Duelo Espiritual Tras la Pérdida de un Bebé: Acompañamiento y Significado

La pérdida de un bebé, ya sea durante la gestación o poco después de nacer, es una experiencia profundamente dolorosa que afecta a todos los niveles del ser: emocional, físico, psicológico y, de manera significativa, espiritual. Este duelo, a menudo subestimado socialmente, merece reconocimiento y validación para facilitar un proceso de sanación saludable.

La Importancia de los Rituales Simbólicos

Existen circunstancias en torno a algunos fallecimientos que impiden a los dolientes celebrar un ritual de despedida como un funeral o un entierro. Los rituales de despedida tienen una gran importancia en el proceso de elaboración y aceptación de una pérdida. En nuestra cultura, debido a la tendencia que existe a encubrir todo lo relacionado con la muerte, solemos minusvalorar la importancia de estos ritos. Es como si la mente necesitara ver y participar de esta experiencia para marcar el inicio del duelo.

Por un lado, estos ritos dan la oportunidad al doliente de hacer más real la pérdida y, por otro, cumplen una función social, permitiendo compartir el dolor. En la lucha por que todo se mantenga igual, necesitamos evidencias que, aunque son dolorosas, también son necesarias y nos permiten poner en marcha procesos. También hay momentos del proceso de duelo que requieren ser marcados con un hito. Hay otros casos en los que directamente no hay posibilidad de hacer un entierro o un funeral, o en los que el doliente no puede acudir por la circunstancia que sea.

La despedida no es un acto que implique olvido, ni que deba ser impuesto ni por uno mismo o por los demás. Implica un acto de profunda aceptación de lo que ha ocurrido. Por supuesto, no es obligatorio ni necesario para elaborar el duelo, pero sí es interesante que el doliente lo tenga en cuenta y se pare a mirar cómo encaja en su proceso, porque puede que en su caso concreto suponga una ayuda. Por todos estos motivos, además de las necesidades personales concretas de cada doliente, plantear algún tipo de rito de despedida simbólico, puede suponer un avance en la elaboración del duelo.

Elaborando una Despedida Simbólica

Esta valoración de idoneidad sólo la puede hacer el doliente. Elaborar una despedida simbólica no tiene un guión o unas pautas prefijadas, pero sí es conveniente elegirlo y planificarlo desde el corazón. No puede ser algo forzado, debe surgir desde la autenticidad de quien lo organiza y, si es entre toda la familia, que sea consensuado. Puede ser útil hacerse un par de preguntas antes de planificarlo si no tenemos claro qué hacer:

  • ¿Qué es lo que quiero simbolizar/despedir/marcar?
  • ¿De qué manera podría plasmarlo?

Muchas veces no tiene por qué ser algo complicado o enrevesado, puede ser algo más sencillo, del día a día. Lo fundamental es que tenga un significado sentido para quien lo realiza.

Ritual para despedirte de tu bebe no nacido y por que es importante

El Duelo como Proceso Personal y Espiritual

El duelo es el proceso de elaboración de la pérdida de situaciones, vínculos, propiedades, objetos, personas… que dejan de estar cerca de nosotros y cuya ausencia, provoca añoranza y sensación de vacío. De ahí, que el duelo vaya unido a otro concepto que es el de la pérdida. Y es ésta la que causa sentimientos de tristeza y de aflicción. Puesto que la vida conlleva continuamente pérdidas, que podemos llamar “cotidianas” y que afectan tanto a nivel evolutivo, social, cultural, laboral, física y psicológicamente, e incluso espiritualmente, los duelos forman parte de nuestro crecimiento como personas. El duelo es, por tanto, un proceso de reconocimiento de la pérdida que se ha producido hasta su aceptación y la posibilidad de establecer nuevos vínculos. Se trata de una experiencia que es universal y que afecta a todas las personas.

La experiencia de las pérdidas nos afecta en todos los ámbitos y dimensiones de nuestra vida, incluso en la dimensión espiritual. Ésta se relaciona con dos conceptos muy importantes, por un lado la trascendencia, es decir la capacidad de ir más allá de lo concreto para poder tener una mirada más amplia y con mejor perspectiva de aquello que nos ocurre en la vida. Nuestra vida está compuesta no sólo por acontecimientos agradables sino también por otros, que han sido dolorosos, es por ello que somos fruto de todo lo que hemos vivido a lo largo de nuestra vida. La fe nos ayuda a relativizar y a encontrar un propósito mayor y más amplio de lo que llegamos a comprender con nuestras limitadas capacidades humanas. Por eso, Francisco habla de un amor más fuerte, es decir, de la capacidad que tenemos de poder sentir y percibir la presencia de Alguien con mayúscula, Dios, que acoge nuestro dolor y nos ayuda a integrarlo como parte de la experiencia vivida y que en algún momento, se convertirá en agradecimiento por todo lo que llegamos a experimentar, a vivir, a crecer, a compartir con la persona que ha desaparecido.

Para los creyentes, la pérdida supone el reconocimiento de que el amor estuvo presente en la relación con la persona fallecida, y por tanto, el duelo se convierte en el proceso de revertir el dolor humano de la separación en experiencia agradecida por el amor recibido y en ofrenda a Dios por todo lo que ha supuesto en nuestra vida. El amor es capaz de transformar el dolor de la separación, por el cariño agradecido por todo lo vivido y compartido con la persona fallecida. Humanamente la pérdida no tiene mayor sentido que el cierre de un ciclo vital.

Emociones Comunes en el Duelo Perinatal

La muerte de un ser querido puede traer varias respuestas emocionales y físicas. Sin embargo, en el contexto de la muerte perinatal, también debemos tener en cuenta el aspecto fisiológico del embarazo, el parto y posparto.

  • Shock, incredulidad, insensibilidad o sensación de despersonalización: recibir la noticia de que un bebé ha muerto o que va a morir puede provocar un estado de shock, incredulidad e insensibilidad.
  • Tristeza, vacío y anhelo: es muy frecuente que la muerte de un bebé cause una profunda sensación de tristeza y pérdida.
  • Soledad y aislamiento: después de la muerte de un bebé, es posible sentir la necesidad de aislarse para darse tiempo de asimilar lo sucedido.
  • Envidia: es una de las emociones más difíciles de gestionar en un duelo perinatal, un sentimiento de tristeza o enojo que experimenta la persona que desearía tener para sí misma algo que otra posee y en este caso, ver a otras mujeres embarazadas o disfrutando de la crianza de sus bebés remueve profundamente el posparto de la persona cuyo bebé ha muerto.

La Continuidad de los Vínculos

Hoy en día se reconoce que muchas personas dolientes mantienen una fuerte conexión con la persona fallecida y que lo más habitual es que sea saludable y no un síntoma patológico. Sin embargo, es crucial tener la posibilidad de hablar de las personas fallecidas en su entorno cercano o que tengan una presencia y reconocimiento en el entorno social. Como en muchas relaciones, la intensidad y dinámica de estos vínculos suelen cambiar con el paso del tiempo.

Los padres que pierden hijos viven inmersos en un mundo en el cual siguen conectados y comunicándose con sus hijos, aunque tras su muerte han sido ubicados en un nuevo lugar y han cambiado de “estatus”. Las tradiciones orientales y occidentales construyen filosofías y tradiciones místicas en la experiencia directa y la realidad trascendente de las madres y padres que pierden hijos, encontrándonos a menudo que participan de ambos ámbitos. Madres y los padres no ignoran la muerte, la afirman, en ocasiones desmesuradamente, al colocar a su hijo en todo lo que les rodea.

En ellos, la muerte es la vida perdida, mientras la vida recordada es la muerte dominada a nivel social. Se hace más patente en la continuidad de vínculos y refleja, a su vez, el nivel de profundidad en las creencias religiosas o espirituales. La construcción de estructuras en la conexión espiritual con los hijos fallecidos está confeccionada por diferentes estructuras y formatos entre los que incluimos una imaginería establecida culturalmente, en la que conversaciones, sueños, textos, luces y otros elementos construyen una estructura sensorial y semiótica que hace posible “ver” lo invisible y hacer visible lo intangible.

Escultura «Amar sin latido» del escultor JG Trapiello, en homenaje a los bebés que mueren durante la gestación o al poco de nacer.

El Impacto en la Relación de Pareja

La pérdida de un embarazo puede afectar significativamente la relación de pareja. A menudo, cada persona puede experimentar el duelo de manera diferente, lo que puede generar incomunicación y malentendidos. Fomentar un espacio de diálogo abierto y sincero donde ambos miembros se sientan escuchados y comprendidos puede fortalecer la relación. Quien pierde un embarazo siente que ha perdido toda la alegría e ilusión proyectada hacia quien iba a ser su hijo o hija. La autocompasión es vital en este proceso.

Cuando un aborto no es reconocido o integrado en el sistema familiar, el impacto puede manifestarse de diversas maneras, y afecta tanto a los padres como a los hijos. Es posible que, especialmente la madre, pueden sentir una profunda culpa o tristeza tras un aborto, incluso si no lo reconocen conscientemente (a veces lo niega por proteger a sus hijos). Esto puede atrapar nuestra atención e impedir que estemos plenamente presentes. El aborto también puede afectar a la relación de pareja, especialmente si uno de los miembros no procesa adecuadamente el duelo o la culpa. A veces, la relación se enfría o puede que se generen conflictos no resueltos que se arrastran a lo largo del tiempo.

Apoyo Profesional y Comunitario

Es importante conceder espacio a la expresión emocional, sabiendo que cada miembro de la familia ha de tener su propio espacio y estilo de expresión. Los niños necesitan sentir seguridad y percibir que el mundo que les rodea es seguro. Las pérdidas de los progenitores, en ocasiones, pueden tambalear esta seguridad que necesitan para desarrollarse de forma emocionalmente sana. Por eso es muy importante que ante una pérdida de uno de los padres, se pueda comunicar de forma sincera y adaptada al lenguaje del niño qué es lo que ha ocurrido y qué es lo que va a ocurrir en el futuro.

Si te encuentras en una situación en la que sientes que necesitas ayuda de un profesional, pídela. Otra opción que ayuda a muchas mujeres y sus parejas son los grupos de apoyo. Proporcionamos un entorno confidencial y sin juicios donde las personas pueden expresar sus sentimientos de tristeza, culpa, ira y confusión. Ofrecemos herramientas y estrategias para manejar la tristeza y la ansiedad. Guiamos a las personas a través de las etapas del duelo, ayudándolas a comprender que no hay una forma «correcta» de vivir esta experiencia.

Todas estas claves pretenden servir de orientación a las personas que han sufrido la pérdida de un ser querido o intentan ayudar a una persona doliente de su entorno.

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