El nombre escarlatina puede alarmar a muchos papás que piensan que es una enfermedad del pasado. No obstante, la escarlatina no es más que la infección de una bacteria llamada Streptococcus del grupo A, siendo muy frecuente en la población infantil. La franja de edad más afectada son los niños entre 5 y 18 años.
La escarlatina casi siempre entra por la puerta de la consulta de un pediatra de la siguiente forma:Madre o padre que acude de urgencia y alarmados:“Lucía, me acaban de mandar una circular que dice que hay escarlatina en el colegio! ¡Y justamente hoy Marta se ha levantado con fiebre! ¡Ay, ay, ay! ¿Será la escarlatina? ¿Pero eso aún existe?”¡Vaya mala fama que tiene la escarlatina!
La verdad es que suena a antiguo, he de reconocerlo, pero tengo que deciros que la escarlatina es una enfermedad infecto-contagiosa bastante frecuente en nuestro día a día, relativamente fácil de diagnosticar, con un tratamiento sencillo y que hoy en día no suele producir complicaciones serias.
¿Qué es la escarlatina?
La escarlatina es una enfermedad infecciosa que está causada por una bacteria de la familia del estreptococo beta-hemolítico del grupo A (EBHGA), que produce una toxina ante la que algunas personas, no todas, muestran una clara sensibilidad. Es una faringoamigdalitis aguda (anginas) asociada a un exantema (erupción en la piel). La causa una bacteria llamada estreptococo betahemolítico del grupo A y el exantema se debe a una sustancia (toxina) que producen algunas familias de esta bacteria.
La bacteria produce una toxina que causa una erupción en la piel de color carmesí o escarlata, de ahí su nombre de escarlatina. Es una infección fácilmente tratable con antibióticos y, en la mayor parte de casos es leve y cura sin secuelas. La importancia de diagnosticarla correctamente y tratarla, es para evitar complicaciones graves en el riñón, articulaciones, pulmón y corazón.
La escarlatina qué és y cuáles son sus síntomas
¿Qué síntomas tiene?
Exantema o erupción cutánea: aparece entre 12-48 horas tras el inicio de la fiebre. Se caracteriza por un sarpullido rojizo y rasposo al tacto “papel de lija o piel de gallina”. Aparece inicialmente en cara y cuello (respetando la zona de alrededor de la boca) y posteriormente se va extendiendo de arriba hacia abajo al torax y las extremidades siendo más intenso en las zonas de flexuras y pliegues. En ocasiones produce picor.
El síntoma más típico es el exantema rosado y de textura áspera, como “piel de gallina” o lija en la barriga del niño. En un inicio la piel aparece roja, como si se hubiera quemado por el sol. Se inicia en la cara y el cuello, respetando el área alrededor de la boca y nariz (surco nasogeniano). En los pliegues, especialmente en las axilas e ingles, la erupción es más intensa. Las zonas de la piel que presentan la erupción se tornan blancas al presionarlas. Al sexto día de la infección, la erupción comienza a remitir, pero la piel afectada puede comenzar a descamarse.
Otros síntomas:
- Fiebre moderada de inicio súbito
- Dolor de garganta, lengua de un color rojo intenso (“aframbuesada” decimos los pediatras), a veces blanquecina con puntos rojos y ganglios aumentados de tamaño en el cuello.
- Dolor de cabeza, náuseas, vómitos, decaimiento, falta de apetito.
Los síntomas cutáneos pueden acompañarse también de otras afecciones que nos pueden ayudar a confirmar el diagnóstico:
- Adenopatías: inflamación de los ganglios cervicales
- Fiebre
- Escalofríos
- Dolores articulares
- Náuseas y vómitos
- Pérdida del apetito
El exantema dura de 3 a 7 días y al desaparecer puede descamarse la piel, empezando también por el cuello y la cara (de arriba hacia abajo). Otros síntomas que pueden aparecer son vómitos, dolor de cabeza, dolor abdominal, escalofríos, falta de apetito y decaimiento.
¿Cómo se contagia?
A través de las gotitas de saliva que emitimos al hablar, por lo que los niños pequeños entre 3- 8 años que juntan sus cabezas continuamente son carne de cañón. La transmisión es directa, de persona a persona a través de la saliva y secreciones nasales.
Diagnóstico
Generalmente no hacen falta pruebas para diagnosticarla, con un buen examen físico suele ser suficiente. Sin embargo, cuando hay dudas disponemos de test rápidos de Streptococo que con una muestra de la orofaringe que cogemos en el momento, tendremos el diagnóstico en menos de diez minutos.
Se puede diagnosticar con certeza un mediante test de detección rápida de Streptococo o un cultivo de las secreciones de las amígdalas .
Tratamiento
Fácil. Con antibióticos de la familia de las penicilinas durante 10 días. No hay vacuna disponible.
Al igual que en la faringoamigdalitis estreptocócica (anginas) el tratamiento de elección es un antibiótico (habitualmente la penicilina o bien amoxicilina) durante 10 días.
Si se confirma que tiene una infección, o bien se tiene una alta sospecha de que el niño padece escarlatina, el pediatra le dará un antibiótico que tendrá que tomar durante 10 días.
Además de prevenir las posibles complicaciones, este tratamiento contribuye a mejorar los síntomas y a que estos remitan antes (aunque el sarpullido puede prolongarse durante más tiempo).
También pueden tomarse medicamentos antitérmicos para controlar la fiebre. En cambio, no es necesario aplicar ningún tratamiento sobre la piel.
En caso de picor, podemos asociar antihistamínicos por vía oral.
¿Cuándo puede volver al cole?
Cuando lleve al menos 24 horas sin fiebre y tomando el antibiótico. Se recomienda mantener al niño en casa, sin ir al colegio, durante al menos tres días o hasta que deje de tener fiebre, por ser una enfermedad muy contagiosa.
¿Puede tener complicaciones?
Sí, aunque actualmente son muy raras. Entre ellas la Fiebre reumática, que prácticamente ya no se ven casos; y afectación Renal (Glomerulonefritis postestreptocócica)
En casos excepcionales, la escarlatina puede causar una infección cutánea denominada “impétigo”, que también es causada por la bacteria Streptococcus.
Otras complicaciones de la escarlatina que no es tratada con antibióticos pueden ser:
- Fiebre reumática
- Glomerulonefritis (inflamación de los riñones)
- Otitis media
- Abscesos en la garganta
- Neumonía
- Artritis
Tanto la fiebre reumática como la afectación del riñón (glomerulonefritis postestreptocócica) son complicaciones reconocidas de las infecciones por estreptococo en individuos con predisposición genética.
¿Si la ha pasado una vez, podría volver a pasarla?
Aunque no es habitual, la respuesta es sí, podría volver a pasarla. Existen varias toxinas que producen estos síntomas, por lo que aunque sería mucha casualidad, el haberla padecido en una ocasión no le exime de volver a tenerla.
Recomendaciones para prevenir el contagio
Para prevenir el contagio y aliviar la sintomatología, pueden tomarse las siguientes precauciones:
- Lavaos las manos con frecuencia. Procura que tú y tus niños os lavéis las manos regularmente, sobre todo, si se están produciendo brotes de la enfermedad en vuestro entorno. Hacedlo con agua y jabón durante al menos quince segundos, prestando especial atención a la zona entre los dedos y debajo de las uñas.
- Utiliza productos antibacterianos para la limpieza de casa. Especialmente para limpiar las superficies de la cocina o el baño De esta manera, eliminarás las bacterias y reducirás el riesgo de contagio.
- No compartáis cubiertos ni toallas. Si alguno de tus hijos ha contraído ya la escarlatina, evita compartir con ellos utensilios, toallas, ropa de cama u otros objetos personales.
- Apuesta por los productos desechables. De hecho, es mejor emplear pañuelos de papel de un solo uso, para evitar que las bacterias se queden en prendas que luego puedan reutilizarse y propagar el contagio.
- Sin escuela durante unos días. Los niños con síntomas de la escarlatina deben dejar de ir a la escuela infantil, guardería o colegio hasta que desaparezca la fiebre y, como mínimo, veinticuatro horas después de haber empezado a tomar los antibióticos.
- Máxima hidratación durante la enfermedad. Si tus hijos ya se ha contagiado, prepárales sopas nutritivas, batidos de leche, bebidas frescas (no excesivamente frías) con las que te aseguras de que se mantienen bien hidratados.
- Dieta blanda. Como es probable que por el dolor de garganta no quieran comer, ofréceles una dieta con alimentos blandos, evitando los que sean más irritantes.
- La comida, ni muy fría ni muy caliente. La temperatura de los alimentos y líquidos que ingieran ha de ser templada, ni muy fría ni muy caliente.
- Ventila la habitación donde repose el paciente. Con el fin de ayudar a aliviar el dolor de garganta, puede ser útil humedecer el ambiente y mantener una ventilación adecuada de la habitación donde se encuentre el paciente, así como la aplicación de alguna compresa húmeda y tibia alrededor del cuello.
Así que con la próxima circular que os llegue, que sin duda os llegará, que no cunda el pánico. Ya sabéis lo que tenéis que hacer: vigilar a vuestro hijo y si empieza con fiebre y le salen manchitas en la piel, acudir a vuestro pediatra. Por supuesto también siempre que tenga afectación del estado general, respiración agitada o mala respuesta tras 24 horas de iniciado el tratamiento.
