Rafinha Alcântara: Biografía del Hijo de la Leyenda Mazinho

Rafinha Alcântara, un nombre que resuena con fuerza en el mundo del fútbol, es mucho más que el hijo de Mazinho, aquel mediocampista que conquistó el mundo con Brasil en 1994. Su historia es un crisol de decisiones, talento y una profunda conexión con sus raíces.

Tipo elegante, no duda en aparecer trajeado en la zona mixta del Camp Nou. Puede discutirse si ha heredado el estilo de su compañero Dani Alves, cabecilla de la pandilla de colegas formada por los brasileños en el Barcelona, pero el porte está ahí. Como también su carné de socio de esa pandilla que forma con el lateral, Neymar, Douglas y Adriano. Los brazucas, marca registrada. De ellos, él suele mostrar cautela.

Y justo mientras rascaba las cuerdas de una guitarra de su colección, Rafa Alcántara, Rafinha, conoció su primera convocatoria para vestir la verdeamarelha. La misma que decidió no vestir su hermano Thiago, a quien trató de convencer hace tiempo. No hubo manera. De hecho, Rafinha pudo haber debutado con España como él, ya que participó en las categorías sub'16, sub'17 y sub'19. Brasil era un muro para sus anhelos, ya que hasta hace unos años no citaba a jugadores formados allende sus fronteras.

Éstas cayeron y, tras jugar con la sub'20 brasileña hace tres cursos, el pasado año tomó partido. «Cuando escoges con el corazón, el resultado te deja tranquilo. La elección fue la decisión más fácil de mi vida. Siempre me sentí brasileño», comentó hace poco. Su hermano no varió su opinión. Anda feliz Rafinha, digno heredero de su padre.

Como él, centrocampista. Aunque la historia no se toca. De hecho, podría debutar hoy ante Costa Rica en Estados Unidos, allí donde su progenitor se proclamó campeón del mundo en 1994 junto a Romario, Bebeto, Mauro Silva y compañía. No lucirá su dorsal, el 17, pero sí el siguiente, el 18. Como si la vida siguiera, como si Rafinha diera un paso más que Mazinho.

«Es diferente a mí, pero se asemeja mucho en la forma de correr. Eso sí, en el juego es un comodín, puede estar en cualquier parte del campo. Yo tenía esa facilidad, aunque él dispone de unas condiciones fantásticas, más que yo. Tiene algo diferente, por eso está con la selección, pelea un poco más, quiere algo más, y no se queja de nada, trabaja duro», indica su padre, quien aplaude que Rafinha cuenta con «un fútbol divertido y responsable porque hace las cosas con cariño, con placer».

Se nota feliz a su orgulloso progenitor, básicamente porque su vástago ha cumplido un sueño. El que un día él también materializó. «Éste es su deseo, es lo que buscaba desde hace tiempo mientras trabajaba mucho en el Barcelona. Llega en un momento dulce, tras una pretemporada y un arranque del campeonato en el que ha hecho las cosas muy bien», explica quien debutó con 23 años con la absoluta, mientras su hijo, en caso de que Dunga le dé la alternativa hoy, lo hará con 22 primaveras. Para Mazinho, inolvidable medio del Valencia y el Celta, entre otros, el momento «más emocionante» de su carrera fue aquel Mundial: «Era como mi primera vez en el equipo», tras ganar una planta olímpica en Seúl y una Copa América un año más tarde, en 1989.

Poco después, sus hijos le acompañaban a los entrenamientos y lucían los colores valencianistas y celestes. Ahora, Rafinha puede estrenar su cuentakilómetros con Brasil. Mientras, está a punto de cerrar su renovación con el Barcelona. No puede negarse que es su momento. Y que debe disfrutarlo al máximo.

El 8 de abril de de 1966 nacía uno de los jugadores más queridos de la historia reciente del Celta. Así, Rafinha ha estado a la cabeza de las felicitaciones, tanto en sus cuentas personales como en los perfiles del club. «Hoy es el día del más grande de todos. Mi héroe nació hace 54 añitos. Feliz aniversário pai. Te amo», escribió con una imagen del exfutbolista durante un partido como céltico. Para su cuenta personal eligió una instantánea de ambos con el chándal céltico y un mensaje parecido. También La Liga, aficionados, peñas celtistas y otros equipos por los que ha pasado se han acordado de él hoy.

Rafinha Alcántara ha desaparecido del mapa futbolístico en los últimos meses. El menor de los Alcántara se encuentra sin equipo, preparándose por su cuenta, a la espera de encontrar un nuevo destino para continuar con su carrera como futbolista. En los últimos días se especuló con un interés del Santos de Neymar de dar otro golpe de efecto con su fichaje. De todos modos, los planes de Rafinha no pasan por irse a jugar al fútbol de su país. Cabe recordar que el hijo de Mazinho tiene doble nacionalidad y se decantó por jugar con Brasil ganando la medalla de oro en los Juegos Olímpicos del 2016.

Su prioridad es alcanzar un buena condición física y dejar atrás las molestias que le han causado problemas en los últimos meses. Una vez esté listo, el jugador estudaría propuestas. Al estar sin equipo, Rafinha puede incorporarse a un nuevo equipo aunque se haya sobrepasado la ventana de fichajes del mercado invernal. El jugador sigue trabajando con discreción y solo se le vio públicamente en un partido del FC Barcelona en Montjuïc junto a su hermano Thiago. El ex del Liverpool ayudó a Hansi Flick en la pretemporada, se conocían de su etapa juntos en Múnich, y desde entonces se ha dedicado a desconectar del fútbol después de una larga y exitosa carrera futbolística.

Rafinha, por su parte, también ha tenido una carrera muy destacada. En el Barça llegó a disputar 90 partidos oficiales, ganando la Champions League del 2015 en Berlín en la que tuvo protagonismo en seis encuentros. Posteriormente pasó por el Inter, Celta, Real Sociead, PSG y, finalmente, recaló en el Al-Arabi SC de la liga de Qatar. Un equipo en el que jugó la temporada pasada 22 partidos anotando 7 goles y repartiendo 4 asistencias. Rafinha decidió entonces poner fin a su etapa en el Oriente Próximo a la espera de nuevas aventuras.

"¿Niebla en pleno verano? ¡No me lo puedo creer! ¿A dónde hemos venido a parar?". Así recuerda Valeria Alcántara aquel día de mediados de agosto de 1996 en el que, desde la ventana de una de las habitaciones del hotel Samil, vio por primera vez un amanecer en Vigo. "Ya sé que para ustedes las niebla es algo muy habitual -aclara Valeria- pero para los brasileños es un fenómeno muy raro, y mucho más en verano. La verdad es que hasta me asusté". Con el tiempo, Valeria y su familia no solo se acostumbraron al neboeiro de la ría, sino que también acabarían por estar encantados de vivir en una ciudad que, dice Valeria, "en realidad, se parece mucho a Río de Janeiro: mar y montaña".

En Vigo, y para fichar por el Real Club Celta, aterrizaba un Iomar Nascimento, Mazinho, que a sus treinta años, una edad a la que, aunque para muchos futbolistas comienza la cuenta atrás, él estaba convencido de que todavía tenía muchas cosas que aportar en los rectángulos de juego. Había sido campeón del mundo con la selección brasileña en 1994 y había jugado dos temporadas en uno de los clubes punteros de la Liga española, el Valencia, del que salió poco menos que descartado, a "buen precio" para un Celta al que Europa le quedaba todavía muy lejos, como a él su Brasil. Pero aquel Mazinho ya era un tipo con callo y, sobre todo, un luchador, un guerrero, para el que el "volver a empezar" no era una experiencia nueva: ya había cruzado el charco, ida y vuelta, dos veces, primero para jugar en Italia y, después, en España: entremedias, un paso por el Palmeiras.

Y es que Iomar do Nascimento nació en Santa Rita de Paraíba, una de las ciudades pioneras de la abolición de la esclavitud en Brasil, en la que, insólitamente, entre los deportes el fútbol rivaliza en afición con las artes marciales: Santa Rita es conocida en todo el país por sus campeones de taekwondo.

"El espíritu de lucha es algo que compartimos Mazinho y yo y que hemos querido inculcar a nuestros hijos, tanto para la vida como para el deporte", afirma Valeria que, además de madre, también es deportista, ex jugadora profesional de voleibol, 25 veces internacional con su país: "El deporte te vale para la vida -dice la madre de Thiago y Rafinha-, por eso yo siempre les digo a mis hijos que para llegar muy alto hay que trabajar mucho, que hay que entrenar como se juega, con ganas, y que una vez que alcanzas un nivel bueno, en vez de pararte y estar satisfecho, lo que debes hacer es trabajar todavía más de lo que lo has hecho hasta ese momento".

La familia Alcántara-Nascimento que descubrió la niebla en Vigo en aquel agosto del siglo pasado estaba formada, además de por el matrimonio, por el primogénito Thiago (que había nacido cinco años antes en Italia, durante la estadía de su padre en el Lecce), un Rafa de 3 años que era el incordio de la casa, y un bebé que acaparaba todas las atenciones y era responsable de los insomnios de mamá: Thaisa, la primera mujer de la prole Alcántara-Nascimento.

A sus cinco años, y con un balón rodando y rondando por cualesquier esquina del hogar, no era de extrañar que Thiago comenzase a demostrar, ante propios y extraños, que allí había lo que se dice genes de futbolista. Pero, a su lado, confabulando una gran atracción con un balón en los pies, y a sus tres añitos, Rafa no solo hacía las delicias de quienes los contemplaban, sino que incluso se atrevía a competir con su hermano mayor. Claro que, todo hay que decirlo, de eso ya se percataron, antes incluso que en Vigo, en Valencia, donde los empleados de la ciudad deportiva de Paterna que les observaban jugar entre ellos mientras su padre entrenaba, ya les habían puesto un apodo: los "Mazinyets".

Al respecto de los meninos, escribía el periodista del diario Levante M. Romero: "El color de la piel, la altura, las facciones del rostro o la diabetes son algunas de las cosas que cada ser humano hereda de sus progenitores. Cada uno lleva en su ADN la impronta de sus padres, unos genes que determinarán si alguien tendrá los ojos azules, el cabello rizado o los pies grandes. La estirpe de los Alcántara-Nascimento lleva en sus genes un don especial, una cualidad envidiable que los hace destacar en el deporte por encima de los demás".

Años después, cuando Thiago estaba a punto de debutar con la selección española de fútbol, el que fuera su entrenador en las categorías inferiores del Ureca de Nigrán, Javier Lago, corroboraba aquella intuición del periodista valenciano, recordando las habilidades del primogénito cuando militaba en cadetes: "Estaba sobrado de recursos. Era capaz de imitar a la perfección cualquier jugada que se hubiese realizado el fin de semana anterior en un partido de primera. A mí me dejó sentado muchas veces, aún sabiendo por donde iba a salir con ese regate. Hacía cosas que no le he visto a nadie". "Ha nacido para jugar al fútbol-confirma el presidente del club nigranés, Juan Díaz-. Destacaba por encima de todos, técnica, físicamente y por su madurez".

Thiago y Rafa llegaron al Ureca, un club fundado por empleados de la, por aquel entonces, Caja de Ahorros de Vigo, en una etapa en que su padre mantenía unas relaciones un tanto frías con el Celta. Tras colgar las botas en el Elche, Mazinho ha confesado al respecto que se llevó a sus hijos al club nigranés porque en el Celta le dijeron que tenían el cupo de fichas cerrado para las categorías menores. En fin, desencuentros de la vida que han sido felizmente solucionados.

El caso es que Mazinho se presentó en las instalaciones del Ureca con un hijo colgado de cada mano: del mayor quería que continuase su proyección como "centrocampista muy técnico" y, del segundo...¡A ver qué se podía hacer con aquel chaval que quería ser portero!

Y como portero, un puesto maldito en la cultura futbolística brasileña, comenzó en los alevines del Ureca un Rafinha al que muy pronto la portería se le quedó estrecha, y eso que, en palabras de Javier Lago, "era muy buen cancerbero, incluso llegó a la selección de Vigo". El segundo Alcántara tardó menos de un año en averiguar que donde de verdad era bueno, donde quería estar y , encima, donde todos los que le había visto alguna vez con el balón en los pies, deseaban verle era regateando, corriendo, desbordando, dando pases....¡y marcando goles, qué carajo!

Con el porvenir aguardando en el horizonte, llegó la Hora H para la familia Alcántara: los chavales destacaban tanto que Vigo se les hacía pequeño y Mazinho, sopesando ofertas, procedentes de Inglaterra e Italia, eligió Barcelona y una nueva casa para sus hijos, La Masía, una casa en la que, no obstante, ya no podrían estar papá y mamá. "Fue uno de los momentos más dolorosos de mi vida -recuerda Valeria Alcántara- Era muy consciente de que si mis hijos querían triunfar ese momento, el momento de separarme de ellos, de no poderlos tener en casa, tenía que llegar....y llegó,".

"Y por si fuera poco -confiesa- la marcha de mis hijos coincidió con los trámites de separación de mi matrimonio. Yo llegué a sentir a que mi familia, la familia que había formado, se rompía en mil pedazos, pero...Ya ve que la vida es dura unas veces y dulce en otras. Ahora, con Rafinha en Vigo, con Thiago muy contento y deseando triunfar en Alemania, donde podrá jugar más partidos, estas semanas han sido también de las más felices de mi vida. Y, bueno, la gente nos ve felices y eso es importante, pero que nadie piense que todo esto ha sido fácil. Ni mucho menos, es la vida misma: para triunfar hay que sufrir".

Desde su llegada al Fútbol Club Barcelona, -"más que un club", presumen sus seguidores-, la vida de Thiago y Rafinha comenzó a sentir eso que llaman "presión mediática". Precedidos de su fama en Vigo, hijos de quien eran, y con sobradas referencias de los ojeadores azulgranas que los habían ido a ver expresamente a Nigrán, era normal que los hermanos Alcántara sintiesen casi siempre, cual aliento en la nuca, el foco de una cámara o la sombra de un micrófono. Pero así como a otros, esta situación acaba por estropear sus carreras y romper sus sueños de gloria, Thiago y Rafa demostraron estar los suficientemente preparados para lo que se les venía encima, la fama. Ya lo anunciaba, a principios de 2011, el periodista Roger Torelló en crónica publicada en Mundo Deportivo: "Dos de las perlas de la inagotable cantera azulgrana llevan el mismo apellido: Alcántara. Ambos, además, son hijos del mítico Mazinho".

A más de uno se le hubiesen subido a la cabeza las líneas que ya se habían escrito sobre ellos antes siquiera de que hubiesen obtenido sus primeros triunfos. Pero este no era el caso de los Alcántara, seguramente por los consejos que habían recibido de sus padres, por el "espíritu de lucha" , por el "entrenar como se juega"....pero también por un manera de la ver la vida que nos desvela Valeria cuando le sugerimos la posibilidad de que, acaso, tantos sueños de gloria pudieran frustarse por cualesquier adversidad: "Te lo digo de verdad y ellos lo saben. A mí no me preocuparía que Thiago y Rafa no llegasen a la cima. Lo que me importa es que sean felices porque ellos ya son conscientes de que, pase lo que pase, deben disfrutar y sentirse muy felices por lo que han conseguido hasta hoy y, además, ellos como yo saben que la vida, para bien y para mal, está llena de sorpresas. Que la vida, en sí misma, ya es toda una sorpresa".

"Rafinha es quien más se parece a mí, es el más brasileiro..."

A quienes conocen de cerca a Thiago, no sorprenderán para nada estas palabras de su madre: "Desde luego, además de amante del deporte, Thiago siempre fue un buen estudiante. Particularmente le gustaban las Matemáticas, la Física y la Química, y su expediente está lleno de sobresalientes". ¿Y Rafinha?, le preguntamos, y ella sonríe: "Bueno, Rafa lo de estudiar nunca lo llevó muy bien pero, eso sí, aunque con aprobados raspados, siempre consiguió sacar todos los cursos adelante".

También, aunque de caracteres aparentemente semejantes, Valeria sabe que "Thiago quizás sea más introvertido, lo que pasa es que, claro, lleva genes brasileños, y es muy difícil decir que un brasileños es introvertido ¿no? A mí lo que me parece es que Thiago viene asumiendo cada vez más que él es el hermano mayor, que él es el que sustituye a su padre cuando Mazinho no está, así que no me extraña que digan que, aunque como futbolistas son muy diferentes, en carácter se parece mucho a su padre. No sé como explicarlo en español pero, en portugués, tenemos una expresión. Thiago, como su papá.siempre mira lo que otros no miran, siempre está con un pie detrás".

¿Y Rafinha?, volvemos a preguntar: "Rafa digamos que es más como yo, más brasileiro, usted comprende ¿no? Pero eso no quiere decir que no sea responsable: cuando hay que trabajar, Rafa trabaja y es tan responsable como el que más". Tan brasileirizo se muestra Rafinha que, en la familia, hasta le gastan bromas.

En resumen, la biografía de Rafinha Alcântara es una historia de decisiones valientes, pasión por el fútbol y un legado familiar que continúa inspirando. Su elección de representar a Brasil, su paso por grandes clubes y su espíritu de lucha lo definen como un futbolista único y un digno heredero de su padre, Mazinho.

La rueda de prensa de Rafinha, íntegra

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