Ramón Lobo (Lagunillas, Venezuela, 1955 - Madrid, 2023) fue un periodista y escritor español, reconocido por su destacada trayectoria como corresponsal de guerra y su profundo compromiso con la verdad y la justicia. Su partida dejó un vacío en el mundo del periodismo, pero su legado perdura a través de sus escritos y el recuerdo de quienes lo conocieron.
Primeros Años y Formación
Ramón Lobo comenzó su carrera periodística en 1975 en la agencia Pyresa. Se licenció en Periodismo por la Universidad Complutense de Madrid. Desde entonces, su trayectoria fue un encadenamiento de colaboraciones en diversos medios de comunicación, lo que marcó el inicio de una prolífica carrera en el periodismo.
Trayectoria Profesional
A lo largo de su carrera, Ramón Lobo colaboró con numerosos medios de comunicación, incluyendo Radio Intercontinental, El Heraldo de Aragón, la BBC, Radio 80, Expansión, Cinco Días, La Gaceta de los Negocios, El Sol y El País, donde trabajó durante veinte años. Su experiencia como enviado especial lo llevó a cubrir numerosos conflictos en África, los Balcanes, Oriente Próximo y Asia, donde demostró su valentía y compromiso con la información veraz.
Además de su trabajo en prensa escrita y radio, Ramón Lobo también incursionó en el mundo digital, publicando colaboraciones en El Periódico e InfoLibre. Su voz también se escuchó en el programa "A vivir que son dos días" de la Cadena SER, donde compartió sus reflexiones y análisis con una amplia audiencia.
Ramón Lobo empezó a colaborar como periodista en la agencia Pyresa en 1975 y desde entonces no paró de encadenar medios: Radio Intercontinental, El Heraldo de Aragón, la BBC, Radio 80, Expansión, Cinco Días, La Gaceta de los Negocios, El Sol y El País, en este último durante veinte años. Fue enviado especial a numerosos conflictos en África, Balcanes, Oriente Próximo y Asia. Publicó colaboraciones en El Periódico e InfoLibre. Intervino en A vivir que son dos días, de la Cadena SER.
"Las Ciudades Evanescentes": Un Libro Prepandémico con Relevancia Actual
En 2020, Ramón Lobo publicó "Las ciudades evanescentes" (Península), un libro que inicialmente no trataba sobre la pandemia, pero que terminó siendo profundamente influenciado por ella. El libro explora las soledades y los miedos en el mundo globalizado, y reflexiona sobre la necesidad de humanizar las ciudades y recuperar lo pequeño. Lobo defendía que hay que volver a humanizar el asfalto, recuperar lo pequeño (que es tan grande) y mirar el mundo sin la mediación, por ejemplo, de las pantallas. La crisis sanitaria actual es una oportunidad para ello.
Llevaba tiempo dándole vueltas a la idea de escribir sobre las grandes urbes, la soledad que encierran, sus costuras, cuando nos tuvimos que aprender a la fuerza eso del SARS-CoV-2 y tocó reescribir. La base no ha cambiado.
Según el autor, su mayor preocupación son las sociedades líquidas, donde todo debe ser instantáneo y sin reflexión. En el mundo de hoy, en el que las cosas se hacen sin pensarlas, sin reposarlas. Hay que reflexionar un poco, sobre qué tipo de vida queremos llevar. No te puedes meter en una ola de gente que va hacia no sabe dónde.
El libro invita a reflexionar sobre la forma en que vivimos en las ciudades y cómo podemos recuperar la conexión con nuestro entorno y con los demás. Hay muchas cosas que no se pueden fotocopiar, como los sentimientos, las emociones, una puesta de sol… Esas cosas las hemos perdido, hemos ido renunciando a la intimidad de las ciudades, a su lentitud, a cambio de una sociedad ruidosa, llena de tráfico y que no sabe dónde va.
"Pensión Lobo. Habitación número 13": Un Legado Póstumo
En sus últimos días, Ramón Lobo se dedicó a finalizar su libro póstumo, 'Pensión Lobo. Habitación número 13' (Península). Un libro que fue concebido en sus orígenes como un ensayo sobre la huida adelante en las sociedades occidentales, sufrió el primer cambio de guión tras el fallecimiento de su madre, en enero de 2022, y que tras su diagnóstico convirtió en unas memorias en las que cuenta su experiencia -no le gustaba la palabra lucha- contra la enfermedad, reflexiona sobre su propia muerte y pasa revista a su vida.
El libro ha sido estos meses un contenedor en el que he volcado todo, desde los miedos hasta las risas, desde los sentimientos hasta las ideas en busca de agarraderas para mantener la calma», confiesa en el primer capítulo. La misma calma con la que durante el año transcurrido desde el primer diagnóstico hasta su fallecimiento él habló a sus amigos de su enfermedad, de sus avances, de sus retrocesos, de sus expectativas de vida recortadas, de cuáles serían sus últimos planes, de cómo quería que fuera su funeral, de cómo iba a repartir sus recuerdos.
La obra es un testimonio íntimo y personal de su experiencia con la enfermedad, sus reflexiones sobre la vida y la muerte, y su visión del mundo. Es una lúcida despedida de quien ama vivir y siente la inminencia del adiós definitivo.
Fragmentos de "Pensión Lobo. Habitación número 13"
- EL "PAÍS DE LOS MORTALES": «En ocho meses perdí la infancia, y la esperanza de una vejez saludable, erguida, o al menos no dependiente. Quedé atrapado en un espacio sombrío que se expresa en un idioma diferente, bajo unas reglas cambiantes y una contabilidad minimalista en la que los años fueron desplazados por los días, las horas y los minutos.[...]. Fui expulsado del País de los Inmortales, forzado a vagar por desiertos y cruzar fronteras hasta llegar al País de los Mortales».
- LA INCERTIDUMBRE: «Vivo dentro de una tormenta de vientos huracanados en la que la lluvia rachea horizontal al suelo. Me lanza del optimismo al pesimismo, de una posible supervivencia de tres o cuatro años a apenas unos meses. Es agotador tanto cambio de expectativas, que obligan a una reprogramación constante, de urgencia. Pese a que intento aferrarme a la realidad de los hechos comprobados que han ocupado la centralidad de mi trabajo y de mi vida, me afecta emocionalmente tanto quiebro. Me defiendo desde el humor británico. No es fácil mantener la entereza, pero no se me ocurre otra alternativa».
- AFERRADO A LA REALIDAD: «Pese a la presencia demoledora de la enfermedad, las citas médicas constantes y las visitas al hospital de día para la ingesta del veneno, el cáncer permite al enfermo la negación, no formular preguntas ni registrar respuestas, no leer informes ni navegar por internet. Puede deprimirse, emborracharse o echarse en brazos de la pseudomedicina charlatana. Prefiero guiarme por mi brújula vital, que se mueve imantada por la realidad. Es la única forma en la que supe vivir, la única en la que quiero morir».
- EL CÁNCER: «El cáncer es tabú. Ni siquiera se menciona cuando ha terminado su trabajo exterminador: ‘Murió de una larga enfermedad’. Detesto esa expresión, esa muletilla con la que nos despachan en el País de los Sanos como si el cáncer o la muerte fuesen contagiosos. Espero que nadie diga o escriba tamaña estupidez cuando muera. Soy capaz de resucitar de las cenizas y organizar un escándalo».
- LA DESPEDIDA: «Deseo que sea mi familia elegida la que recoja los pésames e interprete mi voluntad en cada fase de la despedida. Son los únicos que me generan confianza post mortem. Sé que cumplirán cada uno de mis deseos, desde los importantes -no consentir un sufrimiento prolongado e impedir el acceso a cualquier hechicero empeñado en robarme el alma y la dignidad- hasta los jocosos, como el de esparcir mis cenizas con un hisopo cargado de ron Zacapa de veintitrés años. Así oleré a un vivo muy vivo durante un tiempo corto, el de mi inmortalidad descreída».
Un Adiós Personal y Significativo
Ramón Lobo imaginaba una despedida muy particular: “Me gustaría que mis amigos, dirigidos por Nieves Concostrina que se sabe todo el cementerio civil, bajasen todos en gran procesión divertida atravesándolo. Que crucen después a La Almudena católica para dar con Pérez Galdós y acabar en el muro de las Trece Rosas. Para mí sería fantástico”.
Fiel a su estilo, Ramón Lobo planeó su propio funeral, dejando instrucciones precisas a sus amigos sobre cómo proceder. Su deseo era que su despedida fuera un recorrido por los lugares y personajes que marcaron su vida y su pensamiento. Así, el 4 de agosto de 2023, sus amigos y compañeros se reunieron en el crematorio de La Almudena para dar inicio a este singular homenaje.
Ya contó en la SER que había dado instrucciones a su amigo, el también periodista Guillermo Altares, sobre cómo proceder. Lo hizo ya un año atrás, después de su primera visita al oncólogo. “Lo que más me preocupa es que nadie se olvide de lo que quiero, lo de las flores”, relató Ramón. Quien no viene con flores puede por tanto sustraerlas de las propias coronas de Ramón. Así arranca un cortejo fúnebre (sin féretro) por una serie de sepulturas que marcaron la historia de España, así como su recorrido personal e intelectual. Una travesía a la que se suman decenas de personas.
Guiados por la periodista Nieves Concostrina, el cortejo fúnebre recorrió el Cementerio de la Almudena, deteniéndose en las tumbas de figuras como Vintilă Horia, Timoteo Mendieta, Almudena Grandes, Pío Baroja, Carmen de Burgos y Benito Pérez Galdós, entre otros. Cada parada fue una oportunidad para recordar anécdotas, compartir recuerdos y rendir homenaje a aquellos que influyeron en la vida y el pensamiento de Ramón Lobo.
La primera parte del trayecto se cierra con un recuerdo a Maravilla Leal, la primera inhumada en el cementerio civil, así como a otras imprescindibles figuras del republicanismo y la izquierda españolas: Estanislao Figueras, Francisco Pi y Margall, Nicolás Salmerón, Pablo Iglesias o Dolores Ibárruri “La Pasionaria”. El cementerio religioso marca su primer punto de referencia en la tumba de Benito Pérez Galdós, de cuya obra Ramón Lobo fue lector voraz y admirador tenaz.
El itinerario ideado por Ramón y ejecutado por Nieves Concostrina se termina de cumplir con dos paradas de enorme significación. Las flores y los colores de la bandera republicana han tenido este viernes una nueva compañía: un marco con la fotografía de Ramón Lobo y esta inscripción: “Plataforma Cívica Amigos del Cementerio Civil Madrid 1884 al ilustre periodista y escritor Ramón Lobo Leyder (1955-2023)”.
El destino final fue el Memorial de las víctimas de la Guerra Civil, un lugar cargado de simbolismo y significado para Ramón Lobo. Concostrina expresó una idea bellísima que expone sin ser capaz de contener las lágrimas: “La memoria de los muertos no son tumbas, ni lápidas. Tanto la de estos 3.000 asesinados como la de Ramón, al que no vamos a olvidar en la vida”.
Solo con esa lucidez puede marcharse en paz un cronista de mil guerras. Contando historias de muchos dolores y alguna alegría aunque sea por boca de otras personas, las que ahora atesoran sus valores y su legado. Como dijo José Luis Sastre al recordarle, se muere la gente que te enseña, que te dice “por aquí no, por allí”.
Jesús Álvarez Recuerda a Ramón Lobo
Jesús Álvarez, histórico periodista de TVE, compartió sus recuerdos sobre Ramón Lobo, destacando su erudición, su pasión por el periodismo y su compromiso con la verdad. Ramón era un erudito en la información internacional. Sabía mucho de las grandes historias del periodismo. Ha disfrutado mucho de la profesión. Ha estado donde debía estar un reportero de guerra como a mí me ha pasado en el deporte.
Álvarez recordó cómo Ramón le ayudó en un momento difícil de su vida, cuando tuvo que vivir en casa de la familia Lobo. Sus padres me acogen como un hijo más. Era un gran amigo mío, que pasó a ser como un hermano. Hicimos la carrera juntos.
También mencionó la faceta nocturna de Ramón durante sus años de estudiantes, cuando juntos pasaban apuntes a máquina de escribir y luego los vendían a los compañeros de la universidad. Hacíamos periodismo y como éramos muy nocturnos, muchas noches pasábamos apuntes a máquina de escribir y luego los vendíamos a los compañeros de la universidad.
Muere RAMÓN LOBO | Las lecciones vitales del periodista en 'A vivir' de la Cadena Ser | EL PAÍS
La figura de Ramón Lobo trascendió el ámbito del periodismo para convertirse en un referente de compromiso, valentía y humanidad. Su legado perdura en sus escritos y en el recuerdo de quienes tuvieron la oportunidad de conocerlo.
Tabla resumen de la vida de Ramón Lobo:
| Años | Acontecimientos |
|---|---|
| 1955 | Nace en Lagunillas, Venezuela. |
| 1975 | Comienza su carrera periodística en la agencia Pyresa. |
| - | Colabora con Radio Intercontinental, El Heraldo de Aragón, la BBC, Radio 80, Expansión, Cinco Días, La Gaceta de los Negocios y El Sol. |
| - | Trabaja durante veinte años en El País. |
| - | Es enviado especial a numerosos conflictos en África, los Balcanes, Oriente Próximo y Asia. |
| 2020 | Publica "Las ciudades evanescentes". |
| 2023 | Fallece en Madrid y se publica póstumamente 'Pensión Lobo. Habitación número 13'. |
