El aborto es un tema complejo y controvertido que genera intensos debates en la sociedad. Se analiza el aborto como un bien social examinando las distintas miradas que tiene la sociedad con respecto al aborto y sus leyes. Este artículo considera las diferentes perspectivas sociales, éticas y médicas relacionadas con el aborto, examinando los argumentos a favor y en contra de esta práctica.
Se critica la posición de los distintos actores sociales con respecto a la posición de la Iglesia o la posición de aquellos que están a favor de la vida. Estos no deberían estar influenciados por sus creencias personales sino por la necesidad de la población y la de políticas públicas. En este artículo se discutirán las implicaciones de las posiciones que tienen los actores relacionados con el aborto en nuestra sociedad.
Manifestación en defensa de la vida. Fuente: Wikimedia Commons
Las Posiciones Frente al Aborto
Se identifican, a grandes rasgos, tres grupos:
- Primer grupo: Quienes manifiestamente se encuentran contra el aborto y dicen velar por la santidad de la vida.
- Segundo grupo: Quienes están a favor de la despenalización del aborto y encuentran su fundamento en el hecho de que el aborto es un problema de salud pública que afecta la dignidad de las mujeres.
- Tercer grupo: Las posiciones intermedias ―a quienes llamaré "Ni-Ni"― donde están aquellos que ni están absolutamente en contra del aborto ni están a favor del aborto en todas sus causales.
Argumentos en Contra del Aborto (Posición Pro-Vida)
Desde el punto de vista teórico, la posición pro vida es una posición dogmática, deontológica y con un gran componente religioso que se asienta sobre la santidad de la vida, justificada desde la visión ―religiosa― de que la persona comienza desde el momento de la concepción. Esta tesis muestra una visión sesgada y una manipulación del estatuto del embrión, poniendo a la genética y a los 46 cromosomas en el centro de la escena y desconociendo las distintas visiones que cuestionan el estatus de persona del embrión desde las ciencias, la ética, la filosofía, la filosofía jurídica o incluso desde la religión.
Desde el punto de vista práctico, la posición pro vida es contradictoria. Invierten una enorme cantidad de poder y dinero en demonizar al aborto y a las mujeres que recurren a la interrupción del embarazo y prácticamente no hacen nada o muy poco para prevenir el embarazo no deseado. Así, lejos de contribuir a proteger la vida embrionaria disminuyendo la cantidad de abortos, contribuyen a su alta incidencia.
Manifestación Pro-Vida en Varsovia. Fuente: Wikimedia Commons
Argumentos a Favor de la Despenalización del Aborto
El grupo favorable a la despenalización no muestra muchas fisuras desde el punto de vista teórico ni el práctico. Existen distintas posiciones sobre los plazos en los que se pueden realizar las interrupciones habida cuenta de que el estatuto del embrión requiere de una protección gradual e incremental. La necesidad de la despenalización del aborto se basa en evidencias que provienen de las ciencias sociales y las ciencias de la salud.
Diversas organizaciones del ámbito civil han hecho sus aportes en cuanto a recolección de datos, investigación en campo e interpretación de la realidad del aborto clandestino y sus consecuencias. Cabe mencionar de manera destacada el aporte de la Asociación por los Derechos Civiles (ADC) o el Centro de Estudios de Estado y Sociedad (CEDES).
La Posición Intermedia ("Ni-Ni")
El tercer grupo, denominado "Ni-Ni", cavila en su postura continuamente. Cree que el aborto debe ser legal, pero desaconsejado, o legal pero con plazos estrictos, transigiendo en las 12 o 14 semanas de embarazo como una concesión políticamente correcta que limita lo políticamente incorrecto del aborto. O bien piensan que son los médicos los que deben decidir si el aborto encuadra o no bajo una lista limitada ―una "tablita"― de causales de admisibilidad, convirtiendo a la profesión médica, ya de por sí muy paternalista, en guardabarreras de las decisiones reproductivas de las mujeres.
Vale un párrafo aquí sobre las sociedades científicas, que muestran un gran desvelo por la formación de sus socios médicos o del personal de salud, pero un marcado desprecio por la salud y la dignidad de las mujeres, estableciendo una ecuación problemática y oximorónica en la que los médicos son buenos pero las mujeres están enfermas o mueren. Así lo demuestra la posición de la Academia Nacional de Medicina o la actitud ciertamente pasiva de las sociedades científicas relacionadas con la Obstetricia y la Ginecología.
Los "Ni-Ni" suelen estar a favor de la anticoncepción pero sin comprender las dificultades para las mujeres de acceder a los métodos. La anticoncepción es un derecho, pero para que este derecho pueda ser ejercido se requiere de educación formal, de educación sexual y del aporte gratuito de los insumos por parte de Estado. Lamentablemente, en nuestro país, la educación formal tanto primaria como secundaria, muestra altos índices de deserción escolar, sobre todo en el ciclo secundario; la educación sexual, a pesar que cuenta con una ley de aplicación obligatoria (Programa Nacional de Educación Sexual Obligatoria, ley 26.150) es una gran ausente de nuestras aulas; la provisión de métodos de planificación familiar ha sido cubierta con mayor desvelo en los últimos años con respecto a dos décadas atrás, pero aún muestra complicaciones en la llegada a las usuarias debido a los obstáculos que imprimen la Iglesia católica o los propios efectores de salud, sea de la política o de la salud pública, amparándose en sus creencias personales respecto de la santidad de la vida o en las presiones que ejercen las direcciones médicas de los institutos de salud o los jefes de servicio.
Seguir diciendo, como de hecho sucede, que los anticonceptivos son abortivos muestra mala fe o ignorancia. La tasa de embarazo adolescente es una prueba fehaciente de la escenografía reinante.
Así, la posición "Ni Ni", altamente influyente, que busca un punto de equilibrio entre los derechos de las mujeres y las creencias sobre la santidad de la vida, fracasa al desconocer las deficiencias de nuestras políticas públicas en materia de educación sexual y acceso a anticonceptivos. Deficiencias que, muchas veces, son promovidas por los mismos grupos de interés que rechazan o pretenden limitar el acceso al aborto legal.
Esta posición no pretende limitar el acceso al aborto sobre la base de información científica, sino como concesión a las creencias y opiniones de grupos social y políticamente influyentes. Sin embargo, debiera ser inadmisible que una política pública, como el acceso al aborto, se encuentre a merced de las creencias personales de los funcionarios o de grupos más o menos mayoritarios de nuestra sociedad. Todas las creencias y valores son respetables pero las religiones y creencias deben quedar para el seno del hogar de los funcionarios. Toda vez que las políticas públicas afectan a las personas de todas las creencias y religiones, la función pública debe regirse por valores y criterios laicos.
El Aborto como un Derecho
El despenalizador del aborto ha debido siempre excusarse por su postura. Siempre lo ha hecho. Quien trabaja para la despenalización es y ha sido un defensor de la mujer porque las distintas circunstancias así lo requerían. El aborto no era bueno pero había que legalizarlo. Sin embargo, incluso quienes han luchado por el aborto legal han debido hacer concesiones. Bill Clinton en campaña tuvo una frase que resume los conceptos anteriores: "El aborto debe ser legal, seguro y raro". Nuestra sociedad premia a la mujer que tiene hijos y condena a la que aborta.
No obstante, son varios los filósofos antinatalistas que plantean que nacer no siempre es un beneficio y que muchas veces es un seguro pasaporte para el dolor o un daño. Nada de todo esto es sencillo, habida cuenta de que uno puede tener las mejores condiciones para tener hijos y sin embargo decide no tenerlos y viceversa. O bien están aquellos que deciden tener hijos pero luego cambian de opinión por una condición física, o deciden modificarlo en base a alguna técnica genética. Una mujer debe tener el derecho de no tener un hijo o puede rehusarse a continuar un embarazo. Como dice la filósofa del MIT Judith Jarvis Thompson un feto no tiene el derecho de apoderarse del cuerpo de una mujer. ¿Cómo es posible que tengamos que obligar a una mujer que no quiere tener un hijo en ese momento de su vida a que sea rehén de un embarazo? ¿Cómo es posible que se obligue a una mujer a tener un hijo en contra de sus circunstancias personales, sobre la tesis de la defensa de la vida, mientras que esa misma mujer ―o cualquier hombre― no están obligados a donar un órgano a su hijo que está por morir para salvarle la vida? Este segundo ejemplo, moralmente correcto y que se aplica a la práctica cotidiana, se justifica porque la sociedad no nos puede exigir un acto heroico a los padres o a las personas en general.
Por los argumentos anteriores he modificado mi manera de pensar en cuanto al aborto como algo malo y triste, o como algo inmoral pero necesario. Prefiero en cambio que el relato se convierta en algo normal, común y que hace a la vida reproductiva de las mujeres hoy, mañana, ayer y siempre desde que la mujer es mujer. Legal o ilegal, la mujer apela al aborto cuando no puede seguir adelante con ese embarazo. Por ello el aborto debe ser considerado como una parte importante del cuidado de la salud en general y reproductiva en particular. El aborto forma parte de la medicina reproductiva y no puede ni debe ser su antítesis. El aborto es necesario y no es un mal sino un bien social. Aborto y maternidad van de la mano. La libertad de ser madre implica la libertad de no serlo.
En este sentido, es iluminador el relato de la filósofa Judith Jarvis Thompson citada anteriormente, quien propone una hipotética situación en la cual una mañana cualquiera, usted se despierta conectado a una persona o, mejor aún, a una personalidad de nuestra sociedad que estará conectada a usted por meses o años y que sin su ayuda, moriría. Si usted se negara a vivir con él y por lo tanto pidiera la desconexión de su cuerpo del suyo, esta persona moriría. No moriría por muerte propia sino que usted sería el causante de esta muerte y como tal sería penado por la ley.
El debate internacional por el derecho al aborto
Se siguen, de aquí, las preguntas y las reflexiones... ¿se sentiría usted moralmente vinculado como para acceder a esta situación? No cabe duda que sería muy amable de su parte si lo hiciera, y demostraría una enorme bondad. ¿Pero usted siente que la sociedad tiene el derecho de obligarlo sin opciones a esta alternativa? ¿Qué pasa si no fueran nueve meses, sino nueve años o todavía más?, ¿qué pasa si la sociedad le dijera que lamenta la situación pero ahora tiene que mantenerse conectada a esa persona y en caso contrario si usted decidiera la desconexión sería penada por la ley e iría presa?
Este ejemplo marca la exacta filosofía del pro vida: la mujer no tiene derecho a su cuerpo, todas las personas tienen derecho a la vida, y este derecho de las personas es superior al derecho de lo que acontece en su cuerpo. No me preocupa su respuesta. Supongo que habrá distintas respuestas de acuerdo a los valores de cada uno. Lo cierto es que el argumento propuesto por la filósofa Thompson es fascinante para demostrar el grado de coerción que la sociedad, políticos, y legisladores ejercen sobre la mujer en nuestro país y en la región.
El dilema, por lo tanto, es si vamos a darle más derechos a un zigoto, a un embrión, a un feto o a una mujer. Por ello, quitarle los derechos a una mujer por un embarazo es a todas luces un atropello. Por otro lado ninguna mujer estaría obligada a abortar. Lo lamentable es que un grupo minoritario de personas, la mayor parte de las veces radicales, auto manifestándose en favor de la vida, quiere imponer a toda la sociedad la idea de que el aborto es un asesinato, que una nueva célula es una persona, que el aborto es una industria o que el aborto es una amenaza para la sociedad. Esta manera de pensar me resulta totalitarista y no democrática. Para colmo, la mayoría de estas personas no son libres pensadores sino que tienen fuertes conflictos de intereses con las religiones.
El Aborto No Seguro: Una Crisis Médica Prevenible
El aborto no seguro es una crisis médica prevenible. Fuente: Médicos Sin Fronteras
El aborto no seguro es una de las principales causas de mortalidad materna, responsable de al menos 1 de cada 12 muertes. Cada año, millones de mujeres enfrentan complicaciones graves, como infecciones y hemorragias, debido a la falta de acceso a servicios médicos seguros. Sin acceso a un aborto seguro, muchas mujeres recurren a métodos inseguros, lo que aumenta el riesgo de complicaciones como infecciones, lesiones internas y fertilidad reducida. Las mujeres en África, Latinoamérica y Asia son las más afectadas por este problema de salud.
Las acciones clave para reducir la mortalidad y las complicaciones son: proporcionar anticonceptivos para prevenir embarazos no deseados, ofrecer servicios de aborto seguro y tratar las complicaciones derivadas de abortos no seguros. Médicos Sin Fronteras responde a las consecuencias del aborto no seguro, proporcionando atención médica a las mujeres que sufren complicaciones. En muchos de sus proyectos de salud sexual y reproductiva, abordan las consecuencias del aborto no seguro y ofrecen servicios de aborto seguro cuando es necesario.
En 2019, MSF atendió a miles de mujeres por complicaciones de abortos inseguros y proporcionó más de 21.500 servicios de aborto seguro. Su objetivo es reducir las consecuencias del aborto no seguro y mejorar el acceso a atención médica para todas las mujeres, sin importar su contexto.
Prevenir la mortalidad y el sufrimiento causados por un aborto no seguro requiere tres acciones principales: proporcionar anticonceptivos para evitar embarazos no deseados, ofrecer servicios de interrupción sin riesgos (incluyendo proporcionar asesoramiento a la mujer) y tratar las complicaciones resultantes del aborto.
MSF no tiene una posición política ni ética sobre el aborto; como organización médico-humanitaria, considera las consecuencias de los abortos no seguros como una cuestión médica a la que hay que responder. Los riesgos de un aborto no seguro son bien conocidos y pueden prevenirse prestando una atención adecuada a estas mujeres.
Las muertes a causa de abortos no seguros se reducen enormemente cuando la mujer puede acceder a servicios médicos. Por ejemplo, tras la legalización del aborto en Sudáfrica en 1996, diversos estudios confirmaron que, para el año 2000, la mortalidad materna por abortos no seguros se había reducido en un 91%; además, el número de mujeres con infecciones causadas por estos procedimientos se había reducido a la mitad.
MSF no alentamos el aborto en absoluto. La interrupción del embarazo es, exclusivamente, elección de la mujer. Nuestro único objetivo es evitar las consecuencias del aborto no seguro. Cuando una mujer está decidida a interrumpir su embarazo, buscará la forma de someterse a un aborto independientemente de si el procedimiento es seguro y legal o no. Y si no le es posible acceder a un aborto en condiciones médicas seguras, arriesgará la vida para interrumpir el embarazo. Cuando ocurren complicaciones derivadas de un aborto no seguro, la mujer suele renunciar a buscar ayuda médica profesional por temor a las consecuencias sociales que esto le pueda acarrear.
Las principales complicaciones de un aborto no seguro son hemorragia grave, infección, peritonitis y lesiones en vagina y útero; también pueden darse consecuencias a largo plazo que afecten a embarazos futuros, entre ellas la infertilidad.
Argumentos Adicionales y Consecuencias Psicológicas
Un aborto es la interrupción prematura del embarazo, antes de que el feto pueda sobrevivir fuera del útero. La interrupción voluntaria del embarazo (IVE) es un procedimiento médico que se lleva a cabo para detener el embarazo. Las leyes para regular esta práctica son diferentes en cada país y tienen en cuenta diferentes supuestos. En otros países, el aborto solo está permitido si existe un riesgo para la salud de la madre, en caso de malformación fetal grave o bien si es producto de una violación.
Los partidarios del aborto libre (sin tener que alegar motivo médico) defienden que la mujer tiene derecho a decidir sobre su maternidad y su cuerpo. Las organizaciones abortistas señalan que también se trata de una cuestión de salud pública, sobre todo en regiones con altos índices de pobreza. También es una forma de prevenir las consecuencias de los embarazos de menores, que tienen efectos sobre la salud física y mental de las niñas y adolescentes. Para los abortistas, durante las primeras semanas del embarazo el embrión o feto no está lo suficientemente desarrollado para equipararlo a una persona.
Los argumentos antiabortistas tienen una base religiosa, considerando que todas las vidas son sagradas y deben ser protegidas. Por eso suelen definirse como un movimiento “provida”. Los antiabortistas defienden que el embrión o feto es una vida humana y priorizan su derecho a nacer antes que el derecho de la mujer a decidir sobre su cuerpo y su maternidad. Por ese motivo reclaman leyes más estrictas y apoyan la prohibición del aborto libre, que permite a las mujeres de algunos países abortar durante las primeras semanas del embarazo sin necesidad de aportar ningún motivo médico.
Para el movimiento provida, solo estaría permitido abortar si el embarazo supusiera un riesgo de muerte para la madre, pero no en caso de malformación o enfermedad del futuro bebé, ni tampoco en caso de violación. Por otro lado, los antiabortistas señalan que el aborto provocado puede tener efectos sobre la salud mental de la mujer, como depresión, ansiedad o un trauma psicológico.
Tras el aborto se puede producir depresión, ansiedad, tendencia al uso de drogas, conducta suicida y predisposición a autolesionarse, pero en otros no se detectan trastornos mentales secundarios al mismo, tratar de evidenciar la posible existencia o no de un síndrome post-aborto, o en su caso de trastornos psicológicos en las mujeres que han abortado, es un debate complicado en la actualidad por la cantidad de factores que influyen en el mismo como: edad, raza, condición social y creencias religiosas; la presencia o no, previamente al aborto, de alteraciones psicológicas; que el embarazo sea o no deseado; que cuenten o no con el apoyo de su pareja o de su familia, etc.
Consecuentemente, la gran variedad de estos factores de confusión puede influir decisivamente en la heterogeneidad de los resultados obtenidos.
Estudio Retrospectivo sobre Trastornos Mentales Post-Aborto
Un estudio descriptivo retrospectivo de pacientes con trastorno mental ingresadas tras un aborto reciente revela datos significativos:
El estudio revela que el aborto estaba asociado con un aumento de riesgo en un 24% en desórdenes de ansiedad; un mayor riesgo de depresión en un 47%, un riesgo de abuso de alcohol en un 29%, en un grupo de mujeres entre 25 y 45 años, con un nivel cultural medio y que al menos en un 58% de los abortos eran embarazos deseados.
Según los datos obtenidos, el 42% de las mujeres que se habían sometido a un aborto antes de los 25 años experimentaron una depresión y eran embarazos no deseados. En el 81% de los casos, eran mujeres con antecedentes de salud mental previos al aborto.
| Variable | Porcentaje |
|---|---|
| Aumento del riesgo de ansiedad | 24% |
| Mayor riesgo de depresión | 47% |
| Riesgo de abuso de alcohol | 29% |
| Depresión en mujeres menores de 25 años (embarazos no deseados) | 42% |
| Antecedentes de salud mental previos al aborto | 81% |
En nuestra muestra la incidencia de problemas psiquiátricos en la visita previa a un aborto es excesivamente elevada, alrededor de tres veces superior a la que presenta la población normal, por lo que dicho incremento puede ser debido a que la mujer ya estaba inmersa en el estado de ansiedad que puede darse en los días previos al aborto, tras un embarazo no deseado. Por otro lado, un dato importante es que los problemas de salud mental son significativamente mas altos después de un aborto, que después de un parto normal.
Cuando una mujer enfrenta la decisión de abortar, el primer argumento que le ofrecen es el de la «libertad», el de «seguir con su vida sin interrupciones». Pero lo que nunca se menciona es que esa interrupción ya ha ocurrido. En el momento en que la vida comienza a crecer en su interior, su realidad cambia. Las consecuencias psicológicas del aborto son un tabú en la cultura moderna. Muchas mujeres experimentan lo que se conoce como Síndrome Post Aborto (SPA), un conjunto de trastornos emocionales que incluyen depresión, ansiedad, sentimiento de culpa, pesadillas y un vacío inexplicable. ¿Por qué?
Por otro lado, continuar con un embarazo inesperado puede parecer desafiante, pero abre puertas que jamás se habrían imaginado. Las mujeres que deciden dar a luz descubren una fuerza interior inimaginable. En el corto plazo, sí, puede haber dificultades. Quizás temor, incertidumbre, dudas económicas, sociales o familiares. Pero cada obstáculo tiene solución. A mediano plazo, ver la sonrisa de un hijo, sentir sus manitas aferrarse a la vida, o escuchar la primera palabra cambia todo. A largo plazo, el mayor regalo es saber que se eligió la vida sobre el miedo. No hay heridas abiertas, no hay culpas eternas.
Aquellos que promueven el aborto como una solución rápida nunca hablan del desgarro silencioso que muchas mujeres experimentan después. El mundo sigue girando, sí, pero algo en ellas se detiene. Quienes han pasado por esa experiencia describen un peso invisible, una sombra que las acompaña. Y lo más desgarrador es que, en muchos casos, se dan cuenta demasiado tarde de que había otras opciones.
Si hoy estás en una encrucijada, si la vida te puso ante esta decisión, recuerda algo: no hay decisión más valiente que elegir la vida. Cada bebé que nace es una historia que cambia el mundo. Puede ser el futuro artista, el médico que salve vidas, la madre amorosa, el genio que transforme el planeta. Elige la vida.
