La protección solar es uno de los grandes mantras de salud a nivel preventivo. Si protegerse del sol en las horas centrales del día ha de ser un credo para personas de cualquier edad, en los bebés la protección ha de ser aún más rigurosa, pues debido a la fragilidad de su dermis la radiación solar puede provocar fuertes quemaduras en muy poco tiempo de exposición.
Los pediatras y dermatólogos recomiendan no exponer a los bebés y niños menores de tres años directamente al sol. Dado que la piel del bebé no comienza a producir melanina hasta seis meses después del nacimiento, muchos pediatras y dermatólogos aconsejan evitar llevar a los niños menores de esta edad a la playa o a la piscina durante las horas de máxima radiación solar. Incluso en días nublados o debajo de una sombrilla, el reflejo de los rayos en el agua o en la arena puede incidir en la piel del pequeño.
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La Importancia de la Melanina
Además de los protectores externos (gafas, cremas, ropa, gorros...), nuestro organismo tiene un mecanismo de defensa para protegerse del sol. Se trata de la melanina, el pigmento natural que le da color y funciona como escudo impidiendo que los rayos del sol penetren.
Recomendaciones para la Exposición al Sol
A partir del sexto mes se permiten exposiciones breves, evitando las horas centrales del día y protegiendo la cabeza y ojos del pequeño. La piel del bebé es delicada y más fina que la del adulto.
Accesorios para la Protección Solar
Jugar y disfrutar de planes al aire libre en verano no es incompatible con la protección de los ojos. Las gafas de sol diseñadas para bebés a partir del nacimiento se ajustan a la fisonomía infantil para una protección segura y efectiva.
Hay modelos ergonómicos y con lentes polarizadas súper ligeros, con patillas muy flexibles para una mayor adaptabilidad y con cinta de sujeción para evitar que se desplacen cuando el bebé se mueve. Hay gran variedad de accesorios como sombrillas para el carrito de paseo, parasoles para la playa y cobertores anti-UV que bloquean la luz y los rayos del sol. La mayoría tienen paneles de malla que permiten un flujo de aire refrescante y saludable para que el bebé disfrute de la brisa durante sus paseos y juegos, evitando los riesgos del sol.
