Rafael del Pino Calvo-Sotelo: Biografía e Historia de Éxito en Ferrovial

Rafael del Pino Calvo-Sotelo es una figura prominente en el mundo empresarial español, conocido principalmente por su liderazgo en Ferrovial. Su historia está intrínsecamente ligada a la evolución de esta empresa familiar, fundada por su padre en 1952.

Primeros Años y Formación

Rafael del Pino y Moreno nació en Madrid el 10 de noviembre de 1920. Su madre, María Moreno Gutiérrez de Terán, fue una figura influyente en su vida. Su padre, Fernando del Pino del Pino, fue ingeniero de caminos y desarrolló su carrera en el ámbito civil en la Compañía Nacional de los Ferrocarriles del Oeste de España y, posteriormente, en RENFE.

La infancia de Rafael transcurrió entre el elitista Colegio del Pilar y los veranos en Riocaínzos, Lugo, donde cultivó amistades importantes. La Guerra Civil separó a la familia, y durante 17 meses, Rafael vivió en Galicia con su madre y hermanos, mientras su padre permanecía en Madrid.

Con poco más de 19 años, a Rafael le había tocado madurar antes de lo normal. Permaneció en el ejército hasta licenciarse - previo paso por Marruecos- en 1944 con el grado de teniente, aunque los últimos años compaginó la vida castrense con sus estudios en la Escuela de Ingenieros de Caminos, Canales y Puertos de Madrid, siguiendo la tradición familiar. 43 alumnos consiguieron acabar la carrera en 1947.

Inicios Profesionales

Al acabar la carrera, trabajó durante unos meses en los Servicios Hidráulicos del Guadiana, aunque eso no duró demasiado. En una España con escasez de ingenieros, a Rafael le ofrecieron trabajo en Vías y Construcciones, cuyo propietario, Rafael González Iglesias, era buen amigo de su padre que, a la sazón, era subdirector adjunto a la Dirección de RENFE.

En apenas dos años, Rafael ascendió al puesto de subdirector. Mientras tanto, había contratado a su primo, José María López de Letona, que le había seguido los pasos en el Pilar y en la Escuela de Caminos. Así, desde 1949, del Pino se ocupó de la gestión y modernización de la empresa en un momento en el que el sector del ferrocarril parecía presentar signos de recuperación tras el paso de las nefastas políticas económicas del primer Franquismo.

En esta época, viajó por Europa y América Latina para comprar maquinaria, y para aprender de las más punteras empresas. De esos viajes, volvería con dos innovaciones que sellarían su éxito en un futuro próximo: una nueva manera de preparar las traviesas de madera con un creosotado previo que evitara que se pudrieran y la soldadura aluminotérmica de los raíles.

A pesar de ser ascendido a Director Ingeniero en 1951, la muerte González Iglesias en 1952 le decidió a emprender la aventura en solitario.

Fundación de Ferrovial

Con el trabajo de MZOV Rafael del Pino se sintió preparado para iniciar la aventura en solitario. Vio que había una posibilidad de mercado en el que una empresa innovadora, joven y pujante tendría su sitio. Desde noviembre, rodeado de su familia, Rafael organizó la idea de Ferrovial cuya acta fundacional fue sancionada por el notario Manuel de la Cámara Álvarez, en su despacho de la calle Juan de Mena, 6, de Madrid, el 18 de diciembre de 1952.

Con sede en la calle Moreto 6 y un capital desembolsado de 2 millones de pesetas, Rafael cedió la primera presidencia de S.A. Ferrovial, aunque de manera efímera, al padre de su cuñado Agustín González de Amezúa, miembro de la Real Academia Española y de la Real Academia de la Historia. Siguiendo un comportamiento muy común en la economía española del siglo XX, Rafael confiaba en que esta persona tuviera la llave de muchos despachos: era la oportunidad para Ferrovial de ser escuchados. La estrategia funcionó.

Gracias a los contactos de Amezúa, y a los del propio Rafael, Ferrovial consiguió su primer contrato con RENFE a finales de 1952, aún en el proceso fundacional de la empresa. Este primer contrato para la reparación de traviesas aplicando los nuevos métodos descubiertos en el extranjero contó con la ayuda de MZOV. Nacida de la nada, Ferrovial necesitaba un socio con experiencia y cierto tamaño para afrontar las necesidades de un cliente como RENFE. Para ello, Ferrovial firmó un convenio de colaboración con MZOV que duró cinco años y del que Rafael del Pino fue gerente. El contrato de RENFE fue renovado anualmente durante 16 años.

El "Estilo Ferrovial"

Durante esta primera etapa dedicada al negocio ferroviario, se pusieron las bases de lo que, en los mentideros de la empresa, se denominaría el “estilo Ferrovial”. Según los empleados más antiguos de la empresa, la “guarda pretoriana” que acompañó a Rafael durante décadas - José Martínez, Emilio Martín Pastor, Julio Beamonte, Ricardo López- Morais o Luisa Durán-, no todo el mundo estaba preparado para trabajar en Ferrovial. Es cierto que la empresa pagaba más que sus competidores, pero la presión por los resultados era muy alta.

De hecho, cada obra, cada tramo, era tratado como una empresa independiente que tenía que presentar sus resultados ante el propio del Pino quien delegaba poco la supervisión. En la casa se denominó a este tipo de gestión como la “conciencia del balance”. Valga como ejemplo una de las notas internas de la empresa, el “Manual contra el despilfarro”, escrito por el presidente, Ramón González de Amezúa, un compendio de consejos internos para luchar contra ese “dragón de siete cabezas que se infiltra por todas partes”.

Expansión y Diversificación

En 1955, Rafael se casó con Ana Calvo Sotelo y Bustelo, hija de Leopoldo Calvo Sotelo y Mercedes Bustelo. De este matrimonio nacieron sus hijos mayores, Ana y Rafael, a los que se sumarían Joaquín, Leopoldo y, un poco más tarde, Fernando. En el terreno empresarial, Ferrovial rompió con su pasado con la aún no demasiado clara salida de Ramón González de Amezúa de la empresa a mediados de los años sesenta. A partir de entonces, la empresa no paró de crecer.

Del Pino supo aprovechar asimismo el cambio de dinámica de la economía española que abrazaba “su” milagro. Los créditos del Eximbank desde principios de los cincuenta y la Estabilización y posterior planificación de los sesenta permitieron la definitiva industrialización del país. En este proceso, el país necesitaba nuevas infraestructuras.

Rafael apostó entonces por un viraje en la especialización productiva de la empresa. Al amparo del Plan REDIA de carreteras y del Plan Nacional de Autopistas de Peaje, Ferrovial construyó algunos tramos de carretera con tecnología propia. Destacan la Solución Sur de Bilbao, la Oviedo-Lugones y el acceso a Málaga. y la belga Compagnie d´Entreprises C.F.E. S.A.

Para ello, se crearía una sociedad concesionaria, Europistas Concesionaria Española, S.A, que abarcaría no solo el diseño de la carretera - a cargo de la filial de ingeniería Euroestudios- y la construcción de la misma - a cargo de Ferrovial y sus socios- sino también de la explotación de los peajes. Este “todo en uno” supuso una importante novedad en el mundo de las infraestructuras de carretera en España.

El cambio de tamaño de Ferrovial tuvo también otras consecuencias en términos de profesionalización y de internacionalización. La consultora francesa SOFEMASA, con las indicaciones de Rafael, configuró una nueva empresa multi-divisional que alejaba a Ferrovial de la idea original de “familia” pero que era un paso obligado en los nuevos tiempos.

Por otro lado, con una posición consolidada en el mercado interior, se buscaron nuevos retos en el extranjero. Ya se había intentado anteriormente sin éxito en los años sesenta, con el estudio para el ferrocarril de Hedjaz, en Arabia Saudí, aquel que Lawrence de Arabia había destruido durante la Primera Guerra Mundial. Con las crisis del petróleo de fondo, se buscaron negocios en los países productores. Es cierto que las aventuras no siempre fueron exitosas, como ocurrió con el proyecto de la línea férrea San Juan de los Morros-Ciudad Guayana en Venezuela. Sin embargo, otras, como la construcción de carreteras en Libia que fue pagada en petróleo, supusieron la definitiva apertura de la empresa al mercado mundial.

Cuando el Franquismo llegaba a sus últimos alientos, Rafael del Pino gozaba ya de cierta notoriedad en el panorama empresarial español. Tal vez por ello, José Mará López de Letona, ministro de Industria en 1972, conectó a su primo con el presidente del Instituto Nacional de Industria (INI), Claudio Boada. El INI estaba ampliando sus actividades en la rama de hidrocarburos para acometer una ordenación del sector. Para ello, se pensó en crear una empresa pública de distribución de gas. El resultado fue la empresa Nacional del Gas, S.A (ENAGAS), de la que del Pino fue el primer presidente. No abandonaría Ferrovial a pesar de sus nuevas responsabilidades y solo aceptó con la condición de no tener retribución alguna.

Durante dos años, Rafael tuvo que lidiar con Durán Farell, el antiguo compañero de promoción, y su Gas Natural, pero sobre todo con el hecho de tener que poner una empresa en marcha de la nada. Su mayor, aunque controvertido logro, fue el contrato de suministro de gas que consiguió firmar con la empresa pública argelina SONATRACH. La crisis del petróleo de 1973 y los altos precios del acuerdo dieron al traste con el contrato. La salida de Boada del INI, tras la muerte del Almirante Carrero Blanco, significó su retirada, en parte, de la empresa pública.

Su ascensión entre lo más granado del empresariado español no se detuvo durante la Transición. Muy al contrario, Rafael trató de tener más presencia en lo que se denomina la sociedad civil. En un país en constante cambio, en un tiempo en que las ideas brotaban casi sin control, del Pino tuvo claro que debía estar presente en todas las asociaciones que iban a tener algo que decir en el proceso de llegada de la democracia a España. Formó parte muy activa de la Asociación para el Progreso de la Dirección como consejero, llegó a ser vice-presidente del Círculo de Empresarios y presidente efímero del lobby de la construcción, SEOPAN.

El Círculo no sólo proporcionó a Rafael del Pino un altavoz de su buen hacer como empresario. Parece ser, también, que le conectó con una de las grandes multinacionales afincadas en la época en España. Durante nueve años, Rafael del Pino fue presidente -no ejecutivo- de la empresa holandesa Philips Ibérica, sin que haya sido posible saber exactamente por qué.

Con todo, la verdadera transformación del país llegó con la entrada en la Comunidad Económica Europea. Se abría un mundo de oportunidades, desafíos y… de miedos ante la competencia europea. Por un lado, él que había sido reacio a tratar con los bancos, entró en el accionariado del Banco Hispano- Americano (BHA), del que también fue consejero, desde 1985. Su amigo Claudio Boada iba a ser el presidente de una entidad en claras dificultades económicas y necesitaba gente de confianza para poder reflotarla. Diez años duró su relación con el BHA, junto con Ferrovial. Llegó a ser su mayor accionista y hubo incluso rumores de un posible intento de compra que nunca llegó a concretarse.

Por otro lado, Ferrovial trató de crecer mediante fusiones y adquisiciones. Desde 1987, Rafael quiso hacerse con Cubiertas y MZOV - resultado de la fusión entre Cubiertas y Tejados y MZOV en 1978- en una jugada a tres bandas con Entrecanales y Távora. Aquello derivó en una lucha judicial sin cuartel entre la empresa absorbente -Ferrovial- y la que iba a ser absorbida - Cubiertas- . Con aquel dinero, Ferrovial podía permitirse muchos lujos. Sonó Dragados - en la órbita del Banco Central en primer lugar y del Banco Central Hispano- Americano después-, pero la elegida final fue Agroman - que atravesaba malos momentos de la mano de Banesto-. Hubo que esperar hasta mayo de 1995 para que la adquisición se concluyese. 2.000 millones de pesetas por el 100% de capital de Agroman fue el montante final.

A pesar de algunos problemas en la integración, las sinergias no se hicieron esperar. Agroman tenía una marca histórica y mucha experiencia en los mercados extranjeros. Después de la fusión, Rafael del Pino decidió soltar algo de lastre. Con 75 años comenzó a disfrutar un poco más de la vida. Su empresa tenía antiguos y nuevos negocios sólidos. A la construcción del AVE Madrid- Sevilla y a las concesiones de autopistas como AUTEMA en Cataluña, se le unieron contratos como la Autopista del Sol en Málaga en 1997 y, sobre todo, en 1999, la obtención de la mayor autopista de la historia hasta ese momento: la 407 ETR de Toronto (Ontario) en Canadá por un valor de 400.000 millones de pesetas, en la que Ferrovial participaba en un 62%.

De hecho, Rafael empezó a plantearse quién sería su sucesor. Todo indicaba que sería su hijo Rafael del Pino Calvo Sotelo aunque él tuvo sus dudas. Con la llegada del Mercado Único Europeo y sus cuatro libertades (libre circulación de mercancías, personas, servicios y capitales), Rafael decidió retirarse. Antes de hacerlo, se convirtió en un hombre inmensamente rico con la salida a bolsa de Ferrovial. El 35% de la empresa se valoró en 100.000 millones de pesetas. Con esa inyección de dinero, se podrían afrontar los nuevos retos que llegarían en forma de incursiones en Gran Bretaña y Australia, sobre todo. Incursiones que, aunque pendiente, Rafael ya no llevaría de primera mano. Tenía otras ocupaciones más “importantes” en esos momentos.

A bordo de un enorme yate llamado “Alcor” surcó los mares dando la vuelta al mundo con muchos de los amigos que le habían acompañado durante su vida personal y profesional. No fue su única ocupación. El día de su despedida de Ferrovial en la junta general de accionistas del 31 de marzo de 2000, Rafael dirigió a la asamblea estas palabras: “Tengo ofertas de trabajo y quiero aprovecharlas”. Esa oferta tenía que ver con la fundación que llevaría su nombre y que él vería casi como un hijo más.

Fundación Rafael del Pino

Con el objetivo “de contribuir a la mejora de los conocimientos de los dirigentes de la España del futuro”, la Fundación Rafael del Pino se presentó en sociedad, en 2001, con una conferencia del ex presidente Bill Clinton titulada “Un futuro común: la globalización en el siglo XXI”. Otro de los invitados celebres fue, entre otros, el secretario general de la ONU, Kofi Annan con motivo de la firma del Pacto Mundial en 2002 . Ese mismo año, fue nombrado Doctor Honoris Causa por la Universidad de Castilla- La Mancha.

En 2004, fue precisamente en el mar donde la vida de Rafael abrazó un cruel destino. Un accidente en medio del océano Índico le dejó postrado a una cama para el resto de sus días. A pesar de ser consciente de su situación, nunca se despegó de sus familias -la real y la creada con sus ímprobos esfuerzos-. Luchó cuatro años en busca de una recuperación que no llegó.

Rafael del Pino y Moreno ha sido uno de los empresarios españoles más relevantes del siglo XX. Rafael del Pino recoge en su vida todas las características del capitalismo español del siglo XX no solo en cuanto a la creación y gestión de sus empresas, sino también en cuanto a sus relaciones con el poder.

Rafael del Pino Calvo-Sotelo: El Sucesor

Rafael del Pino Calvo-Sotelo es, desde hace más de 20 años, el presidente de Ferrovial, una empresa de origen familiar fundada por su padre en 1952. Además, es uno de los rostros más destacados del panorama empresarial español y la tercera fortuna del país, con un patrimonio que supera los 3.800 millones de euros.

Nacido en Madrid en 1958, es hijo del empresario Rafael del Pino y Moreno y de Ana María Calvo-Sotelo, hermana del expresidente del gobierno Leopoldo Calvo-Sotelo, quienes además de Rafael tuvieron otros cuatro hijos: María, Joaquín, Leopoldo y Fernando.

Siguiendo la tradición familiar, Rafael del Pino, que compartía nombre con su fallecido padre, decidió estudiar ingeniería. Se decantó por Caminos, Canales y Puertos.

Al igual que su padre, su abuelo Fernando del Pino fue también ingeniero y uno de los fundadores de la Sociedad Filarmónica Madrileña.

Tras esta exitosa trayectoria, el patriarca dio un paso al lado al frente de Ferrovial y cedió el testigo en el año 2000 a su hijo Rafael, que ya ejercía como consejero delegado del grupo desde 1992. Si bien mantendría hasta su fallecimiento en 2008 el cargo de presidente de honor.

Antes de convertirse en el nuevo presidente de Ferrovial, Rafael del Pino Calvo-Sotelo pasó por Cintra, la filial concesionaria del grupo entre 1998 y 2009, y fue testigo directo del debut de la compañía en el parqué español en 1999.

Además de liderar la estrategia de Ferrovial, Del Pino es el principal accionista individual del grupo a través de su sociedad patrimonial neerlandesa Rijn Capital, con la que controla el 20,4%.

Con el foco puesto en Norteamérica, la compañía opera concesiones de autopistas en Estados Unidos y Canadá. Además, es un actor destacado en el sector aeroportuario del Reino Unido.

Autopista 407 ETR de Toronto

Vida Personal de Rafael del Pino Calvo-Sotelo

Quienes conocen bien a del Pino afirman que es un hombre excepcionalmente dotado para la gestión y el mando. Es un líder nato: ante cualquier circunstancia adversa sería el primer en sobrevivir. Y con nota. Una especie de rey de la jungla, según su entorno íntimo. Exitoso, pero implacable, advierten otras fuentes de su entorno. A diferencia de otros empresarios volcados con causas sociales, el talante de Del Pino es mucho menos empático. Su lema podría ser no hacer suyos los problemas de los demás.

Ese espíritu ganador le permitió sobreponerse a una situación desgraciada: la muerte de Cristina Fernández-Fontecha, con quien se casó en primeras nupcias en 1984. Cristina Fernández-Fontecha falleció trágicamente en 1998 en un accidente de barco mientras navegaba por aguas de las Baleares. Con ella tuvo tres hijos: Rafa (36), el primogénito que trabaja en la empresa familiar; Ignacio (34), el elegido para seguir sus pasos en Ferrovial, donde ya es director financiero corporativo, y el pequeño, Juan (30), el más creativo, que se dedica al diseño de barcos.

En 2006 Rafael del Pino contrae matrimonio por segunda vez con la economista Astrid Gil-Casares, también escritora y guionista. La pareja se casó en una multitudinaria boda en la iglesia de la Asunción, en la localidad madrileña de Chinchón, la que asistieron invitados de la talla de Miguel Boyer e Isabel Preysler, Kyril de Bulgaria y Rosario Nadal, el presidente de Iberdrola, Ignacio Sánchez Galán, el ex ministro del PP Alberto Ruiz Gallardón, Eugenia Martínez de Irujo, Isabel Sartorius y Mar Flores con su entonces esposo Javier Merino, entre otros.

El matrimonio acabó 12 años más tarde, después de haber tenido tres hijas, Tadea, Alec y Cleo, aún menores de edad. Gil-Casares, miembro de la alta sociedad, se casó muy enamorada del empresario: "Es una especie de James Bond. Todo lo hace bien", dijo entonces. Pero la unión comenzó a hacer aguas por el fuerte carácter de Del Pino, heredado de su padre. El divorcio le costó a Gil Casares una depresión de la que solo pudo salir después de mucha terapia y 15 tatuajes que muestran, según ha explicado, cada momento doloroso vivido en el matrimonio y divorcio, una experiencia que plasmó en el libro 'Nadie me contó'. En declaraciones a Vanity Fair, afirmó que "Enfrentarse a Rafa no es fácil; es como entrar en guerra con Estados Unidos".

Parece que Rafael del Pino no tiene suerte con los matrimonios. Sea como fuere, no se ha vuelto a casar. En estos años solo ha mantenido dos relaciones estables que ha presentado a sus más allegados: la primera con la interiorista española Sonia Pastega Milans del Bosch, hija de Sisita Milans del Bosch, amiga y musa de Umbral, quien la sacaba en sus famosas crónicas en los años 80.

La segunda, con Jacaranda Caracciolo, de 51 años, heredera de una de las grandes fortunas de Italia, hija del fundador de L’Espresso y del diario 'La Repubblica' y emparentada con los Agnelli, los dueños de Fiat. Con ella podría estar viviendo una nueva historia de amor de la que, si es cierta, dará abundante cuenta la crónica más rosa.

Legado y Controversias

El éxito de Rafael del Pino no ha estado exento de críticas. Ciertas decisiones empresariales, como la privatización de autopistas o la gestión de contratos públicos, han generado controversias. Un análisis objetivo requiere examinar estas críticas con rigor, considerando el contexto económico y político en el que se tomaron las decisiones.

Mudanza de Sede a Países Bajos

Rafael del Pino Calvo Sotelo ha vuelto a hacer gala de su personalidad implacable este 2023 con la decisión de mudar la sede de Ferrovial de Madrid a Amsterdam. Un acto de rebeldía contra el nuevo establishment nacional más que llamativo viniendo de un heredero de la beautiful people como lo es el hijo de Rafael del Pino Moreno y Ana María Calvo Sotelo, hermana del expresidente del Gobierno.

Quienes opinan desde la distancia le achacan un profundo individualismo desagradecido con el país donde cobró vida la empresa de su padre hace más de 70 años. Otros, más cercanos a él, admiran su obstinación de libertad y atribuyen a su liderazgo nato la apuesta de defender los intereses de Ferrovial sobre cualquier presión política desde la Moncloa de Pedro Sánchez...e incluso, de su propia familia.

Sucesión Familiar

A sus 65 años, Del Pino trabaja ya en su sucesión con una empresa expuesta en un 93% a inversiones comprometidas en Estados Unidos hasta 2027. El país de la libertad ha dejado huella en él desde que allí se formara con una MBA en la Escuela de Negocios del Instituto de Tecnología de Massachussets (MIT), reconocida como una de las más potentes del mundo. Esa formación, así como un paso por el mayor fondo de inversiones inmobiliarias del mundo, Blackstone, fueron moldeando al heredero de Del Pino Moreno, un símbolo de la 'beautiful people' de los 80s.

Su hijo se alejó de las ostentaciones y se centró en estudiar y potenciarse, hasta alcanzar el puesto de consejero delegado de Ferrovial a los 34 años. Un cargo de responsabilidad dentro del que tuvo que sobreponerse a la trágica muerte en un accidente de barco de su entonces esposa, Cristina Fernández-Fontecha, madre de sus primeros tres hijos, entre ellos, Ignacio del Pino, al que el entorno de Rafael sitúa como su sucesor.

A sus 36 años, Ignacio acumula un camino similar al de su padre: una licenciatura en Ingeniería Mecánica en el mismo MIT, 'expertise' en los americanos JP Morgan y Oaktree, y actualmente, los roles de director financiero de Ferrovial y su representante legal en Países Bajos tras un paso por la filial de autopistas, Cintra -al igual que su padre-.

La Familia Del Pino

Los cinco hermanos heredaron la empresa de su padre y, aunque con el tiempo cada uno ha ido siguiendo su propio camino, todos ellos pueden vivir cómodamente de lo que recibieron, incluso cuando no siguen ligados a la empresa familiar.

  • Rafael del Pino Calvo-Sotelo: Presidente de Ferrovial y principal accionista.
  • María del Pino Calvo-Sotelo: Presidenta de la Fundación Rafael del Pino y consejera de Ferrovial.
  • Leopoldo del Pino Calvo-Sotelo: Accionista y consejero de Ferrovial.
  • Joaquín del Pino Calvo-Sotelo: Accionista de Ferrovial.
  • Fernando del Pino Calvo-Sotelo: Desvinculado de la empresa familiar.

Gráfico resumen de la fortuna de la familia Del Pino

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