Residuos y Enfermedades de las Abejas: Un Enfoque Detallado

Una colonia de abejas es un lugar idóneo para cualquier agente patógeno. En su interior cohabitan en un espacio reducido: una reina, varios miles de obreras y algunos cientos de zánganos (una colonia suele estar formada por entre 10.000 y 50.000 insectos). Por lo tanto, reconocer los agentes (ej. virus, bacterias, protozoos, hongos etc.) que afectan a las abejas, realizar revisiones periódicas y saber hacer un manejo adecuado, es casi más importante que aplicar un posible tratamiento. Sólo hay una excepción a la afirmación realizada: el control de la varroosis.

Es crucial entender que la presencia de virus en una colonia no está asociada forzosamente a una enfermedad. El hecho de que un patógeno desencadene su acción depende de tres factores: (1) la presencia del agente, (2) un factor activador de estos agentes patógenos, y (3) el entorno o medio ambiente.

Actualmente sabemos que en muchos casos los habitantes de las colonias pueden estar infectados por más de un virus. En un trabajo realizado en el año 2006 los autores utilizaron técnicas moleculares para investigar la presencia de 6 virus en 10 reinas y en su descendencia. Los resultados mostraron que todas las reinas dieron positivo a la infección por el virus de las realeras negras y el virus de las alas deformes. En 6 de ellas se encontró el virus de la cría ensacada, en 4 estaba presente el virus de la parálisis crónica y en 2 casos el virus Kashmir.

Los virus que afectan a A. mellifera pueden tener diferentes acciones:

  • Acción patógena directa.
  • Acción patógena asociada a otras enfermedades.
  • Acción patógena no evidente o inapreciable.

Conocemos entre 16 y 24 virus que pueden afectar a las abejas adultas y a la cría. La variación en el número de virus descritos se debe a que existen diferentes propuestas de clasificación.

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La dispersión de los virus se produce a tres niveles diferentes:

  • A través de las abejas adultas.
  • Entre colmenas y el pillaje.
  • A través de medios e instrumental.

Entre los virus que pueden afectar a las abejas adultas de A. mellifera, destacan:

Virosis que Afectan a las Abejas Adultas

Virus de la Parálisis Crónica (V.P.C.)

Este virus es frecuente en colonias en las que las abejas están confinadas durante largos períodos de tiempo. En el síndrome tipo I o de la parálisis, las abejas afectadas presentan temblores en las alas y el cuerpo, no pueden volar y se arrastran por el suelo o cerca de la piquera, a veces en masas de cientos de individuos. En muchos casos el abdomen de los animales se encuentra hinchido (debido a una distensión del buche de la miel) y pueden presentar diarreas.

En el síndrome tipo II o de las ladronas negras, las abejas van adquiriendo una coloración negra brillante y un aspecto grasiento. Aunque al principio pueden volar, cuando vuelven a las colmenas no son reconocidas por las guardianas y se les niega el acceso, por lo que en algunos casos los apicultores piensan que son abejas procedentes de otras colmenas que se están dedicando al pillaje.

La principal vía de contagio parece ser a través de las heridas que se producen en los cuerpos de las abejas, o a través de las quetas rotas. Aunque la parálisis es una enfermedad que afecta a las abejas adultas, ocasionalmente las pupas pueden verse afectadas.

Este virus se encuentra muy extendido, produciendo generalmente un debilitamiento paulatino de las colonias, aunque sin que estas lleguen a sucumbir a la acción del virus. Su incidencia es alta y en algunos casos se ha comprobado que está presente en abejas aparentemente sanas.

Virus de la Parálisis Aguda (V.P.A.)

La sintomatología que pueden desencadenar los dos virus suelen ser similares. Si se inoculan en abejas sanas producen temblores y parálisis a los pocos días de su inoculación. Sabemos que este virus se acumula en la cabeza, cerebro y glándulas hipofaríngeas de las abejas. Los excrementos también pueden contener partículas víricas infecciosas.

La máxima incidencia ocurre en los periodos de máxima actividad en la colmena y especialmente hacia la mitad del verano, coincidiendo con un fuerte desplome de la población de abejas. Para su transmisión y ataque “virulento” parece requerir de un vector (organismo) que lo transporte y lo inocule a las abejas, este vector en puede ser Varroa destructor o Acarapis woodi.

Virus Filamentoso

Originalmente se confundió con una posible rickettsia (bacteria) debido a que es un virus de gran tamaño (150 x 450 nm). Este virus es único de tipo ADN que infecta de forma natural a las abejas. Además generalmente se considera el menos virulento de todos los conocidos, multiplicándose principalmente en los tejidos del cuerpo graso y en el ovario de las abejas adultas.

Virus de las Alas Opacas

Es un virus esférico muy pequeño (17 nm). El principal síntoma que presentan las abejas infectadas por este virus es la pérdida de la transparencia de las alas. Los estudios realizados indican que este virus puede estar presente de forma inaparente en algunas colonias, infectando a la cría en desarrollo.

Virus X e Y

Los dos virus son muy parecidos y durante varios años se han confundido entre si. Afectan al tubo digestivo de las obreras adultas, los animales no muestran signos de infección y la transmisión se efectúa vía alimento. El virus “X” se descubrió en laboratorio en experimentos en los que se trabajaba con otros virus. El virus “Y” se aisló en laboratorio a partir de muestras de abejas adultas encontradas moribundas o muertas en el exterior de colonias a comienzo del verano.

Virus de las Alas Deformes

El primer aislamiento de este virus se realizó a partir de muestras de abejas adultas, procedentes de colonias infestadas con Varroa destructor. El virus de las alas deformes se encuentra actualmente ampliamente distribuido y es frecuente encontrarlo en las colonias infestadas por el ácaro. Este virus puede afectar a las abejas adultas y la cría, además sabemos que V. destructor actúa como vector de transmisión entre insectos sanos y enfermos, y a la cría en desarrollo.

Se considera como uno de los virus más virulentos, ya que unos cuantos virus inyectados en condiciones de laboratorio en abejas sanas pueden matarlas en pocos días, también causa la muerte en sólo 3 días de las pupas a las que se les inyectan 35 partículas víricas. Varios investigadores opinan, basándose en los datos disponibles, que para que este virus manifieste síntomas en una colonia tiene que estar asociado a otra enfermedad (ej. varroasis o nosemosis). También se conoce la transmisión de este virus sin la participación de varroa.

Virus de la Parálisis Lenta

Este virus se aisló accidentalmente cuando se estaba trabajando con el virus “X”. Cuando se inyecta a abejas adultas, los animales mueren a los 12 días. Un síntoma típico de la acción de este virus es que el día anterior a la muerte, o dos días antes, los animales sufren parálisis en los dos pares anteriores de patas. El incremento en la incidencia de este virus se ha asociado al progreso de la varroasis.

Enfermedades Bacterianas

Las enfermedades bacterianas suelen producir septicemia y diarreas.

Septicemia

Una septicemia es una infección generalizada. Las abejas afectadas pierden la capacidad de poder volar, además en la colmena hay un fuerte olor a descomposición y parece ser que los brotes aparecen en colonias fuertemente estresadas.

También se cita en la bibliografía que la bacteria Serratia marcescens, transmitida por varroa, puede causar septicemia en las abejas.

Amebosis o Amebiasis

Está producida por el protozoo Malpighamoeba mellificae y la sintomatología es parecida a la de la nosemiasis. Las abejas ingieren los quistes (agente patógeno) oralmente, estos una vez que se encuentran en el intestino pasan a una fase de vida móvil y se dirigen al sistema excretor.

Una vez que alcanzan los túbulos de Malpigio el protoctista no penetra en el interior de las células, sino que emite pseudópodos para alimentarse; los quiste se evacua con las heces. No se considera una patología importante ya que se necesitan niveles de infestación muy altos para que este agente patógeno pueda llegar a ocasionar la muerte de los animales.

Nosemosis (Nosemiasis)

En este apartado incluimos dos especies diferentes de hongos patógenos que producen una enfermedad denominada nosemosis. El taxón Microsporidios incluye 1.200 especies conocidas, preferentemente parásitos de diferentes tipos de invertebrados. La nosemosis es una de las principales patologías en los climas fríos, donde las abejas permanecen durante largas temporadas en el interior de las colmenas.

Originariamente en Europa esta enfermedad estaba causada por Nosema apis, microsporidio que afectaba, y afecta, a los animales adultos. Hasta el año 2006, en el que se citó por primera vez a Nosema ceranae en Europa, se consideraba que las abejas europeas sólo eran parasitadas por N. apis. El contagio se produce por ingestión de las esporas presentes en las colmenas y si debido a unas condiciones climáticas adversas las abejas no pueden salir de la colonia, se puede alcanzar niveles de infestación problemáticos.

El ciclo vital incluye tres fases. La primera es la de germinación de una espora con la extrusión del filamento polar, que permite la transferencia del esporoplasma a una célula del epitelio que recubre el ventrículo. La segunda es la fase de merogonia en la que las células parasitarias proliferan y se dividen por fisión. La última fase es la de esporogonia o de formación de esporas, que pueden infestar a la misma célula, otras cercanas, o bien pueden ser liberadas a la luz del ventrículo.

Cuando una espora es ingerida por una abeja, pasa a su interior y llega al intestino. Allí será atacada por los jugos gástricos, que irán debilitando su cubierta. Al final del intestino, esa cubierta está muy debilitada, y permite la salida del núcleo, que se incorpora a una célula del intestino y toma el control de sus sistemas vitales. La célula epitelial se ve obligada a cambiar sus patrones, y a dedicarse a fabricar nuevas esporas de nosema.

Inicialmente, un buen síntoma de la presencia de nosema es que el abdomen de una parte importante de las obreras no sobresalga claramente de las alas, en casos extremos que quede más corto que estas, dando a las abejas apariencia de moscas. Nosema apis produce también diarrea, muy líquidas y de color marrón más o menos oscuras, perceptibles en piquera y en el interior de los cuadros como chorretones.

Para aumentar la certeza podemos hacer una autopsia “de campo” de la colmena, sobre mínimo unas 20 abejas viejas (que tendrán más nosema). En las abejas afectadas por nosema solo salen la cloaca y el intestino grueso, el digestivo se rompe en la unión entre este y el grueso, ya que su pared está destruida por la infección. Este diagnóstico tiene una fiabilidad del 80 %. El diagnóstico certero es de laboratorio.

Actuar rápidamente cuando aparezca, trasladando a asentamientos más adecuados, y corrigiendo la alimentación. No hay ningún medicamento registrado contra nosema.

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