En la era moderna, la noción de "lo salvaje" se entrelaza con diversas corrientes de pensamiento y expresiones culturales. ¿Cómo se unen lo salvaje y lo queer, ya sea de formas que puedan reforzar las ideas coloniales sobre quién y qué es salvaje o de formas descoloniales y potencialmente liberadoras?
Para entender mejor esta conexión, es fundamental explorar conceptos clave como la teoría crip y la psicogeografía situacionista.
Teoría Crip: Desafiando las normas de la "normalidad"
La "Teoría crip" del profesor Robert McRuer entrelaza las opresiones que, de forma interseccional, nos acercan a otros grupos señalados o invisibilizados por los regímenes de la "normalidad". Esta teoría, presentada en el libro homónimo, desafía las concepciones tradicionales de normalidad y discapacidad, explorando cómo estas categorías se construyen socialmente y cómo afectan a las personas que no se ajustan a ellas.
Con una traducción clara y fluida de Javier Sáez, "Teoría crip" es un libro ya imprescindible. Javier Sáez, activista marica y traductor, afirma: “El enfoque de las diásporas, la migración y la racialización ha sido central en las teorías queer desde sus inicios.”
Psicogeografía Situacionista y Parkour: Reclamando el Espacio Urbano
Nueva York Rooftop Parkour POV
Algunas interpretaciones acerca del parkour han recuperado una evidente conexión con la psicogeografía situacionista, aquella disciplina donde el ciudadano en vez de ser prisionero de una rutina diaria, tendría que mirar a las situaciones urbanas de una forma nueva radical.
Así como el psico-geógrafo situacionista deambula por la ciudad estableciendo una cartografía personal, y construye un territorio emocional frente a la ciudad organizada del urbanista, el traceur marca su propio camino a través de los obstáculos urbanos imponiendo su ruta sobre la funcionalidad de la ciudad.
Cuando los traceurs saltan sobre una una pared, sobre una barandilla o suben un edificio, son enteramente indiferentes a su función o contenido ideológico. Por lo tanto no se sienten concernidos por la presencia de la arquitectura como edificio, ni como composición de espacios ni de materiales dispuestos lógicamente para crear una entidad urbana coherente.
Centrándose solamente en ciertos elementos (repisas, las paredes, los bancos, las barandillas, las escaleras) de una determinada arquitectura los traceurs, niegan la existencia de la arquitectura como una entidad tridimensional indivisible, reconocible solamente como totalidad, tratándola en su lugar como un sistema flotante de elementos físicos separados, aislados, donde las consideraciones de los arquitectos con respecto a los usuarios que implican la subordinación del cuerpo al espacio y diseño son obviadas.
El cuerpo performativo del traceur tiene la capacidad de ocuparse de un sistema dado de circunstancias predeterminadas y extraer lo que le es útil y desechar el resto. El parkour reproduce la arquitectura a su propia medida.
Normalmente se hace un recorrido y cada uno opta por hacerlo de una manera propia. Una regla en el parkour es no retroceder.
En la vista aérea del mapa, la ciudad entera se entiende simultáneamente, en un solo vistazo , pero si hubiera un modelo cartográfico de los traceurs no sería el mapa convencional. Sin embargo y pese a esa relación entre los conceptos de la psicogeografía situacionista y el parkour, no podemos olvidar su origen: proviene de Francia, donde David Belle, hijo de un miembro del ejército, aprendió de su padre el "Método Natural de Georges Hébert", un entrenamiento militar basado en la superación de obstáculos naturales usando el cuerpo, para después aplicarlo a la ciudad, interactuando con vallas, muros, tejados… un obstáculo en circunstancias normales evita que vayamos más lejos, paraliza.
El lema principal del parkour es el de “Ser y durar”. Si bien el significado que se le da es que el traceur no tiene que ponerse en peligro e ir superándose cada día, y no debe competir ni intentar superar a los otros, también parece apelar por un lado a la pertenencia a una comunidad determinada y por otro a la responsabilidad de mantener el compromiso con esa misma comunidad.
Hay un lema derivado del anterior que indica más a las claras la procedencia militar de este deporte urbano: "Ser fuerte para ser útil". No deja de ser llamativo, que los componentes de la comunidad de los practicantes del parkour se reconozcan en una voluntad compartida de “resultar útiles”. Voluntad que no focalizan en una causa concreta pero indica una cierta filosofía humanista.
Desde esta perspectiva, podemos entender los grupos de parkour como una suerte de guerrilla urbana que en el contexto de la sociedad del bienestar y el consumo utiliza una técnica militar como herramienta para la práctica crítica de la ciudad. En este mismo sentido se entiende también el skate, donde el movimiento del cuerpo a través del espacio urbano y en su interacción directa con la arquitectura moderna de la ciudad yace su objeto central de crítica: un rechazo de los valores y de los modos espaciotemporales de vivir en la ciudad capitalista contemporánea.
Otro aspecto importante en la práctica del parkour es la temporalidad. En su práctica se elimina la memoria; el traceur no parte de una memoria histórica sino de una memoria cotidiana, elaborada a partir de sus recorridos.
Espacios Urbanos y Rurales: Funcionalidad vs. Ausencia de Determinación
Percibimos el espacio urbano en los términos de su función, y cada función del espacio establece límites (disfuncionales): función de tráfico rodado en las pistas (atravesar a pie solo a través de determinados puntos y momentos); función de tránsito peatonal en los márgenes (no correr); función de tránsito despreocupado en los parques (no sobresaltar a los ancianos ni atropellar a los niños, funciones reservadas a las pistas centrales).
En los entornos rurales la función del espacio está mucho menos marcada, aunque existen también superficies valladas, caminos, áreas para el cultivo y el pasto. La función de los espacios es un signo de socialización. El carácter de esa función identifica el tipo de socialización vigente.
Los cada vez más escasos entornos salvajes se caracterizan por la falta de función de los elementos que ocupan el espacio. Los individuos que los habitan se habitúan a lo que está ahí por su propia presencia, sin ninguna determinación externa.
El ser vivo se encuentra en constante flujo a través de las determinaciones del espacio. Todo cuanto la civilización ha dispuesto para el desarrollo de sus funciones se presenta como un obstáculo para un animal que no estuviese integrado en las mismas, por ejemplo un perro o un parado desahuciado. Tales entes se desenvuelven en los espacios marcados aplicando y desarrollando sus propias habilidades, transformando los obstáculos en puntos de aplicación de fuerza o derivando su función.
El animal humano tiene la especificidad de “discurrir” también en otro sentido. Como todo semoviente lo hace a través del espacio y sus formas, pero también discurre a través del laberinto del pensamiento y de la cultura que marcan su recorrido personal. En este ámbito de discurso ningún trazado está lo suficientemente establecido, lo que propicia el error y el extravío.
“Usted tiene cuatro miembros, dos brazos, dos piernas, los pies y las manos... ¿y para qué los utiliza? ¿Para caminar hasta la estación de tren? ¿Para escribir al ordenador?”, discurre Tim 'Liveware' Shieff, traceur experimentado, a propósito de los hábitos de vida urbana.
