La oración a la Virgen Encinta es una expresión de fe y devoción profundamente arraigada en la tradición cristiana. Esta advocación mariana celebra la maternidad de María y su papel como portadora del Salvador. A través de esta oración, los fieles buscan la intercesión de María, especialmente durante el tiempo de Adviento, un período de espera y preparación para la Navidad.
Imagen de la Virgen de la Expectación del Embarazo
Contexto Bíblico e Histórico
El significado de la Virgen Encinta se encuentra enraizado en pasajes bíblicos clave:
- Isaías 7,14: "Pues el Señor, por su cuenta, os dará una señal. Este oráculo de Isaías se sitúa en el momento histórico en que Siria y Efraím... se deciden a imponer en Judá, por la fuerza, un rey que favorezca sus planes. Pues bien, el Señor mismo va a daros una señal."
- Mateo 1,18-25: "Pero apenas había tomado esta resolución se le apareció en sueños un ángel del Señor, que le dijo: “José, hijo de David, no tengas reparo en llevarte a María, tu mujer, porque la criatura que hay en ella viene del Espíritu Santo."
- Lucas 1,26-38: En los evangelios sinópticos hay dos anuncios de la concepción de Jesús: el de san Lucas (Lc 1,26-38).
Estos textos resaltan la concepción virginal de Jesús y el papel fundamental de María en el plan de salvación. El evangelista nos “avanza” el misterio de la Navidad, cuyos protagonistas son El Espíritu Santo, María y Jesús.
El Adviento y la Virgen de la Espera
El Adviento es un tiempo litúrgico de preparación para la Navidad, un período en el cual el ánimo se dirige a esperar la segunda Venida de Cristo al fin de los tiempos. El Adviento es la espera mesiánica y la preparación a revivir en la Navidad la presencia del Emmanuel, el Dios-con-nosotros.
El tiempo mariano por excelencia es el Adviento, la Virgen de la espera. Especialmente en la solemnidad de la Inmaculada Concepción. María es la llena de gracia, la bendita entre las mujeres, la Virgen, Esposa de José, la sierva del Señor. Es la Hija de Sión, la que representa el antiguo y el nuevo Israel. Es la Virgen del “fiat”, la Virgen fecunda.
Nuestra Señora de la Esperanza
María, Modelo de Fe y Acogida
María es una figura que produce vértigo, por su altura y profundidad. Interiorizada por Dios, que la hizo su madre, e interiorizadora de Dios, a quien hizo su hijo. Dios es el espacio vital de María y, milagrosamente, María se convierte en espacio vital para Dios. Pero esto no le dispensó de la fe más honda y difícil.
En el umbral de la Navidad, María nos muestra el modo más veraz de celebrar la venida del Señor: acogida gozosa y cordial de la Palabra del Señor; y el estilo: encarnándola y alumbrándola en la propia vida.
La Navidad fue para María, ante todo, una prueba y una profesión de fe. “Dichosa tú, que has creído” (Lc 1,45). Por eso es “bendita entre todas las mujeres” (Lc 1,42).
CRISTONAUTAS--MARÍA EN LA HISTORIA DE LA SALVACIÓN Y DE LA IGLESIA [Ep.12 2016-T2]
José, el Justo Servidor de la Navidad
Junto a María, José, “que era justo” (Mt 1,19). Y porque era justo: aceptó el misterio que Dios había obrado en María, su esposa (Mt 1,24); se entregó sin fisuras al servicio de Jesús y de María; asumió las penalidades de la huida a Egipto para proteger la vida de Jesús, amenazada por Herodes, (Mt 2,13-15); lo buscó angustiado, con María, cuando, a los doce años, decide quedarse en Jerusalén (Lc 2,41-50); fue el acompañante permanente del crecimiento de Jesús en edad, sabiduría y gracia (Lc 2,52); y aceptó el silencio de una vida entregada al servicio del plan de Dios, renunciando a cualquier tipo de protagonismo…
José no es un “adorno”, ni un personaje secundario. Estos son los mimbres con los que Dios quiso tejer el gran misterio de su nacimiento. Mimbres humildes, flexibles, pero sólidos. “No temas quedarte con María” (Mt 1,20). Porque ella hizo florecer la Navidad; porque es maestra del Evangelio; porque con ella siempre estará su Hijo.
Simbolismo en la Representación de la Virgen Encinta
La representación de la Madre de Dios encinta es una reinterpretación actual de la Inmaculada, con los atributos que tradicionalmente se han asociado a esta advocación de la Virgen. El apocalipsis habla de una mujer vestida de sol, luminosa y resplandeciente.
La talla transmite esa claridad en el rostro virginal de María y, sobre todo, en su vientre, marcado por unos rayos esbozados que ayudan a intuir que de de allí mana una gran luz. La tradición ha representado a la Inmaculada sobre una media luna creciente. A los pies de esta Inmaculada no encontramos esta media luna, como es habitual, sino una base circular que representa la superficie lunar real, con sus planicies y cráteres.
Las estrellas, al igual que la luna y el sol, son símbolo del saber. Su presencia remarca la invocación de María como Trono de Sabiduría. Además, el número de estrellas, doce, también es significativo; aparece numerosas veces en la Biblia como símbolo de lo completo, de la perfección eterna.
Esta escultura de la Inmaculada retrata a la Virgen en su octavo mes de embarazo, para lo que ha sido necesario un estudio anatómico de la mujer durante la gestación por parte del artista. El parto está ya próximo, por lo que la barriga está alta y el Niño colocado ya para el parto. La virgen parece cansada, tiene los pies hinchados y debe notar ya el peso del Niño, próximo a salir.
Imagen de la Virgen María embarazada
La Devoción a la Virgen de la Esperanza
Sin duda alguna, se trata de una de las advocaciones marianas que goza de más devoción y popularidad. Para buscar un primer punto de inicio para contemplar a María como Madre de la Esperanza, deberíamos remitirnos al primer capítulo del Evangelio de San Lucas donde se describe el momento de la Anunciación y donde María, con su fiat, con su sí definitivo y sin titubeo ante el anuncio del ángel, se convertía en la Madre de la Esperanza de un pueblo que había estado viviendo la espera del Mesías.
Centrándonos, estrictamente, en la advocación mariana de Esperanza, cabe decir que se trata de una advocación genuinamente española. Es aquí, donde mediante decreto se establecía “…Declaráramos y mandamos que el octavo día antes del nacimiento del Señor, se consagra con toda solemnidad al honor de su Madre.
La importancia de llamar a María como Esperanza tomo más fuerza, si cabe, a partir del Siglo XI, cuando se compone y escribe la popular Salve Regina, donde en uno de sus versos se llama a María “Esperanza Nuestra”. El llamar a Nuestra Señora con el hermosísimo nombre de Esperanza, empezó a circular por toda Europa.
El día 18 de diciembre, es el día de la Virgen de la Esperanza. El nacimiento de Jesucristo fue de esta manera: La madre de Jesús estaba desposada con José y antes de vivir juntos resultó que ella esperaba un hijo, por obra del Espíritu Santo.
Después de todo lo expuesto, no es de extrañar que una de las formas más conocida de representar a la Virgen de la Esperanza, sea en avanzado estado de gestación. María espera el gozo del nacimiento de su hijo y hace bueno el versículo del Eclesiástico (24:12) “El que a mí me dio el ser, reposó en mi tabernáculo”.
Virgen de la Esperanza
La devoción a la Virgen de la Esperanza tomó un nuevo impulso al ser incluida en las letanías del rosario la invocación “Madre de la Esperanza, ruega por nosotros”.
El Rosario y la Oración Constante
Siempre ha sido una, la exhortación que la Santísima Virgen María ha hecho al mundo a lo largo de todas Sus apariciones: ¡ORAR! Nunca ha pedido que busquemos nuevos métodos para ello, tampoco los ha sugerido. Así lo ha pedido también en Medugorje. En un principio, Nuestra Señora sugirió como oración mínima diaria, el rezo de siete Padrenuestros, Avemarías y Glorias además del Credo. Posteriormente nos invitó a rezar adicionalmente todos los días una parte del Rosario y finalmente la corona completa.
Rezar el Rosario no es otra cosa, más que encontrar un camino para estar con Jesús y María. Meditando los misterios de Sus vidas, estaremos con Ellos: ya sea que se trate del gozo de la Natividad; la solemnidad de la presentación en el templo; o bien, de la agonía y el sudor mezclado con sangre, derramado en el huerto; del dolor de las heridas infringidas por el flagelo, la corona de espinas, el peso de la cruz y la crucifixión.
Por tanto, rezar el Rosario no significa ocultarse en algún lejano rincón, viviendo apartados del mundo. Al mismo tiempo, estar con Jesús y María significa, enfrentar problemas y dificultades y sin embargo, no amargarse por eso. Estar con Ellos significa, experimentar desprecios y humillaciones y sin embargo, nunca albergar el deseo de venganza.
La Virgen María y la Fortaleza
María tiene el don de la fortaleza. Gracias a la fortaleza del Espíritu de Dios. valiente, y nunca cobarde. baluartes. fortaleza, como mujer bellísima llena del Espíritu de Dios.
Aprendamos los gustos de Dios. Ni oro, ni lujo, ni vanidad. Una sencilla mujer oculta en la aldea. Ni siquiera busca a la pecadora arrepentida. Busca a la Inmaculada, la Virgen. Y la Virgen está en oración, embelesada, hundida en Dios, con sencillez, sin afectación… Irradia pureza, “carne angelizada”, dice San Bernardo al contemplarla en este día. Inefable era su unión con Dios.
