El Aborto con Percha: Historia, Símbolo y Realidades Peligrosas

La historia del aborto es tan antigua como la historia de la humanidad misma. A lo largo de los siglos, las mujeres han buscado maneras de interrumpir embarazos no deseados, a menudo enfrentando riesgos significativos para su salud y su vida. Uno de los símbolos más impactantes de esta lucha es la percha, un recordatorio sombrío de los métodos peligrosos y clandestinos a los que recurrían las mujeres cuando el aborto era ilegal.

Infografía sobre el aborto con percha, símbolo de la lucha por el aborto seguro.

El Caso de Elsie Leola Bodiford y el Origen del Símbolo

En 1953, Elsie Leola Bodiford, una joven animadora de 18 años, falleció en Alabama tras practicarse un aborto casero con el alambre de una percha. Su entrenador, William Henry Hamilton, de 25 años, la había dejado embarazada y le había acompañado e insistido para que se hiciera el aborto, junto con otros dos compañeros. Se encontró el cadáver de ella desangrado con la percha al lado. Hamilton y sus amigos no fueron condenados porque dijeron que lo había hecho ella sola.

Aunque este es el caso que suele citarse como emblemático, o el más antiguo, el uso de la percha como símbolo a favor de legalizar el aborto no se generalizó hasta casi 15 años más tarde, a finales de los 60. En las manifestaciones abortistas de 1969 y 1970 ya era frecuente.

El símbolo de la percha se ha mantenido en la simbología pro-aborto y el feminismo abortista. Feministas protestan disfrazadas con los atuendos de la serie "El cuento de la criada" y perchas.

El Aborto Clandestino: Un Problema Persistente

Hoy la ciencia ha avanzado y es posible abortar de forma segura y eficiente y, sin embargo, cada año mueren en todo el mundo 47.000 mujeres debido a abortos fallidos, practicados en las circunstancias más míseras. Culpa del tabú, la superstición, las religiones y las legislaciones machistas de países como Perú, Argentina, Brasil o El Salvador, donde un aborto espontáneo puede acarrear penas de hasta 30 años de cárcel. Hasta el lenguaje es perverso: en castellano no existe una palabra específica para el aborto espontáneo (lo que en inglés se llamaría miscarriage, en vez de abortion), una ambigüedad de la que se aprovechan muchos abogados en El Salvador para encarcelar a médicos y mujeres.

Es curioso como durante siglos de historia hay un vacío sobre el aborto. No es que siempre haya sido tan fácil, ni haya estado exento de polémica, es que, hasta la consagración del cristianismo primero, y de la medicina moderna después, los abortos han permanecido en el ostracismo, en ese lugar en el que ha estado siempre todo lo femenino. “Eran las mujeres quienes impartían consejos, instrucciones y recetas a las gestantes y a las puérperas, eran ellas quienes ayudaban a parir y a abortar, con los saberes oralmente transmitidos de mujer a mujer y estrechamente ligados a los conocimientos femeninos intrafamiliares de la vida cotidiana. Estos casos de abortos caseros son lo que actualmente conocemos como abortos clandestinos. Una práctica que puede ser muy peligrosa y que aún se ejerce en los países donde la interrupción voluntaria del embarazo sigue siendo ilegal.

La lista de instrumentos que las mujeres han utilizado históricamente para abortar es larga y dolorosa. La percha de alambre se ha convertido con el tiempo en el símbolo de lo que el movimiento antiabortista quiere esconder: el riesgo de hemorragia, infección, esterilidad e incluso muerte siguen estando a la orden del día. Y no es algo del pasado: este peligroso método casero vuelve a estar en auge en Estados Unidos por culpa de lo complicado que resultado abortar allí.

La percha es uno de los muchos métodos de aborto clandestino y peligroso. En la exposición, Abril traza un recorrido histórico por los métodos más descabellados: los baños con agua hirviendo, tirarse por las escaleras, pasar una noche fría al raso... y luego está la larguísima lista de venenos, pesticidas y hierbas (desde lejía hasta mercurio caliente, según un documento chino de hace 5.000 años), todas con su variantes locales que suelen provocar intoxicaciones, cuando no la muerte, por envenenamiento. Las píldoras abortivas con el nombre de mostrospol también suelen abundar en el mercado negro.

Manifestantes protestando por el derecho al aborto en Estados Unidos.

El Debate en Cifras: Mitos y Realidades

Desde siempre, y en todos los países, los activistas del aborto han dado cifras increíbles tanto sobre abortos clandestinos como sobre mujeres fallecidas en tales abortos.

En el caso estadounidense, la reportera del portal Live Action, Carole Novielli, se encargó de refutar el recurso estrella de supuestas miles de mujeres fallecidas antes de la legalización del aborto, empleada para solicitar el aborto legal y seguro como hace Women's March. Recogió los datos del mismo Centro de Control de Enfermedades, cuyas estadísticas de 1972, el año anterior a la legalización del aborto, limitan a 39 las muertes por aborto ilegal y 24 en estados donde sí estaba permitido.

El año de la aprobación del aborto con la sentencia Roe Vs. Wade, las fallecidas por aborto ilegal fueron 19, y 25 en los realizados bajo la ley.

Los datos en países muy pobres, sin acceso a dispensarios con medicinas para frenar hemorragias o sin acceso a antibióticos que impidan infecciones o septicemia, podrían ser distintos.

Pero no era así en los años 70 en EEUU ni era así en Argentina o Chile: esos países atendían las complicaciones con los recursos modernos del siglo XX y XXI.

De hecho, Chile tenía-antes de legalizar el aborto- casi los mejores índices de salud maternal del continente, sólo por detrás de la riquísima Canadá.

Los impulsores del aborto insistían en que había en Chile unos 30.000 abortos clandestinos. Elard Koch, del instituto Melissa, lo refutaba considerando que como mucho podían ser entre 13.000 y 18.000. Una vez se legalizó el aborto en 3 causales (incluyendo el coladero de riesgo para la salud psíquica de la madre), el Ministerio de Salud sólo contabiliza entre 500 y 600 abortos (datos de 2019, aquí).

También se comprobó en Uruguay: las cifras del aborto legal (real, contadas) eran 22 veces menos que las fantasiosas cifras de aborto clandestino que decía su activista ministro de Salud, Leonel Briozzo.

En el caso de Argentina, las cifras arrojan las mismas conclusiones. Como recordábamos en ReL, es absurda la desorbitada cifra de los supuestos 450.000 abortos clandestinos realizados.

Para que eso fuera así, tendríamos que creernos que en Argentina, antes de legalizarse el aborto, había 5 veces más abortos que en España, pese a la ilegalidad, la escasez de abortistas y las grandes distancias.

Lo comprobamos comparando datos oficiales de 2010 en ambos países (Argentina hizo un censo en 2010 que da datos oficiales).

Así, en Argentina había:

  • 8,8 millones de mujeres fértiles (dato real)
  • 756.000 bebés que nacen vivos cada año (dato real)
  • Un embarazo (que acaba con bebé vivo o abortado) cada 7 mujeres fértiles cada año... si creemos los 450.000 abortos clandestinos
  • Un aborto cada 19 mujeres fértiles... si nos creyéramos los supuestos 450.000 abortos clandestinos
  • Un aborto cada 1,7 nacidos vivos...

La siguiente tabla muestra una comparativa de datos sobre aborto en Argentina y España en 2010:

País Mujeres Fértiles Nacimientos Abortos Clandestinos (Estimados)
Argentina 8.8 millones 756,000 450,000
España Datos no disponibles Datos no disponibles Datos no disponibles

Celebración tras la legalización del aborto en Argentina en 2020.

La Legalización del Aborto: Un Paso Hacia la Salud y la Justicia

Durante estos trece años transcurridos desde entonces ni los gobiernos conservadores ni los gobiernos progresistas habidos la habían asumido como propia.

Tras la extenuante sesión parlamentaria la ley fue aprobada finalmente por 38 votos a favor, 29 en contra, 1 abstención y con cuatro senadores ausentes por distintas razones.

Y la calle estalló en gritos de alegría, lágrimas, abrazos y besos que dejaron fuera muchas mascarillas en el 'bando verde', y caras tristes, rezos y silencio entre los perdedores, monjas, sacerdotes y fundamentalistas cristianos, católicos y evangelistas en el 'bando celeste'. En el caso de haber habido esta semana empate hubiera correspondido a la actual presidenta del Senado y vicepresidenta del Gobierno, Cristina Fernández de Kirchner, desempatar con su voto.

Volviendo a On Abortion: la realidad es testaruda a la hora de demostrar que la historia de los derechos de la mujer no es progresiva, sino pendular. Dicho de otro modo: cada cierto tiempo, hay regresiones que amenazan con recortar derechos conseguidos antes.

El aborto, por cierto, es legal en toda la Unión Europea excepto en Polonia y Malta. La exposición también recoge una de las curiosas iniciativas de Women on Waves, un ONG holandesa que durante muchos años solía operar a bordo de un barco con una clínica móvil cuya misión consistía en recoger a mujeres, llevarlas hasta aguas internacionales y practicarles allí el aborto. En 2015 la organización cambió de estrategia e inuguró los vuelos de un dron abortista que vuela desde Frankfurt del Oder, en Alemania, hasta Subice, en Polonia, cargado de píldoras abortivas. El número oficial de abortos practicados en Polonia, un país de 38 millones de habitantes, es de tan sólo 750 al año, pero Women on Waves afirma que la cifra real ronda los 240.000. On Abortion incluye varios testimonios escalofriantes de varias mujeres polacas.

En los últimos años hemos visto como algunos países despenalizaban el aborto. Es imposible olvidar las lágrimas de las irlandesas concentradas en la calle cuando se aprobó la ley del aborto en 2018. En nuestro país la ultraderecha ha irrumpido en el Congreso con unas ideas cristianas, y extremistas, muy extremistas, sobre el aborto; amenazando con ilegalizarlo si consiguieran llegar al Gobierno. Los continuos ataques a nuestros derechos reproductivos son una muestra más de que seguimos viviendo en un patriarcado. El mismo que intenta reinventarse frente a cada progreso feminista. De hecho, en España, la “objeción de conciencia” puede hacer peligrar el derecho al aborto. Un médico de un hospital público puede negarse a realizar una interrupción del embarazo por esta causa. En el mundo, el aborto clandestino sigue siendo una realidad.

Sin embargo la nueva ley, que reemplaza a la de 1921, establece claramente que la persona gestante tiene el derecho durante las primeras 14 semanas de gestación a ser intervenida en una instalación hospitalaria para interrumpir su embarazo en un plazo máximo de 10 días, cinco en el caso de violación o peligro de su vida, y que la clínica u hospital están obligados a ofrecer un profesional alternativo para realizarlo en el caso de presentarse una objeción de conciencia.

A un año de su llegada al poder el presidente Fernández puede presumir de haber dado el impulso político e institucional que faltaba a esta histórica demanda del movimiento feminista argentino para que pudiera salir finalmente adelante. La legalización del aborto libre, seguro, universal y gratuito, era una reivindicación que el feminismo presentó en 2007 por primera vez como proyecto de ley ante el Congreso con su Campaña Nacional por el Derecho al Aborto y que fue ganando cada vez más apoyos en todos los ámbitos de la sociedad hasta convertirse en un verdadero clamor.

En nuestro país la ultraderecha ha irrumpido en el Congreso con unas ideas cristianas, y extremistas, muy extremistas, sobre el aborto; amenazando con ilegalizarlo si consiguieran llegar al Gobierno. Los continuos ataques a nuestros derechos reproductivos son una muestra más de que seguimos viviendo en un patriarcado. El mismo que intenta reinventarse frente a cada progreso feminista. De hecho, en España, la “objeción de conciencia” puede hacer peligrar el derecho al aborto. Un médico de un hospital público puede negarse a realizar una interrupción del embarazo por esta causa. En el mundo, el aborto clandestino sigue siendo una realidad.

La feminista norteamericana Gloria Steinem decidió empezar sus memorias, Mi vida en la carretera, con una dedicatoria al doctor que le practicó un aborto cuando aún era ilegal, asegura que el médico le dijo: “Tienes que prometerme dos cosas. Primero, que no le darás mi nombre a nadie.

En la muestra hay sobre todo fotografías, pero también objetos cedidos por el Museo de la Historia de la Medicina de Catalunya y hasta una instalación de lo más inquietante: una pequeña habitación oscura reconvertida en confesionario donde uno puede escuchar (arrodillado en un reclinatorio si así lo prefiere) el testimonio grabado de una italiana que acudió a confesar que había abortado en 2015, el año del Jubileo Extraordinario de la Misericordia, en el que el Papa Francisco dio bula a todos los sacerdotes católicos del mundo para perdonar el pecado de aborto. La conversación entre ambos es de lo más delirante, sobre todo cuando el cura pregunta a la mujer si es prostituta. «Es un tema complicado porque tiene que ver con muchas cosas: con la religión, la moral, el dinero, la distancia, el estigma, la legislación...», confiesa Abril, quien se muestra profundamente «preocupada» por la actualidad, llena de líderes políticos empeñados en recortar derechos conseguidos hace tiempo. «A nivel político, lo que votas afecta directamente y no sólo en el país en el que vives, sino en campañas de ayuda a mujeres africanas, por ejemplo. El auge de la derecha me asusta». El objetivo de Abril es «abrir la conversación». La exposición es ambiciosa: se nota que Abril además de artista visual es periodista y la labor de investigación es exhaustiva. Revela aquello que normalmente está escondido de la opinión pública y abarca desde escalofriantes testimonios de mujeres que abortaron en todo tipo de condiciones y con todo tipo de fatales consecuencias (la muerte, la cárcel) hasta antiguos métodos anticonceptivos como el limón: a Casanova, en el siglo XVIII, se le atribuye el colocar medio limón exprimido en la vagina con el fin de bloquear el esperma durante el acto sexual (un método poco seguro y efectivo, con el riesgo añadido de que el limón acabara en el interior del útero). Otro de los ámbitos está dedicado a las prácticas de los radicales provida que asesinan a médicos en Estados Unidos (las últimas tres muertes se produjeron en Colorado en 2015) y se puede escuchar una amenaza de muerte enviada por nota de voz a una activista. Desde que Estados Unidos legalizó el aborto en 1973 los extremistas antiaborto han cometido en ese país más de 300 actos de terrorismo, entre ellos incendios, colocación de bombas y asesinatos. Ha habido al menos 11 asesinatos y 26 intentos de asesinato relacionados con el extremismo antiaborto, que suele elaborar carteles con la leyenda Wanted que recuerdan a los del Far West. On Abortion es el primer capítulo de un proyecto más amplio que Abril ha titulado Una historia de la misoginia que será una trilogía, aunque de momento sólo tiene claro el segundo capítulo en el que ya ha empezado a trabajar: la violación. No son temas fáciles, admite la catalana. ¿Por qué meterse en un proyecto así durante cinco año? «Lo hice por el miedo que existe todavía sobre el tema. Y porque muchos me decían que la cuestión del aborto estaba superada, pero no. Es una cuestión política», dice Abril, que tras años viviendo en el extranjero, hace tres que volvió a Barcelona, su ciudad natal. Un poco de recordatorio de su destacada trayectoria: en pleno estallido de la crisis se fue a Nueva York, donde estudió en el International Center of Photography y después se trasladó a Italia, donde estuvo años trabajando en Colors, la revista-laboratorio visual de Bennetton. Lo femenino siempre ha estado en el centro de su obra: se estrenó con un estudio de la bulimia y hace unos años sorprendió con un estudio sobre el hermafrodistismo y Lobismuller, el primer asesino en serie español, licántropo según la leyenda.

La exposición también recoge una de las curiosas iniciativas de Women on Waves, un ONG holandesa que durante muchos años solía operar a bordo de un barco con una clínica móvil cuya misión consistía en recoger a mujeres, llevarlas hasta aguas internacionales y practicarles allí el aborto. En 2015 la organización cambió de estrategia e inuguró los vuelos de un dron abortista que vuela desde Frankfurt del Oder, en Alemania, hasta Subice, en Polonia, cargado de píldoras abortivas. El número oficial de abortos practicados en Polonia, un país de 38 millones de habitantes, es de tan sólo 750 al año, pero Women on Waves afirma que la cifra real ronda los 240.000. On Abortion incluye varios testimonios escalofriantes de varias mujeres polacas.

Dos años antes que Argentina fueron las polacas las que la asumieron en su lucha. De nuevo las perchas inundaron las calles de Varsovia en protestas masivas, donde se denunciaba que la percha podría acabar siendo de nuevo la única salida para aquellas mujeres con menos recursos que no pudieran viajar a países vecinos como Eslovaquia, donde es legal interrumpir el embarazo, o recurrir a otras fórmulas menos peligrosas pero más caras.

Aborto y Derechos Reproductivos - Martes 27 Ciclo ESI #AprendemosEntreTodes

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