Una Locura de Familia: La Historia de Ana y Jesús con Diez Hijos

Los García Iglesias son conocidos en redes sociales como "Una locura de familia". Están felices con la llegada de Daniela, su décima hija. Hasta ahí, todo muy común, salvo por el número de hermanos que tiene este recién nacido, que supera por mucho la media nacional.

Daniela cumple un mes de vida y es el ojito derecho de sus padres y hermanos. Ana Iglesias tiene 39 años y su marido, Jesús García, 44. Su primer hijo le llegó a los 28 años. En casi diez años, ha tenido ocho hijos, va camino del noveno, y ha tenido otro aborto, el segundo, previo al nacimiento de Martina, su hija pequeña.

El Comienzo de una Gran Familia

“En ningún momento nos planteamos tener un número determinado de hijos. Al principio me imaginaba solo con dos. Lo que pasa es que cuando van naciendo, ves que tu instinto maternal no se ha cerrado, que no te importaría tener más. Y así hasta el día de hoy”, cuenta Ana Iglesias, que está acostumbrándose a tener un nuevo bebé en casa, aunque dice que es buenísima.

«Al principio me imaginaba solo dos hijos. Pero ahora ya me planto. Lo que pasa es que cuando van naciendo, ves que tu instinto maternal no se ha cerrado, que no te importaría tener más. Y así hasta el día de hoy», cuenta Ana Iglesias, que está acostumbrándose a tener un nuevo bebé en casa, aunque dice que es buenísima.

Entre sus planes nunca estuvo construir una familia tan amplia, pero un hijo les ha llevado a otro. «Fue saliendo así». Ninguno de los dos proceden de familias muy numerosas, Ana tiene un hermano y Jesús tres, ni responden al prototipo de familia religiosa. Sin embargo, Ana sí cree que influyó en su amplia familia que los primeros hijos fueran todos varones.

En casa de los García Iglesias los niños suman aún pocos años entre todos: Hugo tiene 10; después va Víctor, de 9; Diego, de 8; Héctor, de 6; Laura, de 5; Mateo, de 4; Marco, de 2; y Martina, de 9 meses. Todos han sido partos «sencillos y naturales», explica Ana, aunque reconoce que a los 39 no se siente igual que con el primer embarazo.

La Decisión de Plantarse

«En esta ocasión pues ya ves que el trabajo es mucho y que yo ya me voy haciendo mayor, y hemos decidido que diez está bien. Eso sí, ahora ya dicen que se plantan.

«Yo creo que puede ser que este sea el último, no quiero asegurarlo, porque puedo cambiar de opinión, pero casi estoy convencida. Cumplo 40 años y a partir de aquí empieza a haber riesgo». «No te voy a negar que cuando tenía tres y me quedé embarazada, yo quería la niña, pero no fue solamente eso, porque entonces cuando llegó Laura me podía haber plantado. A la cuarta llegó Antón, y a la quinta, la niña. Y a partir de ahí fue un ‘no me importaría tener otro’; ‘sí, quiero otro’.

Críticas y Malentendidos

Esta «locura de familia», así es como se los conoce en redes sociales, lamenta que haya gente que no entienda su modelo familiar: «Respeto a todo aquel que decide no tener hijos, y no entiendo por qué, cuando se da la situación contraria, la gente no lo entiende».

«Incluso podría llegar a entender que la gente lo criticara si no tuviéramos para mantenerlos y estuviéramos todo el rato pidiendo ayuda. Pero cuando ves que los niños tienen las atenciones necesarias y tenemos capacidad para mantenerlos, pues no lo entiendo. Tampoco es que seamos millonarios, pero nos podemos permitir salir a cenar o irnos de vacaciones, que no es poco a día de hoy. Entonces, no comprendo que esto genere rechazo», comenta Ana.

Y va más allá: «Creo que es una especie de fobia a la familia y a quien decide tener hijos en un país en el que, además, hay unos índices tan bajos de natalidad». «Afortunadamente, no todo el mundo es así y hay quien agradece que haya niños y a quien le gustan las familias, pero a veces veo a personas con perfiles llenos de mascotas que también te critican. Y pienso que, si en vez de niños, fueran mascotas, no nos criticaría nadie. Parece algo negativo. Está peor visto tener hijos.

“Me dicen que vivimos de las ayudas y realmente son descuentos que no te paga todos los gastos reales. Al igual que otros piensan que tenemos hijos para que nos las den, cuando si he decidido tener la familia que tengo es porque la puedo mantener. Si están se agradecen, pero si no tampoco las voy a exigir”, argumenta. “La gente se piensa que te conoce y en realidad si tú te pones a ver mis vídeos no vas a saber más que nuestro nombre. Saben solo lo que yo quiero mostrar”, expresa.

El Día a Día de una Familia Numerosa

Pero veamos cómo se organiza esta familia de doce en el día a día. Porque no es tarea fácil. Para empezar, Ana y Jesús tienen que estar preparados para asumir cualquier tipo de imprevisto. Y pocas son las jornadas en las que no surge algún contratiempo.

«A veces mis días son caóticos. Y pienso que, efectivamente, somos una locura de familia. Todos los días tienes que improvisar. Intentamos mantener una rutina, pero es difícil. Y tenemos muchos imprevistos. Hay momentos de mucho estrés. Pero cuanto más cerca estés de la rutina, menos estrés tendrás.

En esa rutina, los desplazamientos cobran vital importancia. Porque, claro, no es lo mismo movilizar a dos que a diez niños. ¿Cómo lo hacen los García Iglesias? Pues ni más ni menos que en minibús.

«Sí, lo hacemos así desde hace cuatro años. Antes no éramos tantos y teníamos una furgoneta de nueve plazas. Pero después, al ser más, nos compramos el minibús y nos tuvimos que sacar el carné de autobús, porque lo necesitas para poder conducir vehículos de más de nueve plazas. Ahora tenemos dos minibuses, por muchos motivos. El primero, porque igual los llevo yo, pero luego es mi marido quien los tiene que recoger. O al revés. Y yo no me puedo dividir en dos para recogerlos. Entonces, tengo que tener un vehículo a mi disposición», cuenta, mientras reconoce que hay gente que le propone desplazarse en transporte público: «No se hacen una idea de lo que es ir en metro con nueve o diez niños. Tratamos de evitar zonas donde haya algún tipo de peligro o mucha aglomeración. El minibús tiene su parte buena, que podemos viajar todos juntos, pero también su parte mala, porque no hay muchos sitios donde poder estacionarlo y tampoco puedes entrar en los párkings.

Otro aspecto que deben tener muy en cuenta es la parte económica: «Tratamos de reutilizar todo en la medida de lo posible. La ropa intentamos que pase de uno a otro, aunque te puedes imaginar que un mismo pantalón no llega al noveno. También reutilizamos juguetes, libros, y demás. En la alimentación miramos el céntimo y aprovecho las ofertas. Y luego a la hora de salir, pues tampoco vamos a sitios supercaros. Tratamos de ir a lugares que tengan menú infantil. Intentamos economizar todo lo que podemos».

Y tienen claro el presupuesto aproximado que manejan al mes: «Teniendo en cuenta que un mes gastas menos y otro más, calculamos que gastamos de media unos 9.000 euros, aproximadamente. De ahí también pagamos la hipoteca, que no es barata. Porque, claro, no podemos vivir en un piso. Vivimos en una casa. En el colegio pagamos el comedor, luego están las actividades extraescolares y excursiones. Y no van a todos los cumpleaños, porque no haríamos otra cosa, además del gasto que supone. Solo en alimentación cuenta que antes gastaban unos 1.200 euros al mes, pero ahora ese presupuesto ha crecido porque ellos también van creciendo. Y solo en leche, calculan que consumen unos 7 litros al día.

Ana reconoce que para hacer frente a todo esto, se necesitan dos buenos sueldos: «Nosotros no nos podemos permitir tener un solo sueldo. Mi marido trabaja por cuenta ajena y yo llevo emprendiendo desde el 2015, porque necesitábamos crecer económicamente. Ahora tuve que cerrar mi tienda por el embarazo y el parto, porque la gestionaba yo sola y me resultaba complicado. Volveré a emprender, pero aún no tengo claro en qué. La verdad es que las redes también me aportan un ingreso extra.

Por el momento tratan de irse de vacaciones cuando pueden, aunque lo de ir 12 a un hotel ya no lo hacen: «Algunos empezaban a exigirnos reservar tres dormitorios y eso implicaba que viniera un tercer adulto con nosotros. Y era un desembolso. Pero desde hace un par de años vamos a apartamentos. Es más económico. Además, mis hijos quieren dormir juntos. Al final terminábamos todos metidos en la misma habitación del hotel».

Eso les sigue ocurriendo también en casa. «Todos quieren dormir juntos. Y les damos libertad. Y si pueden dormir en la cama de papá y mamá, mejor. Ahora mismo nos estamos repartiendo en dos o tres habitaciones. Pero en una de ellas hay cuatro literas, y como son tan chiquititos, a lo mejor se meten dos en una cama. O tres y uno está durmiendo a los pies y los otros dos arriba. Nadie quiere dormir solo. Yo creo que incluso lo perciben como un castigo», explica. Lo que está claro es que no hay sitio para el aburrimiento.

“Es verdad que en una familia numerosa todos aportamos en casa, porque si no, sería imposible. Y lo considero positivo. Pero son niños, y no te voy a decir que se matan por ir corriendo a poner el lavavajillas”, indica sobre las críticas que reciben cuando ven a sus hijos ayudando en casa. «Incluso hay quien dice que los mayores cuidan a los pequeños, y no es así. O que se crían solos. Nosotros somos los que los cuidamos. Y en un momento puntual puedes dejar que los mayores cojan a un bebé o que participen de hacer la cena. Una cosa es eso y otra es que ellos asuman la responsabilidad que tenemos nosotros como padres.

«Nosotros no éramos una familia rica, sin embargo ahora, si tuviésemos dos hijos, ya te digo que millonaria no sería, pero viviría muy, muy bien. Pero, claro, si solo tuviese dos hijos, probablemente hubiera seguido en aquella vida y no me hubiese esforzado tanto. Nuestro nivel económico ahora mismo es igual al de una familia con dos hijos de clase media». En estos momentos viven en un chalé a las afueras de Madrid, por el que pagan una hipoteca, pero antes tuvieron un piso de tres dormitorios en el que tenían capacidad para seis hijos.

«Hasta el tercer hijo yo no tenía idea de que íbamos a ser tantos, cuando llegó el cuarto me di cuenta de que era superdivertido porque estás siempre acompañada. Vamos al parque y ya no hacen falta niños, porque lo llenan ellos; la conexión que tienen todos es maravillosa. Cuando los miro de camino al cole cómo van todos juntos me encanta. Es superguay tener una familia tan grande, se apoyan muchísimo, a partir del cuarto empieza a ser muy divertido», relata Ana.

«No es lo mismo irte con un amigo de vacaciones que con diez, tienes más gente para compartir; a lo mejor no te gusta jugar hoy con este y juegas con el otro», indica. ¿Has perdido alguna vez algún niño en el parque?, le digo. «¡Sí!, casualmente cuando viene más gente con nosotros hay más posibilidades. Por ejemplo, en las vacaciones. Cuando han venido los abuelos, tendemos a confiarnos, crees que están con ellos y dejas de echarles el ojo. Así se nos ha perdido alguno», cuenta. ¡Pero los habéis recuperado!

¿Eres una persona paciente o es más tu marido? «¡Mi marido!», responde tajante. «Reconozco que en alguna ocasión la situación se nos va de las manos porque es lógico: tienes a cuatro niños llorando a la vez, porque a lo mejor les has dicho que no a algo, y, claro, lloran para salirse con la suya. Pero no les podemos decir que sí a todo para que se callen; en ese momento se te hace duro.

Ana se define como una madre que está en contra de la sobreprotección, que intenta que sus hijos sean lo más autónomos posible: «Sé que mucha gente ahora está muy a favor de la crianza respetuosa, pero eso, en mi caso, no es viable. No puedo estar esperando a que un niño se calce cuando le dé la gana, no puedo esperar una hora a que tome la decisión. Yo, en ese caso, cojo al niño en brazos, lo monto en el coche y ya se irá calzando.

Ana les ha dado pecho a todos hasta casi el año, pero cuenta que ella ya no es la persona rígida que con el primer bebé medía todo con cuidado. «Recuerdo que si la temperatura del agua no era la adecuada para bañar a mi primer hijo, vaciaba la bañera y la volvía a llenar. ¡Le he dado importancia a cosas que no la tenían! Al primero lo tuve siempre en la cuna porque en las clases de preparación al parto me dijeron que no lo metiera en la cama jamás, y si me tenía que tirar dos horas sin dormir, me las pasaba con él paseando.

Cada madre y cada padre deben ir a su ritmo, aconseja, y ella, por ejemplo, procura que vayan comiendo solos en cuanto pueden y le resta importancia a cosas que, en su opinión, no la tienen. «Vivo más tranquila que muchos padres con un solo hijo, claro, porque si un hijo mío se cae al suelo, yo le digo: ‘No pasa nada, levántate’. Si van ocho personas mayores a ver a un niño que se cae, entonces él toma conciencia de que eso es muy serio, y se hace el protagonista y llora».

«Yo creo que eso es sobreprotegerlos, tampoco estoy obsesionada con que coman todo al mediodía. Ahora sé que ningún niño se va a morir de hambre teniendo comida alrededor. ¿Quieres comer? Bien, ¿no quieres? No te fuerzo. Yo hago un plato de comida, si hay lentejas, hay lentejas. No te voy a hacer una dieta aparte, no hago veinte menús», especifica. Ana cuenta con mucha gracia cómo es ese momento en que está friendo filetes para todos, porque para comer caliente, ese proceso puede alargarse de tal modo que cuando le sirve al último, ya ha acabado el primero de comer.

Ahora tienen ayuda doméstica en casa (unas horas a la semana), pero no siempre ha sido así, por eso han implicado también a sus críos en la limpieza: los mayores ayudan a aspirar, a barrer, y a pasar el polvo; y los pequeños recogen los platos de la mesa. «Intentamos que recojan ellos lo que ellos han tirado», concluye Ana, que reconoce que tampoco irse de vacaciones es sencillo.

Se han comprado un minibús, se han sacado el carné, y los hoteles no les dan facilidades; de hecho, para entrar todos les han exigido la presencia de tres adultos para dividir a los niños en tres dormitorios. Por eso los García Iglesias este año se irán de apartamento una semanita, contando el gasto que supone. «Si vamos a comer fuera es casi una cena de empresa», se carcajea Ana, que sabe lo complicado que es mover a tantos. A eso hay que sumar las miradas y las críticas: «Mucha gente no nos entiende, yo solo pido respeto».

«Sé que mucha gente ahora está muy a favor de la crianza respetuosa, pero eso, en mi caso, no es viable. No puedo estar esperando a que un niño se calce cuando le dé la gana, no puedo esperar una hora a que tome la decisión. Yo, en ese caso, cojo al niño en brazos, lo monto en el coche y ya se irá calzando.

«Es verdad que en una familia numerosa todos aportamos en casa, porque si no, sería imposible. Y lo considero positivo. Pero son niños, y no te voy a decir que se matan por ir corriendo a poner el lavavajillas», indica sobre las críticas que reciben cuando ven a sus hijos ayudando en casa.

“La diferencia es que en las cosas comunes, como las cenas o las duchas, tardamos mucho más. Lo que otros hacen en 10 minutos, a nosotros nos supone media hora”, cuenta. Es por eso que opina que los niños de familias numerosas son bastante autónomos. Comenta que el tener una rutina programada es muy importante. “Cuando tienes una familia tan grande y con niños pequeños todavía, creo que funciona mejor cuando todos los días intentas hacer más o menos lo mismo”. Los retos se plantean cuando se salen de esa costumbre.

“Las vacaciones son difíciles. En los hoteles no suele haber habitaciones para tanta gente. Algunos nos obligaban a coger tres habitaciones y para ello tiene que venir otro adulto con nosotros. Viajar al extranjero también se complica, ya que tendríamos que comprar billetes de avión para doce personas. Aun así, opina que para los niños es una suerte. “Cuando vienen amigos a casa, siempre se quedan asombrados. Dicen que es como estar de campamento.

El tema económico también es algo a tener en cuenta. De hecho, la falta de medios económicos es la principal causa por la que los españoles no tienen hijos, según la encuesta del Centro de Investigaciones Sociológicas (CIS) sobre Fecundidad, Familia e Infancia del pasado mes de septiembre. “En nuestro caso hemos calculado un gasto medio de unos 6.000 euros al mes”, dice.

“Hay gente que piensa que somos millonarios, pero simplemente nos hemos buscado la vida para poder ingresar más porque tenemos más gastos y queríamos poder darles un nivel de vida de cualquier familia de clase media. Ana y Jesús se conocieron cuando ambos trabajaban en un banco, ella en el departamento de marketing y él como analista de datos, donde continúa.

“Yo tenía claro que si teníamos más hijos, tenía que ir en consonancia con seguir creciendo laboralmente”. Además, de esta forma, contaba con mayor flexibilidad a la hora de estar pendiente de sus hijos. “Seguramente si no hubiera tenido esta situación, no hubiera dejado mi trabajo y llevaría el mismo nivel de vida. Por esa primera tienda de artículos de bebés es que comenzó sus andaduras en el mundo de las redes sociales.

“A la gente le daba mucha curiosidad cómo nos organizábamos para dormir o para comer, en resumen, para hacer cosas cotidianas siendo tantos, y así comencé a hacer vídeos mostrando esos detalles”, cuenta. Algunos peculiares como ollas gigantes para cocinar, una vitrocerámica más grande de lo normal o el minibús de siete metros para poder ir todos juntos.

«Es más económico. Además, mis hijos quieren dormir juntos. Al final terminábamos todos metidos en la misma habitación del hotel».

«Todos quieren dormir juntos. Y les damos libertad. Y si pueden dormir en la cama de papá y mamá, mejor. Ahora mismo nos estamos repartiendo en dos o tres habitaciones. Pero en una de ellas hay cuatro literas, y como son tan chiquititos, a lo mejor se meten dos en una cama. O tres y uno está durmiendo a los pies y los otros dos arriba. Nadie quiere dormir solo. Yo creo que incluso lo perciben como un castigo», explica. Lo que está claro es que no hay sitio para el aburrimiento.

Ana reconoce que para hacer frente a todo esto, se necesitan dos buenos sueldos: «Nosotros no nos podemos permitir tener un solo sueldo. Mi marido trabaja por cuenta ajena y yo llevo emprendiendo desde el 2015, porque necesitábamos crecer económicamente. Ahora tuve que cerrar mi tienda por el embarazo y el parto, porque la gestionaba yo sola y me resultaba complicado. Volveré a emprender, pero aún no tengo claro en qué. La verdad es que las redes también me aportan un ingreso extra.

«Nosotros queríamos tener alguna comodidad, como poder salir con ellos a comer fuera alguna vez, o llevarlos al cine, o poder irnos en alguna ocasión de vacaciones». Solo cubrir las necesidades básicas en una casa de diez personas supone un enorme gasto. En comida ellos se dejan al mes unos 1.400 euros.

Por eso, Ana y Jesús decidieron montar un negocio, y como a ella le gustaba el mundo de los bebés, se especializó en todo lo relacionado con la puericultura. Él siguió trabajando por cuenta ajena, pero ella se dedicó a la tienda, aunque con otra persona que la ayudaba, porque con tantos hijos, si uno se ponía enfermo, ella quería poder estar en casa para atenderlos.

«Nosotros no éramos una familia rica, sin embargo ahora, si tuviésemos dos hijos, ya te digo que millonaria no sería, pero viviría muy, muy bien. Pero, claro, si solo tuviese dos hijos, probablemente hubiera seguido en aquella vida y no me hubiese esforzado tanto. Nuestro nivel económico ahora mismo es igual al de una familia con dos hijos de clase media».

Tabla de Gastos Mensuales Aproximados

Concepto Gasto Aproximado
Alimentación €1,400
Hipoteca Variable (incluido en los €9,000)
Colegio y Comedor Variable
Actividades Extraescolares y Excursiones Variable
Gastos Totales Mensuales €9,000

Ana y Jesús se conocieron cuando ambos trabajaban en un banco, ella en el departamento de marketing y él como analista de datos, donde continúa. “Yo tenía claro que si teníamos más hijos, tenía que ir en consonancia con seguir creciendo laboralmente”. Además, de esta forma, contaba con mayor flexibilidad a la hora de estar pendiente de sus hijos. “Seguramente si no hubiera tenido esta situación, no hubiera dejado mi trabajo y llevaría el mismo nivel de vida. Por esa primera tienda de artículos de bebés es que comenzó sus andaduras en el mundo de las redes sociales.

“A la gente le daba mucha curiosidad cómo nos organizábamos para dormir o para comer, en resumen, para hacer cosas cotidianas siendo tantos, y así comencé a hacer vídeos mostrando esos detalles”, cuenta. Algunos peculiares como ollas gigantes para cocinar, una vitrocerámica más grande de lo normal o el minibús de siete metros para poder ir todos juntos.

Aunque, de la misma manera que conlleva ventajas también tiene desventajas. “La gente se cree con el derecho de faltarte el respeto continuamente por ser una red social”, argumenta. “Me dicen que vivimos de las ayudas y realmente son descuentos que no te paga todos los gastos reales. Al igual que otros piensan que tenemos hijos para que nos las den, cuando si he decidido tener la familia que tengo es porque la puedo mantener. Si están se agradecen, pero si no tampoco las voy a exigir”, argumenta. “La gente se piensa que te conoce y en realidad si tú te pones a ver mis vídeos no vas a saber más que nuestro nombre. Saben solo lo que yo quiero mostrar”, expresa.

Rutina Diaria con 3 hijos !!! * CAÓTICO**

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