Probióticos Durante el Embarazo: Beneficios, Estudios y Seguridad

Como sabes, los probióticos pueden ser tus grandes aliados a la hora de regular tu flora intestinal. Esta puede verse afectada por numerosos factores, como son: llevar a cabo una dieta específica, tu propio estado de salud, la edad e, incluso, el embarazo.

De hecho, hay estudios que confirman que la composición de la microbiota intestinal varía durante el embarazo. Así, al acercarse al tercer trimestre, la microbiota intestinal de una embarazada guarda un parecido significativo con el de alguien con sobrepeso, aunque son cambios que, en el caso de las embarazadas, no afectan a la madre y podrían ser positivos, pues el cuerpo se va preparando para darle alimento al bebé.

A lo largo de los años, siempre ha existido un gran debate con respecto al uso de probióticos durante el embarazo. Así, son muchas las mujeres embarazadas que se preguntan si es seguro tomar probióticos para combatir momentos de diarrea o vaginosis bacteriana, entre otras situaciones.

Por una parte, cabe decir que, en la mayor parte de los casos, cuando los individuos sanos hacen uso de los probióticos como suplementos, estos rara vez son absorbidos de forma sistemática por el organismo.

Probióticos en embarazo: lo que nadie te dice |Ginecologa Diana Alvarez

¿Son Seguros los Probióticos Durante el Embarazo?

Las alteraciones de la microbiota del intestino, y también de la vagina, han sido recientemente relacionadas con la prevalencia de complicaciones del embarazo, tanto para la madre como para el/la recién nacido/a. Por este motivo están aumentando los estudios que investigan el uso de productos probióticos durante el embarazo. Los probióticos restauran la microbiota, y parece que podrían tener un papel preventivo de estas afecciones.

Por otro lado, se sabe que la colonización del intestino del/la recién nacido/a por bacterias beneficiosas es necesaria para sus mecanismos de defensa, tanto locales como sistémicos. Esta colonización depende del medio, de su dieta y de la microbiota materna.

Cambios en la Microbiota Durante el Embarazo y Lactancia

De forma natural, desde el primer al tercer trimestre del embarazo se produce un cambio en la composición de los microorganismos de la vagina que conlleva una disminución de los lactobacilos predominantes. En algunas mujeres esto puede suponer un sobrecrecimiento de microorganismos anaerobios asociados a la vaginosis bacteriana (VB), situación que incrementa el riesgo de:

  • Prevalencia y contagio de infecciones de transmisión sexual.
  • Parto pretérmino.
  • Corioamnionitis.
  • Aborto espontáneo.

Pero no todos los cambios son negativos; los que se producen en el equilibrio de los microorganismos del intestino de las mujeres durante el embarazo se asemejan a los que se producen en el síndrome metabólico, pues contribuye a la resistencia fisiológica a la insulina que se va presentando durante la evolución del embarazo, y parecen ser beneficiosos para el desarrollo del feto.

Sin embargo, los/as recién nacidos de madres con sobrepeso tienen menos bifidobacterias entre sus microorganismos intestinales, lo cual les predispone a la obesidad y a las alergias. La placenta también conserva su propia microbiota, más estable, muy relacionada con la de la cavidad oral de la mujer. Su alteración parece relacionarse con parto prematuro, del mismo modo que la enfermedad periodontal materna, que también se asocia a bajo peso al nacer.

A través de la lactancia, los microorganismos maternos ayudan a la colonización del intestino del neonato. La microbiota de la leche depende de la de la piel materna y de la de su intestino, y parece influir no sólo en la composición de la del intestino neonatal sino también en su desarrollo cerebral. La alteración de la microbiota de la glándula mamaria aumenta además el riesgo de mastitis, ya sean subclínicas o con infecciones más sintomáticas y graves, que afectan al desarrollo y continuidad de la lactancia.

Suplementos Probióticos Durante el Embarazo

Aunque la calidad de la evidencia es diferente (en relación a los tipos de intervención y a los productos utilizados) se ha comprobado cómo la asociación de lactobacilos a la leche diaria en estudios poblacionales reduce el riesgo de:

  • Pre-eclampsia (hipertensión en el embarazo), sobre todo en su presentación más severa.
  • Parto prematuro.
  • Eczema.
  • Rinoconjutivitis alérgica (en mujeres y recién nacidos/as).
  • Enterocolitis necrotizante.
  • Muerte y sepsis (en recién nacidos/as).

También se ha visto cómo suplementando con probióticos a la mujer durante el embarazo se consiguen algunos de estos resultados positivos, sobre todo en recién nacidos/s (reducción de: eczema, enterocolitis, muerte y sepsis).

La menor prevalencia de VB en mujeres que usan probióticos debería reflejarse en la reducción de efectos adversos en el embarazo derivados de esta afección. Aunque aún no se ha conseguido demostrar la pauta y las dosis con las cuales se conseguiría este efecto positivo, se sabe que la suplementación con lactobacilos durante el embarazo no provoca riesgos y contribuye de por sí en la mejora de los resultados materno-fetales.

Los paneles de consenso determinan la cantidad de microorganismos que deben contener los productos probióticos para ser efectivos, que en el uso oral es de 109 ufc/d, y proponen pautas de 1 tableta al día durante al menos 10-30 días, con mantenimiento de 3-4 meses para disminuir recidivas en caso de VB recurrente, y en caso de las mastitis subclínicas.

Probióticos Específicos y sus Beneficios

Los probióticos se definen clásicamente como microorganismos vivos que, administrados en cantidades adecuadas, confieren un beneficio a la salud del huésped. En los últimos años ha crecido el interés por su uso en distintas condiciones clínicas, pero es fundamental entender que los efectos son cepa-dependientes: no todos los probióticos son iguales ni sirven para las mismas indicaciones.

Diarrea Asociada a Antibióticos (DAA)

La diarrea asociada a antibióticos (DAA) ocurre cuando el tratamiento antibiótico altera el equilibrio de la microbiota intestinal, reduciendo la diversidad bacteriana y permitiendo sobrecrecimiento de patógenos o alteraciones metabólicas que provocan diarrea. Numerosos ensayos clínicos y metaanálisis demuestran que administrar probióticos junto con los antibióticos reduce significativamente el riesgo de DAA.

Un beneficio adicional clínicamente relevante es la prevención de la diarrea por Clostridioides difficile (patógeno asociado a antibioterapia). Un metaanálisis de 31 estudios (casi 9.000 pacientes) mostró que coadministrar probióticos con antibióticos reduce ~60% el riesgo de diarrea por C. difficile. Así, el uso de probióticos puede considerarse especialmente en situaciones de alto riesgo (hospitalización prolongada, antibióticos de amplio espectro, etc.) para prevenir colitis por C. difficile.

Las cepas con evidencia más sólida en DAA son LGG y S. boulardii. Algunas combinaciones de Lactobacillus + Bifidobacterium también han mostrado eficacia en estudios, pero los datos son menos consistentes. En niños, un panel de la ESPGHAN (2023) recomienda LGG o S. boulardii. En adultos ambulatorios también se sugiere su uso profiláctico dado el buen perfil de seguridad. Sin embargo, en pacientes severamente inmunocomprometidos o críticos se han descrito raros casos de infecciones por la propia cepa probiótica (p. ej., fungemia por S. cerevisiae).

En resumen, la evidencia actual respalda el uso de probióticos para prevenir la diarrea asociada a antibióticos, especialmente en pediatría y adultos jóvenes, usando cepas específicas (LGG, S. boulardii). Esto puede traducirse en menos interrupciones de tratamiento, menor deshidratación y, en entornos hospitalarios, potencialmente menor transmisión de C. difficile.

Síndrome del Intestino Irritable (SII)

Su fisiopatología es compleja y multifactorial; en los últimos años se ha implicado la interacción microbiota-intestino-cerebro como un factor importante. De hecho, se han detectado alteraciones en la microbiota de pacientes con SII, con menor abundancia de Lactobacillus y Bifidobacterium y aumento de bacterias proinflamatorias (p. ej. Enterobacteriaceae).

Una revisión que combinó 23 ECA (n=2.575 pacientes) encontró que, en conjunto, quienes tomaron probióticos tuvieron una mejoría global de síntomas ~21% mayor que aquellos con placebo. Además, se han observado mejoras en dolor abdominal, distensión y flatulencia en muchos estudios.

Una tendencia hallada es que los probióticos multicepa podrían ofrecer un efecto más consistente en la mejoría global y en la calidad de vida. En una revisión de 35 estudios, los únicos ensayos que reportaron mejora clínicamente relevante del dolor abdominal o de la calidad de vida utilizaron mezclas de cepas, no cepas individuales. Esto sugiere una posible sinergia entre distintos géneros (p. ej. Lactobacillus y Bifidobacterium).

Debido a la heterogeneidad de resultados, las guías profesionales tienen posturas prudentes. Se suele sugerir un ensayo individualizado: probar una fórmula probiótica concreta durante ~8-12 semanas y evaluar respuesta, discontinuándola si no hay mejoría significativa. Ejemplos con cierta evidencia en SII incluyen: VSL#3 (mezcla de 8 cepas lacto-bifido), Bifidobacterium bifidum MIMBb75, L. plantarum 299V, B. infantis 35624, entre otros.

En cuanto a la seguridad, los probióticos se consideran seguros en pacientes con SII (que típicamente están inmunocompetentes). Solo efectos gastrointestinales leves han sido reportados en similares tasas que con placebo. Sin embargo, la respuesta varía entre individuos y cepas, y la evidencia se considera de baja calidad.

Infecciones Respiratorias

Además, los probióticos redujeron en ~41% el número de personas con infecciones recurrentes (≥3 episodios). En cuanto a la severidad, los probióticos acortaron la duración promedio de cada episodio respiratorio en ~1,2 días frente a placebo. Es decir, quienes tomaron probióticos se recuperaron algo más rápido de los resfriados.

Estos beneficios se han observado en diferentes grupos de edad: niños, adultos jóvenes e incluso ancianos. También en niños de guardería se ha documentado que probióticos como Lactobacillus rhamnosus GG o Bifidobacterium animalis subsp. lactis BB-12 disminuyen los días de enfermedad respiratoria.

La mayoría de ensayos utilizaron cepas de Lactobacillus y Bifidobacterium. Algunas cepas estudiadas con resultados positivos incluyen Lactobacillus paracasei cepa DN-114001 (en lácteos fermentados), Lactobacillus casei cepa Shirota, Lactobacillus rhamnosus GG, L. plantarum y Bifidobacterium lactis.

Los probióticos fueron bien tolerados en estos ensayos, sin aumento de efectos adversos comparado al placebo. Los eventos reportados con mayor frecuencia fueron leves (trastornos gastrointestinales transitorios como náuseas o flatulencia). No hubo diferencias en eventos serios.

Si bien la reducción de riesgo absoluto es modesta, puede ser clínicamente relevante a nivel poblacional. Por ello, algunos expertos sugieren que determinadas poblaciones (niños en guardería, deportistas en entrenamiento intenso, adultos con estrés elevado, ancianos institucionalizados) podrían beneficiarse de tomar probióticos preventivos durante temporadas de alto riesgo de infecciones.

En conclusión, los probióticos pueden contribuir a la prevención de infecciones respiratorias comunes, actuando como inmunomoduladores orales.

Salud Inmunológica General

Más allá de la prevención de infecciones respiratorias, se investiga el papel de los probióticos en la salud inmunológica general, es decir, cómo podrían modular favorablemente el sistema inmune humano. Como se indicó, la ingesta de Lactobacillus casei DN-114001 en ancianos se asoció a títulos de anticuerpos más altos post-vacuna de gripe.

Algunos probióticos pueden inducir un perfil antiinflamatorio. Se ha observado en voluntarios sanos que ciertas cepas elevan citocinas reguladoras (IL-10) y reducen marcadores inflamatorios basales. Esto ha llevado a explorarlos en condiciones como artritis reumatoide, lupus o esclerosis múltiple como coadyuvantes (aunque de momento la evidencia en enfermedades autoinmunes es preliminar).

En general, se considera que los probióticos actúan más como moduladores del equilibrio inmunitario que como simples estimulantes inespecíficos. Esta “inteligencia” del probiótico depende de la cepa.

Enfermedades Inflamatorias Intestinales (EII)

Las enfermedades inflamatorias intestinales (EII), principalmente colitis ulcerosa (CU) y enfermedad de Crohn, son patologías crónicas inmunomediadas donde la microbiota intestinal desempeña un papel importante en la respuesta inflamatoria desregulada. Los resultados hasta la fecha han sido mixtos.

Hay indicios de que los probióticos pueden reducir la actividad de la enfermedad en CU leve a moderada cuando se usan como adyuvantes. Un hallazgo particular fue que combinar probióticos con mesalazina (5-ASA) parece mejorar las tasas de remisión comparado con mesalazina sola.

El caso más citado es el de la cepa Escherichia coli Nissle 1917, que en un estudio clásico fue tan efectiva como mesalazina para mantener la remisión de CU leve-moderada. No obstante, no se les considera sustitutos de los tratamientos estándar.

A diferencia de la CU, en Crohn los probióticos no han demostrado eficacia consistente. Por ejemplo, estudios que probaron Lactobacillus rhamnosus GG en Crohn pediátrico no mostraron mejoría en tasas de remisión; Lactobacillus johnsonii no previno recurrencia posquirúrgica de Crohn; S. boulardii no redujo recaídas.

Una excepción a señalar es que en pouchitis crónica o recurrente (complicación en CU operada con reservorio ileal), la mezcla probiótica de alta potencia VSL#3 ha demostrado inducir remisión y prolongar intervalos libres de brote mejor que placebo en varios pequeños ECA.

Los probióticos en EII han mostrado resultados discretos: posible efecto beneficioso en colitis ulcerosa leve-moderada, pero sin beneficio claro en enfermedad de Crohn. La cepa con respaldo más notable es E. coli Nissle 1917. A pesar de esto, la variabilidad de resultados y calidad metodológica impide recomendaciones firmes.

Alergias Alimentarias

La incidencia de alergias alimentarias (p. ej. alergia a leche de vaca, huevo, cacahuete) ha aumentado en las últimas décadas, afectando hasta 8% de los niños.

Una revisión sistemática halló que la incidencia de dermatitis atópica durante la infancia fue ~29% en el grupo probiótico vs ~35% en placebo. Este efecto preventivo fue significativo sobre todo cuando el probiótico se administró tanto a la madre en el último trimestre del embarazo como al bebé en sus primeros meses de vida.

En cuanto a qué cepas funcionan, análisis por subgrupos sugieren que los lactobacilos como Lactobacillus rhamnosus (incluyendo la cepa LGG) o L. paracasei pueden ser más efectivos. Por ejemplo, varias RCT con Lactobacillus rhamnosus GG en embarazadas y lactantes de alto riesgo (familiares atópicos) mostraron menor tasa de eccema en los niños al año de vida.

Además de incidencia, se ha estudiado el efecto en la severidad de la dermatitis atópica. Un metaanálisis de 13 ECA (n=1.070) encontró que en niños con dermatitis atópica establecida, el tratamiento con probióticos por 4-8 semanas redujo significativamente el puntaje SCORAD (índice de gravedad del eccema) en comparación con placebo.

Aquí la evidencia es limitada pero emergente. Un estudio pionero en Australia combinó Lactobacillus rhamnosus (cepa CGMCC 1.3724) en dosis alta junto con ITO al cacahuete en niños alérgicos. Esto sugiere un efecto sinérgico potente del probiótico actuando como adyuvante inmunomodulador de la ITO (posiblemente inclinando la respuesta hacia tolerancia).

También se explora en alergia a leche y huevo. Por ejemplo, un RCT italiano (Berni Canani et al.) reportó tasas más altas de tolerancia a la leche a los 12 meses en bebés alimentados con fórmula hidrolizada + L. rhamnosus vs hidrolizada sola.

El uso de probióticos en población pediátrica (incluso lactantes) ha demostrado ser seguro en estudios, con muy pocos eventos adversos. Siempre se debe verificar que el producto no contenga trazas del alérgeno problemático (p. ej. leche).

En cuanto a alergias alimentarias ya establecidas, los probióticos por sí solos no son un tratamiento, pero combinados con inmunoterapia están mostrando resultados prometedores (ej. ITO con cacahuete).

A falta de más evidencia, su uso en alergias debe individualizarse: podrían ser útiles como coadyuvantes para mejorar la tolerancia oral, pero siempre bajo supervisión especializada.

Tabla Resumen: Probióticos y sus Indicaciones Clínicas

Indicación clínica Cepas principales investigadas Evidencia de beneficio
Diarrea asociada a antibióticos (DAA) Lactobacillus rhamnosus GG (LGG); Saccharomyces boulardii; combinaciones Lactobacillus+Bifidobacterium Fuerte evidencia de reducción del riesgo de DAA.
Síndrome del Intestino Irritable (SII) VSL#3, Bifidobacterium bifidum MIMBb75, L. plantarum 299V, B. infantis 35624, mezclas multicepa Mejoría global de síntomas en algunos pacientes, pero la eficacia varía según la cepa.
Infecciones Respiratorias Lactobacillus paracasei DN-114001, Lactobacillus casei Shirota, Lactobacillus rhamnosus GG, L. plantarum y Bifidobacterium lactis Reducción del riesgo y duración de infecciones respiratorias comunes.
Enfermedades Inflamatorias Intestinales (EII) Escherichia coli Nissle 1917 (CU), VSL#3 (pouchitis) Posible efecto beneficioso en colitis ulcerosa leve-moderada y pouchitis, pero sin beneficio claro en enfermedad de Crohn.
Alergias Alimentarias Lactobacillus rhamnosus GG, L. paracasei (prevención), Lactobacillus rhamnosus CGMCC 1.3724 (con inmunoterapia) Potencial para prevenir dermatitis atópica y mejorar la tolerancia oral en alergias alimentarias (con inmunoterapia).

Tras la búsqueda realizada con los recursos habituales de este servicio no se ha identificado ningún documento que indique que no sea seguro tomar probióticos o prebióticos durante el embarazo. El uso de probióticos durante el embarazo se asoció con un riesgo reducido de preeclampsia grave en un estudio de cohorte que incluyó a 33.399 mujeres.

Un ECA cuyo objetivo principal fue evaluar el efecto de un suplemento nutricional materno enriquecido con probióticos durante el embarazo y la lactancia temprana sobre la incidencia de diarrea infantil. No se observaron diferencias significativas en la incidencia de diarrea infantil entre los tres grupos de estudio.

Otro ECA cuyo objetivo fue evaluar si la suplementación con el probiótico Lactobacillus rhamnosus HN001 (HN001) puede reducir la prevalencia de DMG. Hubo una tendencia hacia menores tasas relativas de GDM en el grupo HN001. HN001 se asoció con tasas más bajas de GDM en mujeres de ≥35 años y mujeres con antecedentes de GDM.

Una revisión narrativa sobre el impacto de la suplementación con probióticos durante el embarazo y la infancia, sugiere un papel protector en la preeclampsia, la diabetes mellitus gestacional, las infecciones vaginales, el aumento de peso materno infantil y las enfermedades alérgicas.

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