Una de las dudas que te surgirá cuando prepares su primer biberón es el tipo de agua que vas a emplear. Querrás ofrecerle lo mejor. Y si has decidido alimentarle con biberón, dos serán tus dudas: la primera, qué tipo de leche has de ofrecerle, y la segunda, con qué agua es mejor preparar su comida.
Dentro de las aguas potables, no es que haya aguas mejores o peores que otras. Es que no todas las aguas potables son iguales. Esto es porque el agua, dependiendo de su procedencia y de los tratamientos de desinfección y potabilización que se le apliquen, tiene propiedades distintas. Esto la hace más apropiada para unos u otros usos (beber, lavarse la cabeza, lavar la ropa…) y también hace que nuestros cuerpos se acostumbren a un tipo de agua concreto.
El agua mineral es agua de lluvia que se filtra desde las rocas de las montañas y queda acumulada en el subsuelo. Por otra parte, el agua del grifo procede de ríos y pozos cercanos a los núcleos de población. Esa agua en su estado natural puede contener microbios y contaminación, pero antes de llegar a nuestras casas, pasa por distintos procesos de potabilización en el que se le añade cloro y otras sustancias similares para que sea seguro beberla.
Tanto el agua de grifo como el agua mineral tienen sus ventajas y desventajas a la hora de preparar un biberón. Tu bebé puede beber ambas, tanto en la mezcla con la leche de fórmula como cuando empieces con la alimentación complementaria a darle otros alimentos.
Agua del grifo: precauciones importantes
En el caso del agua de grifo, debes tener en cuenta la zona en la que vives antes de emplearla para la preparación del biberón. Pues, en el fondo, en esta segunda cuestión todo dependerá del lugar en el que vivas y de la calidad de esa agua. Además, en algunas zonas contiene demasiadas sales minerales que no le benefician.
Antes de preparar el biberón, conviene que pongas a hervir el agua de grifo durante unos minutos, no más de cinco. Deberías hervir el agua del biberón si es de grifo para prevenir posibles infecciones de parásitos, que no se eliminan con la cloración. Con este proceso se reduce el riesgo de infecciones virales y bacterianas en casi su totalidad, pero no eliminan los parásitos.
Si tu alternativa es la primera, tan sólo tendrás que tener una precaución: hervirla antes de meterla en el biberón. Así pues, lleva el agua a ebullición, pero nunca más de dos minutos.
Agua mineral embotellada: ¿es necesario hervirla?
Seguramente habréis oído alguna vez que el agua embotellada, al ser de mineralización débil, es perfecta para preparar los biberones de los bebés. Si, por el contrario, has decidido usar agua embotellada, no es necesario que la hiervas. Eso sí, presta atención a su composición, ya que no todas son aptas para el consumo de los bebés.
Ante la pregunta ¿hay que hervir el agua embotellada para biberones?, la respuesta es sí. Hay que hervir el agua mineral del biberón siempre. La mayoría de madres y padres ha sustituido el agua del grifo por agua embotellada para la alimentación de sus hijos e hijas. La razón es que esta aporta más seguridad y bienestar al bebé. Como hemos explicado, muchos de los casos de enfermedades gastrointestinales pueden estar ocasionados por el agua, sobre todo en los niños, mucho más sensibles a estas infecciones. Así que no olvides que hay que hervir el agua embotellada para biberones.
Este sería el tipo de agua para biberones idónea, principalmente porque no es necesario hervirla para que sea 100% segura, lo cual te ahorra tiempo y preocupaciones. Además, añadirá algunos minerales beneficiosos como magnesio, sulfatos, sodio o calcio. Una de las principales ventajas de utilizar agua mineral natural para hacer un biberón es que no es necesario hervirla para consumirla. El agua mineral natural no contiene impurezas y es 100% segura para los bebés.
Este tipo de agua tiene una desventaja que deberías tener en cuenta y es que viene embotellada en plástico.
Preparación segura del biberón: guía paso a paso
La preparación del biberón es una cuestión de vital importancia a la hora de evitar enfermedades a los bebés, ya que los utensilios pueden contener bacterias que provoquen enfermedades en los lactantes.Para evitar dudas, la Organización Mundial de la Salud ha publicado una guía para la correcta preparación del biberón. Las instrucciones son las siguientes:
- La superficie donde se va a preparar la toma debe estar limpia y desinfectada.
- Antes de empezar a manejar los utensilios, es necesario lavarse las manos con agua y jabón, secándolas con un paño limpio o desechable.
- Al usar agua mineral natural, no es necesario hervirla para desinfectarla, ya que durante todo el proceso de obtención, embotellamiento y comercialización de este tipo de aguas, éstas están preservadas de cualquier tipo de microorganismo.
- Vertemos el agua en un biberón limpio y esterilizado.
- Siguiendo siempre las indicaciones del fabricante, agregamos la cantidad de polvo necesaria para la cantidad de agua (calentada, aunque no sea necesario hervirla).
- Una vez que estén todos los ingredientes en el biberón, lo cerramos y lo agitamos suavemente.
- Para enfriar el biberón a una temperatura adecuada para el bebé, lo pondremos debajo del grifo con agua fría (o en un recipiente con agua y hielos). En cualquier caso, aplicaremos este enfriamiento siempre por debajo del nivel de la tapa.
- Después de esto secamos el biberón; con un trapo limpio o desechable es suficiente.
- Para comprobar la temperatura del biberón, vertemos unas gotas en la cara interna de nuestra muñeca. No puede estar caliente, solo tibia. En caso contrario, la enfriamos un poco más.
- Es el momento de alimentar al bebé.
- Si no se ha consumido todo en el plazo de dos horas, hay que desechar el resto.
Advertencia: para evitar la aparición de bolsas calientes que puedan quemar al bebé, no está recomendado el uso del microondas en ninguno de los pasos.
Cómo preparar un biberón de forma segura
Consideraciones adicionales sobre el agua y la alimentación del bebé
El agua es uno de los elementos básicos del que todos dependemos para sobrevivir, y la consumimos muchas veces al día. Es tan omnipresente en nuestras vidas que asumimos que los bebés necesitan beber agua regularmente al igual que los adultos. Por lo tanto, los niños menores de 6 meses no necesitan beber agua debido a que contiene toda el agua que su bebé necesita.
Pero existen casos donde los bebes no se alimentan bien con la leche materna y requieren fórmula específica. Para que quede más claro: el problema está en el polvo de la leche.
Asimismo, la preparación del biberón para el bebé comienza con la esterilización y limpieza de todos los utensilios que vamos a utilizar. El agua embotellada puedes hervirla en una cazuela, asegurándote de que hierva a fuego vivo. Tras agregar la cantidad exacta de polvo al agua contenida en el biberón se puede cerrar y mezclar los ingredientes.
Respecto a la duda que a veces también se genera de si puedes conservar biberones para darlos más adelante, te diremos que la respuesta es que sí, aunque lo más higiénico es administrárselo al bebé de inmediato. Pero si necesita preparar tomas por adelantado hay que preparar cada biberón por separado, enfriar rápidamente y meterlo en el frigorífico (a menos de 5ºC).
Riesgos de contaminación y medidas preventivas
Las preparaciones en polvo para lactantes (PPL) han sido asociadas a casos de enfermedad grave y muerte debido a la infección por Enterobacter sakazakii (o también conocida como Cronobacter sakazakii). Durante la fabricación, las PPL pueden contaminarse con bacterias nocivas como Enterobacter sakazakii y Salmonella enterica. Esto se debe a que, con las actuales tecnologías de fabricación, no es viable producir PPL estériles.
En base a las directrices de la Organización Mundial de la Salud (OMS) con la colaboración de la Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAO)(1), el agua para la PPL (ya sea tanto agua potable como embotellada) se ha de llevar a ebullición durante un minuto, dejar reposar de 5 a no más de 30 minutos (para que la temperatura del agua no descienda a menos de 70 ºC), añadir los polvos, agitar y administrar en el momento. Es el método indicado para lactantes menores de dos meses, prematuros e inmunodeprimidos, por ser los más vulnerables.
Este método elimina el riesgo de enfermedad por contaminación microbiológica de la leche. La web informativa de los Centers for Disease Control and Prevention (CDC) de Estados Unidos, en la sección acerca de la prevención de infección por Cronobacter(2), menciona que, en la mayoría de los casos, es seguro mezclar la PPL siguiendo las instrucciones del fabricante que se encuentran en el envase, aunque se informa que si un bebé es más vulnerable (menor de 3 meses, nació prematuramente o tiene un sistema inmunitario debilitado), hay que considerar los siguientes pasos para preparar la PPL y reducir el riesgo de enfermedad por la bacteria Cronobacter sakazakii:
- Hervir el agua y dejarla enfriar 5 minutos. Es importante mezclar la fórmula mientras el agua todavía está muy caliente para que el calor pueda matar los gérmenes.
- Verter el agua caliente en un biberón limpio y vacío.
- Agregar la cantidad exacta de fórmula que se indica en el envase mientras el agua todavía está caliente. Luego, colocar una tapa en el biberón y agitar para mezclar. No usar una cuchara u otro utensilio para remover porque esto podría introducir gérmenes.
No refrigerar la fórmula sobrante para guardarla para más tarde. La combinación de la fórmula y la saliva del bebé puede permitir que los gérmenes crezcan.
En el contexto nacional, la Agencia Española de Seguridad Alimentaria y Nutrición, refiere, en la web de información al ciudadano, respecto a la toxiinfección por Cronobacter sakazakii(3) que, aunque la bacteria es capaz de infectar a cualquier individuo, la población de mayor riesgo son los bebés recién nacidos (<28 días), en particular los prematuros, con bajo peso al nacer o inmunodeprimidos. Puede afectar puntualmente a individuos adultos inmunodeprimidos, pero no causa enfermedad en adultos sanos. Cronobacter sakazakii es capaz de sobrevivir durante largos períodos de tiempo en ambientes poco húmedos, como los alimentos deshidratados.
Asimismo la web de la Agencia Catalana de Seguridad Alimentaria (actualizada en 2021), informa sobre microorganismos asociados a la PPL(4). Expresa que las fórmulas líquidas son preparados líquidos listos para consumir que han sido esterilizados comercialmente. Pueden tomarlas cualquier recién nacido, pero están especialmente indicadas para recién nacidos prematuros o con graves problemas de salud. Describe que la infección por Cronobacter sakazakii es poco común en todo el mundo, pero cuando se desarrolla presenta una elevada proporción de casos con complicaciones neurológicas y de muerte. La infección cursa con enteritis diarreica, que a menudo se transforma en sanguinolenta y, en algunos casos, se puede complicar con una meningitis que deje secuelas neurológicas o acabe en muerte.
Tanto la Agencia Española de Seguridad Alimentaria y Nutrición y la Agencia Catalana de Seguridad Alimentaria, han publicado consejos para preparar los biberones con seguridad(5,6) en poblaciones sanas y vulnerables, basándose en las pautas marcadas por la OMS y la FAO. Para los bebés sanos aparte de recomendar el método de agua caliente, la Agencia de Salud Pública de Catalunya(6) refiere que hay ocasiones en las que no es posible disponer de agua caliente o no conviene reconstituir la PPL con agua caliente porque contiene probióticos. Por esto, se ofrece un segundo método de preparación con agua fría. Este método garantiza que no haya una proliferación de los microorganismos presentes en la leche pero no asegura la eliminación del riesgo de enfermedad si la leche contiene un nivel de microorganismos suficiente para causar enfermedad. La preparación con agua fría consiste en llenar el biberón con agua fría (20 °C o menos); añadir la leche en polvo indicada por el pediatra, agitarlo para deshacer grumos y darlo inmediatamente al recién nacido.
