El fallecimiento hace más de dos años del emblemático arquitecto Ricardo Bofill causó una enorme conmoción internacional. No en vano siguió activo hasta el final y su firma aparece en edificios y complejos de todo el mundo.
El hotel Vela de la Ciudad Condal, los complejos de viviendas Walden 7, la Muralla Roja, el aeropuerto de Barcelona, la sede de Shiseido Ginza en Tokio y la de Cartier en París son solo algunos ejemplos del currículum de un profesional trabajador y brillante que todavía a sus 82 años consideraba que podía reinventar la arquitectura.
La Muralla Roja, uno de los proyectos emblemáticos de Ricardo Bofill. Fuente: Wikimedia Commons
Una vida bajo los focos
Más allá de su labor profesional, su vida personal tuvo su continuidad en la crónica social y sería su hijo Ricardo quien llevara a la familia a las portadas y a programas de televisión en los que a veces su imagen no salía bien parada. Algo que el propio Bofill júnior se ha encargado de enmendar optando por una vida sana, entregado al trabajo y apartado voluntariamente de los focos, aunque ocasionalmente concede alguna que otra entrevista para, quizás, recordar que cualquier tiempo pasado no siempre fue mejor.
Durante los años 90 y principios del siglo XXI fue el arquitecto más díscolo de España, pero hoy, Ricardo Bofill Jr., el ex de Chábeli y de Paulina Rubio, es un hombre nuevo. Este catalán de ascendencia italiana se codeó desde pequeño con lo más alto de la jet de Barcelona, ya que su padre, Ricardo Bofill Leví, fue uno de los arquitectos más importantes del mundo.
El joven del mismo nombre estaba llamado a ser su sucesor... 'Ricardito', como se le llamaba entonces por su inocultable deje de "niño bien", estaba feliz entre focos y cámaras: aparecían supuestas mujeres que habían estado con él (la que se hizo más famosa, Montse Páez) y este se dedicaba a desmentir las historias que circulaban por los mentideros de la prensa del corazón de la época.
Fue uno de los personajes más peculiares del mundo rosa de los 90 pero, de la noche a la mañana, desapareció del ruedo mediático. ¿Qué le sucedió?
Quizás porque heredó de su madre, la actriz italiana Serena Vergano (82), cierta vena artística, Bofill le cogió el gusto a eso de ponerse delante de los focos. Siempre que le preguntaban, respondía. Y con bastante arte, además.
En el 2003 dije que me iba y la revista Interviú me ofreció 60.000 euros para que lo contara, pero les dije que justamente lo tenía que hacer gratis para acabar con todo y se lo expliqué a un cronista de EL MUNDO".
Ricardo tiene perfil de Instagram, no es ajeno a los tiempos actuales, pero en el momento de escribir estas líneas, no llega a 6.000 seguidores, y los posts que comparte están estrictamente relacionados con su trabajo o con sus aficiones, como el deporte.
Ricardo Bofill Taller de Arquitectura. Fuente: divinity.es
Al frente del legado familiar
Junto a su hermano Pablo (15 años más joven que él y fruto de la relación de su padre con Annabelle D'Huart), está al frente del despacho RBTA -Ricardo Bofill Taller de Arquitectura. Es director de diseño y en los últimos años ha estado volcado en proyectos en Rusia, China e India. Entre los que ha llevado adelante en este último país, están la remodelación de las oficinas de Google en Nueva Delhi o un barrio residencial en Chennai.
Formación de élite no le falta para dirigir el buque insignia que levantó su progenitor. En el terreno personal, mantiene una relación estable desde mediados de la década de 2010 con Gabriela, una venezolana con la que comparte una vida alejada del foco mediático en Barcelona.
En su perfil de Instagram lo siguen poco más de 8.900 seguidores. En los tiempos que corren, y teniendo en cuenta su background como personaje de la crónica social, la cifra retrata de manera muy precisa cuán out está del show business televisivo.
Un pasado mediático y tormentoso
Ricardo Bofill hijo no reniega de su pasado ni intenta ponerse de perfil, como dejó patente en una entrevista con 'El País' en 2019: "No me escondo, pero decidí que quería acabar con ello, porque no era óptimo para una trayectoria seria. Me enseñaron que era joven y debía vivir, tener experiencias".
¿Cómo llegó Ricardo Bofill a ese nivel de deterioro de sus costumbres y a tener una visión tan dura de sí mismo? Pues lo cierto y verdad es que hijo del recordado arquitecto y de la bella actriz italiana Serena Vergano lo tenía todo a su favor -creció rodeado de bonanza económica, la mejor formación y los mejores contactos- para que su vida no hubiera tenido estos baches tan severos ni para verse sometido a un escrutinio público como el suyo.
Así como con Chábeli Iglesias dio tanto que hablar con el vídeo que comercializaron sobre su historia de amor, sería con Paulina, con la que tuvo una relación que duró entre los años 1995 y 2004, cuando más se prodigó en espacios como 'Tómbola' o 'Crónicas marcianas', se convirtió en carne de paparazzi, especialmente para los desnudos, y protagonizó con ella aquella pintoresca boda africana celebrada en 1999, pero sin validez legal alguna.
Ricardo y Paulina estuvieron juntos ocho años. Durante ese tiempo parecían ser el tándem perfecto. Si bien paseó su idilio con Chábeli, con Paulina hizo lo propio. Pero elevado a la máxima potencia.
En 1999 llegaron a celebrar una "boda" simbólica según un rito africano. Por supuesto, aquella ceremonia no tuvo validez legal.
Tras cerrar el capítulo sentimental con Paulina Rubio, Ricardo Bofill vivió una breve relación con la actriz Ana Turpin (47). Su fugaz noviazgo se hizo público tras el estreno de dicha producción. La intérprete fue la protagonista de su primera y única cinta como director.
Tras su fallido intento de triunfar como realizador, Ricardo Bofill Jr. decidió dar un giro a su vida. Años después reconoció públicamente que tuvo severos problemas con las drogas.
Él mismo relató que se sumergió en el mundo de la noche y tuvo que hacer frente a adicciones. "Mi hermano me ha salvado la vida. Me ha visto tomar drogas, tomar todo", confesó en una entrevista en ¡HOLA! "Nunca pensé que iba a necesitar un tratamiento, pensaba que tenía el control. Estaba en contra, pero mi hermano dio la voz de alarma", añadía.
Con el cambio de milenio llegaba su gran bajada a los infiernos. Un durísimo momento de su vida que retrató el escritor Miquel de Palol en un artículo, haciéndose eco de sus propias palabas:"Me había vuelto un egoísta, me había convertido en una bête du circ, en un exhibidor folclórico de mí mismo, metido en una espiral de falta de respeto por la familia, por las mujeres y por mí mismo. Era un sádico hedonista que causaba daño a los demás sin que me afectase. Mi padre me aconsejó un doctor, una eminencia apreciada internacionalmente. Me reconoció y recomendó el ingreso inmediato. Ni un minuto más.
Ricardo Bofill y Paulina Rubio, en 2003. Fuente: Getty
Relaciones y matrimonios
La entrada en la prensa rosa del arquitecto se produjo por la puerta grande ya que, en 1993 se casaba con Chábeli Iglesias. Apenas tres años duró ese matrimonio, que no terminó precisamente de buenas maneras...
Y si él recorría los platós y disfrutaba de su nuevo estatus de 'celebrity' patria, ella se desquitaba más tarde hablando de él en la revista Vogue: "La gran diferencia entre Christian (Altaba, su actual marido) y Ricardo es que uno no tiene vicios y el otro sí los tenía", recalcaba la socialité a la biblia de la moda.
Disuelto el matrimonio, Bofill empezó otra mediática relación: en esta ocasión con Paulina Rubio, con quien estuvo de 1996 a 2004. Paulina Rubio, junto a Ricardo Bofill Jr. Y si la de Chábeli terminó de malas maneras, con Paulina las cosas fueron algo mejor, pese a que Bofill vivía entonces los peores años de sus adicciones.
Tiempo después de su ruptura, el arquitecto declaraba públicamente que se alegraba mucho de que a la mexicana las cosas le fuesen bien (fue esa también la mejor época laboral de la cantante), y revelaba el curioso detalle que Rubio se quedó tras su noviazgo: "Paulina y su madre, Susana Dosamantes, viven en una casa que les hice en Miami Beach.
La casa se llama Ananda (el nombre de uno de los discos más populares de Paulina), que en sánscrito significa 'felicidad", decía Bofill en la aludida entrevista.
En febrero de 2020 y en las páginas de '¡Hola!', Ricardo Bofill también se pronunciaba sobre su primer matrimonio, pasando de puntillas: "Sé que está bien, al igual que Enrique (Iglesias) y el resto de una familia fantástica y admirable. Todos mantenemos una relación cordial. Piensa que nos hemos vuelto a encontrar en muchos sitios. Sin dar muchos nombres, tengo una relación con todas las personas que han sido importantes en mi vida".
La misma diplomacia que empleó para referirse a Paulina Rubio, con quien sí protagonizó momentos algo más salvajes, como cuando ella vino a España a presentar una gala de Miss España y los vecinos de habitación de Marina d'Or se quejaban de que no habían podido pegar ojo en toda la noche y el equipo de Telecinco, cadena que retransmitió la gala, se quejaba de que la 'chica dorada' no se había presentado a los ensayos con su compañero Jesús Vázquez, algo que presenció quien firma este reportaje.
De Chábeli dice que mantiene una “relación cordial” y que los Iglesias Preysler son “una familia fantástica”. “Piensa que nos hemos vuelto a encontrar en muchos sitios. Sin dar muchos nombres, tengo una relación con todas las personas que han sido importantes en mi vida". dice.
Mantiene también las formas para hablar de su otra ex, Paulina Rubio. “Me alegro de que le hayan ido las cosas tan bien. Vive en una casa que les hice en Miami Beach. La casa se llama Ananda y en sánscrito significa felicidad”, recuerda.
Una nueva vida enfocada en la arquitectura
Tras superar sus problemas personales, Bofill optó por una vida mucho más reservada. En el 2016, en una entrevista en 'RT', desvelaba el carácter cosmopolita de su trabajo y la trascendencia que tenía para él. "Nos hemos centrado, sobre todo, en países de Norteamérica y Centroamérica. Latinoamérica es una asignatura pendiente y espero que hagamos más cosas allí. Es un reto importante, otro reto". Y así ha sido, pues, como ya hemos dicho, ha tenido proyectos en otras latitudes y con notable éxito.
Ricardo aprovechaba entonces para rendir homenaje a su padre. Unas palabras que cobran ahora particular significado: "Es un arquitecto legendario, un maestro, es mi tutor, mi mentor, además de padre. Me ha llevado en la solapa por todas partes. Él tiene un equipo, algunos de ellos ya retirados, y mezclamos la experiencia de la vieja guardia con el frescor y lo nuevo de los jóvenes dinámicos, radicales en términos diseño".
Tras pasar por desintoxicación, Ricardo terminó para siempre con las noches de consumo de cocaína y fiesta sin final. Ahora le preocupa cuidar su alimentación y practica deporte: “Intento ir hacia la salud. A medida que te haces mayor, tienes que cuidarte más y hacer más deporte".
Ricardo reconoce que aunque a veces lo siguen reconociendo por la calle, la vida discreta le ha permitido tener una existencia cómoda y relativamente anónima. “Estoy muy centrado en el trabajo, y soy muy casero. Tengo diez amigos de toda la vida. Salimos en moto, voy a conciertos en el Palau de la Música, practico el surf…”, dice. También es habitual verlo participando en ponencias sobre arquitectura en congresos y seminarios.
Y respecto a cómo es su día a día, daba algunas pistas muy concluyentes: "Estoy muy centrado en el trabajo y soy muy casero. Tengo diez amigos de toda la vida. Salimos en moto, voy a conciertos en el Palau de la Música, practico el surf. Vivo frente a la playa de Barcelona, al final de la Diagonal, en una zona en la que no se me conoce. Estoy soltero y no tengo hijos. Ayer le llevé la mona de Pascua a mi ahijada. Disfruto mucho de los niños de mis amigos".
A sus 58 años, hoy poco queda de aquel animal televisivo que incluso se atrevió a dirigir dos películas ('Hot milk' y 'Nietzsche') que pasaron sin pena ni gloria.
Hoy Ricardo Bofill vive en un piso frente a la playa en Barcelona, al final de la Diagonal: "Estoy muy centrado en el trabajo y soy muy casero. Tengo diez amigos de toda la vida. Salimos en moto, voy a conciertos en el Palau de la Música, practico el surf. Estoy soltero y no tengo hijos", revelaba al citado medio.
Ricardo no tiene novia ni la busca, tampoco quiere niños: “Disfruto de los de mis amigos”, dice. Su última relación conocida fue la actriz Ana Turpin, a la que dirigió en una película llamada “Hot Milk” que fue cruelmente vilipendiada por la crítica.
En la actualidad, Ricardo Bofill Jr. es un hombre discreto que valora su intimidad., ha ganado algunos kilos y se le ve sereno. Vive frente a la playa de Barcelona junto a su novia, una guapísima venezolana llamada Gabriela, y está dedicado en cuerpo y alma a la arquitectura, pasión heredada de su padre y su abuelo.
En exclusiva, desveló entre risas que "estamos un poco fuera del circuito, somos muy discretos. Es increíble que muchos sigan ahí después de tantos años. Pones la tele y sigues viendo a Coto Matamoros y compañía...
Sorprende que Ricardo no llama a su madre mamá sino que se refiere a ella como Serena. Hace 15 años desapareció de la prensa del corazón para dedicarse de lleno a a la arquitectura, ha vuelto para ver actuar a su madre.
Entre madre e hijo hay una química especial, de protección. El arquitecto acaparó portadas de la prensa rosa en los años 90
Reconforta verlo sano después de unas declaraciones dónde se abrió de par en par: "Me había vuelto un egoísta, me había convertido en una 'bête du cirque', en un exhibidor folclórico de mí mismo, metido en una espiral de falta de respeto por la familia, por las mujeres y por mí mismo. Era un sádico hedonista que causaba daño a los demás sin que me afectase. Mi padre me aconsejó un doctor, una eminencia apreciada internacionalmente. Me reconoció y recomendó el ingreso inmediato. Ni un minuto más. Cuando entré aquí, me daban tres meses de vida si continuaba con ese ritmo".
De todas formas, tras estos escarceos artísticos de 'enfant terrible', pronto empezaría a dar los primeros pasos para apuntalar su actual vida, en la que no ha habido lugar para el escándalo ni las 'boutades' verbales a las que fue tan proclive en esos tiempos oscuros.
Ahora es una mezcla de su padre y del viudo de la duquesa de Alba, Alfonso Díez. Ricard, catalán, es hijo de la guapísima Serena Vergano, exnovio de la grandiosa Paulina Rubio, director de la fracasada película Hot milk... Ricardo hijo ha sido muchas cosas. Ahora descansa en el anonimato.
Lo parodiaron como el paradigma del pijo barcelonés. Aparecía a menudo en Crónicas marcianas, él y su imitación, y era un animal televisivo, tenía un imán, era hipnótico. Ahora tiene el pelo blanco, largo, de genio de la música, de la pintura, o de la arquitectura, y va con look excéntrico, la bolsa colgada en frente, fular, gafas pequeñas, un personaje. Que vuelva Ricard Bofill, hijo.
En el documental Ricardo Bofil, la hoja en blanco, el nuevo programa de Imprescindibles que rinde homenaje a la figura de su padre, hemos podido ver un Bofill muy diferente. Tras estudiar arquitectura, la "carrera seria" que su familia quiso para él, Ricardo Bofill Jr. empezó a tontear con ciertas sustancias, a convertirse en un habitual de la prensa del corazón Y empezó a aparecer en programas de televisión como Crónicas marcianas. La prensa lo llamaba por aquel entonces 'Ricardito', por su notable deje de "niño bien". Con todo ello, poco a poco Bofill fue introduciéndose en el mundo de la noche y los excesos.
Tras participar en programas como Tómbola, divorciarse de Chábeli Iglesias y separarse de Paulina, Bofill tocó fondo en 2005 tanto por sus excesos como por sus aventuras amorosas.
