La relación de pareja se volvería más frágil cuando la mujer sufre la pérdida en un embarazo, de acuerdo a un nuevo estudio que apoya otros previos que habían demostrado que el riesgo de que los matrimonios se divorcien aumenta después de la muerte de un hijo.
Tras estudiar a más de 3.700 parejas estadounidenses, casadas o no, que tuvieron por lo menos un embarazo, los autores hallaron que las que habían sufrido un aborto o habían tenido un parto de feto muerto (mortinato) eran más propensas a separarse en los siguientes años que las que habían tenido el bebé.
Estadísticas de Separación Después de un Aborto
Es importante analizar las estadísticas para comprender mejor la magnitud del problema:
- Las parejas que habían sufrido un aborto (pérdida del feto antes de la semana 20 de gestación) eran un 22 por ciento más propensas a separarse durante los 15 años de estudio que las que habían tenido al bebé.
- Ese riesgo aumentó al 40 por ciento en las parejas que habían tenido un mortinato (pérdida del feto después de la semana 20 de gestación, pero antes del parto).
Mientras que el aumento del riesgo asociado con el aborto se mantuvo durante los 3 años posteriores a la pérdida, el aumento asociado con la muerte fetal duró casi una década.
De todos modos, los resultados coinciden con los de estudios previos sobre parejas casadas que habían perdido un hijo. Si bien el dolor acercó a muchas de ellas, el riesgo general de divorciarse observado en esos estudios aumentaba tras la pérdida.
A partir de esos estudios los nuevos resultados no son inesperados, según la doctora Katherine Gold, de University of Michigan, en Ann Arbor. "En el caso del aborto, el riesgo más alto se registró entre 1,5 y 3 años después de la pérdida, pero en el caso de los mortinatos, el riesgo se mantuvo casi una década. Eso es más prolongado de lo que esperábamos", dijo Gold.
Pero insistió en que "las parejas no deberían tener en cuenta este estudio y pensar que la pérdida de un hijo condena la relación". Muchas parejas lo superan juntos.
Aun así, los resultados son preocupantes porque indican la necesidad de comprender por qué esas parejas tienen alto riesgo de separarse, explicó.
El estudio incluyó a 3.707 mujeres casadas o que convivían con su pareja. En total, tuvieron 7.770 embarazos, de los cuales el 82 por ciento finalizó con el parto, pero un 16 por ciento terminó con un aborto y el 2 por ciento con un mortinato.
Muchas relaciones finalizaron durante el estudio. Más del 40 por ciento de las parejas que tuvieron un bebé se separaron durante los 10 años siguientes. Lo mismo ocurrió en casi el 60 por ciento de las que tuvieron un mortinato y en la mitad de las que sufrieron un aborto.
Los resultados no prueban que la pérdida de un embarazo explique el aumento de la tasa de separación de las parejas. Pero el equipo señala que aun tras considerar varios otros factores asociados con la separación de una pareja (juventud, bajos ingresos y cohabitación, a diferencia del matrimonio), el aborto y el parto de un mortinato se mantuvieron asociados con el aumento del riesgo de separación después de la pérdida.
"La pérdida de un bebé es devastadora para una pareja y el estudio sugiere que el origen de la separación sea el estrés de dos personas que intentan superar la misma experiencia de distintas maneras", dijo la autora.
Aborto de Repetición: Causas y Diagnóstico
El aborto de repetición, también llamado aborto recurrente, se define como la pérdida gestacional de 3 o más embarazos antes de las 20 semanas. En este caso, la pareja no es estéril porque sí logra concebir, pero existe un problema de infertilidad al no conseguir que las gestaciones lleguen a término.
Los abortos repetidos tienen una gran consecuencia emocional en los futuros padres, ya que la decepción de no tener un bebé se suma a la frustración de haber perdido varios embarazos.
Las causas del aborto de repetición son muy diversas, en ocasiones desconocidas, lo cual agrava la situación de infertilidad y aumenta el tiempo de espera hasta dar con el tratamiento adecuado que permita tener un hijo.
Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), un aborto se define como la interrupción espontánea del embarazo antes de que el feto sea viable (peso inferior a 500 gramos o semana 20-22 de gestación). Si, además, le adjuntamos la coletilla de “repetición”, significa que han tenido lugar 3 o más pérdidas gestacionales consecutivas antes de la semana 20.
Por otra parte, el hecho de sufrir abortos de repetición no significa que no se pueda tener un embarazo viable y un hijo sano entre las pérdidas gestacionales. En función de la causa de los abortos, la probabilidad de sufrir una nueva pérdida puede ser mayor o menor, pero cabe la posibilidad de conseguir un recién nacido vivo.
El aborto recurrente puede ser primario, cuando la mujer no ha conseguido llevar ningún embarazo a término, o secundario, cuando la mujer o la pareja ya ha tenido un hijo previamente.
Por tanto, aunque la definición de aborto de repetición especifique que las pérdidas gestacionales son consecutivas, si ha habido 3 o más abortos durante toda la vida reproductiva de la mujer, ya se debe pensar que existe un problema de base.
Obviamente, para diagnosticar el aborto de repetición, solamente se contabilizan los abortos espontáneos. En ningún caso se van a incluir los abortos voluntarios.
Por último, cabe destacar que el Colegio Americano de Ginecología y Obstetricia (ACOG, de la sigla en inglés de American Congress of Obstetricians and Gynecologists) ya considera el aborto recurrente cuando hay 2 pérdidas gestacionales consecutivas, aunque no hay un consenso claro en esto.
No obstante, los especialistas recomiendan empezar los estudios para averiguar las causas de los abortos si ya han tenido lugar dos pérdidas del embarazo.
Causas del Aborto Recurrente
La pérdida recurrente del embarazo ocurre entre el 3-5% de las parejas o las mujeres solas que buscan el embarazo.
La epidemiología varía dependiendo de la edad materna. Una mujer con menos de 30 años de edad tan sólo tiene un 25% de probabilidad de que se produzca un nuevo aborto. En cambio, con más de 40 años, existe entre el 50 y el 60% de posibilidad de que se vuelva a producir una pérdida gestacional.
Algunas veces resulta complicado saber la causa que está provocando los abortos de manera repetida. Otras veces, en cambio, se averigua después de algunos análisis y se pueden empezar a tomar las medidas necesarias.
A continuación, comentamos las causas del aborto de repetición en orden de probabilidad:
Causas Genéticas
En el 50% de los casos de aborto espontáneo, el origen es genético. Sin embargo, tan solo se atribuye la causa genética a un 3-8% de las parejas con aborto de repetición.
El factor que más influye en cuanto a los abortos por causas genéticas es la edad materna avanzada.
Con la disminución de la reserva ovárica y la calidad ovocitaria con la edad de la mujer, aumenta la probabilidad de obtener embriones con trisomías (3 cromosomas en lugar de 2) no compatibles con la vida.
Por otra parte, puede suceder que uno o ambos progenitores sea portador de una alteración cromosómica que pasa desapercibida pero que, al tener descendencia, da lugar a embriones no viables. Esto es lo que se conoce como reorganización cromosómica equilibrada que puede ser de distintos tipos:
- Translocaciones recíprocas.
- Translocaciones robertsonianas.
- Inversiones.
Por último, cabe destacar las posibles alteraciones en la espermatogénesis del varón, lo cual resulta en la formación de espermatozoides con alteraciones genéticas.
"ABORTOS RECURRENTES, CAUSAS Y TRATAMIENTOS"
Causas Inmunológicas
Hoy en día se han descubierto varios factores relacionados con el sistema inmunitario que se relacionan con el aborto de repetición. De manera general, los vamos a dividir en los dos grupos siguientes:
Causas autoinmunes: Aquí encontramos las trombofilias, tanto heredadas como adquiridas, que se traducen como un estado de hipercoagulabilidad de la sangre materna, lo cual hace que se formen unos coágulos que pueden llegar hasta la placenta y afectar el flujo de sangre hasta el feto, provocando la pérdida gestacional.
Hay que prestar especial atención al síndrome antifosfolípido (SAP), un tipo de trombofilia adquirida que es responsable del 12-15% de los abortos recurrentes. En cuanto a la trombofilias heredadas, las mutaciones genéticas más frecuentes que las provocan son el Factor V de Leiden y la mutación de la protrombina.
Causas aloinmunes: En este caso, los abortos se producen porque el cuerpo no reconoce al feto como una estructura propia y, como consecuencia, produce anticuerpos para rechazarlo. Aquí intervienen las llamadas células Natural Killer (NK), un tipo de linfocitos con capacidad para destruir los organismos que no reconoce como parte del cuerpo de la mujer, y sus receptores KIR, que son los encargados de identificar y reconocer al feto como propio o extraño.
Para que no suceda este rechazo inmunológico en todos los embarazos, las mujeres tienen un mecanismo de tolerancia inmunológica que permite la implantación del embrión sin problemas.
Cuando este mecanismo de inmunosupresión falla, es cuando se produce la pérdida del embarazo.
Causas Anatómicas
Algunos abortos recurrentes se deben a motivos anatómicos que hacen referencia a las malformaciones u otras alteraciones que pueda tener el útero de la mujer donde se desarrolla la gestación.
Estas causas suelen ser más evidentes y algunas pueden diagnosticarse con una ecografía de ultrasonido. Por ejemplo, las alteraciones más comunes son las siguientes:
- Útero septo.
- Mioma uterino submucoso.
- Síndrome de Asherman.
- Insuficiencia cervical.
En general, cualquier alteración que distorsione la morfología del útero o altere su funcionalidad. En este último caso, también hay que destacar el papel del endometrio, su capa más interna y en la que implanta el embrión.
La mayoría de estas patologías pueden eliminarse con una operación quirúrgica.
Causas Endocrinas
Los abortos recurrentes también se pueden relacionar con problemas hormonales en la mujer, aunque este es uno de los factores menos probables. En concreto, se diferencian estas 3 situaciones:
- Insuficiencia del cuerpo lúteo: Hace referencia a la incapacidad del ovario para producir progesterona, hormona muy importante para el mantenimiento del embarazo.
- Diabetes mellitus: Concentración elevada de glucosa en sangre.
- Trastornos tiroideos: Hipotiroidismo e hipertiroidismo.
Evidentemente, no todas las mujeres que sufran estos trastornos van a sufrir abortos de repetición: solamente se asocian los casos más graves.
Diagnóstico de Abortos Recurrentes
Existen multitud de pruebas para poder averiguar la causa de los abortos recurrentes. A continuación, vamos a nombrar las más importantes:
- Cariotipos del hombre y la mujer.
- Pruebas de imagen en la mujer para ver la anatomía del útero: histerosalpingografía, ecografía o histeroscopia.
- Biopsia endometrial.
- Análisis hormonal: nivel de prolactina, progesterona y funcionamiento de la glándula tiroides.
- Estudio de la fragmentación del DNA de los espermatozoides (TUNEL).
- FISH de espermatozoides.
- Estudio de trombofilias: factor anticoagulante lúpico y anticuerpos anticardiolipina.
- Estudio inmunológico.
- Niveles de vitamina D.
En el 50% de los casos en los que se estudia el aborto de repetición, los resultados de todos los exámenes son normales. Esto da lugar a lo que se conoce como aborto recurrente idiopático o sin causa aparente.
Ante una situación de abortos de repetición de causa desconocida, se recomienda a la mujer seguir un estricto control del próximo embarazo, incluso con apoyo psicológico si es necesario, con el fin de evitar que se vuelva a producir una pérdida gestacional.
Tratamiento del Aborto Recurrente
La estrategia para poder conseguir un embarazo viable y el nacimiento de un niño sano en las mujeres que sufren de aborto de repetición va a depender de la causa específica de éstos. Por tanto, cada pareja o mujer va a necesitar un tratamiento personalizado.
A continuación, vamos a comentar algunas estrategias que pueden seguirse para poder tener un bebé:
- DGP: Cuando existe una alteración genética que detiene el desarrollo embrionario. Así se seleccionarán los embriones sanos, sin alteraciones genéticas para hacer la transferencia al útero de la mujer.
- Donación de gametos: Si no se consigue el embarazo tras varios intentos, si no es posible identificar la causa genética o si no se obtiene ningún embrión sano después del DGP, la alternativa sería recurrir a donantes de óvulos y/o semen.
- Heparina y/o aspirina: Para los problemas de coagulación o causas trombofílicas. Es necesario llevar un estricto control del embarazo y personalizar la dosis de medicación necesaria en cada momento.
- Gestación subrogada: En casos en los que la mujer no puede gestar porque esto supondría poner en peligro su vida.
Es posible que algunas de las causas del aborto recurrente, como las causas inmunológicas, requieran recibir un tratamiento combinado por parte de diversos especialistas.
En este caso, todos los médicos que traten a la mujer o la pareja tendrán que ponerse de acuerdo en cuanto a la estrategia a seguir.
Consecuencias Psicológicas del Aborto
Las presiones políticas son el principal freno a que el trauma posterior a una interrupción voluntaria del embarazo- que no solo afecta a las mujeres- no se catalogue ni se aborde adecuadamente.
La interrupción voluntaria del embarazo (IVE) esta reconocida por expertos e instituciones a nivel internacional como un evento potencialmente estresor, en el contexto de una vida sometida a otros estresores. En otras palabras, en gran parte de los casos, representa una experiencia compleja -no homogénea ni lineal- cuya sintomatología y desarrollo le hace pertenecer a los denominados trastornos de estrés postraumático (TEPT).
En concreto, el cuadro clínico psicológico y emocional que se suele producir en un número elevado de mujeres después de someterse a una IVE es conocido como síndrome postaborto (SPA) y estaba recogido en el manual de referencia de psiquiatría, el DSM III (Manual Diagnóstico y Estadístico de los trastornos mentales, por sus siglas en inglés) , vigente entre 1980 y 1994. “En el DSM IV no aparece por presiones políticas e intereses ideológicos”, señala Begoña Requena, psicóloga general sanitaria. “Y no solo eso, sino que hay una carencia de estudios epidemiológicos de este síndrome- también motivada por intereses ideológicos- que no permite su incorporación a las clasificaciones internacionales de los trastornos mentales”. Y lo que no se clasifica ni se estudia, no existe.
Evidencia Científica
La consideración del aborto como un trauma con potencial para desatar un TEPT está asentada en una serie de evidencias científicas que justifican que los síntomas que padecen estás mujeres- especialmente la depresión, la ansiedad y la culpa- cumplen criterios diagnósticos del DSM-IV y CIE-10 (clasificación internacional de enfermedades mentales).
Junto a ellos, aparecen con frecuencia otras manifestaciones clínicas que dotan de entidad propia al SPA.
“Las mujeres que se someten a IVE ven conectores con su experiencia por todas partes: personas, lugares, objetos o hechos que se asemejan en lo más mínimo a recuerdos no deseados, oculto. Por ejemplo, ver embarazadas, estar cerca de bebés o ver sus fotos, ver médicos o material quirúrgico, ir a hospitales, entre otros. Yo tenía una paciente que era ATS y que, frecuentemente, cuando pasaba por delante de una foto grande de un bebé que había en la zona de pediatría de su hospital, sufría ansiedad. Otro síntoma que se repite es que recuerdan las fechas de aniversario del bebé (”mi hijo podría tener 1 años, dos años, etc). Ninguna olvida la fecha en la que estaba previsto el parto, y muchas se ponen enfermas- con dolores abdominales- en ese momento”, explica la psicóloga.
“Otro comportamiento habitual es el aislamiento social en los primeros meses después del aborto, o, por el contrario, la reacción opuesta, que es la de empezar a salir sin parar y no dejar ni un minuto libre para no pensar en ello. También encontramos una relación muy estrecha con trastornos de la conducta alimentaria (TCA), ya que, a través de la comida, ‘purgan’ su sentimiento de culpa”. De hecho, el Instituto norteamericano Elliot es una de las instituciones de referencia internacional en el estudio del SPA y, en varias investigaciones, ha mostrado que hasta un 70% de las mujeres con TCA habían tenido abortos.
El cuadro clínico incluye también otros síntomas como la ansiedad y los ataques de pánico, el consumo de alcohol y drogas, una afectación profunda de la sexualidad, - “ya sea la pérdida del placer sexual como el desarrollo de una pauta autodestructiva de no poner medios, y, como su situación social y emocional no ha cambiado, vuelven a someterse a abortos de repetición”-, flashbacks, tentativas de suicidio- que se dan más en los hombres- y/o pensamientos suicidas- más en las mujeres- y sentimientos profundos de culpabilidad- “tanto a sí mismas como a algo o alguien de su entorno: su pareja que no las apoyo, sus padres, el médico, etc”-.
Por otro lado, la mujer que interrumpe su embarazo no es la única a la que esta decisión puede dejar marcada. Las familias - en el caso de menores de edad o chicas muy jóvenes- y la pareja también pueden sentir los efectos del trauma posterior. “El aborto rompe parejas, incluso cuando la decisión ha sido consensuada. Y las que se mantienen juntas, se separan emocionalmente. El tema se convierte en un tabú porque, aunque la mujer tiene a querer hablar y compartir su dolor, el hombre se niega, se lo guarda y lo sufre en silencio. Solo si se interviene socialmente, si se les da un apoyo de que, por ejemplo, se les ofrezca terapia, la sietuación puede encauzarse”, señala Requena.
Respecto a la familia, la experta asegura que cada vez más son los padres los que obligan sus hijas a abortar. “Yo he tenido pacientes jóvenes que venían con sus padres a consulta porque ellas querían tener al bebé y sus padres no. El argumento de los padres suele ser que no quieren volver a ‘hipotecarse’”.
Información Sanitaria como Área de Mejora
La falta de estudios clínicos sobre los efectos psicosociales y emocionales de la IVE parece ser un sesgo importante para poder conocer más y actuar mejor en estos casos. Una de las revisiones más actuales sobre las vivencias emocionales de las mujeres en torno a esta experiencia es el estudio ‘Women’s emotional accounts of induced abortion’.
Se trata de una revisión sistemática cualitativa basada en la búsqueda bibliográfica de estudios publicados desde 2010 hasta 2020 en los portales científicos PubMed, Science Direct y Scopus. De ella se extraen algunas conclusiones como que la relación con el personal sanitario condiciona en gran medida la vivencia del aborto, por su labor informativa, de apoyo emocional y en la toma de decisiones compartidas. También que la formación e información adecuada del personal sanitario es el principal ámbito de mejora en el abordaje asistencial de la IVE.
Por un lado, surgieron opiniones positivas sobre el trato y la calidad de la relación, con efectos emocionales benéficos para las pacientes: reducción de la tristeza y del sentimiento de pérdida, del llanto, de la preocupación y del miedo. Otros estudios documentaron la falta de comunicación, el trato impersonal, distante y frío, o la percepción de actitudes negativas y desconsideradas del personal sanitario que, pese a explicarse desde el marco sociocultural local, provocaron mayor sensación de soledad, tristeza o aprecio”, señala la investigación.
Otro aspecto interesante son las experiencias descritas en relación con la ecografía preaborto, que variaron desde el trauma emocional, la dificultad y el estrés hasta la vivencia positiva. “Al permitir tener más información y control sobre el proceso, el acceso a la ecografía se vería como un derecho y las mujeres valoraron positivamente poder elegir entre verla o no”, relata el análisis.
La polémica respecto a este tema, surgida a raíz de la iniciativa del gobierno de Castilla y León de ofrecer apoyo psicológico a la mujer que quiere someterse a una IVE, junto con la posibilidad- también sujeta a la voluntad de esta y al criterio del ginecólogo o la ginecóloga que la atienda- de acceder a una ecografía 4D y de escuchar el latido fetal, estarían alineadas con lo que muestra este análisis.
Para saber el riesgo de presentar otro aborto debemos estudiar la reserva ovárica de la paciente haciendo un análisis de la hormona antimulleriana (calcula en este link tu edad ovárica). Para descartar que se deba a anomalías en la dotación cromosómica de los espermatozoides un estudio en semen que se llama FISH.
La causa más frecuente de aborto son las alteraciones de los cromosomas del embrión.
En Institut Marquès realizamos en nuestra propia clínica la obtención de la muestra de sangre para llevar a cabo el análisis “PregnancyLoss”.
