Roberto I de Escocia: El Corazón Valiente Detrás de la Independencia

Cuando uno piensa en la historia escocesa, inevitablemente le viene a la mente el nombre de William Wallace, el héroe nacional que Mel Gibson devolvió a la vida en la inolvidable película Braveheart. Sin embargo, un personaje igual o incluso más importante que él fue el rey Roberto I, conocido como Robert the Bruce, que culminó su lucha por la independencia de Escocia.

El Contexto Histórico: Una Lucha por la Soberanía

La raíz primera del conflicto se encuentra en la querella de tipo feudal que enfrenta a los reyes de Francia y de Inglaterra a propósito del territorio de Guyenne desde que Henri de Anjou Plantagenêt casa con Aliénor de Aquitania y poco después, toma la corona de Inglaterra como Henri II. Será el primer soberano inglés de la casa normanda Plantagenêt. A partir de ese momento, los reyes de Inglaterra pueden eclipsar la monarquía francesa.

Mantienen en su importante herencia los feudos del ducado de Normandía y los condados de Anjou y Maine en territorio francés y son también ahora duques del vasto territorio de Aquitania. Asimismo poseen Bretaña por matrimonio de un hijo de Henri II. Son igualmente condes de Ponthieu en territorios del norte de Francia. Es el llamado "empire angevin" o "état Plantagenêt" con mucho más territorio en Francia que el propio rey francés ("domaine royal").

Aliénor de Aquitania había estado casada anteriormente con el rey de Francia Louis VII "le jeune", habiendo entonces aportado a la corona de Francia sus territorios de Poitou, Gascogne y Guyenne. Pero el rey de Francia obtiene el divorcio de Leonor de Aquitania y ésta, en segundas nupcias, casa con su amante Henri de Anjou Platagenêt - el citado futuro Henri II de Inglaterra -. Los territorios de Aliénor pasan ahora a la corona de Inglaterra. Los reyes de Inglaterra dominan entonces un extenso territorio que va desde la frontera de Escocia hasta los Pirineos, poseyendo prácticamente la mitad de Francia.

Los reyes de Francia mantienen en su favor una relación feudal que obliga a los reyes de Inglaterra a rendir vasallaje al rey francés por los feudos que poseen en Francia en una ceremonia feudal que humilla a los ingleses. Estos tratarán en diversas ocasiones de transformar su feudo en feudo-franco, es decir con total independencia del monarca francés y por ello se negarán algunas veces a acudir a prestar vasallaje, lo que encenderá los conflictos.

El rey inglés Eduardo III es el nieto varón más próximo por línea directa del rey francés Philippe IV "le Bel", por su hija Isabelle hermana de los "reyes malditos" Louis X "le Hutin", Philippe V "le Long" y Charles IV "le Bel". Al fallecer estos tres reyes hermanos sin sucesión masculina se dice haber sido invocada la costumbre francesa inscrita en una antigua ley Sálica que postergaba ciertos derechos sucesorios a las hembras, para excluir a Isabelle y su hijo Eduardo III, favoreciendo en cambio la rama Valois de los capetos en la persona de Philippe VI, lo que enciende la guerra de los Cien Años.

Esta causa sirvió sin duda para encender los ánimos, si no las pasiones bélicas y como útil fachada para relanzar las hostilidades por parte de Inglaterra, pero como se verá más adelante, debe rechazarse esta razón como causa primera del conflicto. Se trata más bien de un alibi tejido a posteriori, con el conflicto ya entablado desde hacía tiempo.

En los siglos XIII-XIV, la región de Flandes es considerada como la más rica de Europa, en particular gracias a la industria textil de paños. Flandes importa la lana de Inglaterra, lo que convierte a los ingleses y flamencos en socios con gran interdependencia económica. El condado de Flandes es entonces parte del reino de Francia, aunque mantiene constantes veleidades autonomistas que los reyes de Inglaterra se complacen en favorecer, si no en alentar, ayudando a los ricos mercaderes, artesanos y burgueses que se oponen a los nobles, éstos normalmente partidarios del rey de Francia.

Esta situación degenera en contínuos conflictos internos que pueden considerarse guerras civiles a principios del siglo XIV. Inglaterra y Flandes tienen necesidad de proteger su vía de comunicación que es el canal de la Mancha. Los ingleses comprenden desde entonces la necesidad de disponer de una flota importante para mejor controlar esta vía marítima, lo que tratará de evitar el rey francés y será una causa importante en los orígenes de la guerra. de los Cien Años. De hecho, la primera batalla de la guerra de los Cien Años (1340) es naval (Ecluse) .

La Juventud de Robert the Bruce: Entre Dos Naciones

La juventud de Robert the Bruce discurrió a medias entre su patria escocesa y la vecina Inglaterra, puesto que poseía tierras y títulos en ambos países. De hecho, algunos estudios sugieren que incluso podría haber nacido en uno de los feudos de su familia en Inglaterra, ya que se conoce la fecha de su nacimiento -el 11 de julio de 1274- pero no el lugar. Su linaje pertenecía a la nobleza de rango medio -tenía el título de earl, equivalente a un conde- pero era bastante prominente, ya que su abuelo había aspirado a la corona de Escocia. Se sabe que era un hombre culto que hablaba varias lenguas, dominaba disciplinas como la filosofía, la literatura y la historia, y había sido educado en los códigos de la caballería y la diplomacia, posiblemente sirviendo como paje antes ser ordenado caballero.

De hecho, los inicios de su vida de caballero están tan ligados a la suerte de Inglaterra como a la de Escocia. Su abuelo no había podido ceñir la corona escocesa y Robert pretendía ser él quien lo consiguiera ahora que estaba vacante tras la muerte del último rey, Alejandro III, en 1286. Pero para eso primero tendría que disputársela a otros aspirantes y, si hacía falta, con el apoyo del rey inglés Eduardo I, al que los propios nobles escoceses habían designado como árbitro pero que había aprovechado la ocasión para intentar arrancarles un juramento de lealtad directa a la Corona inglesa.

El Ascenso al Trono: Un Acto de Rebeldía

Tras la rebelión y ejecución de William Wallace en 1305, Eduardo I envió a varios nobles escoceses que le habían servido, entre ellos Robert, a ocupar los puestos de poder vacantes en varios castillos de Escocia. Sin embargo, a espaldas del rey, él y otros nobles estaban conspirando para deshacerse del control inglés. Los eventos se precipitaron cuando uno de ellos, John Comyn, advirtió a Eduardo de la conspiración; Bruce se reunió con él en una iglesia para reprocharle su traición y, con la ayuda de sus acompañantes, lo apuñaló mortalmente.

El asesinato de Comyn dejaba a Bruce con solo dos opciones: o se sometía al rey Eduardo y se enfrentaba al castigo por haber conspirado contra él, o tomaba el liderazgo de la rebelión. El clero escocés apoyó su coronación como rey, desafiando así al Papa -que había excomulgado a Robert por haber cometido un asesinato en el interior de una iglesia-, y conminó a los nobles y al pueblo a apoyarle. Eduardo I se llevó a Londres la Piedra de Scone o del Destino, sobre la que los reyes escoceses eran coronados según el rito celta desde siglos atrás, en la abadía de Scone.

La Guerra por la Independencia: Un Conflicto Prolongado

Robert the Bruce asumió el liderazgo de la lucha iniciada por William Wallace, esta vez como una guerra entre reyes que duró más de veinte años y por la que pagó un alto precio: la ejecución de sus tres hermanos, capturados por los ingleses junto con sus hermanas, su esposa y su hija; estas, sin embargo, fueron liberadas en un intercambio de rehenes tras la decisiva batalla de Bannockburn, en 1314, una de las mayores victorias escocesas en el conflicto.

El bando escocés se vio beneficiado por la muerte de Eduardo I en 1307: su hijo y sucesor, Eduardo II, tuvo un reinado difícil a causa de su mala salud y la oposición interna de los nobles ingleses que deseaban aumentar su propia influencia en la corte, por lo que a los pocos años de empezar su reinado fue retirándose paulatinamente de escena. Otro motivo de que el conflicto durara tantos años fue la Gran Hambruna que entre 1315 y 1317 sacudió la mayoría de Europa, y que hacía inviable una guerra a gran escala. La muerte de Eduardo II en 1327 acabó de decantar la balanza y las fuerzas escocesas penetraron en el norte de Inglaterra, forzando un acuerdo de paz.

El 1 de mayo de 1328 se firmó el Tratado de Edimburgo-Northampton, que ponía punto y final a más de treinta años de conflicto, aunque por un breve tiempo. A cambio del pago de 100.000 libras, la Corona inglesa reconocía a Escocia como un reino independiente “de forma perpetua” y a Robert the Bruce y sus sucesores como los reyes legítimos, además de fijar de nuevo la frontera entre ambos países a la existente en 1286, antes del conflicto.

La página que contenía los sellos de ambos reyes fue partida por la mitad, con una copia del texto escrita en la parte superior y otra en la inferior, de manera que en caso de conflicto pudiese comprobarse su autenticidad viendo si los bordes encajaban. Actualmente la copia escocesa se conserva en el Archivo Nacional de Escocia, en Edimburgo. Además, Inglaterra se comprometió a devolver a Escocia la Piedra del Destino, sobre la que se coronaba a los reyes escoceses, que había sido robada por los ingleses en 1296 pero que no fue devuelta hasta 1996.

A pesar de lo que había costado obtenerlo, el tratado solo estuvo vigente durante cinco años, ya que muchos nobles ingleses lo consideraron humillante. Cuando Eduardo III se hizo con el poder rechazó el tratado que había sido firmado en su nombre por su madre, la reina regente Isabel de Francia -conocida con el malnombre de “la loba de Francia”-; así, en 1333 inició una nueva guerra que duró otros 25 años.

El Último Deseo del Rey: Un Corazón en Tierra Santa

Robert the Bruce no vivió para ver este nuevo conflicto, ya que había muerto en 1329. La causa de su muerte ha sido objeto de debate durante siglos, ya que algunas fuentes de su tiempo mencionan que padecía una enfermedad semejante a la lepra, pero sería dudoso que en ese estado hubiera podido liderar una guerra tan larga e incluso mantenerse en el poder.

Habiendo cumplido el objetivo de su abuelo de convertirse en rey de Escocia, le quedaba la pena de no haber logrado su otro gran sueño, que era el de participar en una cruzada. Por ello, su corazón fue embalsamado y colocado en un relicario, que las tropas escocesas llevaron consigo cuando partieron hacia Castilla para apoyar al rey Alfonso XI en la guerra contra el reino nazarí de Granada.

✅La HISTORIA de WILLIAM WALLACE | La GUERRA de INDEPENDENCIA ESCOCESA

Roberto I y William Wallace: Dos Héroes, Dos Legados

Mientras tanto, algunas figuras comenzaban a destacarse entre los patriotas de Escocia, como Andrew de Moray y William Wallace, que acometieron verdaderas heroicidades en su lucha contra la dominación inglesa.

Pocos después, Bruce y otros nobles escoceses firmaron una capitulación de mínimos con el rey de Inglaterra: la Capitulación de Irvine. Llegó entonces el brillante triunfo de Wallace en la Batalla del Puente de Stirling en 1297, tras la cual el héroe fue nombrado caballero y Guardián de Escocia. Desgraciadamente, también llegó la derrota de la Batalla de Falkirk, en 1298. El ejército escocés quedó devastado.

Tras la derrota, Robert The Bruce y John Comyn fueron nombrados Guardianes de Escocia en lugar de Wallace, que renunció al título. Pero ambos nobles eran enemigos mortales y, aunque se nombró a un tercero para que pusiera paz entre ellos, Robert renunció al título enseguida. Tras algunos enfrentamientos más, en 1302 se llegó a una tregua con Inglaterra.

La Tumba de Robert Bontine Cunninghame Graham

La tumba de Robert Bontine Cunninghame Graham amaneció desierta este jueves. No hubo homenajes, ni gaitas, ni siquiera una ofrenda floral. Sólo los más avezados en la historia escocesa sabrían que allí, en un islote del Lago Menteith, reposan los restos de una figura crucial en el referéndum independentista que se celebraba ese día. Se trata de un político de origen andaluz, apodado Don Roberto, que fue el primer presidente del Scottish National Party (SNP), el partido que impulsó la consulta. Es el gaditano que despertó a Escocia.

Don Roberto: Un Escocés con Alma Andaluza

Así, en la penumbra histórica, ha permanecido la figura de Don Roberto (1852-1936) desde su muerte. Y eso que la biografía de este híbrido de político, literato y explorador es digna de una novela de su camarada Joseph Conrad: fue gaucho en Argentina, minero en El Bierzo, amigo de Buffalo Bill... Sólo ahora, en pleno renacer del independentismo, un puñado de compatriotas ha logrado que se recuerde su legado: en 2012, el Parlamento escocés le homenajeó en el 160 aniversario de su nacimiento.

Mientras las urnas de su país se llenan de votos, un escocés posa junto al acueducto de Segovia con el retrato de Don Roberto y el gorro tradicional de su patria. No es cualquiera: se trata de Robin Cunninghame Graham, uno de los contadísimos descendientes del líder nacionalista, que falleció sin hijos. Hoy, el sobrino-bisnieto del fundador del SNP ejerce de portavoz y guardián de las esencias de su ilustrísimo antecesor.

Pese a su impecable pedigrí nacionalista -y su nacionalidad escocesa- Robin no pudo votar el jueves. Hace seis años que se mudó a Segovia, la ciudad de origen de su mujer. Aunque la lejanía no era tanta, ya que España era la nación adoptiva de su tío-bisabuelo. Descendiente de una abuela gaditana, Catalina, hablaba castellano a la perfección, con un característico acento andaluz. Tanto le apasionaba este país que a veces presumía de haber nacido en la Península. En sus 83 años de vida visitó su segunda patria en docenas de ocasiones, incluida una alocada expedición por tierras galaico-leonesas para localizar una vieja mina romana de oro. Hablaba castellano con el deje andaluz que le pegó su abuela catalina.

Un Legado Político y Cultural

Don Roberto, el primer diputado británico que se declaró socialista, fue nombrado presidente fundacional del SNP en 1934. La historia de Don Roberto, descendiente del rey Roberto I de Escocia, arranca en Cádiz en 1816. Una mañana, el almirante Charles Elphinstone Fleeming, un cuarentón amigo de Simón Bolívar, pasea a caballo en los alrededores de la catedral gaditana. Sin querer, salpica de barro a una chica que sale de misa con su madre. Cuando desmonta para disculparse, se queda encandilado por la joven, Catalina Paulina Alessandro, con quien se casará poco después.

El militar británico y la rica gaditana tienen cinco hijos. La menor, Anne-Elizabeth, se casa con un militar, William Bontine, con quien tiene tres hijos, a los que educa a caballo entre la cultura escocesa y la española. El pequeño Robert aprende castellano de su madre y nunca olvida sus raíces ibéricas: visita Cádiz, frecuenta a sus primos andaluces... También pasa larga temporadas en la Isla de Wight con su abuela, que le pega su acento andaluz.

Un Aventurero Incansable

Robert se forma en Harrow, uno de los colegios más exclusivos de Inglaterra. Cumplidos los 18, afronta al dilema de todo aristócrata británico: ir a la Universidad o alistarse en el Ejército. Pero él lo resuelve a su manera: decide marcharse a la Pampa argentina, donde se reinventa como un gaucho. Al joven escocés le apasionan los caballos, la vida al aire libre, la libertad de las infinitas llanuras... Pero también sufre la dureza de una vida seminómada y cuajada de peligros. Para defenderse, Don Roberto, avezado esgrimista, aprende el uso del facón, el tradicional cuchillo gaucho.

A los 26 años, anuncia a su familia su inminente matrimonio. Les cuenta que la novia es Gabriela de Balmondiere, una actriz de 19 años de origen chileno. Pero todo era una ficción orquestada por los novios: en realidad, la chica se llama Carrie Horsfall, es hija de un cirujano de Yorkshire (Inglaterra) y ambos se conocieron en París, donde ella se había refugiado tras huir de casa.

Gabriela es tan aventurera como su marido. Juntos viajan a Texas, donde traban amistad con Buffalo Bill y sobreviven a ataques de apaches. También peregrinan por Latinoamérica: México, Argentina, Paraguay... Sus visitas a las misiones jesuitas del país guaraní inspirarán su libro Una Arcadia desaparecida (1901), que décadas después será el pilar de la película La Misión, interpretado por Robert De Niro.

En 1883, ya cumplida la treintena, Don Roberto hereda el patrimonio familiar y vuelve a Gran Bretaña. Azuzado por la miseria que vio en sus viajes, decide meterse en política. El éxito no aplaca su instinto guerrero. Recién investido diputado, participa en una marcha por la autonomía irlandesa en la Plaza de Trafalgar de Londres. El acto acaba en disturbios y el joven diputado es enchironado durante seis semanas por enfrentarse a la policía. No será su único escándalo: también es el primer diputado en declararse «socialista», el primero al que expulsan de los Comunes por usar palabrotas (dijo damn, el equivalente a maldito)... Fue el primer diputado al que echaron de los comunes por decir tacos.

Harto de la templanza de los liberales, en 1888 funda el Partido Laborista Escocés. Se trata del embrión del actual Partido Laborista británico, máximo defensor del no a la independencia. Es decir, el poliédrico Don Roberto presidió los dos partidos que este jueves lideraban ambos bandos del referéndum escocés: primero a los laboristas, luego a los nacionalistas.

El aristócrata no logra revalidar su escaño en las filas laboristas. Desengañado, se vuelca en la literatura: firma más de 30 libros y frecuenta a Oscar Wilde, Thomas Hardy, HG Wells, Ezra Pound, Lawrence de Arabia... Sus desventuras incluso inspiran una obra de teatro de George Bernard Shaw, La conversión del Capitán Brassbound. Eso sí, el Nobel avisa en el prólogo que tuvo que diluir las extravagancias del protagonista para que el trasunto literario de su amigo Robert resultara creíble.

«Don Roberto emprendió tantos proyectos en su vida que la gente le consideraba un diletante», explica el cineasta Les Wilson, quien dirigió un documental sobre su figura para la BBC (2008). «Fue un personaje complejo: un aristócrata que se sentía más cómodo entre los obreros que entre la gente de su clase. Por eso, mucha gente influyente no le tomaba en serio... El hiperactivo escocés no tarda en plantearse nuevos retos. Un día recuerda que en los textos de Plinio el Viejo ha leído sobre la existencia una abundante mina de oro en El Bierzo. Tras largas pesquisas, logra localizar el lugar junto a su esposa. Como habría intuido cualquier persona sensata menos él, hace tiempo que todo el metal precioso ha sido esquilmado de la zona.

Don Roberto también aprovecha para recorrer su segunda patria junto a su esposa. Ella comparte sus inquietudes literarias: amiga de Emilia Pardo Bazán, escribe una biografía de Santa Teresa de Ávila, traduce Don Juan Tenorio al inglés... Estos zigzagueos por la península le sirven de lanzadera para sus frecuentes viajes a Marruecos. En 1897, se empeña en visitar Tarudant, una ciudad perdida del Atlas prohibida a los infieles. Pero las dificultades sólo alimentan la ambición de Don Roberto, que se hace pasar por un jeque pese a que apenas chapurreaba el árabe. De nuevo, acaba enchironado.

Un Final en Argentina y un Legado Duradero

El infortunio le golpea duramente en 1906. Su adorada Gabriela fallece prematuramente, a los 45 años, víctima de una enfermedad pulmonar por su adicción al tabaco. Don Roberto cava la tumba con sus propias manos en el islote de Inchmahome, en el Lago Menteith, donde él será enterrado tres décadas después. Nunca dejará de visitar la lápida para meditar y fumar un pitillo en memoria de su amada.

Su siguiente desafío es hacer campaña contra la Primera Guerra Mundial. Vueve a fracasar, pero con su nación amenazada por el conflicto opta por alistarse al Ejército. Las autoridades le nombran coronel y le encomiendan una misión: viajar a Sudamérica para comprar caballos de guerra con la sabiduría acumulada durante sus años de gaucho.

En la posguerra, decide regresar a la política. Desilusionado con el laborismo que contribuyó a fundar, se mueve hacia el independentismo. En 1928, funda el izquierdista National Party of Scotland, que en seis años se integra en el recién nacido Scottish National Party. Así, el respetado Don Roberto se convierte en el primer presidente del SNP, el partido que hoy lidera Alex Salmond, el político que ha impulsado la celebración del referéndum.

Su nacionalismo no es excluyente. Jamás regatea elogios a sus adversarios del sur de Gran Bretaña: «Los enemigos del nacionalismo escocés no son los ingleses, porque siempre han sido gente generosa, rápidos en su respuesta cuando lo exige la Justicia», asegura en más de una ocasión.

En 1936, emprende un último peregrinaje hacia Argentina. Lo hace en contra del consejo de sus médicos, que le ven demasiado frágil para un trayecto tan largo. Tienen razón: el 20 de marzo muere de una neumonía en el Plaza Hotel de Buenos Aires. Hasta el presidente de la República, Agustín Pedro Justo, acude al homenaje nacional que le dispensan los argentinos.

Días después, su cuerpo viaja hasta Inchmahome, donde hoy reposa junto a su mujer. Allí recibe un homenaje de sus compatriotas, aunque su figura cae en el olvido en cuestión de meses. «Mi tío-bisabuelo era demasiado de izquierdas para los nacionalistas, demasiado aristócrata para los laboristas... Hoy, sin embargo, se muestra ilusionado ante la recuperación de su memoria a raíz del referéndum.

Y eso que el resultado de la consulta no ha sido el sonoro sí que Don Roberto el gaditano habría deseado: «Estaría muy decepcionado por el resultado pero, a la vez, ya estaría pensando qué hacer en el futuro», dice.

El Tratado de Edimburgo-Northampton (1328)

El Tratado de Edimburgo-Northampton reconocía a Escocia como un reino independiente y a Robert the Bruce y sus sucesores como los reyes legítimos.

A continuación, se presenta una tabla con los puntos clave del Tratado de Edimburgo-Northampton:

Punto Descripción
Reconocimiento de la Independencia Inglaterra reconoce a Escocia como un reino independiente "de forma perpetua".
Legitimidad de Robert the Bruce Inglaterra reconoce a Robert the Bruce y sus sucesores como los reyes legítimos de Escocia.
Fronteras Se fijan de nuevo las fronteras entre ambos países a las existentes en 1286, antes del conflicto.
Compensación Económica Inglaterra paga a Escocia 100.000 libras.
Devolución de la Piedra del Destino Inglaterra se compromete a devolver a Escocia la Piedra del Destino, sobre la que se coronaba a los reyes escoceses.

Conclusión

La historia de Roberto I de Escocia es un relato de perseverancia, liderazgo y la lucha por la independencia. Su legado perdura en la memoria colectiva de Escocia como un símbolo de resistencia y autodeterminación.

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