La historia de Talleres Crespo e Hijos es un relato de tradición, innovación y adaptación a los tiempos, marcando un hito en el sector industrial y automotriz.
Orígenes y Evolución
Aunque en su DNI figure Rodolfo Porto Crespo nunca necesitó su nombre de pila ni sus apellidos para ser una referencia en el mundo de la automoción de Santiago. Basta decir Cholo para que todos sepan que se habla del mecánico de referencia que abrió en 1974 un taller en la Costa de San Marcos, en un terreno cedido por sus padres.
Fue tras estudiar maestría industrial y trabajar unos años en Barcelona cuando volvió a Santiago y fundó allí Talleres Cholo, con ayuda de su familia (en especial de su mujer Teresa Varela, pilar fundamental de sus éxitos) y de sus amigos: «O primeiro cliente que atendemos foi o pai de Manolo Ares, que lle chamaban O Roxo porque era rubio total.
Eran entonces media docena de trabajadores, frente a la actual plantilla de 27 operarios, que abren de 25 a 40 fichas diarias, de unos propietarios de camiones que confían en unos talleres que prevén facturar este año 9 millones de euros.
Cholo, a sus 82 años, acude a diario al taller, porque es una referencia para sus mecánicos: «Cando un empregado ten un problema, vén pedirme que lle bote unha man, que o axude». Porque él disfruta trabajando en los motores, en los grupos, en los cambios.
Y presume de su personal: «Temos o mellor mecánico de DAF de España e Portugal tres años consecutivos, e en Europa quedamos de terceiros entre 18 países». Algo que se consigue destinando muchos recursos a formación especializada de sus mecánicos, con cursos en Madrid.
Talleres Cholo es concesión oficial de DAF, y ofrece servicios de recambios originales de Schmitz-Cargobull, pertenece a la red de talleres y tacógrafos DTCO y es colaborador de ZF Wabco.
Cholo Porto fue el pionero en el parque empresarial de A Sionlla, donde abrió en el 2015.
Echando la vista atrás, ¿qué significa ver en lo que se ha convertido la empresa? «Algo inconcebible. Este sábado ha sido día de fiesta en A Sionlla, en una acto de conmemoración de reunió a medio millar de personas.
Otros talleres con historia
Si hay una empresa centenaria en Cantabria y que represente el progreso industrial y económico de casi dos siglos, esa es sin duda Talleres Corcho, ... que se fundó en Santander nada menos que en plenos efectos de la Segunda Revolución Industrial, en 1855, según leemos.
Su evolución, en cierto modo paralela a la de la Compañía Trasatlántica Española y las empresas Siemens y Bosch, le lleva a transitar desde los equipamientos balnearios, el saneamiento y la fumistería, hasta la construcción naval y las instalaciones mineras y químicas, terminando como marca destacada en el sector de electrodomésticos.
Virgilio Fernández Acebo publicó en 2005 la monografía ´De Talleres Corcho a BSH Electrodomésticos España, S.A.: Siglo y medio de evolución de una industria de Santander`, que creo sea lo mejor y más completo escrito sobre esta empresa, que aún así tiene otra cierta bibliografía que por desgracia aún es infrecuente en creaciones similares.
Los Talleres Alegría surgen en torno a 1900 como empresa unipersonal del ingeniero industrial Bienvenido Alegría Cuervo en su localización tradicional, el Valle de Aboño y con una actividad ligada al cercano puerto del Musel y al hinterland industrial de Gijón.
Del servicio de elementos de calderería a las grandes empresas del entorno -puertos, ferrocarriles e industrias conserveras- se pasa a una fase de especialización de su actividad en el sector ferroviario.
Documentación de relativo interés para la historia de la industria de transformación siderúrgica asturiana por su conexión temática con los ferrocarriles, la siderurgia pública y el puerto de Gijón.
Ha sufrido pérdidas importantes en la parte más antigua del fondo pero aún conservan materiales útiles para la investigación histórica y la Dirección no pone traba alguna para su consulta pública.
Los documentos más antiguos se guardan en las oficinas del Polígono de Silvota y se reducen a planos y proyectos de las instalacioned (1928-1973), dos libros de matrícula (1940-1953), un libro de visitas enmarcado (1947), un protocolo de gastos (1909), algunas fotografías de los años 20 y otras piezas de los años 40 y 50 guardadas como curiosidad.
En el archivo del Parque de Carbones destacan los materiales de los años 70 y 80 aunque también hemos encontrado correspondencia del fundador de la empresa en alemán (1930-1932), 23 carpetas con documentación técnuca de la empresa (1954-1981), copiadores de correspondencia (años 70), recibos y facturas (1947-1969), declaraciones de sueldos (1947-1963) y documentación sobre pedidos (1931-1943).
No se ha eliminado documentación alguna desde 1973.
Libre con las restricciones que marca la actividad de los talleres.
Reconocimiento y Trayectoria
Un reconocimiento que premia sus 45 años de trayectoria como líder independiente en la distribución de neumáticos en la Península Ibérica y su contribución al desarrollo económico y social de la provincia.
El fundador del grupo ha recordado los inicios de la compañía a finales de los años 70, «cuando en Salamanca prácticamente no existía la distribución independiente de neumáticos y todo recaía en los concesionarios oficiales».
El empresario ha dedicado el galardón a los más de 280 trabajadores de la empresa y ha subrayado que la sede sigue en Salamanca pese a las ventajas fiscales de otras comunidades, reivindicando «mayor apoyo institucional y simplificación administrativa» para favorecer el emprendimiento en la provincia: «La continuidad de la empresa está asegurada con nuevas generaciones y acuerdos a medio plazo, y lo que más nos preocupa y motiva es mantener empleo de calidad y seguir innovando».
García ha destacado la importancia del empleo que genera la empresa en la región -más de 250 empleos directos- y ha recordado que la evolución del grupo demuestra que «detrás de una historia de éxito empresarial siempre hay una historia de esfuerzo personal».
Asimismo, ha agradecido en nombre de la Junta de Castilla y León «la contribución decisiva de empresas como Grupo Andrés al desarrollo económico de nuestra tierra» y ha reafirmado el compromiso autonómico de «estar siempre al lado de nuestros empresarios y trabajadores».
La consejera ha cerrado su discurso con un mensaje de futuro: «Enhorabuena por este merecido galardón.
Trabajadores, clientes y amigos, directivos de las firmas que representa la empresa y una representación institucional encabezada por la conselleira de Economía e Industria, María Jesús Lorenzana.
Con la reciente jubilación de José Manuel y Javier González Vidal, El Pirineo Aragonés ha completado un nuevo ciclo vital: se cierra la cuarta etapa del periódico más antiguo de Aragón, fundado el 23 de abril de 1882, y se abre paso a la quinta, un nuevo impulso hacia el 150.º aniversario que ya se vislumbra en el horizonte.
Cuando empezamos este camino en octubre de 1991, no éramos del todo conscientes de la dimensión de aquel proyecto familiar ni de la responsabilidad que suponía dar continuidad a una cabecera centenaria y a una empresa de artes gráficas con tanto arraigo en Jaca.
José Manuel y Javier no han sido solo compañeros o socios. Han sido parte esencial del motor que ha dado forma a lo que somos hoy.
Nuestra historia en común comienza en un momento de profunda transformación. Fue entonces cuando El Pirineo Aragonés dejó atrás la impresión tipográfica para adentrarse en la era del offset y la informatización.
Hubo que desmontar la máquina plana del taller, picar el muro de la puerta, buscar por todo Jaca una carretilla elevadora… Y, al mismo tiempo, ponernos al día en informática y maquetación con un curso exprés de apenas un mes.
Recuerdo especialmente la noche en la que cerramos el primer número maquetado por ordenador: pasadas las seis y media de la mañana, intentando dibujar a pulso una cruz para una esquela sin saber aún que bastaba una simple combinación de teclas.
La nuestra fue la cuarta generación del periódico. Antes de nosotros, Carlos Quintilla lo había fundado en 1882, apostando por el periodismo como motor de modernidad e ilustración.
Su hijo Francisco tomó el relevo en 1922, combinando la dirección del semanario con una intensa vida literaria.
En 1962, Manuel González Chicot, padre de José Manuel y Javier, inició la tercera etapa, modernizando el periódico e impulsando su continuidad.
Bajo su dirección se vivieron cambios técnicos decisivos, como el traslado a la calle San Nicolás en 1963 o la introducción del offset en 1991.
Desde entonces, han sido muchos los momentos relevantes en nuestra reciente historia: la adquisición en 1998 del local actual en la calle Aragón; la celebración del 125.º aniversario en 2007, con una calle dedicada al periódico y una escultura de Pablo Valdelvira; el número 6.000 en 2000 y el 7.000 en 2021, coincidiendo con el final del estado de alarma.
También ha habido dificultades, como la crisis de 2008 o la pandemia de 2020, que supusieron verdaderas pruebas de resistencia. Pero en cada etapa, el equipo ha estado a la altura.
José Manuel González Vidal tirando el periódico en una máquina plana semi automática de la imprenta de la calle San Nicolás.
Javier González Vidal componiendo en tipografía una noticia de El Pirineo Aragonés antes de la renovación de 1991.
José Manuel, el mayor de los hermanos, se formó en artes gráficas y ha sido el alma del taller y de la imprenta.
Responsable de la impresión del periódico y los trabajos gráficos, meticuloso y perfeccionista, ha sabido combinar el rigor profesional con una socarronería que siempre ha aliviado tensiones.
Javier, más volcado en la gestión administrativa y la maquetación del periódico, ha sido también el rostro cercano ante los clientes, un interlocutor afable, claro, respetuoso, capaz de mantener en orden la maquinaria invisible que sostiene toda empresa.
Hemos compartido más de la mitad de nuestras vidas, no solo un proyecto editorial. A lo largo de los años, las paredes del taller, primero en San Nicolás y luego en Aragón, han sido también hogar.
Recuerdo con especial cariño las tortillas de patatas que traía Conchita, su madre, en los cierres de edición. Quiero, en este punto, extender el reconocimiento a quienes han sostenido la otra mitad de nuestro trabajo: Isabel, Bernadette, Bruno y Gastón, María, Íñigo y Marina.
Por el tiempo que les hurtamos, por la paciencia y la comprensión. Y recordar igualmente a quienes ya no están, como Manuel González Chicot y Conchita Vidal, pero que dejaron una huella indeleble.
Con su jubilación, José Manuel y Javier no se van del todo. Queda su ejemplo, su forma de hacer, su memoria en las páginas y en la tinta.
En las tardes frías, cuando el taller ya zumbaba con el olor de la tinta y el papel recién cortado, era fácil olvidar la rutina. Siempre había una broma, un comentario de Javier o la ironía cómplice de José Manuel para aflojar la tensión del cierre.
Desde el 1 de enero de 2025, la empresa ha iniciado una nueva etapa bajo la dirección de Carlos Crespo Mateo, empresario zaragozano que ha adquirido la empresa editora, con el compromiso de dar continuidad al legado recibido.
El equipo actual de El Pirineo Aragonés, que tengo el honor de encabezar, se refuerza con nuevas incorporaciones y asume el reto de modernizar el periódico sin perder su esencia.
Nuestra mirada está puesta en el 150.º aniversario, pero también en cada viernes que llega con una nueva edición.
Gracias, José Manuel. Gracias, Javier. Por todo lo que habéis dado.
Javier González, José Ventura Chavarría y José Manuel González en los actuales talleres de la calle Aragón.
Los fondos documentales de la empresa estuvieron durante muchos años en las oficinas de la factoría de Aboño, con la apertura de la nave en el Polígono de Silvota se trasladaron a las nuevas oficinas los materiales activos y algunas piezas antiguas para utilizarse como decoración de la sala de juntas.
El resto del fondo se traslado de ubicación dentro de la misma factoría de Aboño debido a la expropiación y derribo del edificio de oficinas para la construcción del nuevo Parque de Carbones de Aboño. A este traslado hay que imputar la perdida de algunos materiales.
Nacida en Pamplona en 1963.
Por parte de padre, urretxuarra y comunista, de abuelo jornalero y abuela ama de casa.
Por parte de madre, de Armañanzas, le precede una saga campesina autosuficiente pero sin alardes.
Estudió para administrativa en la formación profesional de la Transición.
En 1979 empezó a trabajar en el negocio familiar, un taller de reparaciones de coches, y hasta hoy: la jubilación queda lejos.
Le gusta leer, bailar swing, ir al teatro y viajar.
¿Vinisteis del pueblo con los bártulos?Tal cual.
Mi madre iba todas las semanas a la vieja estación de autobuses a recoger la cesta que le mandaban con chorizos, gallinas y esas cosas.
Vivíamos ocho en un piso de la Rotxapea: los padres con el hermano pequeño en un dormitorio, el abuelo y la abuela en otro, mi hermano y yo en un cuarto y un tío abuelo en el salón.
Luego progresamos.No habría tiempo para aburrirse...¿Eso qué es?
Yo empecé en el taller a los 16 años.
Trabajábamos doce horas al día, mi padre de lunes a domingo.
Cuando nació mi hijo tuve dos semanas de baja.
Tiene fama de ser un gremio difícil para las mujeres.Es un trabajo duro.
Es habitual tener enfermedades profesionales como la epicondilitis, las lesiones de hombros, o las hernias lumbares.
Es peor que la cadena de montaje de la Volkswagen, porque tienes la presión añadida de que el coche tiene que estar arreglado para anteayer.
Y eso que nos dedicamos a la mecánica y a la electrónica, que han cambiado horrores, para bien.¿Por qué?Cuando empecé era otra época.
Tenía veinte años y la gente ni me escuchaba.
Me preguntaban por el mecánico.
En las presentaciones de productos o en los cursillos me hacían el vacío.
Almorzando en el bar, me preguntaban eso de “¿qué haces tomándote el café sola?”.
Ahora hay mujeres en los talleres de reparaciones y en las tiendas de recambios.
En nuestro caso, el 70% de la clientela es femenina.¿Cada vez más mujeres llevan el coche al taller?La mujer es más independiente.
Tiene su casa, su trabajo, su coche y se preocupa más de tenerlo a punto.
Y luego se está produciendo un fenómeno curioso: los chicos cada vez saben menos de mecánica y las chicas cada vez entienden más de averías.“Los chicos cada vez saben menos de mecánica y las chicas cada vez entienden más de averías”¿La gente sabe de coches?
Yo ya no sé ni qué pensar.
Años y años comprándose vehículos diésel para andar 5.000 kilómetros al año por ciudad.
Luego van a la ITV y tienen la contaminación de gases disparada porque hay carbonilla en la caja de mariposa, en las válvulas, en los filtros y hasta en el carnet de identidad.
Y como los gases que no se echan por el tubo de escape vuelven al circuito, tienen que gastarse un dineral para quitar el hollín.
A lo mejor es que ya nadie explica en los concesionarios que la ciudad no es para el coche diésel.¿Las mujeres son mejores clientas?Una mujer que tiene que venir por segunda vez en poco tiempo te preguntará, correctamente, algo así como “oye, el otro día me arreglaste esto, y sale otra vez, ¿podemos mirarlo?”, mientras que un hombre, con el mismo problema, es más probable que te diga: “Me cago en todo, otra vez tengo que traerte el coche por el puto chivato”.No será todo color de rosa...No, claro.
A la mayoría de las mujeres les gusta la seguridad pero no quieren gastarse dinero en el coche.
Y luego hay muchas que se equivocan cuando se separan.
Pelean por quedarse con el coche, por jorobarle al otro.
Eso es un error: es mejor no dejarse llevar por las tripas y quedarse con el dinero.42 años apretando tuercas darán para muchas historias.Para escribir varios libros.
Hace cuatro meses vino un señor explicándome que tenía el rodamiento delantero derecho roto y que había que cambiarlo.
Probé el vehículo y le expliqué que el problema estaba en el rodamiento trasero izquierdo.
El tipo erre que erre y, en un momento dado, me dije a mí misma: “Déjalo, y hazle lo que quiere”.
Se lo arreglé, le llamé, vino, dio una vuelta con el coche... y hacía más ruido que antes.
Imagínate la conversación de después.¿Hay que ser una mujer dura?A mí es que siempre me ha encantado el ambiente del taller.¿Por encima de todas las cosas?Leo, me gusta bailar y he viajado bastante por Europa.
La CRUDA Realidad de Tener un TALLER MECÁNICO en España
Siempre que puedo me escapo a ver teatro amateur y, de vez en cuando, ópera, musicales o espectáculos de compañías consagradas como la Fura dels Baus.
Pero lo que realmente me apasiona es socializar con mis compañeros de profesión.
O sea que, en resumen, me gustan los motores y el vino. Y luego todo lo demás.
