Placenta Baja: Riesgos, Síntomas y Manejo Durante el Embarazo

La placenta es un órgano materno-fetal esencial que se desarrolla durante el embarazo, cumpliendo funciones vitales para el feto, como la respiración, alimentación y excreción a través de la madre. Sin embargo, pueden surgir complicaciones relacionadas con la placenta, siendo la placenta previa una de las más comunes.

¿Qué es la Placenta Baja o Placenta Previa?

Entendemos por placenta previa el hecho de que la placenta esté insertada en la parte baja del útero, lejos de su lugar habitual, que es el fondo del útero. Se denomina placenta baja a la que está cerca (a menos de 2 cm) de la abertura del cuello del útero. La placenta previa consiste en una mala colocación de este órgano en la parte baja del útero, tapando parcial o completamente el cuello del útero, lo que puede impedir el parto vaginal.

Esta anomalía de la inserción placentaria se presenta entre un 0,4-0,5% de los embarazos. La incidencia de placenta previa ha aumentado y actualmente se produce en 1 de cada 200 gestaciones. Según el artículo Prevalencia de placenta praevia por región mundial: una revisión sistemática y un metanálisis publicado en la revista médica TMIH, la incidencia de placenta previa es de aproximadamente 5/1000 nacimientos.

Generalmente las placentas de inserción baja no llegan al final del embarazo como tales, ya que suelen desplazarse hacia arriba como consecuencia del desarrollo de la porción inferior del útero a partir de las 32 semanas. Si la placenta previa se descubre durante la primera parte del embarazo, en general se resuelve para las 28 semanas a medida que el útero se agranda.

Tipos de Placenta Previa

A medida que avanza la gestación y el útero crece, la placenta se va desplazando por el útero. Durante los primeros meses de embarazo, es común que la placenta se encuentre en la parte más baja del útero, pero conforme avanzan las semanas de embarazo, la placenta va creciendo y situándose en la parte superior.

  • Placenta de inserción baja: la placenta se encuentra en el segmento inferior del útero pero no alcanza la abertura del cuello uterino.
  • Placenta previa marginal: la placenta está al lado del cuello uterino pero no cubre la abertura.
  • Placenta previa parcial: la placenta cubre parte de la abertura cervical.
  • Placenta previa total: la placenta cubre toda la abertura cervical. Este tipo también es conocido como placenta previa oclusiva.

Por tanto, los diferentes tipos de placenta previa se distinguen dependiendo de la severidad de obstrucción uterina. Pese a ello, hay especialistas que únicamente diferencian entre placenta previa menor o baja y placenta previa completa o mayor.

Factores de Riesgo y Causas

La causa de la placenta previa se desconoce. La causa exacta de la placenta previa es desconocida. Lo más común es pensar que esta anomalía en la placenta esté relacionada con causas uterinas o por alteraciones en la propia placenta. No obstante, existen algunos factores de riesgo que predisponen a las mujeres a sufrir esta complicación:

  • Causas uterinas: La porción inferior del útero no es la adecuada para que se inserte la placenta porque es más delgada, con menos musculatura que la zona superior.
  • Causas placentarias.
  • Malformaciones uterinas.
  • Embarazo gemelar o embarazo múltiple.
  • Haber tenido varios embarazos previamente.
  • Poco tiempo entre dos partos.
  • Haber tenido un parto previo por cesárea.
  • Cicatrices uterinas por abortos o cirugías previas.
  • Edad materna avanzada.
  • Tabaco y abuso de cocaína.

Síntomas de la Placenta Baja

Una placenta baja puede manifestarse con diversos síntomas, aunque en muchos casos no se presenta ningún signo evidente. La placenta previa solo sangra si se desprende. Algunas mujeres pueden experimentar sangrado vaginal indoloro durante el segundo o tercer trimestre del embarazo. Este sangrado puede ser leve o abundante y puede ocurrir de forma intermitente.

Entre el 70% y el 80% de los casos, la placenta previa se presenta como un sangrado vaginal repentino e indoloro de sangre roja y líquida. Entre un 10% y un 20% de los casos se producen además contracciones uterinas dolorosas. Existe tendencia a que el sangrado se interrumpa espontáneamente, con la ayuda del reposo. Sin embargo, lo habitual es que comience de nuevo días o semanas después con sangrados mayores e intervalos cada vez más cortos.

Es crucial que cualquier sangrado vaginal durante el embarazo se comunique de inmediato al médico, ya que podría indicar una placenta baja u otros problemas.

PLACENTA PREVIA: CLASIFICACIÓN, DIAGNÓSTICO, 🩸SÍNTOMAS🩸, MANEJO... - Ginecología y Obstetricia -

Diagnóstico de la Placenta Previa

El diagnóstico de placenta previa es clínico y su confirmación, ecográfica. La placenta previa se diagnostica mediante ecografía, en la que se observa si la posición de la placenta es la correcta o no. Se debe sospechar placenta previa en cualquier mujer que presente sangrado vaginal más allá de las 20 semanas. Si no se ha realizado una ecografía en el segundo trimestre y la embarazada refiere sangrado vaginal después de la semana 20, se debe hacer una ecografía para determinar la localización de la placenta antes de explorar a la paciente por vía vaginal para evitar producir hemorragias.

Inicialmente se debe realizar una ecografía abdominal para localizar la placenta (con la vejiga parcialmente llena de orina). La resonancia magnética es también un buen medio para diagnosticar la placenta previa.

Riesgos y Complicaciones

La placenta baja puede aumentar el riesgo de complicaciones tanto para la madre como para el feto. La placenta previa aumenta el riesgo de sufrir hemorragias vaginales. Por este motivo, las mujeres con placenta previa precisan más transfusiones sanguíneas, extirpaciones del útero (histerectomías) tras el parto, ligaduras de las arterias uterina e iliaca o embolizaciones de los vasos sanguíneos de la pelvis, que las embarazadas que no sufren esta complicación. El compromiso fetal depende del materno.

Entre los riesgos potenciales se incluyen:

  • Hemorragia: La placenta baja aumenta el riesgo de hemorragia durante el embarazo y el parto. Esta hemorragia puede ser grave y poner en peligro la vida de la madre y el bebé.
  • Parto prematuro: La placenta baja a menudo se asocia con un mayor riesgo de parto prematuro, lo que puede tener consecuencias negativas para la salud del bebé. La placenta previa incrementa en 8 veces el riesgo de sufrir un parto prematuro.
  • Problemas de desarrollo fetal: Si la placenta cubre completamente el cuello uterino (placenta previa total), puede interferir con el crecimiento adecuado del bebé. Retraso del crecimiento intrauterino. Mala presentación del feto. La ubicación de la placenta en la porción inferior del útero predispone a que el feto no tenga una presentación normal de cabeza (cefálica).
  • Cesárea: En muchos casos, las mujeres con placenta baja requerirán una cesárea programada en lugar de un parto vaginal para evitar el riesgo de hemorragia grave durante el parto.
  • Implantación anormal de la placenta o placenta accreta. La placenta accreta es la que se adhiere en exceso a la pared del útero y cuesta que se desprenda tras el parto, causando una hemorragia vaginal al desprenderse. Para tratarla puede ser necesario tener que extirpar el útero (histerectomía).
  • Vasa previa y cordón umbilical velamentoso. Anomalías congénitas.

Manejo y Tratamiento

El manejo de la placenta baja dependerá de su gravedad y de la etapa del embarazo. Estas pacientes deben evitar las relaciones sexuales y la práctica de ejercicio físico a partir de las 20 semanas de gestación. También deben disminuir su actividad física general a partir del tercer trimestre. Algunas mujeres experimentarán un desplazamiento de la placenta a medida que el útero crece, lo que resuelve el problema de manera natural. Sin embargo, en otros casos, es necesario realizar un seguimiento cuidadoso y tomar medidas preventivas.

En este sentido, si el sangrado es leve y la placenta está situada más baja de lo normal pero no obstruye el cuello del útero, el ginecólogo puede retrasar la cesárea y proponer una conducta expectante con reposo absoluto, un seguimiento intensivo y tratamiento para evitar un parto muy prematuro. Si, por el contrario, existen factores de riesgo de complicaciones para la madre y el feto, como sangrado abundante o la placenta obstruye totalmente el cuello del útero, puede ser necesario ingresar a la mujer embarazada para controlar el proceso y realizar una cesárea de urgencia.

Parto con Placenta Previa

La forma de proceder a la hora de dar a luz con placenta previa va a depender del tipo que sea y de su gravedad. La paciente debe ingresar en un centro hospitalario en la primera hemorragia para una cuidadosa monitorización tanto materna como fetal. En placentas previas totales o parciales se debe realizar cesárea. Algunos autores consideran la posibilidad del parto vía vaginal en placentas marginales cuando la distancia entre el borde de la placenta y el orificio del cuello del útero es mayor de 2 cm.

Si la placenta ocluye todo o casi todo el cuello uterino “habrá que realizar una cesárea por el riesgo de hemorragia”, señala la Dra. En caso de embarazo con placenta previa sin complicaciones, se programa un parto vaginal o cesárea sobre la semana 37. No se recomienda que el embarazo llegue a término porque el riesgo asociado a la placenta previa podría ser mucho peor que el hecho de tener un parto prematuro. Por ejemplo, habría que proceder a una cesárea urgente si aparece una hemorragia grave en las últimas semanas de gestación.

En general, la mayoría de mujeres con placenta previa parcial o total darán a luz a través de una cesárea, ya que un parto vaginal podría causar un sangrado intenso que podría ser mortal para la madre y el bebé. En caso de embarazo con placenta previa que presenta sangrados abundantes y otros factores de riesgo, se procederá a hacer una cesárea si la mujer está de al menos 36 semanas. Antes de esto, es posible que sea necesario administrar corticosteroides para acelerar el proceso de maduración pulmonar del feto.

Si la mujer tiene menos de 35 semanas de embarazo, ésta permanecerá ingresada para controlar los sangrados y, en caso de sufrimiento fetal y/o hemorragia imparable, se procederá también a la cesárea. Si la hemorragia es moderada y el embarazo es mayor de 34 semanas, o si el sangrado se va incrementando progresivamente tras haberse interrumpido después de una hemorragia inicial, se debe realizar una cesárea si la paciente ha recibido corticoides durante el embarazo (y por tanto se supone una adecuada maduración de los pulmones del feto). Si no los hubiera recibido porque su primera hemorragia se produjo después de la semana 34, se debe realizar una amniocentesis para valorar la madurez pulmonar del feto. Si la amniocentesis indica que los pulmones del feto están maduros se debe realizar una cesárea. Se trata de una urgencia obstétrica. Las cesáreas de urgencia en pacientes inestables se realizan bajo anestesia general.

La mayor parte de las hemorragias por placenta previa suelen detenerse por sí solas. Si la edad gestacional está entre las semanas 23 y 34 se deben administrar corticoides para acelerar la maduración de los pulmones fetales. Estas pacientes pueden necesitar suplementos de hierro para corregir la posible anemia debida a la hemorragia. Las placentas previas estables (sin sangrado o con sangrado mínimo) deben cumplir 36-37 semanas de gestación para programar el parto.

Las complicaciones y la mortalidad de los recién nacidos de embarazos con placenta previa ha disminuido mucho en los últimos años, debido a las mejoras en el manejo obstétrico, a las cesáreas y a la mejora en los cuidados neonatales.

Desprendimiento Prematuro de Placenta (DPP)

El desprendimiento prematuro de placenta es otra complicación grave del embarazo sucede cuando la placenta se desprende de la pared uterina antes de que nazca el bebé o incluso antes de que se inicie el parto. El DPP se manifiesta como una hemorragia uterina, con gran cantidad de coágulos que salen de forma brusca a través de la vagina, llegando a calar la ropa de la embarazada. Pero a veces esta hemorragia puede quedarse retenida en el interior del útero e ir saliendo a través de los genitales en forma de pequeñas cantidades como sangre negruzca.

Este sangrado se acompaña de dolor a nivel abdominal, que aparece bruscamente y puede llegar a ser muy intenso haciendo que la paciente no se pueda mover. Puede irradiarse este dolor a los muslos o la espalda. Asimismo, también aparece hipertensión arterial en la mayoría de los casos. Ante esta situación, la gestante debe acudir inmediatamente a urgencias, donde, tras ser explorada por un ginecólogo, se realizará una cesárea urgente con el fin de salvar la vida del feto, a no ser que la paciente llegue en dilatación completa o en periodo de expulsivo, donde se intentará un parto vaginal.

“No se sabe con exactitud las causas del desprendimiento de la placenta cuando está normalmente insertada . Un traumatismo abdominal puede provocarlo, pero deber ser de alta intensidad, como un accidente de tráfico. Como nos dice la ginecóloga Vanesa Núñez no es posible prevenir el desprendimiento de la placenta. Lo más importante es conocer los síntomas para acudir urgentemente a las urgencias de un hospital. “Suele presentarse con dolor abdominal intenso que incluso se irradia hacia la espalda, con aumento del tono uterino (endurecimiento del abdomen incluso entre contracciones) y sangrado escaso y muchas veces oscuro. Hay un riesgo muy elevado de muerte fetal, por que el bebé se queda sin oxígeno.

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