guardia policial de la presencia de un "bebé en el inodoro" y pidieron información sobre mujeres con abortos en curso. Los médicos señalaron a la joven. Mientras tanto, el personal de salud (obstétrica, médicos, neonatólogo) "rescata al bebé" (p. 10) y lo lleva a neonatología aunque constata, afirman, ya estaba muerto.
"Dicen que yo he tenido un bebé" le dijo a la psicóloga que la atendió una joven que fue acusada de "asesinar a su hijo" y condenada en 2016 por la justicia de la provincia de Tucumán a 8 años de prisión por homicidio agravado por el vínculo (CSJT, sentencia 329/2017 p.78). Según los testimonios de testigos incluidos en la sentencia judicial de la Corte Suprema provincial (329/2017), los hechos sucedieron de la siguiente manera. La madrugada del 21 de marzo de 2014, casi a las cuatro de la madrugada, ingresó a un sector de la guardia del hospital una joven que indicó sufrir diarrea y cólicos renales.
