La placenta previa es un problema que afecta a un pequeño porcentaje de mujeres embarazadas. Provoca que el crecimiento y la posición de la placenta, que es el órgano encargado de nutrir al feto y eliminar los desechos, sean anormales. Sigue leyendo para obtener más información sobre esta afección y las formas de tratarla.
Tipos de placenta previa: total, parcial, marginal y de inserción baja.
¿Qué es la Placenta Previa?
La placenta es un órgano materno-fetal que se desarrolla durante el embarazo. Esta estructura se encuentra en el útero y se encarga de suplir las necesidades básicas del feto a través de la madre: la respiración, la alimentación y la excreción.
En la mayoría de los embarazos, la placenta se adhiere a la parte lateral o superior del útero. Si tienes placenta previa, la placenta se encuentra en la parte baja del útero y cubre el cuello uterino. Esto puede causar sangrado intenso en el momento del parto o incluso durante el embarazo.
Muchas mujeres a las que se les diagnostica placenta previa al principio del embarazo descubren que desaparece por sí sola. Esto es especialmente común en el caso de la placenta previa marginal, donde la placenta cubre parcialmente el cuello uterino. En el caso de la placenta previa completa, donde la placenta cubre completamente el cuello uterino, es poco probable que se resuelva antes del nacimiento.
Algunos problemas durante el embarazo pueden surgir como consecuencia de alteraciones en la placenta. Uno de estos casos es la placenta previa, que se produce cuando ésta crece en la parte más baja del útero y cubre toda la abertura del cuello uterino o parte de ella.
Tipos de Placenta Previa
A medida que avanza la gestación y el útero crece, la placenta se va desplazando por el útero. Durante los primeros meses de embarazo, es común que la placenta se encuentre en la parte más baja del útero, pero conforme avanzan las semanas de embarazo, la placenta va creciendo y situándose en la parte superior.
Una vez llega el tercer trimestre de embarazo, la placenta mide unos 22 cm y pesa alrededor de 0,5 kg. En este momento de la gestación, la placenta deberá estar ya en la parte superior del útero para dejar libre el canal del parto.
Si esto no sucede, habrá un problema de placenta previa, en el que se pueden diferenciar los siguientes tipos:
- Placenta de inserción baja: La placenta se encuentra en el segmento inferior del útero pero no alcanza la abertura del cuello uterino.
- Placenta previa marginal: La placenta está al lado del cuello uterino pero no cubre la abertura.
- Placenta previa parcial: La placenta cubre parte de la abertura cervical.
- Placenta previa total: La placenta cubre toda la abertura cervical. Este tipo también es conocido como placenta previa oclusiva.
Por tanto, los diferentes tipos de placenta previa se distinguen dependiendo de la severidad de obstrucción uterina. Pese a ello, hay especialistas que únicamente diferencian entre placenta previa menor o baja y placenta previa completa o mayor.
¿Cuáles son los Síntomas de la Placenta Previa?
El síntoma principal de la placenta previa es el sangrado vaginal indoloro en la segunda mitad del embarazo (segundo y tercer trimestre). Consulta al médico si sangras a partir de este momento o experimentas contracciones y síntomas de parto prematuro. Acude a urgencias si el sangrado es intenso.
Consulta al médico si experimentas sangrado vaginal durante el embarazo.
¿Cuáles son las Causas de la Placenta Previa?
La causa exacta de la placenta previa es desconocida. Lo más común es pensar que esta anomalía en la placenta esté relacionada con causas uterinas o por alteraciones en la propia placenta.
Se desconocen las causas de la placenta previa, pero algunos factores de riesgo pueden ser los siguientes:
- Has tenido un bebé.
- Te has sometido a una cirugía u otro procedimiento que deje cicatrices en el útero, como una cesárea o la extirpación de un fibroma.
- Has tenido placenta previa anterior o posterior antes.
- Estás embarazada de mellizos, trillizos o más bebés.
- Tienes más de 35 años.
- Fumas.
No obstante, existen algunos factores de riesgo que predisponen a las mujeres a sufrir esta complicación. Son los siguientes:
- Malformaciones uterinas
- Embarazo gemelar o embarazo múltiple
- Haber tenido varios embarazos previamente
- Poco tiempo entre dos partos
- Haber tenido un parto previo por cesárea
- Cicatrices uterinas por abortos o cirugías previas
- Edad materna avanzada
- Tabaco y abuso de cocaína
La placenta previa se presenta en 1 de cada 200 mujeres embarazadas en el tercer trimestre de gestación.
¿Cuáles son los Riesgos de Tener Placenta Previa?
Es importante que el médico os supervise tanto a ti como al bebé para reducir posibles complicaciones. Los riesgos de tener placenta previa incluyen:
- Sangrado intenso: Puede ocurrir durante el parto o más adelante.
- Parto prematuro: El sangrado puede ser motivo para someterte a una cesárea de emergencia aunque no hayas llegado a término.
- Implantación anormal de la placenta o placenta accreta: La placenta accreta es la que se adhiere en exceso a la pared del útero y cuesta que se desprenda tras el parto, causando una hemorragia vaginal al desprenderse. Para tratarla puede ser necesario tener que extirpar el útero (histerectomía).
- Mala presentación del feto: La ubicación de la placenta en la porción inferior del útero predispone a que el feto no tenga una presentación normal de cabeza (cefálica).
- Retraso del crecimiento intrauterino.
- Vasa previa y cordón umbilical velamentoso.
- Anomalías congénitas.
¿Cómo Puedo Saber si Tengo Placenta Previa?
Si tienes placenta previa, lo averiguarás durante los controles prenatales habituales o la ecografía del segundo trimestre. Para estar segura u obtener un diagnóstico más completo, el médico puede realizar una ecografía transvaginal con un dispositivo similar a una varita, que se introduce en la vagina.
Si sospecha o nota algún síntoma de placenta previa, puede realizar ecografías convencionales o 3D adicionales para determinar la ubicación precisa de la placenta y evaluar si se resolverá por sí sola en el transcurso del embarazo. Sin embargo, si experimentas sangrado intenso durante el embarazo, acude a urgencias.
PLACENTA PREVIA. ¡Visión Actual!. Diagnóstico y Manejo.(ALTO RIESGO)
¿Cómo se Diagnostica la Placenta Previa?
La placenta previa se diagnostica mediante ecografía, en la que se observa si la posición de la placenta es la correcta o no.
Si se detecta esta afección antes del tercer trimestre de embarazo, no hay por qué alarmarse, ya que es muy probable que la placenta varíe su posición a medida que el útero se agrande.
Tan solo el 30% de las mujeres con placenta previa antes de la semana 24 de embarazo aún la mantienen en esa posición en el momento de dar a luz.
Si la mujer presenta un sangrado vaginal a partir de la semana 20, es necesario acudir al ginecólogo para realizar una ecografía y comprobar si se debe a una placenta previa o a algún otro problema.
La evolución de esta complicación dependerá de la intensidad de los sangrados y de la semana exacta de embarazo. La probabilidad de tener placenta previa en el momento del parto aumenta en función de la edad gestacional.
En concreto, alrededor del 70% de las mujeres presentará placenta previa en el momento de dar a luz si el diagnóstico se hace a partir de las 30 semanas. También es más probable que persista si se trata de una placenta previa completa, en lugar de una marginal o parcial.
¿Qué Puede Hacer mi Médico si Tengo Placenta Previa?
La placenta previa es una afección rara. Si la padeces, la gravedad también depende de factores como tu salud y la del bebé, las semanas de embarazo de las que estás, la posición de la placenta y la medida en que cubre el cuello uterino. El médico controlará si la placenta previa desaparece por sí sola. De no ser así, intentará que llegues a término en la medida de lo posible.
Si el embarazo está avanzado y sigues teniendo placenta previa, es posible que se requiera una cesárea. En caso de estar en una posición baja, pero sin cubrir el cuello uterino, es posible que puedas tener un parto vaginal. No obstante, háblalo con el médico.
Sea como sea, debes cuidarte, descansar y evitar cualquier actividad que pueda desencadenar un sangrado, como el deporte intenso.
El diagnóstico de placenta previa es clínico y su confirmación, ecográfica. Si no se ha realizado una ecografía en el segundo trimestre y la embarazada refiere sangrado vaginal después de la semana 20, se debe hacer una ecografía para determinar la localización de la placenta antes de explorar a la paciente por vía vaginal para evitar producir hemorragias.
Inicialmente se debe realizar una ecografía abdominal para localizar la placenta (con la vejiga parcialmente llena de orina). La resonancia magnética es también un buen medio para diagnosticar la placenta previa.
Tratamiento de la Placenta Previa
La forma de proceder a la hora de dar a luz con placenta previa va a depender del tipo que sea y de su gravedad.
En caso de embarazo con placenta previa sin complicaciones, se programa un parto vaginal o cesárea sobre la semana 37. No se recomienda que el embarazo llegue a término porque el riesgo asociado a la placenta previa podría ser mucho peor que el hecho de tener un parto prematuro. Por ejemplo, habría que proceder a una cesárea urgente si aparece una hemorragia grave en las últimas semanas de gestación.
En general, la mayoría de mujeres con placenta previa parcial o total darán a luz a través de una cesárea, ya que un parto vaginal podría causar un sangrado intenso que podría ser mortal para la madre y el bebé.
En caso de embarazo con placenta previa que presenta sangrados abundantes y otros factores de riesgo, se procederá a hacer una cesárea si la mujer está de al menos 36 semanas. Antes de esto, es posible que sea necesario administrar corticosteroides para acelerar el proceso de maduración pulmonar del feto.
Si la mujer tiene menos de 35 semanas de embarazo, ésta permanecerá ingresada para controlar los sangrados y, en caso de sufrimiento fetal y/o hemorragia imparable, se procederá también a la cesárea.
Estas pacientes deben evitar las relaciones sexuales y la práctica de ejercicio físico a partir de las 20 semanas de gestación. También deben disminuir su actividad física general a partir del tercer trimestre. En placentas previas totales o parciales se debe realizar cesárea. Algunos autores consideran la posibilidad del parto vía vaginal en placentas marginales cuando la distancia entre el borde de la placenta y el orificio del cuello del útero es mayor de 2 cm.
La paciente debe ingresar en un centro hospitalario en la primera hemorragia para una cuidadosa monitorización tanto materna como fetal. La mayor parte de las hemorragias por placenta previa suelen detenerse por sí solas.
Si la edad gestacional está entre las semanas 23 y 34 se deben administrar corticoides para acelerar la maduración de los pulmones fetales. Estas pacientes pueden necesitar suplementos de hierro para corregir la posible anemia debida a la hemorragia.
Las placentas previas estables (sin sangrado o con sangrado mínimo) deben cumplir 36-37 semanas de gestación para programar el parto.
Si la hemorragia es moderada y el embarazo es mayor de 34 semanas, o si el sangrado se va incrementando progresivamente tras haberse interrumpido después de una hemorragia inicial, se debe realizar una cesárea si la paciente ha recibido corticoides durante el embarazo (y por tanto se supone una adecuada maduración de los pulmones del feto). Si no los hubiera recibido porque su primera hemorragia se produjo después de la semana 34, se debe realizar una amniocentesis para valorar la madurez pulmonar del feto.
Si la amniocentesis indica que los pulmones del feto están maduros se debe realizar una cesárea. Se trata de una urgencia obstétrica. Las cesáreas de urgencia en pacientes inestables se realizan bajo anestesia general.
La placenta previa aumenta el riesgo de sufrir hemorragias vaginales. Por este motivo, las mujeres con placenta previa precisan más transfusiones sanguíneas, extirpaciones del útero (histerectomías) tras el parto, ligaduras de las arterias uterina e iliaca o embolizaciones de los vasos sanguíneos de la pelvis, que las embarazadas que no sufren esta complicación.
El compromiso fetal depende del materno. Las complicaciones y la mortalidad de los recién nacidos de embarazos con placenta previa ha disminuido mucho en los últimos años, debido a las mejoras en el manejo obstétrico, a las cesáreas y a la mejora en los cuidados neonatales.
