Al estallar en 1936 la guerra civil española, en Venezuela se viven los albores de la presidencia del general López Contreras, después de veintisiete años de la dictadura feroz del general Juan Vicente Gómez. Según el historiador venezolano Guillermo Morón, el régimen del general López Contreras: «no fue de realizaciones y reformas ingentes, sino de humanización de la política, de ponderado equilibrio, de juridicidad y asentamiento de la moral pública, sin injusticias excesivas ni criminal represión. Su lucha contra el comunismo no fue exagerada con venganzas ni persecuciones inútiles». Se producen momentos de euforia a raíz de la salida de las cárceles de los presos políticos y el establecimiento de la libertad de prensa.
Como ocurre en la mayor parte de los países americanos, ante la guerra civil la opinión pública se divide. La mayor parte de la prensa -encabezada por La Esfera y La Religión- y sectores mayoritarios de la jerarquía católica (especialmente los relacionados con los centros de enseñanza) se posicionan a favor de los franquistas.
Sin embargo, tras la muerte del dictador, renace en Venezuela una nueva prensa, francamente democrática, cuyo mayor exponente era el diario Ahora, que dirigía Miguel Otero Silva, El Universal, de Luis Teófilo Núñez y El Heraldo, de Ramón David León. Este último sector, junto a lo más destacado de la intelectualidad venezolana -que había sufrido las iras de Gómez- están, desde el primer momento, con el Gobierno legítimo de la República. Y todo esto ocurría, como señala Arturo Uslar Pietri, «mientras la pugna política se encrespaba y las impaciencias se enardecían».
Por su parte, el periodista Alfredo Tarre «Sanín» afirma que «la contienda armada en la península tuvo una enorme influencia en la política venezolana (...): contribuyó a hacer más tensa la situación en Venezuela y a dividir aún más a los izquierdistas y las derechas en el país».
La controversia del bombardeo de Guernica
La polémica mundial que sigue al bombardeo de Guernica en 1937 también tiene eco en Venezuela. La mayor parte de los diarios reproducen las informaciones que llegan a través de las agencias y servicios internacionales de prensa, sobre todo United Press. Tanto El Heraldo, Ahora, El Universal, como La Esfera o la revista Élite dan, en un primer momento, la información gubernamental. Es decir, que Guernica -considerada «ciudad santa» de los vascos- había sido destruida por aviones alemanes e italianos al servicio de los franquistas. Es cierto que dichas informaciones no tienen el mismo tratamiento.
La Esfera, si bien informaba el 29 de abril que «los aviones rebeldes efectuaron dos incursiones que incendiaron la población de Guernica», dos días más tarde se hacía eco de un despacho fechado en Salamanca -sede del cuartel general de los facciosos-, señalando que: «los rebeldes declaran que los fugitivos vascos informan que los leales incendiaron a Guernica mientras que los insurgentes estaban a quince kilómetros de la población». Sin embargo, va a ser La Religión el que mantenga con más ahínco estas tesis. Hay que recordar que este diario ofrecía, casi exclusivamente, las notas oficiales proporcionadas por el servicio de propaganda franquista, bajo el título genérico «Comunicados oficiales de la Guerra Civil Española».
En la edición del día 29 de abril de 1937 se ofrecían tres despachos, fechados en Salamanca, que daban las siguientes versiones: «Los nacionalistas (franquistas) desmienten una infamia de Aguirre sobre un supuesto bombardeo del Santuario de Guernica» (...) «El general Franco demuestra que la aviación nacionalista (facciosa) no ha volado por el mal tiempo ni el 26, ni el 27, ni el 28 del actual» (...) «Son criminalmente falsos los informes de procedencia separatista, de que nuestras fuerzas aéreas han bombardeado Guernica». Por si esto fuera poco, el 1 de mayo difundía una «Crónica de Alemania», en la que se hablaba de la «indignación por la campaña inglesa sobre la destrucción de Guernica».
Lógicamente, los diarios liberales mantienen la versión -que se demostraría como la verdadera- de que Guernica fue destruida por Franco. Ahora, que además cuenta con servicios especiales del Herald Tribune, mantiene durante varios días el tema en su primera página. Habla de «infernal efecto de las bombas», del «desastre vasco causado por alemanes e italianos», de «la calumnia franquista».
El Universal informa: «Guernica, lugar y símbolo de las tradiciones vascas, reducido a escombros por un bombardeo aéreo». Asimismo ofrece el testimonio del canónigo Alberto de Onaindia, asesor del presidente José Antonio de Aguirre sobre el bombardeo. Por su parte, la revista Élite ofrece un reportaje gráfico, hablando de «espantosa desolación en Guernica».
Para remarcar aún más aquella pugna, en 1937 se produce lo que algunos historiadores califican de «reacción gomecista». Es decir, una vuelta a algunos valores que caracterizaron la dictadura del general Gómez, especialmente en sus contenidos anticomunistas. En este sentido no hay que olvidar que, para algunos sectores, la guerra civil española se planteaba como una «cruzada» contra el comunismo.
Representación del bombardeo de Guernica.
Los intelectuales venezolanos y el caso vasco
En los países del Cono Sur americano (Uruguay, Chile y Argentina) existía desde antiguo una fuerte minoría vasca organizada, tanto desde el punto de vista social como del político o cultural. Asimismo hay Centros Vascos en Cuba, México y Estados Unidos. No así -al menos, aparentemente- en Venezuela.
De tal forma que, en 1874, el historiador Arístides Rojas se quejaba de que en el siglo XIX no se hubiese producido -al contrario de lo que ocurría con los países citados- una emigración vasca significativa a Venezuela. Los vascos, como hemos visto, por un lado, habían racionalizado el comercio a través de la Compañía de Caracas («La Guipuzcoana»), y por otro lado habían introducido en el país las ideas ilustradas y liberales que marcaron el proceso liberador del XIX.
En 1936 existía entre algunos de esos intelectuales progresistas una cierta conciencia de origen, avivada, sin duda, por los períodos de vacaciones en Biarritz, en el País Vasco-continental. Éste sería el caso de Simón Gonzalo Salas, Carlos Enrique Aranguren, los hermanos Arraiz, Aguerrevere, Ibarra... Quizás por ello no extrañe la especificidad vasca del exilio republicano en Venezuela.
En aquellos días Rafael Pizani era un joven abogado destinado como secretario de la Embajada de Venezuela en Bélgica. En 1937 llegaban a aquel país los primeros niños refugiados vascos (15). Desde el primer momento, su esposa, Cecilia Uzcategui, comenzó a asistir a aquellos niños, especialmente en los problemas relacionados con el idioma francés. Ante aquella situación dramática, Pizani convence al embajador para que realice gestiones cerca de su Gobierno, para que éste aceptase recibir a algunos de aquellos niños en Venezuela.
El Ministerio de Negocios Extranjeros traslada la petición al de Agricultura -del que depende la Dirección Técnica de Inmigración-, Sin embargo, el titular de este último Ministerio, Alfonso Mejía, era un hombre muy conservador. La respuesta a la petición de Pizani tardará dos meses en llegar a Bélgica. En ella, su ministro, Esteban Gil Borges, haciéndose eco del dictamen de Mejía no recomendaba la inmigración de niños vascos porque podían introducir en el país «la ideología comunista». Ni qué decir tiene que, por ejemplo, aquellos niños habían salido al exilio acompañados de sacerdotes y, en el caso concreto de Bélgica, asistidos por el arzobispo católico de Malinas, Monseñor Van Roey.
En septiembre de 1938, tras renunciar a un puesto en la Legación de Berlín, Rafael Pizani regresaba a Venezuela.
Para entonces se había creado en el país un grupo de presión a favor de la inmigración vasca formado por intelectuales como Miguel Otero Silva, Andrés Eloy Blanco, Jóvito Villalba o los ya citados Arraiz, Gonzalo Salas y Pizani. Durante meses van a realizar una intensa campaña en la prensa y en la Universidad.
No van a ser éstas las únicas gestiones. El embajador de Venezuela en Cuba, Alberto Smith Zarraga, amigo personal de un exiliado vasco, el doctor Luis de Aranguren, realiza gestiones directas con el general López Contreras con los mismos fines señalados anteriormente.
Dentro de esa campaña, el 14 de mayo de 1938 el doctor Simón Gonzalo Salas presenta un informe titulado Inmigración Vasca para Venezuela. Parte de ese informe será editado en forma de folleto del que se hace una tirada de 20.000 ejemplares. El informe de Gonzalo Salas dará lugar a duras críticas de los periódicos falangistas, caso del diario Hierro de Bilbao.
Mapa de los territorios vascos.
El informe de Gonzalo Salas
En 1938 se producen dos hechos de singular importancia. Por un lado, Venezuela reconocía el Gobierno de Burgos (franquista). Por otro, se aprueba el Plan Trienal que va a marcar la actividad del régimen de López Contreras en los próximos años. En el Punto 7 de ese plan se decía: «Nuestra demografía es estacionaria y por consiguiente necesita aportes de sangre nueva que promuevan su favorable crecimiento. Venezuela no será jamás un gran país sin un paralelismo armonioso entre su potencialidad económica y el factor humano».
Con la puesta en marcha de este plan se creaba el Instituto Técnico de Inmigración y Colonización.
En este marco se produce el informe del doctor Gonzalo Salas. Este parte de la premisa de la necesidad que tenía Venezuela de una inmigración, proclamada en todos los medios de comunicación y recogida en el plan a que hacíamos alusión: «Ésta -se dice en el informe- es una verdad tan clara y precisa que no necesita haberse repetido escuetamente tantas veces.
Es una verdad que está tatuada en la conciencia nacional. Y en realidad que no puede ser de otra manera si se piensa que sólo constituimos -después de un análisis frío y ecuánime- una escasa guarnición de hombres, tarados en su gran mayoría, biológica y espiritualmente, cuya finalidad se ha concretado desde 1830 para acá, a sostener -aún deficientemente- la integridad política y territorial de la Nación. La inmigración es pues una necesidad que no admite discusión; y no la admite, porque si no nos decidimos a afrontar el problema y a resolverlo -de manera metódica y racionalizada- tal vez estemos condenados a desaparecer del concierto de los pueblos libres. Se me excusará esta dureza de expresión.
Me expreso así porque creo actuar en un país donde si todos sus problemas fueran analizados al desnudo, muy otra sería su suerte».
Simón Gonzalo Salas defendía una emigración étnicamente homogénea y políticamente moderada (que debía, por un lado, compensar el temprano reconocimiento del régimen franquista y, por otro, no avivar las iras de los influyentes sectores anticomunistas). Se daba cuenta de que una inmigración incontrolada podría hipotecar el país y ponía, como ejemplos negativos, los de Argentina y Brasil.
Por el contrario, era partidario de lo que calificaba como experimento australiano, «Al poblar -decía- debemos hacerlo con la idea de nacionalizar. Para ello nada mejor que hacer la empresa con elementos fácilmente adaptables a nuestra lengua, religión y costumbres, y a nuestro medio ambiente (...). La selección del emigrante es la clave del éxito, sobre todo tratándose de nacionalidades como la nuestra». La inmigración incontrolada (especialmente la escandinava y alemana) había sido un fracaso: «la mayoría regresó de inmediato o esperó a explotarnos para hacerlo. En su casi totalidad la inmigración de puertas abiertas está integrada por mercaderes u otros indeseables que miran al indoamericano despectivamente».
En un momento de su informe, Simón Gonzalo Salas se pregunta ¿dónde están esos emigrantes?: «Esos emigrantes son por ahora 80.000. Son vascos y están en la actualidad en Francia, deseosos de venir. Podría decirse que hoy están huérfanos de su gran Patria y acogerían a la nuestra con el músculo y con el corazón.
Están exentos de tutelaje extranjero y, por tanto, con ellos está salvado el más grave inconveniente cuando se presente el problema de la inmigración. Por lo demás, en cuanto a su adaptabilidad, a su fácil y rápida asimilación al ambiente nacional, escuchemos: "La historia será siempre justiciera para conceder a los vascos establecidos en Venezuela la gloria de haber sido los primeros innovadores y los verdaderos creadores de la industria agrícola" (Arístides Rojas, Orígenes de Venezuela). "La Compañía Guipuzcoana, a la que también podrían atribuirse los progresos y los obstáculos que han alternado en la regeneración política de Venezuela, fue el acto más memorado del reinado de Felipe V en Venezuela" (Andrés Bello, Recuerdos de la Historia de Venezuela)».
El doctor Gonzalo Salas dedica una parte importante del repetido informe a describir la historia, costumbres, economía y, parafraseando a Arístides Rojas, «el elemento vasco en Venezuela». En sus conclusiones afirma que «la inmigración vasca a Venezuela no representa peligro ni aun remoto», debido «a la sana ideología del pueblo vasco». Para el autor, la organización que recogía mejor esa «sana ideología» era el Partido Nacionalista Vasco (PNV) que había luchado al lado de la República en defensa de sus fueros (sic) -se refiere a la autonomía- y contra el totalitarismo que representaba la sublevación franquista.
«Con el presente informe -concluía Simón Gonzalo Salas- creo haber puntualizado en detalle el asunto que supongo más trascendental para la vitalización efectiva del organismo nacional: el incremento de una fuerte corriente de inmigración vasca».
La reacción vasca
Esta campaña sorprende sobremanera al Gobierno vasco exiliado. Éste se había constituido el 7 de octubre de 1936 tras aprobar las Cortes de la República española un «estatuto de autonomía» para el País Vasco. Sus agentes pronto se movilizan para conocer el alcance del mismo. Entre los informadores se encuentra un grupo de jesuitas vascos. Entre éstos el padre Aranzadi, hijo de Engracio Aranzadi, uno de los dirigentes históricos del PNV.
Pero no todas las opiniones son coincidentes. El 25 de febrero de 1939 Ramón de la Sota Mac Mahon, uno de los delegados del Gobierno Vasco en Nueva York, escribía al presidente José Antonio Aguirre, exiliado en París: «Hace pocos días vino a visitarme de Venezuela un amigo mío inglés, Mr. Dempster, que estudió conmigo. Antes fue miembro del Cuerpo Colonial inglés dejándolo para venir a trabajar a la Shell Mex a este Continente. Mr. Dempster, que conoce Euzkadi y nuestro problema, habiendo leído casi todo lo que se publica en castellano sobre el movimiento nacional vasco, nos dijo cosas muy interesantes sobre la inmigración vasca a ese país, que a su juicio sería un desastre. Me prometió enviarme un estudio para enviárselo yo al Gobierno de Euzkadi. Según Mr. Dempster, las tres últimas inmigraciones, la de los alemanes, los canarios y los suecos han sido completos fracasos y los periódicos claman ahora por la inmigración vasca».
A pesar de todo esto, hasta las vísperas de la invasión nazi el presidente Aguirre no era partidario ...
