San Andrés de Teixido: Ritos de Fertilidad y Peregrinación Ancestral

A San Andrés de Teixido hay que ir como sea. Ya no es una larga peregrinación a pie desde los confines de Galicia, sino un rato de coche. Viniendo de Cedeira, el vehículo debemos dejarlo, como mínimo, en la explanada del mirador de Chao do Monte para gozar de las primeras vistas.

La aldea aparece asentada en un acogedor balcón, como un nido de águilas, entre las laderas vertiginosas de A Capelada. Por la Costa Pequena se llega en un momento al santuario y se respira la magia del lugar, sagrado desde antes de los romanos. Hubo obispos renacentistas que se quejaron de la preferencia del pueblo gallego por esta Meca antes que por la de Compostela, más cosmopolita. Las inercias no se rompen así como así.

Este lunes es san Andrés. Habrá romería desde el sábado. El aire suele soplar tan confianzudo como si fuera natural del lugar. El mal viento que estropeaba las cosechas sí nacía allí, en un peñón del monte que da sombra a la aldea.

En Teixido aún se bebe de los tres caños de la Fonte do Santo y se tira una miga de pan al agua para que muestre, según flote o no, si los deseos del ofrecido se van a cumplir, reliquia ancestral del culto a las aguas. Ya no se oye de ritos de fertilidad, pero tenían fama: «A San Andrés van dous e volven tres».

Se trata de un santuario con elementos extraños que enlazan su culto con remotas creencias anteriores al cristianismo. El viajero pone rumbo hacia una aldea de la parroquia de Régoa, en el este del municipio de Cedeira (A Coruña), en la sierra de Capelada, cerca de los acantilados sobre el mar. Apenas llega al medio centenar de habitantes, pero irradia una magia especial.

Vista del Santuario de San Andrés de Teixido

Se encuentra aquí la herba de namorar o preñadeira, que forma parte de un rito ancestral de fertilidad. La gente arroja piedras en los montones que hay en las encrucijadas y las mujeres de la aldea venden figuras mágicas de masa de harina.

El viajero llega al tan conocido y venerado santuario a través del camino que sale de Cedeira y que, durante algo más de 10 kilómetros, sube por la sierra de A Capelada (donde se pueden ver caballos y ganado vacuno en libertad, en parajes realmente idílicos). Después la carretera desciende bruscamente hacia un lugar de acceso imposible por mar y prácticamente escondido de la vista, donde está el pequeño pueblo y la iglesia de San Andrés de Teixido. Aquí se venera la imagen de san Andrés, un simple busto que parece un baphomet templario.

Una Peregrinación Milenaria

Un sendero desciende desde la iglesia, importantísimo enclave de peregrinación, hasta la fuente del Santo. La tradición manda beber de sus tres caños. Al lado, se acumulan miles de papelitos y pañuelos en un árbol; la gente los deja allí después de haber mojado con ellos la parte del cuerpo maltrecha.

En la aldea, las vendedoras o santeiras ofrecerán al viajero todo tipo de recuerdos. Y para llegar al mirador de Europa, el acantilado más alto del continente, es necesario desandar el camino que baja hasta San Andrés de Teixido y tomar la carretera de la izquierda. La visión desde allí es increíble.

Se cree que la peregrinación a Teixido comenzó a partir de la Edad de Hierro, durante la cultura castreña, aunque de hecho el primer registro de la existencia de peregrinación aparece en el año 1391, en el testamento de una señora de Vivero.

El camino que conduce a San Andrés de Teixido está jalonado de sorpresas. Además del santuario de San Andrés, resultan también interesantes de ver y disfrutar para el viajero la Fonte do Santo y el mirador natural de Vixía de Herbeira, por encima de los acantilados que, con 613 metros de altura, tiene la mayor cota sobre el nivel del mar de toda Europa, junto a los de Hornelen, Cabo Enniberg, Croaghaun, Preikestolen, Slieve League y Cabo Girão.

La visita a este santuario mágico se puede combinar con otros desplazamientos con historia por la zona gallega de alrededores. Una recomendación interesante es acercarse hasta cabo Ortegal, las formaciones rocosas más primitivas de la Tierra. Perteneciente al municipio de Cariño (A Coruña), las rocas de Ortegal se extienden sobre pliegues caprichosos de 1.160 millones de años de antigüedad.

Las Aguas Legendarias y la Fertilidad

Las aguas legendarias suelen estar relacionadas, en buena medida, con un elemento o rasgo mítico que agranda su poder salutífero, regenerador, propiciatorio, fecundador o que aporta belleza y bienestar. Hablamos, en último término, del poder litolátrico o del culto asociado a las piedras -los menhires están muy relacionados-. Más en concreto, de las barcas y de las camas de piedra, que son herederas de una larga tradición, aunque no son las únicas rocas per se que han recibido culto por atribuírseles poderes sobrenaturales, bien por su forma, bien por su capacidad adivinatoria u oscilante.

Veneradas entre los pueblos celtas y después cristianizadas en parte, todavía conservan su poder y su magia en relación con las aguas, como veremos. De hecho, a nadie se le escapa que el cuerpo del apóstol Santiago fue trasladado en una barca de piedra desde Jaffa (Israel) hasta Galicia, por mar, acompañado por sus discípulos Teodoro y Atanasio.

Santuario da Lanzada, otro lugar importante para los ritos de fertilidad en Galicia

Nos centraremos, sin embargo, en otro finis terrae mítico que posee una poderosísima tradición y una ingente carga simbólica: el santuario costero de La Lanzada, en la provincia de Pontevedra, al que ya nos hemos referido en otros rinconetes. El rito que se realiza es eminentemente práctico, como pueden imaginarse. Lo describe muy bien Rafael Quintía Pereira en su trabajo de investigación, cuando señala que tanto el hombre como la mujer deben primero recibir el baño de las nueve olas y después yacer juntos en el lecho natural de piedra que la erosión del mar ha labrado sobre las rocas y que se conoce popularmente como «Cama de la Santa» o, en su defecto, en algunas de las furnas de las playas del santuario, durante nueve días seguidos, que es lo que duraba la romería.

Asimismo, también es frecuente que las parejas que buscan descendencia consumen el acto sexual en dicha cama de piedra la víspera del día de San Juan, incluso repitiéndolo varias veces. Según el antropólogo Carmelo Lisón Tolosana, antiguamente, cuando el recinto del santuario estaba amurallado, después de recibir el baño de las nueve olas había que facer o campamento o, lo que es lo mismo, ‘dormir en pallotas’, que consistía en hacer una cama de paja y, acompañados por mantas, pasar la noche en los cobertizos anexos a la ermita.

Para hacer las camas los romeros pedían la paja a los vecinos de la parroquia de Noalla, quienes se la daban sin pedir nada a cambio. Durante esos nueve días, había fiesta y los romeros tocaban las panderetas y hacían baile.

“A San Andrés de Teixido vai de morto quen non foi de vivo”, dice la creencia popular en Galicia. Así que antes de hacerlo como alma en pena convertida en reptil, mi consejo es que vayáis de vivos.

Estos montes, donde pacen tranquilos los caballos salvajes y las vacas, se levantan sobre el Océano Atlántico formando espectaculares acantilados. Los más altos son los de Vixía de Herbeira, que con sus 613 m. Pero lo que fundamentalmente atrae a los turistas a estos parajes es el santuario de San Andrés de Teixido.

Observo que los turistas llegan hasta aquí con la lección bien aprendida y cumplen con los rituales de beber de los tres caños de la Fuente del Santo, hacer las promesas a San Andrés y pedirle favores. Cierto que el santuario se encuentra perfectamente conservado, con el suelo exterior empedrado, igual que la escalinata que lleva a la Fuente do Santo; y los alrededores de la fuente son un verdín cuidado, con árboles y algunos bancos.

Y cierto también que hay algunas casas arregladas, con el tipo de fachada encalada del santuario, pero el conjunto dista mucho de ser armónico. Como ejemplo, al lado mismo del santuario hay un galpón en ladrillo visto y tejado de uralita convertido en tienda de souvenirs. En fin, que yo fui de viva a San Andrés de Teixido, ¿y vosotros?

San Andrés de Teixido es mucho más que un rincón apartado en la costa norte de Galicia. Es una grieta en el tiempo. Visitar San Andrés de Teixido es entrar en un relato oral que comenzó mucho antes de que Roma llegara a estas tierras. Según la creencia popular, “quen non vai de vivo, vai de morto”. Quien no acude en vida, está obligado a hacerlo después de muerto.

La presencia de rituales anteriores al cristianismo está impregnada en la geografía misma de San Andrés de Teixido. La idea de “ir de muerto” hasta San Andrés de Teixido no es solo una fórmula simbólica. La conexión espiritual entre el paisaje y el alma humana es total.

Uno de los elementos naturales más llamativos de la zona es la cascada de Teixidelo, considerada por muchos como una de las más singulares de la península. Se trata de una caída de agua que nace en lo alto de la sierra y desciende entre matorrales, helechos y robles centenarios, hasta alcanzar el mar.

Aunque no está registrada oficialmente como lugar sagrado, la cascada de Teixidelo ha sido tratada con respeto y devoción por generaciones. No es difícil entender por qué. Su ubicación remota, el murmullo constante del agua y la sensación de aislamiento absoluto hacen que el visitante experimente una especie de revelación íntima al contemplarla.

Hoy en día, la ruta que lleva hasta la cascada forma parte de un sendero de alta dificultad. Pero quienes se atreven a recorrerlo afirman haber sentido algo más que cansancio físico. Hablan de calma profunda. De introspección forzada. De silencio trascendente. Una de esas experiencias que te pueden transformar.

En A Lanzada no hay amuletos tradicionales, para conseguirlos hay que viajar más al norte, hasta San Andrés de Teixido, cerca de Ferrol, una aldea de 50 vecinos situada en un acantilado a 140 metros sobre el mar y arropada por otros acantilados gigantes de 600 metros. San Andrés de Teixido es el paraíso de los crédulos: tiene una fuente de tres caños de la que hay que beber al tiempo que se pide un favor al santo.

Después están los sanandreses de harina y agua coloreados, que satisfacen anhelos. Finalmente está la herba de namorar, planta que recogen sus vendedoras a la orilla del mar de San Andrés y propicia el erotismo y la fertilidad introduciéndola en el bolsillo de la persona deseada.

San Andrés de Teixido es una pequeña ermita que se localiza en muy cerca de Cedeira, al norte de Galicia. Tiene un dicho muy gallego que dice que “a San Andrés de Teixido, vai de morto o que non foi de vivo”, lo que significa que si no vas en vida, irás después de morir.

La primera habla de los celos de San Andrés porque a Santiago de Compostela llegaban miles de peregrinos cada año. Dios bajó del cielo acompañado de San Pedro y fueron a ver a San Andrés, que les contó con tristeza cómo ninguno de esos peregrinos llegaba hasta su ermita.

Existe una segunda versión según la cual la barca de San Andrés naufragó contra los famosos acantilados de Teixido. Debió ser tan violento el choque que la barca quedó hecha pedazos formando una figura que hoy se conoce como ‘A barca de San Andrés’.

Una tercera leyenda apunta a que cuando Dios terminó la creación del mundo apoyó su mano su mano en Galicia mientras descansaba y de sus dedos salieron las rías. Jesús quiso visitar el lugar que su Padre creó, acompañado de San Pedro. Pero al llegar a Galicia no pudo comer ni beber y pidió ayuda a Dios, que les dio una manzana donde San Andrés estaba atrapado.

La playa de La Lanzada está dividida por una pequeña península de tierra que se adentra en el mar, y que termina en una especie de mirador cercado. Este promontorio guarda unas cuantas páginas de la historia de Galicia, ya que se supone que hubo allí un faro presumiblemente fenicio, asentamientos castreños y romanos, y unas ruinas más modernas de un castillo del siglo XII.

En esta península se halla la ermita dedicada a Nosa Señora da Area, pero que todo el mundo conoce como de A Lanzada. Las fiestas en honor a esta virgen se celebran el último sábado de agosto y el domingo siguiente, con la asistencia de numerosos fieles que a veces superan los diez mil.

La entrada principal de la ermita de A Lanzada está mirando hacia el mar. Pocos metros más adelante hay unas escaleras que bajan hasta las rocas. Allí se encuentra la «cuna da Santa», un conjunto de piedras de formación natural que tienen forma de cama y que constituyen una pieza imprescindible en el ritual de fecundidad. El otro elemento del mismo son las propias olas de la playa.

Según pudimos comprobar, numerosas parejas se acercan a este alejado y paradisíaco lugar con la única intención de que el ritual les otorgue la fertilidad y conseguir así la ansiada descendencia. «Llega gente de toda España», contaba una vecina. «Una pareja de Jaén vino aquí hace unos años porque no podían tener hijos. Hicieron el ritual como les dije y, al año siguiente, volvieron para bautizar al niño en esta iglesia».

La tradición manda que el ritual debe hacerse en la víspera del día de San Juan. Los amantes deben ir esa noche a la «cuna de la santa» y consumar el acto sexual en este espacio que forman las piedras junto a la playa. A continuación, la mujer debe ir a la playa que está junto a la ermita y mojarse con «agua de nueve olas», de modo que cada una de ellas le llegue hasta el vientre. Éstas simbolizan los nueve meses de embarazo, que –según los creyentes– la Virgen concederá a los aspirantes a progenitores.

Variantes del Ritual de Fertilidad

El ritual de fertilidad de A Lanzada tiene también sus variantes, según están recogidas en las tradiciones populares y en la literatura. Una de ellas es que la mujer moje su vientre con siete olas en vez de nueve. Entra también dentro del ritual el encender una vela de cera virgen después del baño, y pasar por debajo del retablo de la capilla como petición de amparo.

También hay fechas alternativas, como son las vísperas de los días de fiesta en honor a la virgen de A Lanzada, o el día de la Ascensión, antes de salir el sol.

Antiguamente existían otras playas que tenían la misma tradición de fertilidad que A Lanzada. Así, la de Placeres (al otro lado de la ría de Pontevedra), las del Val Miñor (al Sur de la provincia) y las aguas cercanas al santuario de San Andrés de Teixido (A Coruña).

Pero el baño fertilizante de A Lanzada no tiene este único fin, puesto que sus aguas libran a los creyentes de otros perjuicios, ya sean los estrictamente físicos como también los «males de ojo» y similares. Incluso existe la creencia de que las nueve olas atraen la buena suerte, por lo que es frecuente ver a personas tomando este particular baño.

Otro de los rituales que también se realizan los días de fiesta en A Lanzada consiste en entrar en la iglesia, escoba en mano, y barrer tres veces por detrás del altar para echar fuera –de forma simbólica– todos los males.

Estos ritos son –en opinión de muchos expertos– reminiscencias de cultos antiguos cristianizados, donde perviven elementos paganos como la creencia en el poder fertilizante del agua y el culto a divinidades femeninas del mar.

Como hemos podido comprobar, los océanos y las piedras constituyen elementos típicos en cualquier ritual que se precie en busca de la fertilidad.

En este artículo solo nos centraremos en las piedras y rocas figurativas, algunas de las cuales pueden recordarnos rostros o figuras humanas (Foto 10 Cabo Prior; foto 11, Forgoselo) , o diversos animales (Foto 12 y 13, Montes de Brion; Foto 14, Alto de la Bailadora, ), , así como otras formaciones rocosas curiosas.

En Galicia existen numerosas zonas donde abundan este tipo de formaciones. Algunas muy renombradas, como Os Penedos de Traba, Monte Pindo, Cabo Udra, Islas Cíes, Cabo de Punta Nariga (Foto 16) etc.

En nuestra zona, aunque a nivel más modesto, también contamos con formaciones rocosas (Foto 17. Montes de San Xurxo y Foto 18. En la observación de las piedras y formaciones rocosas, pasa lo mismo que cuando contemplamos las formaciones nubosas. Pueden identificarse al primer golpe de vista formas diversas, figuras, caras, animales etc.

En cambio otras veces hay que fijarse un poco más y dejar volar la imaginación, y contando con ella y un poco de práctica, pueden verse cosas muy curiosas. Unas son más fáciles de identificar por la mañana; otras con el sol del atardecer. Y, por supuesto, también influye el estado de ánimo del observador, pues unos días no se observa nada, mientras que en otros se formen fácilmente asociaciones con diferentes formas o cosas.

Nos centraremos en las formaciones figurativas de la península de cabo Prior, particularmente en la zona comprendida entre el Faro de Prior y el Porto da Cova, la de mayor abundancia, aunque existen algunas piedras curiosas fuera de este ámbito, incluso en zonas de primera línea de costa (Foto 22) o afectadas por las mareas, siendo visibles únicamente en las horas de baja mar (Fotos 23. Playa de Ponzos y Foto 24.

Existen muchas creencias sobre los poderes que tienen algunas piedras horadadas, a las que se atribuyen poderes curativos y fecundizantes. Tal es el caso del Rito del Paso, que realizan aun hoy los visitantes a San Andrés de Teixido, a través de la piedra denominada de Os Cadrís.

Cuando los romanos conquistan la Península Ibérica, a los territorios del no de la península ibérica comprendidos entre el Duero y la costa cántabra hasta el río Navia, les dan el nombre de Callaecia, pues sus habitantes o castreños tenían una relación especial con las piedras, generalmente un gran canto rodado al que adoraban, en donde reside el callao o toten sagrado, que representa a la gran diosa madre, diosa de las piedras y montañas..

Las nuevas religiones llegadas a estas tierras trataron siempre de eliminar esta relación. Primero fue Roma de una forma permisiva; después fue la Iglesia Católica, que ante el problema de no poder desvincularlas de la tradición popular, trató de apropiarse y cristianizar los lugares de culto pagano, adaptando a la nueva religión el culto dado a las piedras, para lo cual superpuso las celebraciones de sus festividades a las antiguas, erigió ermitas y santuarios junto a los elementos paganos, colocó cruces sobre las piedras o las marcó con cruces incisas.

De este modo los lugares y elementos mencionados fueron reutilizados por los cristianos, conviviendo en la mayoría de los casos símbolos paganos con los símbolos cristianos.

Existe gran número de parroquias o aldeas que según la tradición popular tienen alguna vinculación con las piedras o bien con dólmenes que esconden tesoros o seres mágicos (leyendas de los mouros), huellas de santos, personajes, u otros seres, tal es el caso de las huellas del caballo de Santiago o Roldán, serpientes expulsadas (leyenda de san Adrián), piedras milagreiras o sanadoras (pedra dos cadrís, Muxía), camas de Santos (pena de san Vicente, pico de Ferreira, San Sadurniño), o bien de personas que han sido condenadas a vivir eternamente bajo una apariencia pétrea.

1. -Piedras sagradas, donde se celebraban los rituales al aire libre en los bosques, al lado de los ríos o en la cima de las montañas. Entre ellas están las aras, altares solares, piedras del sol, piedras de sacrificio. Hay constancia de que algunas formaciones rocosas fueron consideradas lugares sagrados, utilizados como calendarios u observatorios solares.

2. Piedras abaladoiras (oscilantes) o adivinatorias tal como a Pedra de abalar de Muxía. Son grandes piedras que apoyándose sobre una pequeña parte de su base se mantienen en equilibrio; con un pequeño esfuerzo pueden moverse y hacerse oscilar como ocurre con A pedra de abalar de Muxia (Foto 4), o la Pena Abaladoira (Alfoz, Lugo).

3. Piedras da barca (traídas hasta Galicia por personajes ilustres o míticos), tales como a Pedra da barca de Muxía, y la Barca de la isla de Santa Comba, que según la tradición llegó hasta nuestras costas con la Virgen y San Andrés (Foto 5.

4. Piedras de la fecundidad, que tenían el poder de trasmitir la fertilidad a las mujeres infértiles.

5. Piedras figurativas. Son aquellas que con el paso del tiempo y la acción del viento y del agua adquieren formas caprichosas y diversas, en las que el hombre ha querido ver determinadas figuras, y alrededor de las cuales han ido surgiendo leyendas diversas. Dentro de este grupo encuadramos las piedras antropomorfas (Montes de San Xurxo, Foto 7), con forma de seres humanos y las piedras zoomorfas, con forma de animal (Prioriño.

6. Piedras horadadas. Existen muchas creencias sobre los poderes que tienen algunas piedras horadadas, a las que se atribuyen poderes curativos y fecundizantes. Tal es el caso del Rito del Paso, que realizan aun hoy los visitantes a San Andrés de Teixido, a través de la piedra denominada de Os Cadrís.

7. Amilladoiros. Son acúmulos formados por las piedras testimoniales que van dejando los caminantes al pasar por un determinado lugar. Tienen su origen en los pueblos celtas que tenían la costumbre de arrojar piedras en los cruces de caminos para alejar a los malos espíritus.

8. Túmulos o mámoas. Son construcciones megalíticas formadas por grandes piedras recubiertas de tierra y piedras de una sección circular u ovalada, construidos sobre una sepultura individual o colectiva.

9. Menhires. Son símbolos concentradores de la fuerza transmisora de vida (Fuerza vital).

Algunas piedras son reconocibles e identificables con un simple golpe de vista. Cuando en la cristianización, se ordenó el derribo o destrucción de los mehires, considerados centros de prácticas obscenas, amenazando con la pena de excomunión de no llevarse a cabo. En algunos casos se llegó a cristianizarlos, colocándoles una cruz encima.

En la playa arousana de A Lanzada, se celebra en septiembre la romería de la Virgen de A Lanzada. Siguiendo con la mezcla de devociones y creencias, de religión y fertilidad,

San Andrés de Teixido es mucho más que un rincón apartado en la costa norte de Galicia. Es una grieta en el tiempo. Visitar San Andrés de Teixido es entrar en un relato oral que comenzó mucho antes de que Roma llegara a estas tierras. Según la creencia popular, “quen non vai de vivo, vai de morto”. Quien no acude en vida, está obligado a hacerlo después de muerto.

San Andrés de Teixido: magia, leyenda y religión

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