¿Por qué mi bebé vomita leche materna? Causas y soluciones

Es común que los bebés vomiten en alguna ocasión después de alimentarse, ya sea con leche materna o de fórmula. Descubre las causas más comunes y cómo diferenciar entre una simple regurgitación y un problema que requiere atención médica.

¿Qué son los vómitos y las regurgitaciones?

El vómito es la expulsión violenta por la boca del contenido del estómago o de los tramos altos del intestino delgado. Es importante no confundirlo con la regurgitación, que es la expulsión del alimento antes de que llegue al estómago o bien la expulsión del mismo de forma no brusca.

Regurgitación vs. Vómito

Lo primero que debemos tener en consideración es que existe una gran diferencia entre vomitar y regurgitar. Así, mientras que la regurgitación no requiere ni precisa de ningún tipo de esfuerzo, en el caso del vómito no solo suele necesitar de más esfuerzo, sino también de un mayor volumen.

En la regurgitación, la leche sale de la boca con suavidad. En cambio, cuando el bebé vomita, el contenido del estómago sale disparado con fuerza por la boca, consecuencia de la contracción vigorosa de los músculos del abdomen y el diafragma. En este caso, además, no hay contracciones musculares y el lactante no sufre malestar o dolor.

¿Por qué se producen los vómitos en bebés?

Los vómitos se deben a muy diversos estímulos y pueden ser un síntoma frecuente de muchas enfermedades. Aquí exploramos algunas de las causas más comunes:

  • Infecciones: Gastroenteritis, infección urinaria, meningitis, etc.
  • Reflujo gastroesofágico.
  • Alergia o intolerancia a proteínas de la leche de vaca.
  • Obstrucción del aparato digestivo: estenosis hipertrófica de píloro, invaginación intestinal, etc.
  • Trastornos metabólicos: fenilcetonuria, galactosemia, etc.

1. Infecciones

Hay muchas infecciones que tienen el vómito como parte de sus síntomas. Suelen cursar con fiebre, que puede ser más o menos alta, y muchas veces, con poco apetito o rechazo de la alimentación.

2. Reflujo gastroesofágico

Ocurre porque tras la ingesta de alimentos, no cierra bien el músculo que conecta el esófago con el estómago (esfínter esofágico). Si el esfínter sigue abierto, los cambios posturales (sobre todo, al tumbarlos) y las causas que aumentan la presión sobre el estómago darán lugar a la salida de alimentos. Puede ocurrir nada más comer o más tarde. La mayor parte de las veces no son grandes cantidades y generalmente salen sin esfuerzo.

Habitualmente suele mejorar según va creciendo el niño. Lo más frecuente es que no haya alteración en la ganancia de peso.

3. Alergia o intolerancia a proteínas de leche de vaca

Aunque son problemas distintos el motivo es el mismo: la leche de vaca no les sienta bien. Al tomar el biberón y, a veces, con la leche materna pueden vomitar o tener crisis de llanto, diarreas explosivas y, en ocasiones, les salen manchas en la piel. Muchas veces no toman la leche (este es uno de los motivos por los que nunca hay que forzar a un niño a tomar ningún alimento).

4. Obstrucción del aparato digestivo

Distintas enfermedades pueden producir una obstrucción digestiva lo que daría lugar a vómitos. La estenosis hipertrófica de píloro aparece entre los 15 días y 4 meses de edad. Se debe a un engrosamiento del músculo en la salida del estómago (píloro) que no deja pasar los alimentos. Los vómitos aparecen poco tiempo después de comer y suelen ser proyectivos (a chorro).

La invaginación intestinal se presenta entre los 5 y 10 meses de edad. Además de los vómitos tienen dolores abdominales intensos que se manifiestan como llanto intenso, generalmente, encogen las rodillas sobre el pecho. Suele ser intermitente, pero va empeorando de forma progresiva. En muchas ocasiones tienen heces con sangre.

Reflujo en bebés: síntomas y tratamiento

¿Qué debo hacer cuando mi bebé vomita?

Cuando se inician los vómitos se aconseja iniciar tolerancia oral con soluciones de rehidratación oral (preparados farmacéuticos). Están desaconsejados los sueros caseros, bebidas isotónicas, zumos y otras bebidas azucaradas o carbonatadas.

La tolerancia oral consiste en ofrecerle el suero en pequeñas cantidades (mejor con cuchara o jeringuilla) e ir aumentando poco a poco durante unas 3 - 4 horas.

Si es un reflujo gastroesofágico y no hay afectación del estado general o pérdida de peso no se debe tomar ninguna medida especial.

Regurgitaciones normales en lactantes

Las regurgitaciones (el nombre se las trae, lo sé) son NORMALES. Cuando la comida llega al estómago, generalmente el esfínter esofágico inferior, se cierra como si de unas compuertas se tratase y esto evita que la comida vuelva a subir de nuevo al esófago. Pues bien, en los lactantes, este esfínter que separa esófago de estómago no funciona del todo bien. Digamos que esas compuertas están aún muy blanditas lo que hace que la comida que llega al estómago pueda subir con facilidad hacia el esófago y de ahí a la boca.

Es lo que llamamos REFLUJO GASTROESOFÁGICO en este caso FISIOLÓGICO, es decir, normal para su edad. No lo confundamos con la Enfermedad por Reflujo Gastroesofágico (ERGE) que es cuando el bebé tiene tantos síntomas que afecta a su calidad de vida: llanto incesante, rechazo de las tomas, ausencia de ganancia de peso, irritabilidad mantenida en el tiempo, arquemiento en las tomas, trastorno del sueño, etc.

Entendemos por reflujo gastroesofágico (RGE) el retorno sin esfuerzo del contenido del estómago a la boca, de forma esporádica y especialmente tras las comidas. Además, si tenemos en cuenta que durante los primeros 6 meses de vida los niños solo toman leche, entenderéis que es mucho más fácil que estos episodios de reflujo sean más frecuentes.

Con el paso de las semanas y los meses, el esfínter comenzará a adquirir tono muscular y las “compuertas” serán capaces de cerrar de forma competente la comunicación entre estómago y esófago. Hasta que esto se produzca (entre los 6 y los 12 meses) es muy normal que los niños REGURGITEN un poco de leche tras las tomas.

Veréis a vuestros hijos expulsar esa leche de forma tranquila, sonrientes incluso, sin llanto y sin gesto alguno de dolor. ¿Verdad? Pues bien, esto son regurgitaciones normales del lactante. El único inconveniente es que no podemos presumir del jersey nuevo que le acaban de regalar porque siempre está con el babero puesto.

Ni la leche le sienta mal, ni vomita lo que le sobra, ni su estómago es pequeño, ni hay que cambiar a una leche antirreflujo. Es normal y con el tiempo se irá.

¿Hace falta hacer pruebas para quedarnos tranquilos?

Habitualmente no. Cuando no hay ningún signo de alarma no es necesario hacer ningún estudio complementario, ni ecografías, ni radiografías, ni contrastes. Vuestro pediatra os explicará que todo es normal y que no debéis preocuparos.

Cuando estos episodios de regurgitaciones superan la frecuencia e intensidad normal de un lactante, pueden llegar a lesionar la mucosa del esófago y los niños comenzarán a tener síntomas, es lo que llamamos enfermedad por reflujo gastroesofágico.

Cuándo consultar al pediatra o acudir a urgencias

Es crucial saber cuándo buscar ayuda médica. Aquí te indicamos algunas situaciones:

1. Pediréis cita con vuestro pediatra si:

  • Si el bebé llora con el vómito, tiene gesto de dolor.
  • Si no gana peso adecuadamente o está perdiendo peso.
  • Si está muy irritable, llora la mayor parte del tiempo.
  • Si al mamar o al tomar los biberones, el niño se echa hacia atrás, se arquea, llora. Se engancha y enseguida se suelta.
  • Diarrea o estreñimiento importante.

2. Acudiréis a urgencias si:

  • Si los vómitos se presentan de repente, muy abundantes y violentos, con mucha ansia por comer y empeoran de forma brusca en 2-3 días.
  • Si además de vomitar presenta lesiones en la piel, eccemas, ronchas en la cara o alrededor de los labios sobre todo inmediatamente después del biberón o del pecho.
  • Si está decaído, apático, febril, y con poca actividad.
  • Si los vómitos son biliosos (verdes)

En estos casos no pensaríamos en regurgitaciones fisiológicas del lactantes y habría que descartar patología como puedan ser infecciones, alergia a la proteína de leche de vaca, estenosis hipertrófica de píloro, invaginación intestinal y otras entidades que aunque poco frecuentes, en ocasiones se presentan.

Consejos para reducir la regurgitación en bebés

Seguir los siguientes consejos puede ayudar a reducir la regurgitación en los lactantes:

  1. Mantén a tu bebé erguido. Tanto mientras lo alimentas como durante los quince o veinte minutos posteriores, mantenlo incorporado (a 45º aproximadamente). No lo acuestes ni lo dejes en la hamaca o el sueño antes de la media hora después de que tome.
  2. No esperes a que tenga hambre para la toma. De esta manera, evitarás que tenga ansiedad y trague demasiado aire al comer.
  3. No lo alimentes en exceso. Dale solo lo que necesita, tanto si su alimentación es mediante lactancia o con leche artificial. También puede ser beneficioso que tome cantidades más pequeñas con mayor frecuencia. Por otra parte, es conveniente que si la mamá es lactante, vacíe un pecho antes de comenzar con el otro, ya que la leche del final de la toma es más espesa, lo que previene la regurgitación.
  4. Si toma biberón, escoge una tetina con un agujero del tamaño adecuado. Si el agujero es demasiado grande, la leche puede salir demasiado rápido y, si es pequeño, pueden llegar a formarse burbujas de aire que el bebé ingerirá.
  5. Durante la toma y tras esta, hazle eructar. Ayudar suavemente al bebé a expulsar el aire que ha ingerido puede favorecer que no se le acumule en su estómago.
  6. Eleva un poco el cabecero de la cuna. Para ello, puedes poner bajo el colchón una toalla enrollada, una manta o una almohada. También puedes levantar el respaldo del cochecito.
  7. Evita los juegos activos tras la alimentación. Dale tiempo para que su estómago se asiente tras la alimentación, ya que los movimientos bruscos durante los minutos siguientes podrían desencadenar la regurgitación.

Así que la próxima vez que vomite tu hijo, si lo hace con una sonrisa de oreja a oreja, si el resto del tiempo está contento y feliz y si gana peso adecuadamente, ya sabes a qué se debe. Cómprale unos cuantos baberos porque serán su prenda más habitual en los próximos meses.

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