Manolo García (Barcelona, 1955) es un artista polifacético: cantante, compositor, líder de bandas icónicas y pintor. Desde sus inicios en Los Rápidos y Los Burros, pasando por El Último de la Fila, hasta su carrera en solitario desde 1998, ha dejado una huella imborrable en la música popular española.
Es difícil cuantificar la influencia de su música en otros artistas, ya que El Último de la Fila creó un género propio, una mezcla audaz de nueva ola, sonidos mediterráneos, música morisca, pop de sintetizadores y armónicas. Sus canciones son parte esencial del cancionero español moderno. Manolo García, afortunadamente, encarna lo opuesto a una estrella de rock: viste de manera discreta, habla con calma y se comporta con sencillez, conservando una mirada dulce y melancólica.
En una entrevista, García se disculpa por llegar tarde, mostrando su preocupación por la puntualidad. Generoso y humilde, parece agradecido por su talento y la oportunidad de vivir de lo que ama.
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Influencias y Orígenes
Barcelona ha influido enormemente en mi desarrollo. Si mis padres no hubieran venido de un pueblo de Albacete a vivir aquí, mi vida sería diferente, porque el mundo cultural es distinto. La adolescencia deja marcas indelebles, y mi infancia rural, con veranos en el pueblo de mis abuelos, también fue crucial. Antes, los veranos eran más largos, lo que permitía una pausa y una conexión con la naturaleza. Recuerdo la pequeña huerta de mis abuelos y el duro trabajo de mis padres para ganarse el pan.
Posteriormente, viví una adolescencia urbana en Barcelona, llena de descubrimientos. Recuerdo mi primer Canet Rock, mi primer Zeleste, la música laietana, Sisa, Pau Riba y Oriol Tramvia. Fue mi primer contacto con el sexo, las drogas y el rock and roll, siendo un joven de barrio e hijo de obreros. En mi casa, la música era escasa, solo una radio donde mi madre escuchaba seriales. El primer tocadiscos llegó cuando tenía dieciséis años, abriendo un nuevo mundo musical.
Crecí en Poblenou, un barrio lleno de murcianos y andaluces, "los otros catalanes", como decía Francisco Candel. Aunque había rumba, predominaba la copla española. Mi primer recuerdo preciso de rumba es Gato Pérez.
Los primeros discos que entraron en mi tocadiscos fueron de rock progresivo. Led Zeppelin y King Crimson me impactaron profundamente. También me interesé por la música española de los setenta, como Los Módulos y Los Brincos. Luego descubrí la música progresiva catalana, con Iceberg, aunque me desenganché rápidamente porque prefería temas más concisos. Finalmente, el punk y la nueva ola, con The Clash y The Police, me conquistaron por completo y me siguen gustando hasta hoy.
Siendo de Barcelona, debo agradecer a esta ciudad lo que soy hoy como músico, pintor y creador. Si hubiera nacido en Madrid o Albacete, sería diferente.
El Descubrimiento Musical
De Police, como a todo el mundo, me impresionó el primer disco. The Pretenders también tienen un primer disco increíble. En cuanto a la música nacional, siempre he sido muy abierto. Me gusta la gente que canta en su lengua, como Ruper Ordorika, aunque no entienda euskera. Siempre he buscado gente que haga canciones, como Sisa, un cronista surrealista intergaláctico.
Dualidad Artística: Música y Pintura
Nunca he dudado entre la música y la pintura. Siempre he sabido que haría ambas cosas. La música tiene una parte más inmediata, el aplauso del público. La pintura es más introspectiva, solitaria, y me sirve para recargar energías. Soy extrovertido en el escenario, pero necesito la pintura para descansar. En el escenario, siento un vampirismo: chupo la energía de la gente, pero también me quedo sin fuerzas. La pintura, en cambio, es un mundo de libertad absoluta, un viaje libertario y anárquico.
En la música, hay que respetar al público y seguir ciertas normas. En la pintura, no hay límites. Es la necesidad de abrir un papel, levantar un caballete, poner una tela y pintar formas, colores, sombras… Es un viaje, un viaje gratuito, completamente libertario, es la panacea de lo libertario, de la anarquía, de algo tan bonito como sería no soy nadie, lo soy todo, no soy nada, lo soy todo, no tengo tiempo, todo el tiempo es mío… Es algo muy, muy extenso, es infinito.
Primeros Pasos en la Música
Siempre he tenido mucha seguridad en mí mismo. Puedo equivocarme, pero lo hago a conciencia. Mi primer concierto fue a los trece años, tocando tres canciones por grupo en una sala del barrio de Verdun. Era un "guachi guachi" penoso, pero lo importante era tocar. Tengo fotos de ese concierto y me veo muy seguro, con trece años, muy delgado y chulo. Otro recuerdo es un concurso de grupos en el Salón Price. Nuestro batería se acobardó, pero yo insistí en tocar la batería, aunque lo hice fatal. Nos abuchearon y nos echaron del escenario, pero yo me negué a irme e hice un solo horrible. Empezaron a tirarnos vasos de papel, yo no me iba ni p’atrás, y recuerdo a Pedro Gené mirando desde un lateral del escenario con cara de pasmo, diciendo «este chaval está loco», y yo aporreando la batería. Cuando me cansé, dije «ahora he acabado y ahora me voy porque a mí me sale de los cojones irme, que os den por culo», tiré la batería abajo de una patada y me largué.
Con Materia Gris, ya éramos un grupo muy bueno, y tocábamos en fiestas patronales. Éramos un grupo tipo Eagles, donde todos cantábamos. Yo hacía percusión y cantaba. Tocábamos melódico y baladas, pero también Santana, Deep Purple, Beatles y Creedence cuando la gente se despistaba. Mi participación era como cantante, improvisando melodías sobre ruedas de acordes. Empecé a componer solo después del servicio militar, y luego formamos Los Rápidos.
En Los Rápidos, todos componíamos, y trabajábamos juntos en los temas.
Manolo García en concierto
En resumen, Manolo García es un artista que ha sabido fusionar sus raíces rurales con la modernidad urbana, creando un universo musical y personal único. Su trayectoria es un testimonio de autenticidad, humildad y pasión por el arte.
