Via Nino Bixio es mucho más que una simple calle. Es un hilo conductor que une diversos momentos clave de la historia italiana, desde el cine hasta el Risorgimento y la industria automovilística. Este artículo te invita a explorar la rica historia que se esconde tras este nombre.
La Plaza de Cinema Paradiso
El pueblo central de la película Cinema Paradiso es ficcional y aparece como «Giancaldo». Sin embargo, ese pueblo de ficción llamado Giancaldo se muestra en la película a través de locaciones de rodaje de distintos poblados de Sicilia.
La plaza del pueblo de Palazzo Adriano es el epicentro de la mayoría de escenas de la película que recrean el ficticio Giancaldo, y el lugar donde estaba situado el ya mítico edificio del Cinema Paradiso (fue un edificio construido como set de filmación para la película en la misma plaza, y por tanto no existe como tal). Sin embargo es en esta plaza donde suceden tantas escenas entrañables.
Se trata de la plaza Umberto I con la fontana Ottagonale (del año 1608), un sitio ineludible de esta ruta por los sitios donde se filmó Cinema Paradiso. El set del Cinema Paradiso estaba situado exactamente en el cruce de Via Nino Bixio con la carretera SS188, y enfrente está la casa en la que Alfredo realiza su acto de magia y proyecta la película de comedia italiana «I Pompieri Di Viggiu» sobre la pared.
Las iglesias de la Plaza
Sobre la misma plaza hay dos iglesias que también aparecen en la película. La más imponente es Chiesa Maria Santísima Assunta que aparece en dos escenas: la de las mujeres que extienden pasta de tomate sobre maderas (y son molestadas por el personaje que siempre reclama la propiedad de la plaza), y la escena en que Toto de adolescente está sentado en los escalones reflexionando sobre si marcharse del pueblo de Giancaldo.
En la otra iglesia más pequeña (Chiesa de María del Lume) y típicamente italiana, sucede el funeral de Alfredo.
Otras locaciones donde se filmó Cinema Paradiso son las Ruinas de Poggioreale (un pueblo destruido por un terremoto) se utilizaron como escenario en la que Toto de niño camina junto a su madre en un supuesto sitio bombardeado por la guerra (en donde la madre llora al enterarse de la muerte del padre de Toto). También fueron importantes en el rodaje puntos como Cefalú y el sector de Porta Marina, en donde Toto de adolescente tiene un encuentro romántico inesperado con Elena bajo la lluvia mientras proyectaba cine al aire libre. O el Castello de Ventimiglia en Castelbuono que servía de exteriores del colegio de la infancia de Toto.
En el mapa están indicados los puntos y el recorrido para hacer en la parte de Sicilia en donde se concentran la mayoría de los puntos del rodaje de la película. La idea si queremos hacer esta ruta es iniciar desde Palermo (ciudad más importante de la zona y con aeropuerto donde se puede alquilar un coche) ya que la mayoría de sitios están en el noroeste de la isla.
La ruta que propongo hacer va uniendo punto a punto los principales sitio del rodaje. En total es un itinerario que suma 237 km y si fuera de conducción continua se puede hacer en 4 horas 41 minutos (esto sin contar la distancia entre Palermo y el primer punto del itinerario). Aunque lo recomendado sería hacerlo en en dos o más días para disfrutar también de alguna noche en el camino en pueblos bonitos como Cefalú.
Desde Palermo el recorrido sugerido es el siguiente:
- Ruinas de Poggioreale
- Chiusa Sclafani
- Palazzo Adriano (la locación central de la película)
- Bagheria (pueblo natal del director)
- Santa Flavia
- San Nicola l’Arena
- Termini Imerese
- Lascari (estación de tren en que se despide Toto)
- Cefalú
- Castello dei Ventimiglia en Castelbuono (representación de la escuela donde iba Toto en la infancia)
Este es el mapa con todo el detalle de los puntos y el itinerario. También puedes clickear en cada punto para ver la explicación del lugar y la importancia dentro de la película.
Para finalizar, solo decir que este recorrido cinéfilo por los sitios donde se filmó Cinema Paradiso es apenas una buena excusa para poner rumbo a Sicilia, y explorar allí mucho más. En el blog también hay una idea de ruta por los pueblos más bonitos de Sicilia.
Palazzo Adriano, el pueblo de Cinema Paradiso 🇮🇹 Un viaje al corazón de Sicilia
Giulia Falletti di Barolo y el Risorgimento Italiano
La historia del Risorgimento italiano está marcada por personajes como el batallador Giuseppe Garibaldi, las cabezas pensantes Camillo Conte di Cavour, el rey Vittorio Emanuele II y Giuseppe Mazzini como padres de la patria, además de otros secundarios como el general La Marmora, Nino Bixio, Goffredo Mameli o el mismo Papa Pio IX.
Mientras cada una de estas personalidades de la política y de la estrategia militar intentaban llevar a cabo sus proyectos de fare l’Italia, los soldados combatían y muchos jóvenes idealistas morían por su patria, otros en cambio, santos y laicos, luchaban día a día para fare gli italiani. Mientras los políticos unían geográficamente el territorio de la península, estos otros trataban de mejorar la vida de los que habían pagado el precio más alto en esta operación: los pobres, los niños de la calle, los marginados, las prostitutas, los encarcelados.
Muchos de ellos se empeñaron en recuperar la vida de los italianos más desfavorecidos antes de pensar en una patria única y unida. Todos ellos llevaron a cabo otro Risorgimento basándose en el Evangelio de la caridad.
La historia nos ha dejado claro que los católicos no hicieron el Risorgimento pero estos santi sociali fueron indudablemente los protagonistas de ese otro Risorgimento. Era la stagione dei cosiddetti ‘santi sociali’, per usare un’espressione inadeguata e riduttiva, perché non dà ragione della complessità spirituale di queste figure, ma che conserva una praticità d’uso, richiamando immediatamente un aspetto peculiare, anche se non il solo, del loro carisma.
En este trabajo trataremos de descubrir y rememorar la ingente labor que realizó Giulia Falletti di Barolo en la Turín Risorgimentale para mejorar la vida de las personas más marginadas de aquella nueva sociedad que estaba experimentando cambios radicales. Una mujer bella, culta, rica, inteligente y sensible vivió para ayudar a los olvidados y que formó sin duda parte esencial de los que hicieron el Risorgimento.
No solo la marquesa de Barolo escribió la historia de la unidad Italia, otras muchas como ella y desde diferentes perspectivas apoyaron y favorecieron la construcción del estado nacional italiano aunque no tuvieran por entonces los mismos derechos que sus compañeros.
De manera injusta la historia del Risorgimento se ha contado siempre en masculino, olvidando el importante papel que las mujeres tuvieron en el tortuoso y complicado camino de la unificación italiana. La historia y los historiadores han llevado a cabo una especie de omertà que no ha hecho justicia a la labor silenciosa e invisible pero a su vez encomiable de muchas mujeres italianas que fueron un soporte importante para el éxito de la unidad Italiana.
Hoy en día 155 años después de aquel trabajoso logro comprobamos que se han multiplicado los estudios sobre las mujeres que fueron parte activa de aquel proceso (aunque la mayor parte de ellas quedaran para siempre en el anonimato). Gracias a estas investigaciones se han podido rescatar las figuras de mujeres irrepetibles e únicas: heroínas, patriotas, guerreras, filántropas, artistas, intelectuales, benefactoras, que actuaron desde diversos frentes.
A pesar de que las condiciones de la mujer por entonces estaban muy lejos de ser paritarias, tuvieron el valor y el arrojo de participar activamente en la construcción de una identidad nacional. Esposas, amantes o compañeras fieles como Anita Garibaldi; guerreras que no dudaron en tomar las armas, como Colomba Antonietti o Luisa Battistotti Sassi, intelectuales, escritoras y periodistas como Costanza D’Azeglio, Eleonora Fonseca Pimentel, Jessie White Mario, Giulia Molino Colombini, Enrichetta Caracciolo, Giuditta Bellerio Sidoli, Rosa Testi Rangoni, o la revolucionaria intelectual por excelencia Cristina Trivulzio di Belgioioso.
Otras nobles aristócratas en Milán, Turín o G como Teresa Berra Kramer, Nina Giustiniani, Clara Maffei, Olimpia Rossi Savio, Caroline Marsh o Costanza Trotti Arconati, abrieron sus salones a literatos e intelectuales, a patriotas y artistas contribuyendo de manera sustancial a la creación de un humus fértil para la difusión de los fervores unitarios.
En algunos casos no dudaron en sacrificar su felicidad con un matrimonio de Estado como Clotilde di Savoia o utilizaron su fascinante belleza al servicio de la causa italiana como la contessa di Castiglione. En el fondo todas ellas, con actuaciones diferentes, estaban luchando por un bien común que era mejorar las condiciones de vida de las mujeres y rescatarlas del anonimato.
Eran plenamente conscientes de su situación de desigualdad y de la necesidad de formación, dado que la ignorancia cultural se traducía inevitablemente en falta de libertad. No obstante aún tendrán que pasar muchos años para que las mujeres logren los mismos derechos fundamentales que los hombres.
Con el Código Napoleónico de 1804 adoptado en toda Europa se refuerza la idea de una potestad paterna y marital que relega a la mujer a un rol subalterno. La mujer queda encerrada entre las paredes domésticas, no puede hacer donaciones, hipotecas, comprar sin el consenso de su marido. Esta total dependencia del marido se mantendrá en el Código Pisanelli desde 1865 uno de los primeros actos jurídicos de la Italia unida. La mujer italiana durante los siguientes 50 años seguirá siendo una silenciosa figura en la familia ideal del nuevo estado burgués.
La autorización marital será abolida en 1919. La condición socioeconómica de las mujeres a finales del XIX era de gran disparidad. El trabajo femenino no se reconocía como tal. Las mujeres que trabajaban en el campo no eran reconocidas como trabajadoras a menos que fueran propietarias. El sueldo de las mujeres era la mitad del sueldo de los hombres. Esto provocaba la hostilidad de los trabajadores porque podían quitarles su trabajo. La mujer no tenía derecho al sufragio y todas las propuestas de ley que se presentaron al respecto en este periodo fueron rechazadas.
Por lo que respecta a la formación, hasta 1874 no le fue permitido a la mujer realizar estudios universitarios. Aunque existiendo la ley eran rechazadas en la mayor parte de las universidades. En 1900 había 250 mujeres matriculadas en la universidad, 287 en los institutos, 267 en las escuelas de magisterio superior, 1178 en los Ginnasi y 10 mil en las escuelas profesionales y comerciales.
Hasta 1919 no se abolió la autorización marital concediéndole por fin a la mujer el derecho a la emancipación jurídica. Esta era la degradante situación en la que vivían las mujeres en pleno Risorgimento italiano y a pesar de ellos muchas fueron parte fundamental en la gestación de Italia como nación unida. En este clima de desigualdad Giulia di Barolo llevó a cabo su ingente y desinteresada obra caritativa a favor principalmente de las jóvenes desheredadas.
Juliette Colbert: Orígenes y Matrimonio
Juliette Colbert nace en el Castillo de Maulévriere en el departamento francés de Vandea, el 27 de junio de 1785. Era hija del Marqués Edouard Victurnien-Charles-René Colbert y de la C, descendiente de J. B. Colbert ministro de las finanzas de Luis XIV, el rey sol.
Carlo Trancredi nace el 26 de octubre de 1782 en Turín de Ottavio Alessandro y de Apolina d’Oncieu que residían en su magnífico palacio en la calle delle Orfane. Mientras la infancia de Carlo trascurre serena y feliz, la de su futura esposa sufre el horror de la Revolución francesa. Su madre la condesa Anne-Marie de Quengo de Crenolle murió según algunos biógrafos el 14 de julio de 1789, el coincidiendo con la toma de la Bastilla cuando Juliette tenía solo 4 años. Esta dolorosa pérdida será recordada por Juliette en su libro de memorias Memorie, appunti e pensieri escrito en 1887.
Durante la Revolución francesa el castillo en el que residía la familia en Vandea se encontraba en una zona de insurrectos y debido a su parentesco con la corte francesa sufrió la pérdida de familiares directos en la guillotina y el saqueo de su residencia. Estos acontecimientos marcan su vida y no podrá olvidar la tierra que la vio nacer de la que hereda la fortaleza, la tenacidad y la resistencia. Todas las posesiones de la familia son confiscadas y se ven obligados a huir de Francia para poner a salvo sus vidas.
Durante algunos años peregrinan por Holanda y Alemania y solo con la llegada de Napoleón Juliette regresa a Francia cuando tenía 18 años y es nombrada dama de corte por Josefina Beauharnais, la esposa del emperador. La familia recupera su castillo de Maulévrier, que había sido incendiado y destruido, e inicia su reconstrucción que dura algunos años proporcionando trabajo y comida a la gente más humilde de la zona.
En estos años por voluntad de su padre, quien tiene una influencia determinante en la forja de su carácter y sensibilidad, recibe una educación marcada por el sentimiento religioso con la que consigue una cultura superior a la de las mujeres de su época y de su rango. Se formó en diversas disciplinas: las lenguas y las literaturas, francesa, inglesa, italiana, alemana y latina, la historia, la geografía y la filosofía. Por herencia familiar se sentía monárquica y legitimista debido también a los sucesos que vivió durante la Revolución Francesa.
Mientras tanto Carlo Tancredi que tenía 18 años, es nombrado por Napoleón Bonaparte guardia de honor imperial. En 1802 Napoleón Bonaparte concede la amnistía a todos los nobles que habían emigrado. De esta manera la familia Colbert regresa a Francia, y la joven Juliette se convierte en dama de corte por deseo del propio Napoleón. Y es allí donde en 1804 se encuentra por primera vez con Carlo Tancredi Falletti, el último descendiente de una de las familias más ricas del Piamonte.
Según algunos biógrafos es el Emperador quién concierta el matrimonio entre los dos jóvenes con la ayuda del príncipe Camillo Borghese. Este tipo de estrategias matrimoniales muy comunes en la diplomacia de Bonaparte tenían por objetivo lograr el consenso de las familias más poderosas. Debido a que por entonces el Piamonte estaba unido al Estado francés no tienen ningún problema burocrático. En nuestro caso la unión que el Emperador propone tendrá unos resultados excepcionales.
En realidad los dos jóvenes tienen ocasión de encontrarse con asiduidad en los salones aristocráticos y en la Corte Imperial y descubren en seguida importantes afinidades que les unen: una gran cultura, una sensibilidad por los problemas sociales y una firme fe religiosa. Sin embargo, sus personalidades eran opuestas pero ciertamente se complementaban.
En París el 18 de agosto de 1807 tiene lugar el matrimonio con el marqués de Barolo, 4 años mayor que ella. Juliette se convierte así en Giulia y con su marido vivirá una existencia feliz y brillante rica de compromisos políticos y actos sociales. Durante su estancia en la capital francesa se relacionan con personajes del mundo de la política y de la cultura, que van a influenciar posteriormente su labor filantrópica.
Entre los personajes que ayudan a formar esta conciencia social están el Abad Dupanloup, fundador de la sociedad de San Vincent, la marquesa de Pastoret, promotora de las escuelas infantiles, o el Abad Legris-Duval, comprometido con la recuperación de las jóvenes descarriadas. Muchas de estas iniciativas fueron llevadas a cabo con posterioridad por el matrimonio Barolo en la ciudad de Turín quien se traslada definitivamente a la capital del Piamonte tras la batalla de Leipzig (también llamada la batalla de las naciones) en 1813, que significaba la derrota más dolorosa del imperio napoleónico y consiguiente regreso de Vittorio Emanuele I de la monarquía sabauda a la capital piamontesa.
Ya en Turín Giulia comienza a conocer su nueva patria estudiando su historia, las costumbres e incluso su dialecto que le sirve para poder contactar con la gente más humilde. Se convierte en seguida en una turinesa más despertando la simpatía y la estimada de sus conciudadanos por su sencillez, sus acciones caritativas y su conversación brillantes fruto de su esmerada cultura.
Precisamente en los salones de Palazzo Barolo se concentraban gran parte de la aristocracia piamontesa, los hermanos Cavour, los marqueses de Saluzzo, Cesare Balbo, Constanza D’Azeglio, Provana di Collegno, los Condes de Seyssel, así como la intelectualidad de la época entre los que se encontraban literatos de la fama de A. Lamartine, filósofos como Rosmini, prelados como el cardenal Lambruschini o los nuncios pontificios Gizzi, Roberti y Antonucci, los embajadores de Francia, Inglaterra, Austria o España.
Lograba congregar a las personalidades más importantes de la ciudad en el ámbito de la política, de la economía y de la cultura y a pesar de las tendencias políticamente conservadoras de los dueños de la casa, estaba abierto a todo tipo de voces e ideas. El matrimonio no tuvo la fortuna de concebir hijos naturales pero su vida la dedica a ocuparse de los más pobres y desfavorecidos como si fueran hijos propios.
Spendendo le proprie energie di tempo, denaro, salute si prodigarono in diversi ambiti, da quello sociale a quello educativo, da quello politico a quello culturale in un’epoca, quella Risorgimentale, in cui l’Italia viveva intesi e repentini rivolgimenti politici e vedeva affermarsi il graduale sviluppo dell’industrializzazione, con tutti i drammatici problemi di emarginazione che ne seguirono, soprattutto nei miserabili quartieri degli agglomerati urbani: accattonaggio, delinquenza, alcolismo, bambini e giovani facili preda del vizio, poveri anziani e ammalati abbandonati a se stessi.
Mientras tanto viajan por toda Italia y Europa principalmente a Bélgica, Francia, Holanda y Alemania, admiran la belleza de los paisajes y las obras artísticas, pero a la vez están atentos a los problemas de su tiempo visitando así las cárceles, las instituciones sociales y educativas para conocer de primera mano las necesidades de los más pobres y marginados. Como subrayábamos con anterioridad en este periodo la capital piamontesa vive la primera fase de industrialización lo que significa la llegada de numerosos inmigrantes desde el campo en busca de trabajo.
Desgraciadamente no todos encuentran fortuna, muchos de ellos quedan relegados a la miseria, la delincuencia y la muerte. Este fuerte compromiso social que une al matrimonio lleva a Tancredi a entrar en el mundo de la política a la que se dedica durante 22 años en diferentes cargos. Entre 1825 y 1927 fue alcalde de Turín, además de Consejero de Estado y secretario de...
Edoardo Bianchi y la Industria Automovilística Italiana
Nacido en Milán en 1865, Edoardo Bianchi ha ocupado un destacado lugar en la industria automovilística italiana. Tras un duro aprendizaje como mecánico, a sus veinte años decidió establecerse por su cuenta a fin de poder satisfacer su gran pasión por la mecánica y realizar así sus propias ideas.
Un modesto local en Via Nirone le sirvió como trampolín de lanzamiento: ahí nacieron las primeras bicicletas Bianchi. una marca destinada a recoger grandes éxitos deportivos gracias a campeones como Gianfranco Tommaselli, primero, y Fausto Coppi, más tarde. Bianchi es también el primero en emplear en Italia los neumáticos.
El paso de la bicicleta al automóvil fue breve y casi inevitable: en el año 1895 creó el primer triciclo a motor y dos años más tarde el primer vehículo de cuatro ruedas con motor De Dion. El trabajo, en un principio artesanal, se convirtió pronto en industrial, con la consiguiente necesidad de poder disponer de un mayor espacio, lo que en 1902 impulsó a Edoardo Bianchi a trasladarse a los nuevos establecimientos de la Via Niño Bixio, que a partir de 1907, año en que se iniciarían las obras de las instalaciones automovilísticas en el Paseo Abruzzi, se ocuparon solamente de bicicletas y motocicletas.
Bianchi imprimió a sus industrias un sello familiar que le crearon éxitos y dificultades.
