Diferencias en el Desarrollo Embrionario entre Fetos Masculinos y Femeninos

Seguro que si estás pensando en tener un hijo o ya lo estás esperando te habrás preguntado acerca del sexo del bebé. El sex ratio, que se define como el número de niños nacidos respecto al número de nacidos totales, es según las últimas estadísticas de 0.52. Lo que quiere decir que de cada 100 recién nacidos vivos, 52 de ellos son chicos y 48 chicas.

No obstante, vemos que en reproducción asistida el sex ratio sí se puede sufrir variaciones en función de algunas condiciones. Así pues, aquellos embriones originados mediante la técnica de ICSI tienen más probabilidades de ser chicas, mientras que aquellos originados mediante FIV chicos. También existen diferencias si la selección embrionaria se realiza en estadio de células (hasta día 3 de desarrollo embrionario) o en estadio de blastocisto. Siendo más probable que elijamos chica si lo hacemos en estadio de células y más probable que sea chico si lo hacemos en blastocisto.

Como hemos visto las condiciones de cultivo y prácticas habituales pueden hacer que se produzca un sesgo en el sex ratio, en nuestro caso hemos revisado todos los nacimientos producidos a lo largo del 2015 y 2016 con ayuda de técnicas de reproducción asistida.

Ayer concluía el congreso ASEBIR al que presentamos, entre 11 trabajos de investigación algunos de ellos conjuntamente con la Cátedra de Medicina Reproductiva de la Universidad de Alicante, este estudio retrospectivo en el que evaluamos si la velocidad de desarrollo de los embriones influía en el sexo de los recién nacidos derivados de técnicas de reproducción asistida, tanto en ovocito propio como en ciclos de ovodonación.

Los resultados obtenidos mostraron que los embriones masculinos (XY) se desarrollan más rápidamente que los femeninos (XX) por lo que en el momento de la transferencia, cuando ésta se realiza en día 5, los primeros se encuentran en estadios más avanzados de desarrollo. Estos embriones serán los mejor catalogados según las clasificaciones actuales y por tanto los candidatos a transferir e implantar. Esto sugiere que, con la transferencia en día 5, podríamos estar generando un sesgo positivo a favor de los varones.

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Velocidad de Desarrollo Embrionario y Sexo del Embrión

Aunque el sexo del embrión queda definido en el momento en el que se unen el óvulo y el espermatozoide, no es hasta aproximadamente cinco semanas después cuando el embrión se comienza a desarrollar de forma diferente según su sexo. Hasta este momento el embrión se encuentra en un periodo conocido como periodo indiferenciado de desarrollo sexual.

Esto significa que con la valoración únicamente visual de un embrión en el periodo que pasa en el laboratorio no podríamos conocer cuál es su sexo.

Hace unos años se introdujeron en el ámbito de la fecundación in vitro equipos time-lapse, que son equipos con cámaras de alta resolución que permiten observar de manera continuada al embrión. Esto permitió ampliar enormemente el estudio de la forma y velocidad en que los embriones se desarrollan. Fue entonces cuando aparecieron las primeras publicaciones que observaron que había alguna diferencia en la velocidad de división según su sexo.

Aprovechando este fenómeno se han generado modelos que analizando la velocidad de división de un embrión predicen su sexo. Pero lo hacen de forma inexacta por lo que, actualmente, la única forma de conocer con certeza el sexo de un embrión es mediante el análisis de su carga genética (DGP).

Gracias a la tecnología time-lapse que acopla un sistema de grabación al incubador donde se encuentra el embrión con una atmósfera controlada, se han podido analizar hitos que no eran apreciables al ojo del embriólogo con los incubadores tradicionales, en los que se observaba el estado de desarrollo del embrión una vez al día durante el tiempo que se encontrase en el laboratorio, para evitarles alterar su ambiente todo lo posible.

En este caso, un estudio retrospectivo observacional de 359 embriones, y comprobado posteriormente por diagnóstico genético preimplantacional, señala que los embriones que tienen una dotación genética XY, que darán lugar a un varón, se desarrollan más rápido en fase embrionaria que los embriones que darán lugar a niñas.

Los primeros días de desarrollo del embrión comprenden una primera fase de división celular, en la que el zigoto fecundado se divide en dos, en cuatro, en ocho células… y una fase de mórula en la que los límites de las células se desdibujan seguida de la diferenciación de la que surge el blastocisto, en el que se observa un botón celular que dará lugar al feto y una capa de células alrededor de una cavidad llena de líquido que será el origen de la placenta y los tejidos extraembrionarios.

Según los resultados del estudio, que se expusieron en la 30º edición de la SEF (Sociedad Española de Fertilidad) los embriones varones alcanzan antes dos momentos cruciales en el desarrollo:

  • El paso de tres a cuatro células, denominado s2, determina la simetría en el ritmo de división
  • La llegada a mórula, que es un punto importante porque en él los genes del embrión comienzan a tomar decisiones y determina si el embrión es capaz de hacer su primera organización de tejidos podrá evolucionar o no.

En la bibliografía ya se habían registrado especies en las que es conocida la diferencia de desarrollo de los embriones según el sexo, y también hay literatura en la que se recoge indicios sobre diferencia de desarrollo en embriones humanos. Este estudio corrobora esos resultados y acota los momentos del desarrollo donde se marca la diferencia entre sexos: en el paso de 3 a 4 células y en la llegada a mórula.

Los embriones femeninos tardan más tiempo en la sincronía 2, tardando más de 2 h en el paso de 3 a 4 células, y formando la mórula entre la hora 80,8 y 98,3 tras la inseminación. Para los embriólogos si un embrión forma la mórula dentro de este rango, será indicio de que el embrión es femenino, con una certeza del 71%, explica el responsable de esta investigación, el Dr. Fernando Bronet.

En ningún caso los resultados de este estudio pueden sustituir al diagnóstico genético preimplantacional en el caso de que necesitemos elegir el sexo del embrión, ya que el DGP da mucha más información al analizar los cromosomas que componen el genoma del embrión antes de su transferencia.

La Influencia de la Placenta y las Hormonas

Los hijos heredan un par de cromosomas sexuales de los padres, uno X o Y del padre y otro X de la madre. Si el padre transmite el cromosoma Y, el hijo será genéticamente del sexo masculino, mientras que si el cromosoma transmitido es el X tendrá género femenino. Esta es, en reglas generales, una explicación bastante simple sobre el desarrollo sexual del feto.

También se sabe que los testículos y la testosterona intervienen en la formación de los órganos genitales masculinos, pero ahora se ha descubierto que el desarrollo del pene fetal no depende sólo de ellos, sino que hay otros condicionantes y otros órganos, especialmente la placenta, que también están implicados.

Si el embrión recibe el cromosoma Y de su padre será genéticamente un niño, pero no necesariamente desarrollará órganos sexuales masculinos, ya que tendrá que pasar un complejo proceso en el que interviene especialmente la placenta y donde una pequeña variación hormonal durante la gestación puede abrir otras posibilidades.

“Nuestros resultados demuestran que la masculinización del feto varón depende no sólo de los testículos, sino también de otros tejidos, especialmente de la placenta”, explican los investigadores.

Alrededor de la semana 10 de embarazo comienza la masculinización del feto, que llevará a la formación del pene y al desarrollo de los órganos internos masculinos, como la glándula prostática, pero antes de eso, los fetos masculinos y femeninos tienen genitales ambiguos y similares, subrayan los investigadores, que han publicado su estudio en la revista "PLOS Biology".

Hasta ahora se pensaba que en el feto masculino los testículos producían testosterona y esta hormona ayudaba a garantizar el desarrollo de un pene en lugar de la formación de un clítoris femenino. Sin embargo, el estudio demuestra que en el correcto desarrollo del pene fetal no sólo interviene la testosterona proveniente de los testículos sino también una segunda hormona producida en la placenta y en otros tejidos.

Se trata de una "supertestosterona" o DHT (dihidrotestosterona), que procede tanto de los testículos como de otros órganos, entre ellos la placenta. La acción de la hormona DHT interviene en el tubérculo genital (un órgano que es común a varones y féminas y que es previo a la diferenciación del aparato reproductor) y hace que se transforme en un pene masculino. Si el tubérculo genital no entra en contacto con la dihidrotestosterona se acaba desarrollando un clítoris femenino.

El estudio también sugiere una explicación sobre los trastornos de insuficiencia placentaria que conducen a la hipospadia (un defecto de nacimiento en el que la abertura de la uretra no se encuentra en el lugar correcto) y otras anomalías en el crecimiento de los genitales externos masculinos.

Los investigadores midieron los diferentes esteroides presentes en el plasma y en el tejido fetal durante el segundo trimestre de gestación, cuando se producen las fases críticas en el desarrollo del pene. El estudio también detectó que las enzimas que producen la androsterona están activas en la placenta de la madre y en el hígado del feto, pero no en los testículos. Como esta hormona se puede producir a partir de la progesterona, una de las principales hormonas que produce la placenta, los científicos señalan a este órgano como clave junto con los testículos en el desarrollo fetal de los órganos sexuales masculinos.

La participación de la placenta también les lleva a pensar que una disfunción de este órgano podría estar asociada con trastornos del desarrollo sexual.

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