La regurgitación es muy habitual en los bebés, sobre todo en su primera etapa de vida, cuando echa la leche para fuera después de las tomas. ¿Cuándo debemos preocuparnos? ¿Cómo diferenciar la acción de regurgitar del vómito? Hoy hablamos en profundidad sobre todo ello y vemos cómo podemos abordar esta situación.
¿Qué es la regurgitación?
La regurgitación es la expulsión de alimento desde el esófago sin generarse arcadas ni contracciones vigorosas de los músculos de la zona abdominal.
Hablamos de regurgitación cuando el alimento que se encuentra en el estómago regresa al esófago produciéndose un reflujo gastroesofágico. En general, esto suele suceder con la leche en los bebés menores de seis meses.
Se conoce como reflujo gastroesofágico a la regurgitación en bebés. La regurgitación es bastante habitual en los bebés pequeños al no tener aún el organismo completamente desarrollado.
La regurgitación o reflujo gastroesofágico del lactante, un fenómeno común en casi todos los recién nacidos, es la vuelta del contenido (leche) del estómago hacia el esófago -el tubo muscular que transporta los alimentos y líquidos desde la boca hasta el estómago-.
En ocasiones, este contenido puede llegar a la boca del bebé en forma de eructo húmedo, mientras que, en otras, permanece en el esófago sin provocar apenas molestias.
Generalmente, se produce cuando el lactante come en exceso o traga demasiado aire mientras es alimentado, debido a que su sistema digestivo no está completamente desarrollado.
La regurgitación es algo común hasta el sexto o séptimo mes de vida y empieza a disminuir después. Este fenómeno se suele resolver por sí solo entre el año y el año y medio de edad y no necesita tratamiento, pues no afecta al bienestar del bebé.
Por tanto, lo normal es que no constituya motivo de preocupación y tampoco significa que el bebé tenga una intolerancia o alergia alimentaria. Solo en muy pocos casos existe enfermedad por reflujo gastroesofágico, que sí debe tratarse.
¿Por qué los bebés regurgitan?
La principal causa de que los bebés regurgiten es la inmadurez de su sistema digestivo, que está en pleno desarrollo. Por ende, el reflujo infantil es muy habitual en los bebés, ya que el músculo que se ocupa de mantener el contenido en el estómago sin que se devuelva al esófago, aún está en proceso de maduración en los recién nacidos.
A medida que el esófago «toma forma» y puede empujar la comida al estómago, las regurgitaciones van disminuyendo hasta que dejan de producirse por completo.
El problema de la regurgitación también puede acentuarse si el bebé traga aire en las tomas y tiene muchos casos y si se le balancea en exceso durante y después de la ingesta.
Entre las causas más comunes, se encuentran el desarrollo inmaduro del sistema digestivo, ya que los músculos que controlan el paso del alimento aún no están completamente formados, o comer en exceso o muy rápido lo que puede aumentar las probabilidades de regurgitación.
También puede haber regurgitación si ha tragado demasiado aire al alimentarse, ya que este ocupa un gran volumen de espacio en el estómago. Por otra parte, es más fácil regurgitar alimentos líquidos como la leche que sólidos.
Ocurre con mayor frecuencia cuando el bebé ha tomado demasiada cantidad de leche o cuando traga aire mientras se le alimenta.
Diferencias entre regurgitar y vomitar
Seguramente te preguntes cuál es la diferencia entre la regurgitación y el vómito, ya que a priori son acciones muy similares. Sin embargo, podemos distinguirlo claramente.
Regurgitar es una acción espontánea y pasiva, en forma de babeo, y normalmente acompañada de un eructo. Contrariamente, vomitar implica una expulsión de la leche de una forma más violenta y desagradable, que requiere un marcado esfuerzo.
También se diferencia porque se dan convulsiones y arcadas, las cuales no suceden en las regurgitaciones. Además, cuando el bebé regurgita no contrae los músculos, simplemente expulsa pequeñas dosis de leche y ello no le provoca un malestar ni dolor como sí puede suceder al vomitar.
Cuando el bebé vomita, el contenido del estómago sale disparado con fuerza por la boca, consecuencia de la contracción vigorosa de los músculos del abdomen y el diafragma. En cambio, cuando regurgita, este contenido fluye por la boca con suavidad, sin esfuerzo por parte del niño. En este caso, además, no hay contracciones musculares y el lactante no sufre malestar o dolor.
Mientras que la regurgitación aparece de forma espontánea hacia fuera de la boca del bebé, en ocasiones en forma de eructo, y no es ni molesto ni doloroso, los vómitos sí que pueden crear una situación violenta, ya que la expulsión de leche no será como lo es en la regurgitación. El vómito sucede cuando los músculos abdominales y el diafragma se contraen de forma fuerte mientras el estómago se relaja.
Esto provoca que la expulsión de leche vaya acompañada de contenido estomacal y hace que sea una expulsión más violenta y desagradable, tanto para ti como para el bebé.
En la regurgitación, la leche sale de la boca con suavidad.
¿Cuándo deja de ser normal la acción de regurgitar?
Si bien es cierto que regurgitar es una práctica natural y frecuente en los bebés por el escaso desarrollo de su esófago y estómago, es importante saber cuándo la regurgitación en bebés deja de ser normal.
La mayoría de bebés dejan de regurgitar durante el primer año de vida y sobre todo cuando empiezan con la alimentación complementaria. Si el bebé supera los 18 meses aproximadamente y sigue regurgitando habitualmente, lo más recomendable es acudir al pediatra para valorar el caso y prescribir el tratamiento más adecuado.
Asimismo, si se presentan los siguientes síntomas, habrá que consultar al especialista:
- Si el pequeño ha perdido peso en exceso o rechaza la alimentación, echando el cuerpo hacia atrás y renegando las tomas.
- En el caso de que las regurgitaciones se acompañen de sangre o bilis de color verde.
- Si se trata de vómitos y no de regurgitaciones.
- Cuando las heces del bebé contienen sangre.
- Si la acción de regurgitar se da con tos o señales de ahogamiento.
- Cuando el bebé regurgita con llanto o queja evidente.
Si el lactante no tiene molestias, come bien y aumenta de peso, la regurgitación no debe constituir motivos de preocupación. Solo será necesario contactar con el pediatra en caso de que se observen síntomas como los siguientes:
- Vómitos con esfuerzo de color verdoso, marrón o con sangre en vez de blanquecinos.
- La cantidad de leche expulsada es grande.
- El bebé no aumenta de peso.
- Rechaza el alimento.
- Está cansado y/o irritable, sobre todo, al tumbarle.
- Llora más de tres horas al día.
- Tiene hipo excesivo o produce demasiada saliva.
- Padece dificultad para respirar después de regurgitar o hay apnea durante el sueño.
- El número de pañales mojados es menor de lo habitual.
- Hay tos de difícil control y recurrente.
- Hay laringitis repetidas, diarrea, estreñimiento o distensión abdominal.
Cómo ayudar a mi bebé con reflujo: 5 CONSEJOS para el REFLUJO en BEBÉS.
Consejos para evitar la regurgitación en bebés
Si se trata de regurgitaciones suaves, como hemos dicho, esto forma parte del crecimiento y desarrollo del bebé y no debemos preocuparnos. No obstante, sí que hay algunas prácticas que podemos aplicar para evitar que el bebé regurgite. Algunas de las recomendaciones a seguir son las siguientes. ¡Toma nota!
Posición erguida
Es fundamental que en las tomas el bebé no este acostado, sino que se mantenga de forma vertical y con la cabeza en alto durante la ingesta. Es importante mantenerle en una posición erguida y dejarle así durante una media hora después de comer.
Tanto mientras lo alimentas como durante los quince o veinte minutos posteriores, mantenlo incorporado (a 45º aproximadamente). No lo acuestes ni lo dejes en la hamaca o el sueño antes de la media hora después de que tome.
Evitar la estimulación tras las tomas
Relacionado con lo anterior, es esencial crear un ambiente agradable, de paz y tranquilidad para evitar la excitación en el bebé antes, durante y después de las tomas. Igualmente, hay que evitar moverle demasiado una vez ha ingerido el alimento para favorecer su proceso de digestión.
Por lo que debemos evitar los movimientos bruscos y los juegos activos después de haberle alimentado.
Dale tiempo para que su estómago se asiente tras la alimentación, ya que los movimientos bruscos durante los minutos siguientes podrían desencadenar la regurgitación.
Controlar la alimentación del bebé
Uno de los trucos para evitar la regurgitación en bebés es controlar las tomas y no alimentar en exceso. Dar pequeñas cantidades de forma más frecuente puede dar mejores resultados.
Eso sí, es importante que el bebé no tenga demasiado hambre, ya que esto puede generarle más ansiedad, tragar más aire, afectar a su estómago y, por ende, todo ello llevarle a regurgitar más fácilmente.
No esperes a que el bebé tenga mucha hambre para darle de comer.
Dale solo lo que necesita, tanto si su alimentación es mediante lactancia o con leche artificial. También puede ser beneficioso que tome cantidades más pequeñas con mayor frecuencia.
Favorecer el eructo
El eructo es uno de los signos que nos indican que «todo va bien». Y es que, esta acción durante la ingesta y después de la misma es señal de que el bebé no esta tragando aire hacia el estómago.
Por ello, se recomienda tener paciencia y dejarle tiempo al pequeño para que expulse el eructo. Lo ideal es que lo haga cada 30-60 ml de leche ingeridos y siempre en posición vertical.
Después de la toma, ayuda al bebé a expulsar los gases.
Durante la toma y tras esta, hazle eructar. Ayudar suavemente al bebé a expulsar el aire que ha ingerido puede favorecer que no se le acumule en su estómago.
Dormirle boca arriba
A la hora de dormir al bebé, lo más recomendable es ponerle boca arriba y elevando la parte delantera de la cuna, donde se sitúa la parte superior de su cuerpo.
Eleva un poco el cabecero de la cuna. Para ello, puedes poner bajo el colchón una toalla enrollada, una manta o una almohada. También puedes levantar el respaldo del cochecito.
Otros consejos útiles:
- Evita darle la toma tumbado.
- Al terminar la toma, evita mover demasiado al bebé.
- No lo alimentes en exceso.
- Si toma biberón, escoge una tetina con un agujero del tamaño adecuado. Si el agujero es demasiado grande, la leche puede salir demasiado rápido y, si es pequeño, pueden llegar a formarse burbujas de aire que el bebé ingerirá.
En la gran mayoría de casos, las regurgitaciones en bebés son normales y no debes preocuparte. Principalmente se debe a que el aparato digestivo de tu bebé aún esta inmaduro y en proceso de desarrollo.
Paciencia, ya verás que poco a poco tu bebé irá aceptando cada vez mejor las tomas y dejará de regurgitar. Si no es así, cuando tu peque empiece a comer sólidos y poderse mantener derecho solito, dejará de tener reflujo y todo volverá a su cauce.
Si la regurgitación no afecta al bienestar del bebé, no es necesario ningún tratamiento. El reflujo se resuelve normalmente por sí solo entre el año y año y medio de edad, ya que, a partir de aproximadamente los seis meses, el niño empieza a ingerir alimentos más sólidos y a permanecer más tiempo sentado. Ello lleva a que las regurgitaciones vayan reduciéndose paulatinamente hasta desaparecer.
Por tanto, no es necesario realizar cambios en la dieta. Sí puede ser útil aplicar medidas preventivas como mantener al lactante en posición vertical durante veinte o treinta minutos después de las comidas.
Solo en el caso de que exista algún problema de salud sería necesario un tratamiento, que dependería de la causa. En el caso de enfermedad por reflujo gastroesofágico (ERGE), algunos bebés requieren introducir espesantes en su alimentación y, en ocasiones, recurrir a fórmulas hipoalergénicas. También puede ser necesario que tome porciones más pequeñas con más frecuencia.
Solo en algunos casos el tratamiento del ERGE se basa en el uso de medicamentos supresores de ácido como los inhibidores de la bomba de protones o bloqueantes H2. Muy raramente, este problema en bebés requiere de cirugía antirreflujo.
