Santo Niño de La Guardia: Historia, Leyenda y Devoción

El Santo Niño de La Guardia es una de las figuras más controvertidas de la Historia Moderna española. Pieza clave de la Leyenda Negra Española, ha sido señalado como un elemento artificial dentro del contexto de antisemitismo inmediatamente anterior a la expulsión de los judíos en 1492. En este artículo, abordamos el tema desde una perspectiva devocional, analizando su temprano culto desde fechas próximas a la ejecución de los acusados del crimen en el auto de fe de Ávila del 16 de noviembre de 1491.

Representación del Santo Niño de La Guardia.

Orígenes de la Leyenda

Desde aproximadamente el año 1100, surgió una leyenda que duraría cerca de 4 siglos y que acabaría, indirectamente, con la expulsión de los judíos de las tierras hispánicas. La historia se repetía, prácticamente, año tras año en cualquier lugar y las habladurías de la gente propiciaban pendencias frente al pueblo semita. Normalmente los sucesos ocurrían en la Pascua judía, coincidiendo con la Semana Santa cristiana. Por las noches, grupos organizados secuestraban a un niño cualquiera para sacrificarlo a la manera de Cristo.

El Crimen de La Guardia

Según la tradición oral toledana, un grupo de hebreos residentes en la España de 1491 deciden, al observar el trato que la Inquisición da a sus hermanos, dar un escarmiento a los cristianos secuestrando un niño y sometiéndole a horrible tormento en la localidad de La Guardia. Un supuesto crimen que pasamos a narrar en las siguientes líneas.

Corre el año 1491. Toledo se encuentra en pleno proceso de expulsión del pueblo Judío, al igual que el resto del territorio ahora denominado “español”. Los Reyes Católicos han creado el Tribunal de la Inquisición y estos instigan de forma continua a los hebreos. El pueblo “llano”, instigado también por estos, intenta ver en los “judíos” la esencia de todos los problemas que acechan a la sociedad de la época.

Un grupo de hebreos de Quintanar de la Orden, Tembleque y La Guardia habían presenciado en la ciudad la quema en la hoguera de un grupo de judíos acusados de herejía por la Inquisición y, muy descontentos por el horrible trato que la Inquisición daba a los de su raza decidieron dar un castigo a los cristianos que tanto creían en su religión y a tales extremos llegaban contra los suyos.

Entraron en contacto con Benito de las Mesuras, judío llegado de la vecina Francia y que ahora residía en el pueblo de La Guardia. Éste, que tenía conocimiento de las artes nigromantes, les afirmó que consiguiendo el corazón de un niño cristiano y una hostia consagrada y quemándolos juntos conseguirían unas cenizas envenenadas que siendo vertidas en las fuentes de los cristianos causarían un daño irreparable para todos ellos.

Eligieron a un judío llamado Juan Franco, que viajaba de pueblo en pueblo con un carro como persona idónea para el secuestro de un niño vendiendo diferentes mercancías y, en un viaje a Toledo, pasando por la puerta del Perdón de la Catedral vio a un niño de corta edad que, junto a su madre, pedía limosna. Ofreciendo diferentes objetos y dulces al niño, no tardó mucho en convencerle de que subiera a su carro y marchase con él. Así lo llevó hasta Quintanar de la Orden, donde era esperado por el resto de judíos deseosos de llevar a cabo su malvado plan. Nadie sospechó del rastro en el pueblo, puesto que creyeron que era hijo de Juan Franco.

Poco después fue llevado al pueblo de La Guardia, donde fue encerrado y maltratado por sus secuestradores. En una ocasión llegó a escapar, pero al poco fue capturado por su supuesto padre.

Los Hebreos esperaron pacientemente hasta el momento en el que creían que se había dado muerte a Jesús de Nazaret. Para ello escogieron el día 14 de la luna de marzo, que era aquél año 31 del mismo mes. El niño sufrió los mismos padecimientos que los antepasados de los judíos hicieron a Cristo: escarnios, ultrajes, bofetadas, azotes, coronación de espinas y, finalmente, una cruel crucifixión. Todo esto sucedió a las afueras del pueblo de La Guardia, en una cueva en la parte meridional, donde el “Santo Niño” dicen, sufrió este castigo sin exhalar una queja ni derramar una sola lágrima…

Una vez crucificado, recogieron su sangre. Después, con un cuchillo, uno de los judíos hurgó en el costado derecho. Dicen que, el niño, al ver lo que le hacían les dijo que qué buscaban. El judío respondió que el corazón, a lo que el niño, con voz desfallecida respondió que se encontraba en el otro lado. Así murió el niño.

Según dicen también, en el momento de la muerte del niño, la madre, que se encontraba en Toledo y era ciega, “recuperó la vista”… El niño fue desclavado por los judíos y enterrado cerca de una ermita.

Ya tenían el corazón. Para conseguir la hostia consagrada contactaron con un cristiano converso llamado Juan Gómez que a la sazón era sacristán y no tardó en conseguirla.

Teniendo ya los ingredientes de tan macabro plan, decidieron llevarlos a la Aljama Mayor de Zamora. Allí serían asesorados sobre el hechizo por los rabinos de esta ciudad. Quedó a cargo del viaje Benito de las Mesuras. Al llegar de camino a la ciudad de Astorga, para no levantar sospechas, el judío se acercó como si fuera buen cristiano a la iglesia. Pero al sacar su libro de oraciones un gran resplandor inundó la nave de la iglesia dejando atónitos a los que allí estaban. El judío huyó rápidamente de la iglesia, pero fue seguido por uno de los fieles que estaban allí hasta la posada en la que se alojaba y posteriormente fue denunciado a la Santa Inquisición.

La Inquisición no tardó en localizar al judío en la posada y llevarlo prisionero, donde con no pocos trabajos consiguieron, bajo tortura, arrancarle la confesión y el nombre de sus compinches en los pueblos de Toledo.

Declaró este dónde había ocultado las reliquias que llevaba hasta Zamora, y una vez allí, los inquisidores se percataron del por qué del resplandor del libro. En éste había quedado la marca del corazón, que había desaparecido, pero aún se conservaba la hostia consagrada. Fue conservada y llevada en procesión hasta el convento de Santo Tomás, donde se conserva en un relicario recordando con ello el suceso. Se cuenta que en 1599, habiendo una terrible peste en Ávila, se sacó en procesión esta Sagrada Hostia y la peste remitió.

También fueron apresados los compañeros de Benito en La Guardia y llevados a Ávila, donde se les puso en varias ocasiones en el tormento para que confesaran su horrible delito.

Confesado el delito, les llevaron a La Guardia para indicarles el lugar donde habían enterrado al niño; pero aunque hubo señales de haber estado allí, no encontraron el cuerpo, tomando el hecho como un milagro. Dicen que, más adelante, los vecinos excavaron el lugar y encontraron el capotillo y los calzones con los que el niño había sido enterrado.

Como ejemplar castigo, todos los que participaron o colaboraron en este macabro suceso fueron condenados a la hoguera. José Franco y sus cómplices, como consta en las actas inquisitoriales, murieron quemados en Ávila el 16 de noviembre de 1491.

Representación de un Auto de Fe.

El Culto y la Memoria

El Papa Pío VII canonizó al niño asesinado como San Cristofor, autorizando su culto a la Iglesia de Toledo. Existe un altar en su honor y el pueblo de La Guardia guarda su memoria hasta nuestros días. Su tragedia y su alma se recuerdan como la del “Santo Niño de La Guardia”.

Se le atribuyen muchísimos milagros, como la devolución de la vista a su madre ciega, las cuatro curaciones obradas con ciertas personas de Alcázar de Consuegra al comenzar el 1492; un tullido, una mujer con la boca torcida hacía más de dieciocho años, un sordo total y una pobre ciega, aparte de otros mil prodigios referentes a niños quebrados y enfermos de todas clases cuya curación detallan los rótulos que sobre cada caso penden del santuario de La Guardia.

Similitudes con Otros Casos

Esta historia guarda ciertas similitudes con otras tantas que sucedieron por otros territorios europeos. En Inglaterra, se popularizó el culto a la figura del niño Guillermo de Norwich, asesinado de forma ritual por varios judíos en 1144. Un siglo después, en 1255, conocemos la historia similar de otro niño, Hugo de Lincoln, fallecido en parecidas circunstancias.

En España, también contamos con algunas leyendas relacionadas con crímenes rituales de niños de corta edad a manos de judíos. Uno de los santos niños más venerado fue Dominguito del Val, un niño de siete años natural de Zaragoza, asesinado en 1250, cuya primera comunicación sobre el caso nos llega bien entrado el siglo XVI, por lo que parece tratarse de una elaboración posterior cuyo objetivo final era la santificación del niño mártir.

El martirio de San Simón de Trento. Hartmann Schedel. Crónicas de Núremberg, BSB: Rar. 287, fol. 255, 1493.

Otro caso similar es el de San Simonino de Trento. Simón, de dos años y medio, desapareció la tarde del Jueves Santo de 1475, encontrándose su cuerpo sin vida el domingo de Pascua del mismo año. El niño apareció en un canal de agua, junto a la única casa habitada de la zona, en la que convivían quince judíos. El objetivo de este homicidio no era otro que recoger la sangre del pequeño para fines místicos, como relatan otros tantos asesinatos rituales en la Europa coetánea. Los supuestos culpables del delito-los quince judíos antes mencionados- fueron castigados, torturados y finalmente quemados. En el año 1588, Simón de Trento fue canonizado por Sixto V. El episodio debe contextualizarse en un momento de intolerancia hacia la comunidad hebraica en toda Europa.

Desde el punto de vista iconográfico, la representación más común del santo niño es la de su martirio, en la que aparece desnudo y sostenido por sus captores, mientras estos le infligen toda serie de tormentos. Los judíos, causantes de la tortura del niño, son figurados de manera caricaturesca, con rasgos físicos muy toscos y pronunciados. En ocasiones aparecen también representados los instrumentos del sacrificio, en una clara alusión a la Pasión de Cristo.

Menos frecuente es la representación de Simonino como santo triunfante, bien solo, o acompañado de otros mártires. En este caso, el niño aparece portando un estandarte como símbolo de la victoria de la fe y una palma. Este último elemento, en algunas imágenes, es sustituido por alguno de sus instrumentos de tortura.

El Santo niño de la Guardia

El Proceso Inquisitorial

En junio de 1490 fue detenido en Astorga un converso llamado Benito García, natural de La Guardia (Toledo), de oficio cardador ambulante, acusado de haber cometido cierto crimen. Reconoció que judaizaba y delató a varios personajes de apellido Franco, de Tembleque, que también lo hacían. Llevados todos ellos a la cárcel de Segovia, después de mil tretas inquisitoriales y el empleo del tormento, uno de ellos, Yucé Franco, informó que estando en La Guardia, «Alonso Franco le había dicho que en otro Viernes Santo él y algunos de sus hermanos habían crucificado a un niño a la manera que los judíos habían crucificado a Jesucristo». Después de un proceso que duró algo más de un año, el 16 de noviembre de 1491 se celebró un auto de fe en Ávila y todos los acusados en el proceso fueron ejecutados.

Rapto del Santo Niño de La Guardia, claustro Catedral de Toledo (Bayeu).

En el acceso por la puerta denominada “del Mollete” a la Catedral de Toledo todavía hoy se conserva un mural atribuido a Bayeu con la representación de la crucifixión del Santo Niño de la Guardia. En la actualidad la humedad y la exposición a las inclemencias del tiempo (se encuentra en la zona interior del claustro catedralicio) ha propiciado un intenso deterioro de la pintura.

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