El Mito del Rey que Embarazó a su Abuela: Leyenda e Historia Entrelazadas

La historia y la leyenda, como hermanas, emergen de la pluma de un escritor o de los recuerdos de un pueblo. La historia es literatura, escrita una vez transcurrido un tiempo, con interés y recogiendo hechos incompletos desde un reduccionismo inevitable. Poco tiene que ver con la verdad.

La Familia de Carlos IV, obra de Francisco de Goya.

El Enigma de Felipe el Hermoso

El flamenco príncipe Felipe I de Castilla, conocido como ‘el Hermoso’, falleció en la Casa del Cordón en 1506, días después de su llegada a Burgos. Su muerte, ocurrida en la madrugada del 24 al 25 de septiembre de 1506, a los 28 años, sigue despertando sospechas después de 516 años.

La versión popular cuenta que el príncipe enfermó tras beber agua fría después de un partido de pelota, lo que le provocó fiebres y escupir sangre. A pesar de los esfuerzos médicos, su vida no pudo ser salvada. Sin embargo, persiste la duda: ¿murió realmente de esta manera?

Posibles Conspiraciones

Algunos manuales detectivescos sugieren preguntarse a quién beneficiaba su muerte. En aquella época, la lista de sospechosos es extensa:

  • El Rey Fernando el Católico, su suegro, podría haber ordenado un envenenamiento sigiloso.
  • Su esposa, Isabel de Castilla, también figura entre los sospechosos.
  • El Cardenal Cisneros y sus enredos políticos son otra posible causa.

Pero, ¿fue una muerte natural o un complot? Un libro reciente sugiere que fue eliminado con la misma eficacia que los tercios españoles emplearían siglos después en Flandes. Los síntomas que presentó, como fiebre alta, dolor en el costado, manchas en el cuerpo e infección en la lengua, apuntan a enfermedades como la escarlatina o incluso alguna venérea.

Juana la Loca: Amor, Dolor y Desesperación

A la muerte de Felipe, Juana enloquece, dando inicio a la leyenda. El bello príncipe deja viuda a la poderosa heredera, un reino sin futuro y una vida vacía. La historia cuenta que Juana, trastornada, se entrega a un viaje mortuorio por España, con escenas de amor al cadáver y desprecios constantes.

Generaciones de corazones han latido con la desgracia de Juana, la Loca, y la fatalidad que arrebató la vida de su esposo. ¿Habrían latido igual si hubiera sido víctima de un complot?

"Juana la Loca" por Francisco Pradilla.

El Matrimonio de Alfonso XII y María de las Mercedes

ALFONSO XII, REY DE ESPAÑA - BIOGRAFÍA Y ROMANCES

A las 12 del mediodía del 23 de enero de 1878, en la Real Basílica de Nuestra Señora de Atocha de Madrid, tuvo lugar una de las grandes bodas de la historia casa real española. Alfonso XII contrajo matrimonio con su prima la infanta María de las Mercedes de Orleans y Borbón tras recorrer un camino hacía el altar lleno de cantos y menos enamorado de lo que cuenta la lírica.

Restaurada en 1874 en España la monarquía de los Borbón en la figura de Alfonso, al nuevo rey se le plantearon tres retos: afianzar la dinastía, reconciliarla con sus enemigos y engordarla con herederos propios. Casándose con su pariente, contra viento y marea, humanizó su propia figura. Se casaba por amor, como el zapatero o el cuchillero, y no con cualquier prima, sino con una de 17 años.

Alfonso y María de las Mercedes se conocieron el mismo día del nacimiento de ella, el 24 de junio de 1860, ya que nació en el Palacio Real de Madrid cuando él sumaba dos años y ostentaba el título de príncipe de Asturias. La chispa no surgió entonces, naturalmente, sino cuando se encontraron en el castillo galo de Randan las Navidades de 1872, en un intento de su abuela materna por reconciliar a los Borbón con los Orleans.

Según varias fuentes, el pretendiente le llegó a confesar a un compañero de estudios del Theresianum de Viena que “cuando la vi, me di cuenta de que la quería desde antes de haberla conocido. Desde el primer instante comprendí el porqué de mi existencia”. Esta pasión no le impidió intimar con la cantante Elena Sanz -entre otras amantes-, con la que después tuvo dos hijos, Alfonso y Fernando Sanz, en 1880 y 1881, y a la que Isabel II llegó a describir como “mi nuera ante los ojos de Dios”.

Desde París, la primera en oponerse al matrimonio de su hijo y su sobrina fue la reina Isabel II, llegando a asegurar que “ni atada voy a esa boda”, ya que “contra la muchacha no tengo nada, pero con Montpensier no transigiré nunca”. Tras su negativa a acudir a la boda, la abuela materna del rey, la reina María Cristina de Borbón, se ofreció como madrina sin atender al hecho de que había sido expulsada de España, por corrupta, 24 años antes.

El día de la ceremonia amaneció enferma y fue sustituida por su nieta, la primogénita de “la reina de los tristes destinos” y hermana mayor de Alfonso, la infanta Isabel La Chata, que hasta entonces, a falta de consorte real, estaba empleada llevando a cabo funciones de primera dama.

El padre de María de las Mercedes se tuvo que conformar con ver la boda desde la barrera de la primera fila, ya que le impidieron ejercer de padrino al ser, en gran medida, responsable del derrocamiento de su cuñada y, ahora también, consuegra. Venido desde Francia, se hizo cargo del papel el ex rey consorte o rey consorte emérito, Francisco de Asís, progenitor oficial del novio.

La mayoría de historiadores le atribuyen al militar Enrique Puigmoltó, apodado como “el pollo real”, la paternidad biológica del bisabuelo del rey Juan Carlos, aunque otros se la conceden a Enrique de Borbón, hermano de Francisco de Asís. El duque de Sevilla no pudo asistir a la boda de su sobrino y la hija de sus primos porque había sido asesinado por el duque de Montpensier (el padre de la novia) en un duelo ilegal a pistola celebrado al amanecer del 12 de marzo de 1870.

El Gobierno también estaba en contra de la unión, ya que prefería como reina a una princesa de alguna corte extranjera con la que llevar a cabo alianzas políticas, hasta que su presidente, Antonio Cánovas del Castillo, entendió la argucia de Alfonso al ver cómo el pueblo, que había bautizado a María de las Mercedes como “carita de cielo”, devoraba diariamente los capítulos del folletín.

Con todos los impedimentos legales y religiosos sorteados, el 12 de diciembre de 1877, el duque de Sesto y el marqués de la Frontera, en representación del enamorado, pidieron a Antonio de Orleans la mano de su hija. El duque de Montpensier, creyendo que podría manipular políticamente a su sobrino, accedió satisfecho.

Tres días antes del enlace, María de las Mercedes, que residía en el sevillano palacio de San Telmo junto a sus padres, se instaló en el madrileño de Aranjuez. El día de la boda y vestida de novia, partió del real sitio en tren hasta la estación del Mediodía (actualmente de Atocha). Por el camino, la máquina se detuvo en los municipios más importantes para que los curiosos pudiesen ver a la infanta, que se había engalanado con un aderezo de diamantes y perlas.

Del vestido de novia se encargó Presentación Cervera Sánchez, la más célebre modista de su época en el país, quien cosió para la infanta un diseño abierto por el peto que marcaba la cintura y del cual se prendieron finos encajes y flores de azahar. El rey se hizo cargo de la factura. Por el traje nupcial, el velo de encaje de Alençon, pañuelo y abanico con las armas en el mismo encaje, pagó 32.545,8 pesetas.

El novio llegó a la basílica desde el Palacio de Oriente, preocupado por el estado de su futura, que había sufrido un ligero desvanecimiento. Vestía uniforme de pantalón blanco y guerrera azul marino con galones de capitán general y el Toisón de Oro. El rito fue oficiado por el patriarca de las Indias, Francisco de Paula de Benavides.

Ese 23 de enero, día de San Alfonso, se organizaron en Madrid, entre otras actividades, un desfile de las Tropas de la Guarnición en la plaza de Oriente y funciones en los teatros Alhambra, Apolo, Comedia, Español, Infantil, Martín, Novedades, Variedades y Zarzuela. La noche de bodas se encendieron por primera vez luces eléctricas en la Puerta del Sol a través de faroles con arcos voltaicos y las fuentes de Cibeles y Neptuno se rodearon con mecheros de gas encerrados en globos de colores.

Esa misma noche, los reyes presidieron un gran banquete en el Palacio de Oriente y al día siguiente una recepción en el Salón del Trono. Para cubrir el lecho real se utilizó un tapiz bordado en oro que había sido confeccionado y recientemente restaurado en la Real Fábrica de Tapices.

Por fin, el día 28 de enero, Alfonso y María de las Mercedes se despidieron de los duques de Montpensier y sus hijos, que se instalaron durante unos días en El Escorial; de los reyes María Cristina y Francisco de Asís (suegra y yerno se volvieron a París), y de los embajadores llegados para la boda. Hasta mediados del mes de febrero, el monarca y su consorte disfrutaron de su luna de miel en El Pardo, donde comían poco y casi no salían de la cama.

A principios del mes de marzo, la reina se quedó embarazada y los médicos le recomendaron reposo como fórmula para aliviar su malestar. Antes de estrenar abril, María de las Mercedes sufrió un aborto. Durante toda la primavera, la salud de la consorte siguió preocupando en la corte hasta que en junio pareció mejorar, aunque la paciente, muy pálida, continuó sintiendo escalofríos, fiebre y agotamiento. El 24, mientras sonaban las salvas de cañonazos para celebrar su 18 cumpleaños, María de las Mercedes recibió la extremaunción entre constantes vómitos de sangre. Dos días después, pasadas las 12 del mediodía, la Orleans, a la que ya era difícil reconocer, falleció en los brazos de su amado Alfonso XII. Con esta muerte nació la leyenda de opereta de la dalia que cuidaba Sevilla y el real mozo muy cortesano con bigote y patillas.

Juana de Castilla: Entre la Cordura y la Locura

Con su rostro ovalado, nariz fina, piel clara y cabello rubio, Juana de Castilla fue atractiva desde su niñez. Aprendió latín y poseía aptitudes para la música. En 1497, a los 17 años, se trasladó a los Países Bajos para casarse con Felipe el Hermoso. Pese a las diferencias de carácter, surgió un afecto intenso que se tradujo en seis hijos.

El destino de Juana cambió tras una serie de fallecimientos en su familia española. En octubre de 1497 murió su hermano Juan, y un año después, su hermana Isabel. Su hijo recién nacido, Miguel, murió antes de su segundo cumpleaños, dejando a Juana como heredera.

Primeras Alarmas

Las Cortes de Toledo en 1502 marcaron un punto de inflexión. Empezó a cuestionarse su idoneidad para gobernar. En su testamento, Isabel la Católica expresó dudas sobre la salud mental de Juana, prohibiendo asignar cargos a extranjeros para evitar una usurpación por parte de Felipe de Habsburgo.

Algunos estudiosos argumentan que la "locura" de Juana fue una conspiración política masculina para inhabilitarla y permitir que Felipe o Fernando controlaran Castilla. Sin embargo, existen pruebas de que Juana era demasiado inestable para gobernar. Su actitud era tan anómala que su familia temió que estuviera poseída por el diablo.

Confinamiento y Muerte de Felipe

El ferviente deseo de Juana de reunirse con su esposo chocaba con las intenciones de su madre de que aprendiera a gobernar. Tras varias discusiones, Juana fue confinada en el castillo de La Mota. En junio de 1506, Felipe comunicó que asumiría total autoridad si Juana no quería o no estaba en condiciones de gobernar.

La muerte repentina de Felipe el Hermoso en 1506 supuso un tremendo golpe emocional para Juana. Se negó a tratar asuntos urgentes, demostrando una vez más su incapacidad para el gobierno. Fernando el Católico tomó las riendas de Castilla.

Encierro de por Vida

Juana fue trasladada a Tordesillas, acompañada de su hija menor, Catalina. Su primer guardián fue reemplazado por maltrato. El marqués de Denia restringió su acceso a información política sensible. Durante cuatro años, no se le informó de la muerte de su padre.

A pesar de la idea de una conspiración, su familia le mostró un profundo apego. Recibió visitas de sus hijos y nietos. Hacia el final de su vida, su familia se preocupó por su alma. No quería comer, ni se aseaba, ni oía misa.

Juana I de Castilla murió en 1555, a los 76 años, tras haber permanecido confinada casi medio siglo. Sus últimas palabras fueron "Jesucristo crucificado, ayúdame". Juana luchó por ser una buena hija, esposa y madre, aceptando sus debilidades y su incapacidad para gobernar cuando enfermaba.

Juana ante el féretro de Felipe, por Lorenzo Vallés.

La Familia de Carlos IV: Un Retrato Revelador

Goya comenzó a pintar "La Familia de Carlos IV" en Aranjuez en 1800, entregándola en agosto. La inspiración proviene de "La Familia de Felipe V" de Van Loo, aunque con un enfoque más familiar. La escena se encuadra en un salón del palacio, donde los personajes posan luciendo sus mejores galas.

La escena gira en torno a la figura central de la Reina, que abraza a sus dos últimos vástagos. A ambos lados, dos grupos encabezados por el Rey y el Príncipe de Asturias. La pose de los personajes es informal, con detalles cariñosos de intimidad.

Francisco de Goya: Un Genio Detrás del Lienzo

Nacido en Zaragoza, Goya fue un pintor de carácter agudo e irascible. Se trasladó a Madrid, donde se convirtió en pintor cortesano y real. Se casó con Josefina Bayeu, con quien tuvo cinco hijos, de los cuales solo uno sobrevivió. Conoció a Leocadia Zorrilla, su compañera de vida, con quien tuvo una hija, Rosario. Falleció en Burdeos y fue enterrado junto a su consuegro por falta de recursos.

En su obra, plasma el sentimiento popular, haciendo al pueblo protagonista. La amistad con Martín Zapater fue su mayor alegría. La relación con la Duquesa de Alba ha sido sobrevalorada. Durante la "francesada", Goya retrató a los "afrancesados" y a José I, recibiendo la Real Orden de España.

Personajes Retratados

Dentro del cuadro existen varios personajes retratados, cada uno con su propia historia y peculiaridades:

  1. Infante D. Carlos María Isidro: Segundo en la línea de sucesión, ferviente católico y conservador. Se alzó en armas tras la muerte de Fernando VII, dando inicio a las Guerras Carlistas.
  2. Infante D. Fernando VII: Su educación estuvo marcada por el disimulo, la mentira y la crueldad. Fue un rey felón y nefasto.
  3. Infanta Doña María Josefa: Hermana de Carlos IV, fea y de carácter amargo. No tuvo relevancia política ni social.
  4. Infanta Doña María Isabel: Casada con el príncipe Francisco de las Dos Sicilias, tuvo 12 hijos. Fue una mujer apasionada e inteligente, excluida de la sucesión al trono español.
  5. Reina María Luisa de Parma: De carácter voluble y despótico, tuvo 14 hijos. Sus amantes no buscaban su cuerpo, sino su influencia.
  6. Infante D. Antonio Pascual: Su nombre se hizo famoso durante la rebelión contra los franceses. Fue masón activo y estuvo excluido de la sucesión al trono.
  7. Carlos IV: Un rey ambiguo, honrado y bondadoso, dominado por su mujer.
  8. Infante D. Gabriel: Hermano de Carlos IV, aficionado a la Química, pero corto de inteligencia.
  9. Infanta Doña María Amalia: Esposa del Infante D. Pedro Carlos, participó en la vida política de Portugal.

Mujeres en el Poder: Más Allá de la Locura y el Mito

A lo largo de la historia, muchas mujeres han sido relegadas a papeles secundarios, pero algunas destacaron por su inteligencia y capacidad política. Las hermanas de Carlos I/V, Catalina (1507-1578) e Isabel, supieron seguir la estela de la Reina Católica y participaron en el gobierno y la sociedad. Juana I, a pesar de su imagen de "loca", fue hija de Reina y madre del Emperador.

Estas mujeres, con un fuerte sentimiento religioso, intervinieron en la política y se preocuparon por el bien del Reino. Isabel de Portugal (1503-1539), esposa de Carlos V, fue una figura clave en la política imperial. Juana de Austria (1532-1573), madre del rey portugués don Sebastián, también siguió la estela de la familia imperial.

La dedicación a lo público y a lo político fue una constante en estas mujeres, que no tuvieron empacho en intervenir en los asuntos de gobierno cuando fue necesario. La estela de Isabel I de Castilla no se había perdido con ellas.

Personaje Rol Logros
Isabel la Católica Reina de Castilla Unificación de España, apoyo a Colón
Juana I de Castilla Reina de Castilla Heredera al trono, madre del Emperador
Isabel de Portugal Emperatriz consorte Figura clave en la política imperial
Juana de Austria Princesa de Portugal Madre del rey portugués don Sebastián

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