Violencia de Hijos a Padres: Causas y Soluciones

En los últimos años, las cifras de adolescentes que agreden a sus padres han aumentado considerablemente. A pesar de este importante aumento de los casos de menores que maltratan a sus padres, la mayoría de las ocasiones estos hechos quedan ocultos. La denuncia de un hijo suele ser el último paso que dan las familias después de probar otras salidas, y cuando ven que la situación ya es insostenible. Estos casos extremos son los que se hacen visibles, pero otros tantos permanecen en secreto, principalmente por la vergüenza y la idea de que este problema no tiene solución.

Causas de la Violencia Filio-Parental

En lo que se refiere a las posibles causas de este problema, según muestran los datos, estos jóvenes agresores tienen algunos rasgos diferenciados del resto de infractores. Los psicólogos que trabajan en este ámbito, coinciden en que estos comportamientos agresivos suelen ir relacionados con deficiencias graves en el proceso educativo del adolescente. En general, estos jóvenes no han interiorizado límites y normas claros, no aceptan ningún tipo de control y son incapaces de asumir frustraciones. Su rendimiento escolar suele ser muy bajo. Se comportan de una forma egoísta con sus padres y sumisa con el resto, por lo que la violencia se limita normalmente al ámbito familiar. Suelen ser menores con una identidad frágil, dependientes y que sufren un gran conflicto interior. Estos rasgos, unidos a un carácter muy impulsivo, forman una carga explosiva. Aunque en algunos casos la conducta violenta pueden ser síntoma de un trastorno psiquiátrico, es importante tener en cuenta que la mayoría de los menores que agreden a sus padres, no sufren ningún trastorno mental. Es decir, no hay una etiqueta diagnóstica que se adecue exactamente a este problema.

La aparición de este tipo de conductas se explica por una combinación de factores personales, familiares, educativos, sociales e incluso comunitarios. También influyen factores individuales como:

  • Una baja capacidad empática.
  • Baja tolerancia a la frustración.
  • Baja autoestima.
  • Sentimiento de soledad e insatisfacción vital.
  • Consumo de sustancias.
  • Vínculos sociales pobres o escasos.

En cuanto a los factores sociales que tienen impacto en el desarrollo de conductas violentas hacia los progenitores, destacan:

  • Educación autoritaria-violenta, negligente-ausente, permisivo-liberal.
  • Presencia de conflictos parentales frecuentes e intensos.
  • Baja cohesión afectiva familiar.
  • Ausencia de normas y límites claros.
  • Reducción de la distancia jerárquica entre padres e hijos.
  • Bajo rendimiento escolar, dificultades de aprendizaje.

Además, otros estudios con muestras similares informan que los adolescentes pertenecientes a familias en las que la violencia está presente entre los padres y de padres a hijos tienen mayor riesgo de participar en conductas de violencia filio-parental.

Tipos de Conductas en Menores Agresores

Respecto a las Conductas que muestran los Menores podemos agruparlas en varias categorías:

  • Tiránicas: Son aquellas cuya finalidad es causar daño y/o molestia permanente. La incomprensión como axioma. Se utiliza la amenaza y/o agresión para dar respuesta a un hedonismo y nihilismo creciente. Culpabilizar y Eludir responsabilidades a uno de los mecanismos fundamentales.
  • De utilización.
  • De despego: En la que se Transmite que profundamente no se les quiere.

Es importante tener en cuenta que existen unas señales previas para detectar el problema antes de que la gravedad del mismo sea extrema. Como explica María González a www.elmundo.es, (terapeuta de la Clínica de Psicología de la Universidad Complutense de Madrid), «las agresiones físicas no surgen de repente, van antecedidas de un conflicto verbal o psicológico. Si dejamos que la violencia suba de escalones será más difícil que se bajen luego«. Por esta razón, es muy importante hacer una detección temprana y tomar medidas cuanto antes.

Soluciones y Tratamiento

Para poner solución a este problema, las familias requieren y demandan una asistencia «integral». El primer paso que deben dar tanto los hijos como los padres, para comenzar a reconstruir la relación, ha de ir en la misma dirección: asumir parte de la responsabilidad. En este sentido, por ejemplo, la Clínica de Psicología de la UCM, antes mencionada, está llevando a cabo un programa de intervención específica para menores con problemas de agresividad familiar desde el 2007. En este tratamiento se ven implicados tanto padres como hijos, y los psicólogos dotan de habilidades a las familias para relacionarse sin violencia: intervienen a nivel cognitivo (desmontando las justificaciones de los menores o clarificando pensamientos); a nivel emocional (desarrollando la empatía y el autocontrol); y a nivel conductual, (trabajando la comunicación: que ambas partes aprendan a hablar, expresar críticas y recibirlas, mostrar afecto y solucionar los problemas).

Otra iniciativa para el tratamiento de este problema es el complejo privado que se va a poner en funcionamiento en la localidad madrileña de Brea de Tajo, que ofrece un tratamiento psicológico y/o psiquiátrico a las familias con menores de entre 12 y 18 años con una conducta agresiva. Los jóvenes, sobre los que no pesa ninguna orden judicial, son internados entre dos meses y un año, y tanto ellos como sus padres debe firmar un ‘contrato terapéutico’ que garantice su implicación. Este «Campus Unidos», dirigido por el psicólogo Javier Urra, ocupa 15.000 metros cuadrados repartidos entre cuatro chalés de 10 plazas, dos edificios para terapias y actividades de ocio y formación, en un entorno vallado y con cámaras de vigilancia, que dista mucho de ser un campus convencional.

Aunque las administraciones públicas están trabajando en el ámbito de la mediación para este tipo de casos, hay muy pocos recursos específicos, lo que limita mucho la posibilidad que tienen estas personas de recibir una asistencia gratuita. Hasta hace cinco años los padres que sufrían maltrato no podían encontrar prácticamente ninguna ayuda pública especializada. Actualmente, existen programas que abordan esta problemática, como los servicios de orientación, atención psicológica o mediación familiar que se han ido extendiendo por gran parte del territorio nacional o incluso teléfonos de atención directa a padres maltratados, como el que puso en marcha hace un año La Rioja. Los recortes en las Administraciones regionales, no obstante, están haciendo ya mella en la atención social.

Violencia filio parental - Prevención

Además en nuestro país, todas las medidas judiciales (internamiento, libertad vigilada,…) vienen acompañadas de la obligación de recibir un tratamiento terapéutico y pautas educativas orientadas al restablecimiento de la normalidad en las relaciones familiares. La implicación de los padres en la solución del conflicto es crucial por lo que siempre se les aconseja que reciban esa asistencia psicológica de orientación y apoyo.

Como ejemplo de medida preventiva de este tipo de problemáticas, desde 2002, policías de paisano patrullan las calles Madrid para detectar de forma temprana situaciones de riesgo en las que se puedan ver envueltos menores y prestan asistencia inmediata en centros escolares y domicilios. Estos agentes, que trabajan en estrecha colaboración con los Servicios Sociales, crean un clima de confianza y ejercen de mediadores para tratar de que mejore la convivencia. Orientan a los padres para que cambien su forma de relacionarse con su hijo, de educarle, y advierten al menor de las consecuencias de su comportamiento y tratan de marcarle nuevas pautas de conducta. Hacen un seguimiento continuo, con llamadas y visitas tanto al domicilio como al centro escolar del menor, durante uno o dos años. No obstante, cuando se detecta un delito de maltrato actúan como fuerzas del orden público y el adolescente es detenido y puesto a disposición judicial, aunque los progenitores no quieran denunciar.

En cuanto a las posibles soluciones ante situaciones de violencia filio-parental, los expertos en intervención social y familiar destacan la prevención como la forma más efectiva. Orientar la educación de los hijos hacia ambientes de no violencia, confianza, diálogo y comprensión ayuda a reducir significativamente las posibilidades de entrar en dinámicas de violencia.

Ahora bien, si la prevención no ha sido efectiva y una familia atraviesa un ciclo de violencia, es importante abordar cuanto antes la situación e intentar modificar las actitudes y maneras de relacionarse entre los miembros.

La Importancia de la Educación y la Prevención

Hemos de Educar a nuestros jóvenes y desde su más tierna infancia, hay que enseñarles a vivir en sociedad. Por ello han de ver, captar y sentir afecto, se les ha de transmitir valores como el amor por la vida y la solidaridad, se les ha de ilusionar. Educar en el respeto, en la capacidad de diálogo y debate. Desarrollar la deseabilidad social. Hay que aportarles un bagaje de habilidades sociales para solucionar problemas interpersonales, como es saber aceptar y reconducir la frustración, diferir las recompensas y respuestas, anticipar consecuencias de los actos realizados.

Hay que enriquecer el patrimonio psicológico, mediante la capacidad introspectivo, alimentar el autodominio, desarrollar el mediador verbal, lograr un alto grado de flexibilidad cognitiva, racionalidad, equilibrio, locus de control interno y buena autoestima. Hay que desarrollar la voluntad, el esfuerzo. Acrecentar una responsabilidad progresiva. Entendemos esencial formar en la Empatía, haciéndoles que aprendan a ponerse en el lugar del otro, en lo que siente, en lo que piensa. La empatía es el gran antídoto de la violencia.

Precisamos mucha más imaginación para motivar a nuestros niños, sin el estimulo vacío de la insaciabilidad. Hemos de ecologizar la respuesta. Y preocuparnos por el menor que está en riesgo social, no sólo por el que es un riesgo social. Desde la red social, conformada por los Recursos Sociales y la urdimbre ciudadana de Asociaciones ayudaremos a las Familias (niño-familia-contexto) a que mantengan una estructura equilibrada, reduciendo los desajustes, facilitando que impere la coherencia.

Tipos de Maltrato Filio-Parental

La violencia filio-parental puede adoptar diferentes formas de maltrato:

  • Psicológica: verbal, no verbal y emocional.
  • Física: agresiones.
  • Económica: robar o forzar a pagar deudas de los hijos.

Como resultado de este tipo de violencia, las víctimas ven mermada su autoestima, autoridad y sienten frustración por sus aspiraciones educacionales.

Estadísticas y Perfil del Agresor

Respecto al Perfil, se trata de un menor varón (1 de cada 10 son chicas) de 12 a 18 años (con una mayor prevalencia del grupo 15-17) que agrede primordialmente a la madre. Adolecen hasta del intento de comprender qué piensa y siente su interlocutor "domado".

  • Hedonistas-Nihilistas: Su principio es "primero yo y luego yo", unos utilizan la casa como hotel, entienden que la obligación de los padres es alimentarles, lavarles la ropa, dejarles vivir y subvencionarles todas sus necesidades. El no cumplimiento de sus exigencias supone el inicio de un altercado que acaba en agresión.
  • Patológicos: bien sea por una relación amor-odio, madre-hijo, con equívocos, más allá de los celos edípicos, en algún caso con relaciones incestuosas.
  • Con violencia aprendida: como aprendizaje vicario desde la observación, ya sea porque el padre (por ej. alcohólico) también pega a la madre para conseguir su líquido elemento; o como efecto "boomerang" por haber sufrido con anterioridad el maltrato en su propio cuerpo.

Todos los tipos tienen nexos de confluencia, tales son: Los desajustes familiares, la "desaparición" del padre varón. No se aprecian diferencias por niveles socio-económico-culturales. Los elicitadores que provocan la erupción violenta son nimios. La tiranía hace años que inició su carrera ascendente. El hijo es único, o el único varón, o el resto de los hermanos más mayores han abandonado el hogar.

En la casi totalidad de los casos no niegan su participación, es más la relatan con frialdad y con tal realismo que impresiona sobremanera.

Marco Legal en España

La violencia filio-parental no está tipificada específicamente como delito en el Código Penal español. Los delitos que más se aproximan son los recogidos en los artículos 153 y 173.2, que corresponden al maltrato intrafamiliar.

Tabla Resumen de Causas y Soluciones

Causas Soluciones
Deficiencias en la educación, falta de límites y normas. Asistencia integral a familias, terapia familiar.
Baja tolerancia a la frustración, baja autoestima. Programas de intervención para desarrollar habilidades sociales y emocionales.
Conflictos familiares, falta de cohesión afectiva. Mediación familiar, servicios de orientación y apoyo psicológico.
Exposición a la violencia en el hogar. Intervención temprana, detección de señales de alerta.
Sociedad permisiva, falta de valores. Educación en valores, fomento del respeto y la empatía.

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