Impacto de la ansiedad materna en el feto: Un análisis profundo

El embarazo es un período con un alto contenido emocional, ya que el cuerpo de la mujer sufre cambios tanto físicos como hormonales, que influyen en su estado de ánimo. En mayor o menor intensidad, el embarazo es un período de alteraciones emocionales secundarias a factores sociales, psicológicos y a alteraciones hormonales. El cuerpo experimenta muchos cambios físicos, fisiológicos, y también hormonales, que afectan al estado de ánimo. Muchas mujeres se sienten tristes o abrumadas en distintas etapas de su embarazo, incluso después del nacimiento de su bebé. El miedo e incertidumbre que se produce durante el embarazo son emociones normales, sobre todo entre las madres primerizas.

Se describe el embarazo como el período en el que un feto se desarrolla en el útero de una mujer. Su duración aproximada es de 40 semanas, contadas desde la última menstruación hasta el parto.

Trimestres del embarazo

  • Primer trimestre (de la semana 1 a la 12): Abarca desde la concepción, momento en el que un espermatozoide penetra en el óvulo. Una vez que el óvulo es fertilizado pasa a llamarse cigoto, viajando por medio de las trompas de Falopio hasta llegar al útero, en cuya pared se implanta.
  • Segundo trimestre (de la semana 13 a la 28): Se realiza prueba de ultrasonido para detectar defectos en el feto, es posible conocer su sexo y la madre puede sentir que el feto se mueve.
  • Tercer trimestre (de la semana 29 a la 40): A las 32 semanas los huesos están formados, aunque son blandos. Los nacidos antes de la semana 37 se consideran prematuros. Los nacidos en la semana 37-38 se consideran a término temprano y tienen más riesgo de salud que los que nacen en la semana 39 o posterior. Los nacidos en la semana 39-40 se consideran a término y tienen mejores resultados de salud ya que los pulmones, el cerebro y el hígado están completamente desarrollados.

Estrés materno y sus efectos

Se define el estrés como el “estado de preocupación o tensión mental generado por una situación difícil”. Entre los síntomas que origina se pueden encontrar dolor de cabeza o de otra parte del cuerpo, irritabilidad, malestar estomacal, alteraciones del apetito, dificultad para concentrarse y para conciliar el sueño, consumo o abuso de sustancias nocivas.

La principal consecuencia que tiene el estrés sobre la madre durante el embarazo es la desregulación del eje hipotalámico-hipofisario-adrenal, que puede ocasionar problemas inmunitarios. El estrés en el embarazo también es considerado un antecedente de otros problemas psicológicos posteriores al parto que pueden contribuir a la forma en la que la madre va a interactuar con su bebé. Uno de los principales trastornos es la depresión postparto (afecta al 15% de las mujeres tras el nacimiento de sus bebés y puede desencadenar en suicidio).

Una de las explicaciones es que aproximadamente un 40% del cortisol materno puede atravesar la placenta y entrar en la circulación fetal. Otra explicación consiste en la síntesis y liberación de CRH placentaria (hormona liberadora de corticotropina), lo que provoca la liberación de ACTH fetal (hormona adrenocorticotrópica) y la segregación de cortisol, estimulando el eje hipotalámico-hipofisario-adrenal fetal.

Un grado elevado de estrés persistente en el tiempo puede provocar la elevación de cortisol y supresión de ciertas hormonas anabólicas que pueden favorecer la inflamación sistémica y el estrés oxidativo. Los factores fisiológicos o ambientales durante la gestación pueden actuar incrementando el nivel de estrés de la madre, siendo un factor clave en la morbimortalidad del feto a largo plazo.

La ansiedad perinatal no solo afecta durante el embarazo, sino que también puede tener efectos en el parto y el posparto. Consiste en una sensación de angustia y malestar emocional continua que va acompañada de múltiples manifestaciones somáticas. Muchas mujeres con ansiedad perinatal ya padecían ansiedad antes del embarazo. La ansiedad se intensifica por los temores propios que surgen durante la gestación, sobre el bienestar del bebé y su papel de madre, entre otras inquietudes. Este malestar constante no sólo es perjudicial para la salud de la mujer, también lo es para la del feto en desarrollo.

Efectos del estrés materno en el feto:

  • Parto prematuro.
  • Malformaciones congénitas.
  • Déficit de atención e hiperactividad de los 5 a los 14 años.

Estrés materno y bajo peso al nacer

Un estudio de tipo analítico estudió si el estrés durante el embarazo también es un factor de riesgo de bajo peso en el recién nacido, incluyendo a 37 recién nacidos con peso menor de 2500 g, y a 74 recién nacidos con peso entre 2500 y 3999 g. El estado emocional de las madres con recién nacidos con bajo peso, fue más estresante que el de las del grupo control. Las preocupaciones financieras, laborales, de alimentación, vivienda, salud y transporte, fueron las que ocasionaron mayor estrés en las madres que tuvieron recién nacidos con bajo peso, existiendo una probabilidad 5,6 veces superior de que el recién nacido tenga bajo peso cuando la madre presenta estrés durante el embarazo.

El peso del recién nacido es un indicador de bienestar. Recién nacidos con un peso inferior a 2500 g presentan problemas de salud y una alta incidencia de mortalidad infantil. Un reciente meta-análisis basado en casi 6 millones de recién nacidos, encontró una relación significativa entre niveles de estrés materno prenatal elevados, con el bajo peso al nacer.

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Estrés materno y la biología de los telómeros

Diversos factores maternos, como las condiciones físicas, biológicas y psicológicas de la madre pueden tener un efecto en el desarrollo del feto por medio de diferentes vías como puede ser la inmunológica, hormonal o metabólica. Varios estudios apoyan este razonamiento denominado hipótesis de la programación fetal de la biología de los telómeros, que viene a decir que el ambiente intrauterino influye en la longitud de los telómeros al nacer, lo que a su vez puede regular el desarrollo futuro e incluso la morbilidad y mortalidad.

Los telómeros son secuencias repetitivas de ADN al final de cada cromosoma más un complejo proteico circundante, que protege el extremo del cromosoma, por lo que juegan un papel importante en el mantenimiento de la integridad cromosómica. Por tanto, el estrés se asocia con el envejecimiento acelerado del sistema inmunológico y representa un potente factor de riesgo para el desarrollo de trastornos físicos y mentales.

En una muestra de 319 recién nacidos, el estrés materno durante el embarazo se asoció con una menor longitud del telómero en el recién nacido. En otro estudio con el mismo objetivo se recolectaron muestras de sangre de cordón umbilical de 71 recién nacidos y se aisló ADN genómico de leucocitos. El 22,5% de la muestra de madre fueron clasificadas con estrés percibido bajo, el 59,2% con estrés percibido normal y el 18,3 con estrés percibido alto.

En el estudio de Marchetto NM et al, con una muestra de 24 madres - recién nacidos sobre el estrés psicosocial materno, se encontró una asociación negativa significativa entre el estrés materno y la longitud de los telómeros del recién nacido. Una de las funciones de los telómeros es el mantenimiento de la integridad cromosómica, la regulación de las divisiones celulares y el envejecimiento celular.

En una muestra de 656 díadas madre-hijo donde también se estudió el estrés materno, éste predijo significativamente un telómero más corto en el recién nacido, mientras que la actitud positiva de la madre o los trabajos de resiliencia materna se asociaron positivamente con los telómeros del recién nacido, y el aumento de la resiliencia predijo una longitud del telómero en el recién nacido un 12% mayor.

En un meta-análisis que incluyó 8 estudios se encontró una relación inversa estadísticamente significativa entre el estrés materno y la longitud de los telómeros del recién nacido; un aumento de la puntuación en el estrés psicológico materno resultó en una disminución de 0,04 en la longitud del telómero del recién nacido. Esta asociación demuestra la importancia del estrés en la mujer embarazada y su influencia en la longitud de los telómeros, lo que puede ser un factor que contribuya al futuro del bebé.

Estrategias para manejar el estrés durante el embarazo

Prevenir la ansiedad comienza con el autocuidado y la adopción de hábitos saludables. Establecer una rutina que combine una alimentación equilibrada, ejercicio moderado y técnicas de relajación, como la meditación o el yoga prenatal, puede ayudar a reducir el estrés y promover un bienestar integral. Además, es importante contar con una red de apoyo sólida, ya sea a través de la pareja, familiares o amigos, que facilite un espacio de escucha y comprensión.

La Organización Mundial de la Salud publicó una guía para enseñar métodos prácticos para lidiar con el estrés, es decir, técnicas de autoayuda que constituyan una rutina diaria, invirtiendo unos minutos al día para realizar ejercicio físico y dormir lo suficiente para cuidar cuerpo y mente, ya que el sueño repara, relaja y revitaliza el organismo, ayudando a hacer frente a los efectos del estrés. Para ello es muy importante ser constante en la hora de acostarse y levantarse, que el lugar sea tranquilo, relajante y con temperatura agradable, limitar el uso de aparatos electrónicos antes de dormir, no comer en exceso ni tomar bebidas con alcohol o cafeína.

Se ha estudiado el efecto de diversas terapias para la reducción del estrés: terapias Mind-Body que están focalizadas en la interacción cerebro-mente-cuerpo-comportamiento, y la fuerza que los componentes emocionales, mentales, sociales, espirituales y comportamentales ejercen sobre la salud. Dentro de estas terapias encontramos el yoga, relajación, hipnosis, rezo, imaginación o biofeedback. Otra terapia es el Mindfulness, que se centra en la observación de los pensamientos, emociones, sensaciones o percepciones, sin juicios.

También existen las técnicas de “counselling” ofrecidas por personal sanitario que lleva a cabo los programas de salud de las mujeres embarazadas, siendo en este caso el pilar principal de salud la enfermera. La Terapia Cognitivo-Conductual también se ha estudiado como método para reducir el estrés, y se basa en entender la interacción entre cognición-conducta-emoción, a partir de la cual se intenta reconocer las emociones y el cambio de los pensamientos irracionales e ideas negativas, por un tipo de pensamiento racional, con el fin de conseguir un cambio comportamental y emocional.

Otras intervenciones para intentar manejar el estrés incluyen técnicas de desactivación (respiración diafragmática), técnicas cognitivas (reestructuración cognitiva, entrenamiento autoinstruccional) y técnicas de control de la ira o asertividad.

El impacto de la pandemia de COVID-19 en el estrés prenatal

La crisis sanitaria y social debida a la enfermedad por coronavirus COVID-19 ha afectado a la población a nivel mundial y tuvo impacto en la salud mental de la población. Esto se hizo evidente desde el inicio de la pandemia del coronavirus COVID-19, observándose un incremento de la ansiedad en la población general y la exacerbación de otros problemas mentales en la población gestante.

Al inicio de la pandemia, se observó que las mujeres gestantes que asistían a los controles prenatales manifestaban preocupaciones asociadas a la falta de información y a la limitación de recursos para el control del virus en los diferentes servicios de salud. También señalaban el temor de asistir a los controles de seguimiento prenatales o a que se cancelaran, incertidumbre por el posible incumplimiento de su plan de parto, dudas sobre la posibilidad de estar acompañadas por su pareja y otros familiares, así como por la posible interrupción anticipada de la gestación y/o la necesidad de cesáreas electivas y al abuso de las medidas de higiene.

Dichas preocupaciones son comunes en mujeres primíparas, con embarazo de alto riesgo y no planificado. Se estima que más del 25% de las mujeres sufren estrés prenatal. Cuando se presenta en niveles elevados y persistentes, puede desencadenarse un trastorno de ansiedad.

Durante la gestación, la ansiedad constituye un problema de salud mental frecuente, observándose en un 15,2% de la población gestante. Se ha puesto en evidencia que la ansiedad constituye un factor de riesgo para el desarrollo del embarazo asociándose a un mayor riesgo de aborto, menor crecimiento intrauterino, parto prematuro, trastornos fetales en el eje hipotálamo-hipófisis-suprarrenal, bajo peso al nacer, así como también trastornos afectivos en la mujer, que pueden tener efectos duraderos en la descendencia.

Resultados de un estudio sobre el estrés prenatal y la ansiedad durante el confinamiento por COVID-19 en España:

  • Nivel medio de estrés prenatal: 16,98 (DS=25,20)
  • Nivel elevado de ansiedad: M=25,20/DS=11,07
  • Factores de riesgo: preocupación asociada al COVID-19, antecedentes de salud mental
  • Factor de riesgo específico para la ansiedad: tener más de un hijo/a
  • Factor protector: percibir accesibilidad y disponibilidad de la atención sanitaria

Un estudio sobre el trauma materno y la respuesta de la amígdala

Investigadores del Baylor College of Medicine (Houston, EE.UU) han publicado un estudio en el que la respuesta de embotamiento de la amígdala en madres con una experiencia traumática no resuelta puede ser un indicador neural de la posible falta de compromiso con la angustia emocional del bebé, lo que puede indicar un estilo de crianza disruptivo y una vinculación insegura.

Durante las dos últimas décadas, los estudios longitudinales que se han llevado a cabo han puesto de manifiesto que los hijos de las madres con un trauma no resuelto son más propensos a presentar un apego profundamente desorganizado. Estos bebés suelen mostrar dificultades a la hora de buscar a su madre para obtener confort cuando están angustiados, además de parecer asustados y alarmados en presencia de su progenitora traumatizada.

Contrariamente a las respuestas emocionales intensas comúnmente observadas en un trauma único, agudo y de inicio en la edad adulta, se han reportado respuestas emocionales embotadas en casos de traumas prolongados, recurrentes y de inicio temprano. En cuanto a la activación de la amígdala se han observado patrones diferentes según el momento de aparición del trauma: en los casos en los que ha aparecido más tarde, se observa una hiperactivación de esta estructura, mientras que en los casos en los que el trauma ha aparecido antes en el tiempo, se observa un patrón caracterizado por una disminución de la activación en la respuesta de esta estructura.

Los investigadores predijeron que las madres con traumas no resueltos presentarían una respuesta emocional de embotamiento desencadenada a partir de las señales de angustia de sus bebés. Se trata de un estudio longitudinal que incluyó 42 madres primíparas entre 19 y 41 años, a quienes en el tercer trimestre del embarazo se les evaluó la presencia de una experiencia traumática no resuelta.

Los hallazgos muestran que, tal y cómo se hipotetizó, la respuesta de embotamiento de la amígdala materna solo se observaba cuando las madres presenciaban imágenes de sus propios hijos, es decir, en un contexto de vínculo. Este efecto resultó ser específico para las expresiones faciales de tristeza, lo que va en consonancia con los resultados obtenidos por Beebe en el año 2010, en el que se subraya que las madres con un trauma no resuelto quizás no presentan un déficit global en la vinculación emocional, sino que lo que se observa es un fracaso en la armonización con el bebé durante los momentos en los que este experimenta angustia.

La observación de la respuesta de embotamiento de la amígdala puede contribuir a la consideración de la transmisión transgeneracional del trauma. Se puede especular que la respuesta de embotamiento se mantiene porque tiene la función de proteger a la madre de la reexperimentación de los recuerdos generadores de malestar del propio trauma. En consecuencia, a nivel psicológico el bebé es abandonado, sin poder compartir o mitigar con nadie su malestar emocional.

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