Beneficios de la Remolacha Durante la Lactancia: Una Guía Detallada

La lactancia materna es la forma ideal de alimentar al niño durante el primer año de vida. Si se ha optado por la lactancia artificial, o la lactancia materna no ha sido posible, existen en el mercado fórmulas lácteas adaptadas a las necesidades nutricionales del niño. En este caso, se recomienda utilizar el tipo de leche recomendado por el pediatra siguiendo estrictamente las normas de preparación. Durante los 4-6 primeros meses de vida se utilizan las fórmulas denominadas de inicio y a partir de los 4-6 meses las de continuación.

A partir de los 6 meses de vida, tanto la leche materna como la proveniente de las fórmulas adaptadas resultan insuficientes para mantener las necesidades calóricas y nutricionales del niño. Por ello, a partir de los 4-6 meses se recomienda empezar a introducir la alimentación complementaria, igual que hacemos con el resto de los niños.

La lactancia materna impone ciertas restricciones dietéticas a la mujer, ya que sus ingredientes llegan al bebé junto con la leche y pueden causar problemas digestivos: hinchazón, heces blandas, cólicos y diátesis. Durante este período, todas las madres responsables se preguntan si este o aquel producto dañará al bebé. Esta misma duda surge con respecto al consumo de remolacha. Por un lado, es una fuente de vitaminas y minerales, y por otro, las verduras y frutas rojas pueden causar alergias.

La remolacha es una verdura única por la discrepancia entre sus propiedades beneficiosas y su precio. Este producto económico supera a muchos productos similares de alto precio en cuanto a la riqueza de sus componentes curativos. Ha ocupado un lugar destacado en la dieta humana, comenzando su historia hace siglos en la costa mediterránea y extendiéndose por todo el mundo.

Composición y Beneficios de la Remolacha

Sus beneficios residen en su composición química: gran cantidad de proteínas, vitaminas B, PP, C, E, caroteno y ácido fólico. Contiene abundante hierro, magnesio, calcio, yodo, potasio y fósforo. Junto con la fibra y los ácidos orgánicos, tiene un efecto beneficioso sobre los sistemas digestivo, vascular y cardíaco, incluyendo la reducción de la presión arterial.

Esta verdura mejora la función hepática, destruye las bacterias patógenas del colon, elimina radionúclidos y toxinas del organismo y se considera... Estudios recientes demuestran que previene la proliferación de células cancerosas.

Las preocupaciones que hacen que las madres lactantes se abstengan de comer remolacha se basan en su efecto laxante, su alto contenido en fibra y su color rojo. Pero hay muchos más argumentos a favor de esta verdura, así que solo queda una pregunta: ¿a partir de qué mes de vida se puede consumir durante la lactancia?

Los médicos recomiendan empezar a consumirla no antes de los 2-3 meses. Debe introducirse gradualmente, en pequeñas porciones, observando la reacción del niño. El mayor beneficio proviene de las verduras crudas, pero durante la lactancia es mejor evitarlas, al menos durante los primeros meses, ya que contienen sustancias volátiles que pueden causar náuseas, vómitos y debilidad general.

Puedes comer remolacha cruda rallada solo después de que haya reposado un tiempo, y es mejor evitar los jugos por completo. Puedes transmitirle todas las propiedades nutricionales de la verdura a tu bebé a través de la remolacha hervida. Está deliciosa rallada con un rallador grueso y aderezada con aceite vegetal o simplemente cortada en rodajas.

Formas de Consumir Remolacha Durante la Lactancia

  • Borsch con remolacha: No debe renunciar a este apreciado plato de nuestra gastronomía nacional durante la comida. La remolacha puede hervirse en el caldo del borsch, luego rallarse y devolverse, o saltearse en una sartén con un toque de jugo de limón.
  • Ensaladas de remolacha: La remolacha asada realzará enormemente el sabor de las ensaladas. Córtela en tiras, añada ciruelas pasas, aliñe con aceite de oliva y exprima un poco de limón.
  • Remolacha y zanahoria: Esta combinación enriquecerá tu arsenal vitamínico. El mayor valor de la zanahoria reside en su abundante vitamina A, muy beneficiosa para la vista. El requerimiento diario de esta vitamina se satisface con tan solo dos tubérculos medianos. Además, la zanahoria regula el metabolismo de los carbohidratos, normaliza la digestión y limpia las células de los riñones y el hígado.
  • Remolacha con ajo: A veces, las madres temen comer ajo durante la lactancia, temiendo que su peculiar olor y sabor se transmita a través de la leche y desaliente el deseo de amamantar. De hecho, esto no es cierto. El ajo tiene derecho a entrar en el cuerpo del niño gracias a la alicina en su composición. Este antibiótico natural fortalece el sistema inmunitario y lo protege contra los virus. El ajo no tendrá ningún efecto negativo en el bebé, ya que se usa en ensaladas en pequeñas cantidades.

Durante el primer año de vida, irán madurando las funciones de absorción, digestión y excreción de los alimentos. Desde el nacimiento hasta los primeros 6 meses de vida, la leche materna aporta todos los nutrientes necesarios, así como anticuerpos, hormonas y factores inmunitarios.

Se recomienda dar el pecho a demanda y en exclusiva hasta los 6 meses, a partir de los cuales, se añaden otros alimentos continuando con la lactancia, como mínimo hasta el año. Cuando no es posible la lactancia materna, existen fórmulas de inicio que cubren las necesidades del niño hasta los 6 meses. Estas fórmulas están orientadas a conseguir valores nutricionales similares a los de la leche materna, patrón por excelencia, para la alimentación del lactante.

Alimentación Complementaria y Remolacha

Se comienza a introducir alimentos diferentes a la leche, aunque esta sigue siendo el alimento principal, el aumento de necesidades energéticas lo requiere. Se debe hacer respetando la madurez digestiva y renal. Desde el tercer mes de vida los requerimientos energéticos del lactante comienzan a aumentar, por lo que después de los 5 o 6 meses la leche sería insuficiente como fuente de energía y tampoco satisfaría las necesidades de hierro.

Los purés de verduras serán durante muchos meses la base de la comida central del bebé, sobre la que se añadirán otros alimentos. Poco a poco se irán introduciendo el resto de verduras como la calabaza, el calabacín y judías verdes, menos las de hoja verde.

Al principio, no se deben dar alimentos que puedan contener muchos nitratos (como la remolacha, espinacas y zanahoria). Tampoco se debería añadir azúcar ni sal durante el primer año. Después, es conveniente utilizar pequeñas cantidades de sal yodada.

En niños de 4 a 6 meses: la lactancia materna exclusiva hasta los 6 meses es la alimentación recomendada. No mantener a temperatura ambiente (enteras o en puré). Conviene recordar que cuando se comparan los riesgos/beneficios de la exposición de nitratos por el consumo de hortalizas prevalecen los efectos beneficiosos reconocidos por su consumo.

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Los nitratos se encuentran de manera natural en los vegetales, especialmente en las hortalizas de hoja verde, como las espinacas y la lechuga. Los nitratos en sí son relativamente poco tóxicos. Su toxicidad viene determinada por su reducción a nitritos en el cuerpo humano que, en altas concentraciones pueden originar metahemoglobinemia, cuyo signo más característico es la cianosis.

Conscientes de este riesgo alimentario, se han establecido a nivel comunitario límites máximos de nitratos en lechugas y espinacas, así como en alimentos infantiles (Reglamento 1881/2006, de 19 de diciembre de 2006, que establece niveles máximos de contaminantes en ciertos alimentos).

Una elevada intensidad lumínica favorece el metabolismo de la planta fijando el nitrógeno en compuestos orgánicos nitrogenados, como aminoácidos, proteínas, clorofila, etc., lo que reduce el contenido de nitratos, de modo que cualquier factor que reduzca la intensidad luminosa o la velocidad de la fotosíntesis favorece la acumulación de los mismos en la planta.

Por eso, los cultivos de invierno presentan concentraciones de nitratos superiores a los de verano y por la misma razón, los cultivos en los países del norte de Europa presentan niveles superiores a los que tienen lugar en la zona sur. El Panel de EFSA afirma que los niveles de nitratos en lechuga no representan un riesgo para los niños. Lactantes (bebés de 3 a 12 meses): Es poco probable que el consumo de espinacas sea una preocupación para la salud, teniendo en cuenta que éstas formarían parte de la dieta como uno de los ingredientes del puré para bebés entre 6 y 12 meses.

Por último, EFSA advierte de que el almacenamiento inapropiado de estas hortalizas cocinadas (preparación de los purés con más de un día de antelación y conservados a temperatura ambiente) puede dar lugar a la conversión de los nitratos a nitritos in situ, aumentando así el potencial de causar metahemoglobinemia.

La Asociación Española de Pediatría (AEP) recomienda introducir las verduras en forma de puré a partir de los 6 meses, evitando en los primeros meses las espinacas, col y remolacha, porque pueden ser causa de metahemoglobinemia por su contenido en nitratos; recomienda introducir estas verduras a partir de los 12 meses.

En cuanto a las verduras, aportan agua, proteínas vegetales, celulosa, vitaminas y minerales. Se pueden dar frescas o congeladas, cocidas al vapor o hervidas en poca cantidad de agua y durante menos de 10 minutos para minimizar las pérdidas de vitamina C y de minerales. Además, durante la cocción debe taparse el recipiente para evitar que aumente en el agua la concentración de nitritos.

Las verduras se ofrecen en forma de puré, de textura gradualmente menos fina para estimular la masticación. Se puede añadir un poco de aceite de oliva (acido oleico) en crudo al puré ya elaborado, según el estado nutricional del niño. No es preciso añadir sal.

Algunas verduras (remolacha, espinacas, zanahorias en gran cantidad, acelgas, nabos…), por su alto contenido en nitratos, pueden ocasionar metahemo­globinemia en lactantes pequeños, debido a una baja acidez gástrica que permite la proliferación de bacterias reductoras de nitratos en nitritos, así como a una disminución fisiológica de la enzima metahemoglobina reductasa. Por esta razón, es aconsejable ofrecerlas sobre los 10-12 meses, si bien es cierto que en pequeñas cantidades se pueden dar antes, una vez iniciada la AC, siempre que la preparación y conservación sean las adecuadas.

Como medidas preventivas, se recomienda que, una vez preparado, el puré de verduras sea conservado en la nevera y consumido dentro de las 24 horas siguientes a su preparación, o bien, congelarlo inmediatamente tras su elaboración, ya que la exposición ambiental por más de 12 horas y la conservación en nevera durante más de 48 horas, pueden aumentar la formación de nitritos.

Conclusión

La remolacha, consumida con moderación y siguiendo las recomendaciones de los profesionales de la salud, puede ser una excelente adición a la dieta de una madre lactante. ¡A disfrutar de sus beneficios!

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