El amor maternal es el más profundo de todos los amores; es el único sentimiento que puede desafiar a los sucesos prósperos o adversos, a la ausencia, al olvido y a la muerte; es como el alma, inmortal.
La madre es el alma de la humanidad, es el ángel que vela nuestros sueños, la que aspira nuestro primer aliento, la que imprime en nuestros labios el primer beso de amor.
La madre cifra toda su dicha en la ventura de sus hijos; no tiene otro porvenir que el de estos, con los cuales ríe si gozan, y padece dolores acerbos si los sufren ellos. ¡Sacrificio y abnegación!
El corazón de la buena madre es la pira inextinguible del amor; el manantial de los sentimientos elevados; el foco de las grandes ideas.
El hombre necesita en su infancia el amor de su madre, como necesita en su juventud el amor de una mujer buena que le libre de las corrupciones del vicio.
Una madre espartana tenía un hijo cobarde y al saber que se había portado mal en la batalla díjole con energía: Malos rumores corren acerca de ti, haz que mueran o muere tú. ¡Madre!
El alma de la buena madre es una égloga, su corazón un idilio, su mirada un poema, su palabra una balada de amor.
El porvenir de una criatura es casi siempre obra de su madre, decía Napoleón I. Para cumplir una madre su misión necesita desenvolver en su hijo las facultades morales, porque darle la vida física únicamente no es gran cosa.
La madre es la gran influencia del universo, porque en su seno se forma la sociedad. Chateaubriand es una prueba de este aserto; devoto en la infancia, al separarse de su madre en la juventud, sus ideas religiosas sufrieron gran cambio porque los amigos incrédulos le habían extraviado; súpolo su madre y le escribió una conmovedora carta, manifestándole que su ateísmo le costaba muchas lágrimas y procurando despertar por mil medios sus sentimientos hacia la religión en que había sido educado.
El Estrago Materno: Una Perspectiva Psicoanalítica
El término "estrago materno" ha ganado relevancia en el ámbito del psicoanálisis, especialmente en relación con la comprensión de la dinámica entre madres e hijas. Este concepto, acuñado por Jacques Lacan, se refiere a los efectos mortíferos que puede tener la relación madre-hija en la constitución subjetiva de la mujer.
Definición y Origen del Concepto
El concepto de "estrago materno" surge como una forma de entender la complejidad de la relación entre madre e hija, especialmente en lo que respecta al desarrollo de la feminidad. Lacan plantea que, mientras que la frase "la mujer como síntoma de un hombre" puede describir ciertas dinámicas en la relación hombre-mujer, no ocurre lo mismo en la relación madre-hija.
Lacan introduce el término "estrago" para describir los efectos devastadores que puede tener la relación madre-hija. Este término resuena con los efectos mortíferos de dicha relación, sugiriendo que la influencia materna puede ser tanto constructiva como destructiva.
Es importante destacar que Lacan propone algo inédito en la clínica de lo femenino a través de la oposición del binomio Madre/mujer y llega a decir “cuanto más madre menos mujer”.
El Deseo de la Madre y su Impacto
Uno de los aspectos centrales del estrago materno es el deseo de la madre. Según Lacan, es fundamental diferenciar entre la mujer y la madre, ya que no es lo mismo ubicarse en un lugar o en otro. Si una mujer se identifica puramente como madre, excluye su propia feminidad. Será el deseo de la mujer en la madre lo que permita limitar la pasión materna, hacer de ella no-toda para su hijo.
En principio Lacan tomó los conceptos del Edipo freudiano. En el Seminario 4 (1956) hace muchas referencias al respecto, dirá que el pequeño interviene como sustituto, como compensación, en una referencia sobre lo que le falta a la mujer. De lado del niño, si todo va bien, se identificará con el objeto imaginario de ese deseo. Sin embargo, sabemos y cuanto antes lo asuma el niño mejor para él, que esta es una «relación imaginaria tramposa» ya que ni es el falo, ni la falta será saturada.
La madre, dependiendo de dónde ubique al hijo, puede favorecer esta salida u obstaculizarla. Pero, «el niño no sólo colma, también divide. Que divida es esencial. Ya hemos dicho que es esencial que la madre desee más allá del hijo… Cuanto más colma el hijo a la madre, más la angustia, de acuerdo con la fórmula según la cual lo que angustia es la falta de la falta. La madre angustiada es, de entrada, la que no desea -o desea poco, o mal- como mujer… Se les suele negar la perversión a las mujeres… Pero eso sería no ver que la perversión es, en cierto modo, normal por parte de la mujer es lo que se llama amor materno, que puede llegar hasta la fetichización del objeto infantil.
El amor maternal se manifiesta no en los cuidados corporales, ya que no sería suficiente, sino en las palabras que pueda dirigirle, aquellas que transmiten un deseo no anónimo, el deseo de un sujeto independiente de ella, podríamos decir. Ofrecer palabras de amor, sencillas y tiernas, como canta Serrat, pero no tan eróticas podemos agregar, ya que -recordemos- la palabra también causa el goce en el cuerpo. «No hay amor sino de un nombre», decía Lacan en el Seminario 10 (1962) y creo que vale para el amor hacia un hijo.
¿Qué es el Instinto Maternal?
Lacan se interroga sobre si «la mediación fálica drena todo lo pulsional que puede manifestarse en la mujer, y en particular toda la corriente del instinto maternal»8 y nos podemos responder que siempre queda un resto real que lo fálico no llega a recubrir. Lacan, cada vez más, ubica que lo simbólico no consigue «domesticar» del todo lo real pulsional. Por lo tanto, no será la falta de amor sino los excesos los que complican la constitución subjetiva del recién nacido y será necesaria una separación.
Hay varias maneras de querer demasiado, por un lado, demasiada madre en tanto ubica al hijo como lo que la completa, demasiado ocupada en el niño. Cuanto el hijo más tapona la falta, menos mujer y más amor de madre con mayor prevalencia del goce. En el otro extremo, demasiada mujer, en tanto lo abandona porque ese hijo no consigue convocarla al lugar de madre, no otorga al hijo brillo fálico y goza más allá del falo.
Lo que drena, además, es «la otra cara de los poderes de la palabra: la que significa más allá de sus dichos, en sus silencios, contradicciones, hiatos, sus equívocos, todo lo que no dice pero deja entender. Veis cómo rápidamente nos vamos a lo que no tiene que ver con el amor ya que, por supuesto, no podemos hablar de amor puro sino enlazado, lo más equilibradamente posible, al deseo y al goce.
En cuanto a la madre, el equilibro estaría entre la mujer y la madre, el deseo de mujer en la madre es un deseo que limita la pasión maternal. B. Nominé nos decía en una ocasión que, en el trabajo con niños, tenemos que preguntaros qué mujer es esta madre. «La madre entonces marca con su palabra, le toca transmitir la Lalangue, es lalengua privada de la pareja originaria de la madre y su pequeño prematuro. La lengua Eros del primer cuerpo a cuerpo, cuyas palabras dejan huella por el goce que encubren» (Soler).
El don activo del amor conlleva la puesta en juego del orden simbólico. Amar, implica hacerlo más allá de lo que parece ser. Podemos decir que el amor de una madre será posible si ve más allá de la captura imaginaria. Si la madre puede aceptar, sin desestabilizarse demasiado, la particularidad del sujeto que se va constituyendo y tomando sus identificaciones propias.
El amor maternal Implicará, suponer un sujeto singular donde todavía no lo hay, capaz de separase de ella, dotarlo de cierto brillo fálico a la vez de poder tolerar sus dificultades, sus diferencias, como las elecciones particulares que haga. Es decir, que su amor se pondrá realmente a prueba si consigue soportar las respuestas que el hijo de a su ofrenda, ya que el hijo colma pero también divide y podrá aceptar, rechazar o hacer aquello que no estaba en los planes imaginarios de la madre.
Podemos pensar que el aforismo «Dar lo que no se tiene a quien no lo es», en la relación madre-hijo es donde más se puede poner a prueba.
Diferencias entre Freud y Lacan
Aunque tanto Freud como Lacan exploraron la feminidad, Lacan continúa las investigaciones de Freud, proponiendo una perspectiva que destaca la importancia de la diferenciación entre la madre y la mujer. Lacan introduce la noción de un goce femenino que desborda y excede el encierro fálico, lo que permite comprender la histeria y devuelve al enigma al cual se aproxima Lacan a través de sus fórmulas de la sexuación y la explicación del todo y no todo.
El Amor Maternal y el Fantasma
El amor maternal, como todo amor, está estructurado por el fantasma. Dependiendo de dónde ubique la madre al hijo en su fantasma, si como objeto causa de su deseo o como condensador de goce, la relación tomará diferentes caminos.
La alienación, inherente al amor, tiene una particularidad en la relación madre-hijo, ya que tienen estatutos diferentes: uno como sujeto con poder sobre el recién nacido y el otro como objeto indefenso, absolutamente dependiente. Este estado de objeto real deja al niño a merced de la madre, quien puede usarlo como una posesión para gozar.
La Importancia de la Palabra
El amor maternal no se manifiesta solo en los cuidados corporales, sino en las palabras que la madre dirige al hijo. Estas palabras transmiten un deseo no anónimo, el deseo de un sujeto independiente de ella.
La madre marca con su palabra, transmitiendo la "Lalangue", la lengua privada de la pareja originaria de la madre y su pequeño prematuro. Esta lengua Eros del primer cuerpo a cuerpo deja huella por el goce que encubre.
Excesos y su Impacto
No es la falta de amor, sino los excesos, lo que complica la constitución subjetiva del recién nacido. Hay varias maneras de querer demasiado: demasiada madre, que ubica al hijo como lo que la completa, o demasiada mujer, que abandona al hijo porque no consigue convocarla al lugar de madre.
El Amor Maternal a Prueba
El amor de una madre se pone a prueba si consigue soportar las respuestas que el hijo da a su ofrenda, ya que el hijo colma, pero también divide, y podrá aceptar, rechazar o hacer aquello que no estaba en los planes imaginarios de la madre.
Anorexia Infantil y el Estrago Materno
En la anorexia infantil, se observa una confusión entre necesidad, demanda y deseo en la relación materno-infantil. La madre confundiría la demanda del niño como si se tratase simplemente de satisfacer la necesidad, cuando la oralidad es la primera fuente de satisfacción del niño.
El conflicto que estalla en la relación de nutrición lleva implícito el malentendido con el Otro: a la demanda de ser nutrido la desborda un deseo y, precisamente para que no se extinga, el sujeto no se deja nutrir, se niega a desaparecer como deseo.
Lacan en "La dirección de la cura" (8: pag 259) escribe: "[ ...Lo que al Otro (la madre) se le pide dar es precisamente lo que no tiene, puesto que a ella también le falta el ser, es lo que se llama amor...]". El amor es, pues, el signo de la falta en el Otro.
Sin embargo, la madre del niño anoréxico, en palabras de Lacan (8: pag259) "... en lugar de lo que no tiene, le atiborra con la papilla asfixiante de lo que tiene, es decir, confunde sus cuidados con el don de su amor". La madre en este caso sólo quiere que el niño coma, sustituye su amor por los cuidados y los alimentos: reduce la demanda a la necesidad y así aplasta el deseo.
Casos Clínicos y Ejemplos
A lo largo del texto, se mencionan varios casos clínicos que ilustran el impacto del estrago materno. Estos ejemplos muestran cómo la dinámica entre madre e hija puede influir en la salud mental y emocional de la mujer a lo largo de su vida.
Uno de los casos presentados es el de una mujer joven, casada y con hijos, que consulta angustiada y preguntándose "¿quién soy?". Ella dice estar segura de que les ocurrirá una desgracia y experimenta dificultades en su relación conyugal. Este caso ejemplifica cómo una relación materna conflictiva puede generar inseguridad y ansiedad en la vida adulta.
El Instinto Maternal: ¿Mito o Realidad?
El instinto maternal es un concepto que a menudo escuchamos asociado a la maternidad. Pero, ¿qué significa realmente? ¿Es algo que todas las mujeres poseen de manera innata o es una construcción social que nos han inculcado? El instinto maternal se refiere a una inclinación natural que algunas personas creen que tienen las madres para cuidar, proteger y nutrir a sus hijos. Este término se ha popularizado tanto en la cultura como en la ciencia, pero no siempre se define de manera clara.
Mitos sobre el Instinto Maternal
- Uno de los mitos más comunes es que todas las mujeres, al convertirse en madres, desarrollan automáticamente un instinto maternal que las capacita para criar y cuidar de manera perfecta a sus hijos. Para algunas mujeres que han sido madres, la llegada de su bebé puede generar una mezcla de angustia y miedo, dudas y temores, sentimientos que contrastan con la imagen idealizada de lo que ‘deberían’ estar viviendo: “¿Seré una buena madre? ¿Seré capaz de atender sus necesidades y cuidarle adecuadamente?”.
- La idea de que sentirás una conexión automática y profunda desde el primer momento puede generar mucha presión. La maternidad es una experiencia que se construye paso a paso. No siempre llega como un torrente de emociones positivas desde el principio, y eso también está bien. Cada mujer vive este proceso de manera distinta, así que si no sientes que es el momento más maravilloso de tu vida, no te castigues por ello.
- Es crucial desmentir esta creencia. Cada experiencia de maternidad es única, y no sentir un instinto maternal inmediato no te hace menos madre ni menos capaz de criar a tu bebé.
- Este mito supone que solo las madres biológicas tienen instinto maternal, lo cual es totalmente falso.
- Nos encantaría que fuera cierto, pero lamentablemente no es así. El instinto maternal no es infalible. Aunque pueda ayudarte a tomar decisiones, criar a un hijo es un camino lleno de ensayo y error.
Realidades sobre el Instinto Maternal
- Es totalmente cierto que el instinto maternal tiene una base biológica. Durante el embarazo y el posparto, el cuerpo produce hormonas como la oxitocina, también conocida como “la hormona del amor”, que fomenta el apego y los cuidados hacia el bebé.
- Aunque el término está asociado a las madres, el instinto maternal puede manifestarse en cualquier persona que ejerza un rol de crianza, como padres - como hemos visto anteriormente-, pero también en abuelos o cuidadores. Por ejemplo, un estudio reciente de la Universidad de Bar Ilan, en Israel, revela que ciertas áreas del cerebro de los padres altamente implicados en el cuidado de sus bebés muestran una activación similar a la de las madres durante el embarazo.
- El instinto maternal no es uniforme. Algunas mujeres sienten un fuerte impulso desde el principio, mientras que otras pueden tardar más en desarrollarlo.
- Aunque el instinto maternal puede no ser inmediato, suele desarrollarse con el tiempo y la práctica.
- El instinto maternal no solo está relacionado con las hormonas; también se nutre del amor, la empatía y el compromiso que se construye día a día.
- Al igual que cualquier aspecto de la maternidad, el instinto maternal puede fluctuar. Hay días en los que te sentirás más segura de ti misma y días en los que tendrás dudas.
El instinto maternal, cuando se siente, puede ser una herramienta maravillosa en la crianza. Eso sí, siempre es bueno complementarlo con un poquito de lógica, información y adaptación a lo que realmente necesita tu peque. ¿Has oído alguna vez que las madres tienen un sexto sentido? Desde el nacimiento, la madre observa atentamente las expresiones del bebé: los diferentes tipos de llanto, los movimientos de sus manos, las sonrisas y también los berrinches. Este instinto, afinado con la experiencia del día a día, refuerza la confianza de la madre en su capacidad para proteger y cuidar a su hijo.
Un fuerte instinto maternal puede ayudar a las madres a responder rápidamente a las necesidades de sus hijos, creando un entorno seguro y acogedor. Aunque el instinto maternal puede ser una fuerza positiva, también puede llevar a la sobreprotección si no se maneja con cuidado.
¿Qué hacer si no sientes el Instinto Maternal?
Si no sientes que el instinto maternal esté presente de manera inmediata, no te preocupes:
- Busca apoyo: Hablar con otras madres, familiares o profesionales puede ayudarte a sentirte más segura y apoyada en tu rol.
- Aprende sobre crianza: La información es poder.
- Confía en ti misma: La maternidad es un proceso de aprendizaje. Es normal cometer tener dudas.
¿Soy mala madre si no sé qué necesita mi hijo? ¿Qué quiere mi hijo de mí? Probablemente estas sean algunas de las preguntas que te atormentan cada día. Pero sin ir más lejos, no sentir instinto maternal no significa que seas una mala madre. Es posible que necesites más tiempo para adaptarte o que tu conexión con tu hijo se desarrolle de una manera diferente. E incluso en algunos casos, la falta de instinto maternal puede estar relacionada con condiciones como la depresión posparto (si sientes que esto podría ser tu situación, busca apoyo profesional. Pero también hay que tener en cuenta que influyen otros factores como el deseo que se transmite y se aprende en relación con lo vivido como hijo y en conexión con una cultura y contexto determinado.
Si te has declinado por esta opción debes saber dos cosas: la primera es que no eres rara. Y la segunda es que no eres la única ni lo serás. El papel de la mujer ha cambiado en las últimas décadas y la prioridad de muchas mujeres a día de hoy - sobre todo de mujeres jóvenes- no es la de ser madres. El instinto maternal es un concepto complejo que puede ser diferente para cada mujer. No es una receta mágica que garantice una maternidad perfecta, ni debe ser una fuente de presión. Recuerda que ser madre no significa ser perfecta. Es un camino lleno de desafíos, aprendizajes y recompensas, y cada paso que das cuenta como un acto de amor hacia tu hijo.
De hecho, el papel de la mujer ha cambiado en las últimas décadas y la prioridad de hoy ya no es sólo la de ser madre. Tradicionalmente se veía la maternidad como un hecho que daba sentido a la vida de las mujeres, pero cada vez son más las que deciden no serlo. Entonces, ¿existe realmente el instinto maternal? Si aplicamos esta definición a las mujeres, todas deberían sentir el instinto maternal y, en consecuencia, las mismas reacciones biológicas antes de ser madre. Ahora bien, ¿por qué no es así?
Lo cierto es que no existen pruebas que avalen la existencia de un impulso instintivo por tener hijos en todas las mujeres. Todavía hoy las mujeres que no desean ejercer la maternidad encuentran innumerables obstáculos. Se las califica de egoístas y se les asegura que se arrepentirán si deciden no tener descendencia. Cada ser humano ha de ser libre de elegir su camino y la maternidad es únicamente una opción personal.
El embarazo activa un conjunto de reacciones biológicas, y hace que se produzcan también cambios en el cerebro. La materia gris se vuelve más concentrada. La actividad aumenta en las regiones que controlan la empatía, ansiedad, e interacción social. De hecho, la oxitocina es una hormona que genera de forma natural el hipotálamo y es segregada por la glándula pituitaria, que está situada en la base del cerebro. Se le conoce como la ‘hormona del amor’ porque está relacionada con el surgimiento de sentimientos positivos como el orgasmo, el amor, la felicidad y el apego entre mamá y bebé.
Como ya hemos dicho anteriormente, lo cierto es que la existencia del instinto maternal no se ha comprobado científicamente, pero sí se ha mantenido en la sociedad hasta llegar a considerarse como algo normal y necesario. Es por esto que muchas mujeres se cuestionan su papel de madre. Si una mujer no siente el instinto maternal durante su embarazo, ¿será peor madre? En Fertilab Barcelona nos gusta mirar más allá y pensar que el instinto maternal es mucho más. Es, por ejemplo, cuidar al bebé, atenderle, alimentarse, abrazarlo, protegerlo. Es, sobre todo, querer a tu hijo.
El instinto maternal tiene más relación con el cuidado del bebé y no solo con el deseo de ser madre. En general, los diferentes estudios se inclinan más por describirlo como un medio de adaptación a la nueva situación que llega a la vida. Y es que la maternidad es el día a día. Y las noches. Son las emociones que no se preparan, pero que surgen. Las emociones que no se buscan, que sencillamente, aparecen. Y es entonces, cuando se sienten. No busques el instinto maternal.
Nos gusta definirnos como “los artesanos de la reproducción asistida” porque afrontamos con pasión nuestro trabajo, nuestra vocación. Buscamos la excelencia en todos los aspectos del proceso de diagnóstico y en la aplicación de todos los tratamientos de manera personalizada. El instinto maternal no tiene que ver con fertilidad, tiene que ver con reconocer a un recién nacido como hijo y de ser capaz de proporcionarle cuidado, amparo, sostén, amor. Pero, para ello tiene que tener a su hijo enfrente. Si llevas tiempo intentándolo sin resultado, queremos ayudarte.
Tabla Resumen: Conceptos Clave del Estrago Materno
| Concepto | Descripción |
|---|---|
| Estrago Materno | Efectos mortíferos de la relación madre-hija en la constitución subjetiva de la mujer. |
| Deseo de la Madre | Importancia de que la madre no se identifique puramente como tal, sino que mantenga su propia feminidad y deseo. |
| Confusión Necesidad-Deseo | En la anorexia infantil, la madre confunde la necesidad del niño con su deseo, aplastando este último. |
| Palabra Materna | Las palabras de la madre transmiten un deseo no anónimo y son fundamentales en la constitución subjetiva del hijo. |
