Preeclampsia: Causas, Síntomas y Tratamiento

De la mano de Daniel Morrillas, vicepresidente de FAME, abordamos la preeclampsia, qué la diferencia de otras hipertensiones, cuáles son sus factores de riesgo, las potenciales complicaciones que pueden aparecer y las opciones de tratamiento.

La preeclampsia es una complicación del embarazo que cursa, principalmente, con hipertensión arterial. Esta afección puede incluso llegar a causar la muerte de la gestante y/o el feto en los casos de mayor gravedad. Además, la preeclampsia también puede ser causa de restricción en el crecimiento fetal, y de hecho, es uno de los motivos más frecuentes de ello. Esta alteración gestacional suele aparecer a partir de la semana 20 de embarazo, pero en raras ocasiones ocurre tras el parto. En cualquier caso, es importante establecer una opción terapéutica lo antes posible para evitar complicaciones.

La preeclampsia es la aparición de hipertensión y proteínas en la orina (proteinuria) después de la semana 20 del embarazo. Es una enfermedad compleja que puede poner en riesgo la salud de la madre y del bebé. Pero con un diagnóstico temprano se pueden tratar adecuadamente los síntomas y hacer todo lo posible por prevenir complicaciones.

A continuación tienes un índice con los puntos que vamos a tratar en este artículo:

  1. Definición de preeclampsia
  2. Etiología de la preeclampsia
  3. Factores de riesgo
  4. Síntomas de preeclampsia
  5. Tratamiento
    1. Medidas generales
    2. Tratamiento farmacológico
    3. Finalización del embarazo
  6. Complicaciones
  7. Prevención

¿Qué es la preeclampsia?

El término preeclampsia (PE) resulta familiar. Sin embargo, es necesario recordar que en ocasiones se emplea esta palabra de forma incorrecta, ya que no todas las hipertensiones (HTA) durante el embarazo son preeclampsia, por lo que resultaría en este caso más adecuado hablar de estados hipertensivos del embarazo. Los trastornos hipertensivos del embarazo son una causa importante de morbilidad grave, discapacidad crónica y muerte (esto último es muy raro en nuestro entorno) entre las madres, los fetos y los recién nacidos. De entre todos ellos, la preeclampsia y eclampsia sobresalen del resto como causa de complicaciones, y optimizar los recursos sanitarios en la prevención y tratamiento de estas complicaciones forma parte de los Objetivos de Desarrollo del Milenio de la OMS (Peña et al., 2014). En el caso de embarazo gemelar la preeclampsia aparece de 3 a 4 veces más que en los embarazos únicos.

La preeclampsia es una patología que surge en el embarazo caracterizada, principalmente, por una hipertensión arterial. Además, la preeclampsia puede provocar daños en algunos órganos como en el hígado o el riñón, por ejemplo. Esta complicación gestacional suele aparece a partir de la semana 20 de embarazo. Existen casos, aunque menos frecuentes, en los que la mujer presenta preeclampsia cuando da a luz al bebé. Esto es lo que se conoce como preeclampsia postparto. La incidencia de la preeclampsia es del 3-10% de las mujeres embarazadas, especialmente, si se trata del primer embarazo. Además, algunos autores indican que existe una mayor probabilidad de que suceda en mujeres de etnia afroamericana. Es fundamental tratar lo antes posible la preeclampsia para evitar su evolución a eclampsia, lo que supondría un grave peligro para la vida tanto de la embarazada como la de su bebé.

¿Cuándo consideramos que existe hipertensión en el embarazo?

Según la American College of Obstetricians and Gynecologists (ACOG) se define como hipertensión cuando las cifras tensionales son ≥140 mmHg (sistólica) y/o ≥90 mmHg (diastólica) en dos oportunidades separadas al menos por 4 horas (ACOG, 2020). Se considera en rango de gravedad si la tensión arterial (TA) es ≥ 160/110 mmHg (SEGO, 2020). Antes de seguir, es importante conocer la proteinuria (la presencia en exceso de proteínas sanguíneas en la orina en ausencia de infección de orina u otra causa que la justifique), que se diagnostica con una tira de orina o enviando la muestra al laboratorio.

La siguiente clasificación se realiza conforme a los criterios de la International Society for the Study of Hypertension in Pregnancy (ISSHP) (Brown et al., 2018):

  • Hipertensión previa a la gestación: HTA presente en las primeras 20 semanas. Se asume que se trata de hipertensión crónica no diagnosticada previamente.
  • Hipertensión crónica: HTA presente antes de la gestación o diagnosticada antes de la semana 20.
  • Hipertensión gestacional: HTA de nueva aparición después de las 20 semanas de gestación. No asocia proteinuria ni otro signo de PE. Un 25% de los casos puede progresar a PE.
  • Preeclampsia: HTA de nueva aparición después de las 20 semanas asociada a al menos uno de los siguientes criterios: proteinuria, disfunción orgánica materna clínica o analítica.
  • Disfunción útero placentaria: crecimiento intrauterino retardado (CIR).
  • Preeclampsia sobreañadida a HTA crónica.
  • Eclampsia: convulsiones asociadas a preeclampsia y no relacionadas a otras enfermedades.
  • Síndrome de HELLP: forma grave de preeclampsia que se manifiesta con elevación de las transaminasas, disminución de plaquetas y hemólisis.

Está justificado realizar el cribado en el primer trimestre porque se ha demostrado que en aquellos casos con alto riesgo de preeclampsia se recomienda iniciar tratamiento con ácido acetilsalicílico (AAS), preferentemente antes de la semana 14 continuando hasta la semana 36, lo cual reduce la posibilidad de desarrollar la enfermedad antes de la semana 37 de embarazo (Poon Lc et al., 2019). También la administración de suplementos de calcio a dosis por encima de 1g diario puede reducir el riesgo de PE (Peguero et al., 2023).

HIPERTENSIÓN y PREECLAMPSIA en el Embarazo |

Causas de la preeclampsia

Muchas de las causas aún se están investigando. Sin embargo, hay algunas conocidas que pueden contribuir a la aparición de esta condición. Estas incluyen:

  • Los vasos sanguíneos encargados de llevar la sangre a la placenta son más pequeños de lo normal.
  • Factores genéticos. Incluye un historial familiar de enfermedad y factores de riesgo hereditarios. Por ejemplo, si la madre de una mujer embarazada ha presentado esta patología, existe una mayor probabilidad de que ella también la desarrolle. Además, la edad materna más avanzada también se ha identificado como un factor de riesgo.
  • Factores ambientales. Se ha encontrado que el humo del tabaco, la contaminación del aire, el ruido y otros factores ambientales pueden contribuir al aumento del riesgo. Además, también se sabe que el estrés y la ansiedad pueden ser factores desencadenantes.
  • Trastornos autoinmunes.
  • Cambios hormonales. Incluyen niveles anormales de estrógenos y progesterona.

Dependiendo de los recursos disponibles en cada centro sanitario, se puede abordar este cribado de diferente manera, desde los métodos más sencillos hasta los que implican un mayor uso de tecnología.

  • Cribado basado en factores maternos. Consideramos que una mujer es de alto riesgo para desarrollar PE si tiene al menos uno de los factores de riesgo elevado, o dos o más de riesgo moderado. (SEGO, 2020)

Riesgo elevado

  • Trastorno hipertensivo en embarazo anterior
  • Patología renal previa
  • Lupus eritematoso sistémico
  • Síndrome antifosfolípido
  • Diabetes mellitus
  • HTA crónica

Riesgo moderado

  • Primigesta
  • Edad materna superior a 40 años
  • Periodo intergenésico superior a 10 años
  • IMC superior a 35kg/m2 (en la primera visita de gestación)
  • Historia familiar con preeclampsia
  • Gestación múltiple
  • Cribado basado en modelos multivariantes. Si al cribado basado en factores maternos se añaden otros marcadores como las cifras de tensión arterial, mediciones ecográficas y determinaciones analíticas en sangre materna, los algoritmos pueden estimar mejor el riesgo individual para desarrollar PE que precise finalizar el embarazo antes de una determinada edad gestacional.

Pese a desconocer la causa de la preeclampsia, existen algunos factores de riesgo. A continuación, se enumeran algunos de ellos:

  • Nuliparidad, es decir, que se trate del primer embarazo.
  • Mujeres con enfermedades como diabetes, hipertensión, etc. previas al embarazo.
  • Mujeres que padecen insuficiencia renal.
  • Embarazo múltiple.
  • Mujeres con obesidad.
  • Antecedentes familiares.
  • Preeclampsia en embarazo previo.
  • Síndrome antifosfolípido.
  • Diabetes mellitus preconcepcional y/o diabetes gestacional
  • Infección recurrente de vías urinarias.

Además de todos estos factores de riesgo para la preeclampsia, también hay que tener en cuenta que fumar, padecer estrés o padecer alteraciones en la coagulación también incrementan la probabilidad de que ocurra esta patología en el embarazo.

Síntomas de la preeclampsia

La detección de la preeclampsia se determina con la aparición de algunos síntomas claros, aunque la embarazada no se siente enferma. Algunos de los síntomas asociados a preeclampsia son los siguientes:

  • Aumento de la presión arterial (hipertensión).
  • Detección de proteínas en la orina.
  • Aparición de edemas en las extremidades.
  • Hinchazón de manos, pies o cara.
  • Aumento repentino de peso.

En los casos de preeclampsia más graves también puede parecer síntomas como dolor intenso de cabeza, náuseas, orinar con poco frecuencia, problemas de respirar, cambios de visión, etc. Además de estos síntomas principales, la preeclampsia puede ocasionar un buen número de trastornos en todos los órganos. Esta complicación gestacional se asocia a un déficit de la llegada de la sangre a los órganos maternos como el hígado, el cerebro, los riñones o la placenta y, por tanto, que no le lleguen bien los alimentos al bebé. Otra de las consecuencias de la preeclampsia es que puede producir desprendimiento de placenta.

Esta enfermedad también es conocida como hipertensión gestacional. Aunque hay algunos síntomas relativamente comunes, es importante que las mujeres embarazadas sean conscientes de que pueden presentar otros o tener una preeclampsia asintomática. Los síntomas comunes pueden incluir:

  • Hipertensión.
  • Proteinuria (orina con proteínas).
  • Edema (retención de líquidos).

Sin embargo, hay varios otros síntomas que también pueden ser indicativos. Pueden incluir:

  • Dolor abdominal o en la parte inferior de la espalda.
  • Disminución del movimiento fetal.
  • Malestar general.
  • Dolor de cabeza intenso.
  • Visión borrosa.
  • Náuseas o vómitos.
  • Dificultad para respirar.
  • Sensación de mareo o desmayos.

Es importante que las mujeres embarazadas estén atentas a estos síntomas menos comunes y se pongan en contacto de inmediato con el ginecólogo si presentan alguno de ellos.

¿Cómo se diagnostica la preeclampsia?

Habitualmente, cuando una embarazada durante el segundo trimestre tiene una tensión arterial >140/90 mmHg, se debe valorar si se trata de un caso de PE, buscando la presencia de proteinuria o alguno de los síntomas que acompañan a la PE, además hay que tener en cuenta que se considera rango de gravedad cifras de TA ≥ 160/110 mmHg o si presenta claros signos y síntomas de afectación orgánica.

Si bien es una afección relativamente común, puede tener graves consecuencias tanto para la madre como para el bebé si no se trata adecuadamente. Por ese motivo la detección precoz es una parte importante. La primera señal de preeclampsia en el embarazo es el aumento de la presión arterial de la madre. Debe medirse y monitorizarse regularmente durante el embarazo, por lo que el ginecólogo u obstetra puede ser capaz de detectar cualquier aumento de la presión arterial. Los niveles superiores a 140/90mmHg son considerados niveles sospechosos. Si se observan cambios súbitos en la tensión, se recomienda hacer una prueba de orina para comprobar la presencia de proteína en la orina.

Otras señales y síntomas incluyen dolores de cabeza, hinchazón en las extremidades y la cara, mareos y vómitos. Una vez detectada la presión arterial elevada, el ginecólogo realiza una evaluación completa para descartar otras posibles causas que puedan estar contribuyendo a la elevación de la presión arterial. Esto puede incluir un análisis de sangre, para comprobar el recuento de plaquetas sanguíneas y los niveles de creatinina. Cuando las primeras están disminuidas o los segundos elevados, puede indicar la presencia de esta patología. También se pueden realizar ecografías para comprobar el desarrollo del feto. Los resultados de estas pruebas ayudan a establecer un diagnóstico y tratamiento adecuado.

¿Cómo se realiza el seguimiento de la preeclampsia?

Ante la sospecha de preeclampsia se debe iniciar un seguimiento más exhaustivo del embarazo, informando a la mujer de los signos y síntomas que la pueden acompañar, recomendando un control ambulatorio de la TA e incluso llegando a ingresar a la gestante si fuera necesario. Este control, a pesar de resultar de gran utilidad, tiene una importante limitación ya que no es capaz de clasificar a las embarazadas con PE en función del nivel de gravedad con el que se va a manifestar en cada mujer.

En los últimos años, se ha introducido la determinación de factores antigénicos: se calcula el ratio sFlt-1/PlGF a través de plataformas analíticas automatizadas, lo que ha mejorado el diagnóstico de la PE, su manejo y el pronóstico de la enfermedad, tanto para la madre como para su bebé. La implementación de esta herramienta reduce considerablemente los ingresos hospitalarios y ha demostrado ser costo-efectiva (SEGO, 2020).

Tratamiento de la preeclampsia

La preeclampsia puede ser leve o severa. En los casos de preeclampsia leves, las anomalías que se han sucedido durante el embarazo suelen resolverse con el parto. En cualquier caso, llevar una dieta sana, reposo y un exhaustivo control médico, tanto de la madre como del feto, puede ser el tratamiento más efectivo de la preeclampsia leve. En los casos de preeclampsia severa se pueden dar más síntomas como trastornos mentales, dolores epigástricos, edema pulmonar, aumento repentino de peso (2 kg a la semana), alteraciones de la visión o cefaleas. Cuando esto ocurre, la solución de la misma suele ser un tratamiento a base de antihipertensivos o con el parto. De ahí que en muchas ocasiones sea necesaria la inducción al parto, la cesárea programada o incluso aborto para evitar complicaciones graves en la madre y el feto.

¿Cómo se tratan los estados hipertensivos en el embarazo?

Una de las preocupaciones tras el diagnóstico de PE es valorar cuál es el riesgo y valorar la progresión de la enfermedad. Esto se hace en función de criterios de gravedad o de complicaciones fetales. En ocasiones la evolución de la enfermedad es muy rápida y el tratamiento puede ser la finalización del embarazo.

Medidas generales:

  • Determinaciones analíticas en sangre y orina.
  • Autocontrol de tensión arterial 2 o 3 veces al día.
  • Seguimiento en una unidad específica, habitualmente 2 veces por semana. Incluirá ecografía para valorar el bienestar fetal y monitorización cardiotocográfica si la gestación es viable.
  • Reposo relativo y/o baja laboral.
  • Dieta normal (normocalórica, normosódica y normoproteica).
  • Información sobre los síntomas prodrómicos de eclampsia y preeclampsia:
    • Dolores de cabeza.
    • Náuseas y vómitos.
    • Dolor de estómago.
    • Hinchazón de las manos y la cara.
    • Problemas de visión, tales como pérdida de la visión, visión borrosa, visión doble o puntos ciegos en el campo visual.

Tratamiento farmacológico:

Se van a prescribir fármacos por vía oral o endovenosa, con el objetivo de mantener unas cifras de TA entre 140-145/ 90-95 mmHg, evitando descensos bruscos de la TA ya que puede empeorar la situación fetal al disminuir el flujo placentario.

Finalización del embarazo:

  • PE sin criterios de gravedad, la finalización del embarazo debe programarse a partir de las 37 semanas de gestación, siempre será preferible el parto vaginal.
  • PE con criterios de gravedad. El manejo se vuelve más complejo, precisa ingreso hospitalario, estrecha monitorización de la situación materno-fetal, puede necesitar maduración pulmonar del feto según la edad gestacional en la que nos encontremos. Para la finalización del embarazo se sigue prefiriendo la vía vaginal siempre que esta sea posible, es aconsejable que se coordinen los servicios de obstetricia, anestesia y pediatría para optimizar el manejo materno-fetal.

Durante el puerperio es importante continuar con el seguimiento de la mujer diagnosticada de PE también después del parto con:

  • Controles analíticos.
  • Tratamiento antihipertensivo. Es totalmente compatible con la lactancia materna.
  • Vigilar los signos de alarma.
  • Control de la TA durante el postparto hospitalario y también en el domicilio al menos una vez al día.

Complicaciones de la preeclampsia

Esta afección puede conducir a una serie de complicaciones médicas para la madre y el bebé, incluyendo problemas renales, daño hepático, edema agudo de pulmón o daño en el sistema nervioso central. Puede provocar complicaciones como eclampsia, preeclampsia severa o síndrome de Hellp. Estos trastornos afectan el flujo de sangre y nutrientes al bebé, y pueden provocar un parto prematuro o problemas de desarrollo. También pueden causar daños en los órganos internos de la madre, incluyendo el hígado, el riñón y el sistema nervioso central.

Muchas veces, el mejor tratamiento es adelantar el parto, en la preeclampsia y eclampsia. No obstante, sus efectos no desaparecen al completar el embarazo, sino que las mujeres que sufren de esta condición tienen un mayor riesgo de padecer enfermedades del corazón a largo plazo.

Existen unos cuadros de preeclampsia complicados, que llevan asociado una mayor morbimortalidad materno-fetal, como son:

Eclampsia

La eclampsia es un trastorno grave que ocurre en mujeres embarazadas que ya padecen hipertensión y proteínas en la orina. Se caracteriza por convulsiones, similares a las producidas en crisis epilépticas, que pueden ser muy peligrosas para la madre y el bebé. Pueden aparecer antes, durante o después del parto. Si una mujer embarazada experimenta una crisis, es necesario un tratamiento hospitalario de emergencia para controlar la situación. Con la eclampsia se debe acabar la gestación en el momento en el que la situación de la madre esté estabilizada y lo permita.

Síndrome de HELLP

El síndrome de Hellp es otra complicación grave. Se caracteriza por tener:

  • Hemólisis (destrucción de glóbulos rojos).
  • Elevación de las enzimas hepáticas.
  • Bajo recuento de plaquetas.

El tratamiento consiste en terminar con la gestación, pero después de haber estabilizado la situación de la madre.

Prevención de la preeclampsia

En los últimos años, se han llevado a cabo muchos intentos para reducir o prevenir esta patología y sus complicaciones (aspirina a dosis bajas, suplementos de calcio, magnesio, cinc o aceite de pescado, entre otros). No obstante, ninguna de estas estrategias ha resultado efectiva para la población gestante en general.

Alimentación adecuada

La prevención a través de una dieta saludable y los hábitos de vida podría reducir el riesgo de complicaciones durante el embarazo. Una alimentación adecuada para evitar el sobrepeso en el embarazo es un buen punto de partida. Las mujeres embarazadas deben comer:

  • Alimentos ricos en grasas saludables, como pescado, frutos secos y aceites vegetales.
  • Alimentos ricos en potasio, como plátanos y verduras de hoja verde.
  • Vitaminas del complejo B, incluidas las vitaminas B6, B12 y ácido fólico. Ayudan al cuerpo a regular el metabolismo y la presión arterial.

Cuida el estilo de vida

Otra forma de prevenirla es llevar un estilo de vida saludable. Las embarazadas deberían practicar al menos 30 minutos de ejercicio moderado cada día. Esto ayuda a mantener los niveles de presión arterial y mejora el flujo sanguíneo, favoreciendo la circulación y reduciendo el riesgo. También se recomienda beber mucha agua y un descanso adecuado durante el embarazo para reducir el estrés y las hormonas del estrés.

Para reducir el riesgo de complicaciones durante el embarazo, es muy importante que las madres embarazadas reciban atención prenatal regularmente. El ginecólogo puede monitorizar los niveles de presión arterial y otros factores de riesgo que contribuyen a su aparición. Además, ayuda a las madres embarazadas a adoptar un estilo de vida saludable y proporcionar consejos de alimentación saludable. Si crees que puedes estar experimentando síntomas de preeclampsia, debes ponerte en contacto con tu médico para obtener una evaluación apropiada. El tratamiento temprano y el seguimiento pueden ayudar a reducir el riesgo de complicaciones graves como el síndrome HELLP o la eclampsia.

Resulta evidente que es de vital importancia conocer de antemano qué embarazadas tienen mayor riesgo de sufrir preeclampsia, hacer un seguimiento adecuado para adelantarnos a las complicaciones que pueden aparecer en la mujer y en el feto, y aplicar los tratamientos de forma individualizada en cada situación. Solo así se puede conseguir reducir la morbimortalidad ocasionada por la preeclampsia.

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