Pompeya: Hallazgos Arqueológicos Revelan la Vida Cotidiana y la Tragedia de sus Habitantes

Pompeya, situada en la bahía de Nápoles, es un lugar donde el infierno y el paraíso se entrelazaron a lo largo de los siglos. Se decía que en un cráter de Cumas llamado Averno, cercano a la zona más septentrional de la bahía, estaba la entrada al mismo Hades, y que fue allí donde el héroe Eneas descendió a los infiernos.

Pasear por las ruinas que nos legó la catástrofe nos permite apreciar la forma de vida de sus habitantes, ricos y pobres, hombres y mujeres, niños y adultos; quizá por esto nos identificamos mejor con los habitantes de Pompeya que con otros romanos, pues a ellos podemos verlos como personas de carne y hueso.

Son muchos, en efecto, los mosaicos y las pinturas que nos permiten imaginar cómo transcurrían los días en esta ciudad de provincias. Podemos contemplar un grupo de hombres paseando por el foro o entretenidos con juegos de mesa. También vemos a unas mujeres jugando a las tabas. De manera más íntima, una pareja practica el sexo en un camastro, mientras unos actores se preparan para la representación. Incluso somos testigos de una cruenta pelea que el público ha entablado en el anfiteatro, parecida a las que podemos presenciar hoy en día en los modernos estadios de fútbol.

Sabemos que sus calles se disponían en insulae, lo que hoy llamaríamos manzanas. Estaban compuestas por casas, tiendas o tabernae, puestos de comida y talleres. El tamaño de las insulae podía variar desde los 850 hasta los 5.500 metros cuadrados, e incluso alguna mansión, como la famosa casa del Fauno, podía ocupar toda una manzana. Las excavaciones han requerido la división numerada de las insulae.

De esta forma, en la llamada ínsula VI de la región I (las «regiones» son las zonas en las que los arqueólogos han dividido Pompeya) se han hallado, junto a casas particulares, tiendas como la del broncista Vero, con vivienda en la primera planta, la lavandería de Estéfano, la tienda del ferretero Juniano y una taberna de bebidas calientes.

Pompeya explicada

Viviendas, Bares y Tiendas

En Pompeya se ha podido comprobar que el esquema básico de la casa itálica, con un atrio o patio porticado alrededor del cual se disponían las habitaciones, se había modificado bastante. A veces se puede encontrar un atrio sin habitaciones a su lado, sino situadas en la parte trasera, alrededor del jardín. Frente a estas grandes casas los pobres solían ocupar pequeñas habitaciones alquiladas a las que accedían por una escalera desde la calle.

El exterior de las viviendas estaba enyesado y pintado de blanco, con una franja de color en su parte inferior, normalmente roja. El interior de las fincas de los más pudientes, también enyesado, exhibía pinturas que imitaban el mármol o motivos arquitectónicos. En cuanto a las ventanas, solían ser pequeñas en la parte exterior -a veces consistían en una simple ranura-, ensanchándose en el interior para permitir la entrada de luz.

Resulta curiosa la inexistencia de un lugar establecido para la cocina, lo que se explica porque esta actividad, al estar en manos de esclavos, era poco considerada; a lo sumo, la cocina estaba formada por un hogar (hecho de ladrillos con una superficie plana para el fuego y un arco para guardar la leña) y un fregadero. Los retretes se disponían junto a la cocina o incluso dentro de ella, como vemos en la casa de Ceyo Segundo. Todo desaguaba en un pozo negro y sólo los servicios públicos tenían alcantarillado.

El agua corriente era un lujo, y las tuberías que la conducían por la ciudad eran de plomo, por lo que parte de la población pompeyana pudo padecer el envenenamiento que provoca la contaminación del agua por este metal.

Los bares y tabernas solían ser pequeños. En los bares o thermopolia se servían bebidas calientes y el local se componía todo lo más de un mostrador de cemento con grandes tinajas de barro empotradas y un horno. En el thermopolium de Aselina se encontraron sobre el mostrador jarras, fuentes y dos frascos de barro en forma de gallo y de zorro.

Thermopolium en Pompeya.

En uno de estos locales se ha encontrado este duelo amoroso en el que un hombre llamado Suceso competía con Severo por una esclava de nombre Iris, y esto es lo que escriben uno y otro en las jambas de la puerta: «El tejedor Suceso ama a Iris, la esclava de la mujer del posadero. A ella no le gusta, pero intenta que se compadezca de él». Y Suceso replica: «Envidioso. No intentes suplantar a quien es mejor que tú, sabe cómo hacerlo y está mejor dotado».

Las tabernas, aunque pequeñas, disponían de mesas y sillas. La taberna que está junto a la casa de Julia Félix tenía tres mesas donde podían sentarse hasta veintiuna personas. Entre los comercios encontrados se han hallado muchos relacionados con la fabricación y el cuidado de tejidos: tintorerías y lavanderías, talleres de fieltro, de acabados de tela y otros, así como panaderías (una treintena) y tiendas de alimentación con la comida expuesta.

Y también una posada con thermopolium donde, además, las camareras vendían sus favores.

Esclavos, Libertos y Ciudadanos

Es muy probable que los dueños de tiendas y talleres se agruparan en gremios y apoyaran a políticos, según se desprende de los eslóganes pintados en sus fachadas. En las tiendas solían trabajar esclavos dirigidos por libertos. Algunas de las mejores casas de Pompeya eran propiedad de esos antiguos esclavos que se habían emancipado y se habían enriquecido merced a sus actividades mercantiles.

Descendiente de libertos era, por ejemplo, Lucio Cecilio Jocundo, en cuya casa se encontró una caja con numerosos documentos de contabilidad, por lo que se le adjudicó el oficio de banquero. Sin embargo, parece que, además de prestar dinero, se dedicaba a organizar subastas, a recaudar impuestos y a actividades relacionadas con la agricultura y la ganadería.

Taberna de Aselina, la mejor conservada de Pompeya.

Sabemos que Pompeya contaba con un teatro, un odeón destinado a las representaciones musicales y un anfiteatro capaz de dar cabida a toda la población de la ciudad. Los espectáculos que más atraían al público eran, en el caso del teatro, las pantomimas, en los que los actores se limitaban a los gestos, prescindiendo de las palabras; en el caso del anfiteatro, las luchas de gladiadores eran el espectáculo estrella.

Se han encontrado numerosos anuncios de este tipo de encuentros pintados en los muros de Pompeya. Estos espectáculos tenían mucho éxito y los propios gladiadores contaban con numerosos admiradores: un famoso gladiador de Pompeya era considerado como el suspirium puellarum o «suspiro de las jóvenes».

La asistencia a tales espectáculos era gratuita, pues los costeaban íntegramente ciudadanos ricos, muchas veces como propaganda de cara a las elecciones.

Dados estos requisitos, hasta una generación después la familia de un liberto enriquecido no podía empezar a desempeñar un papel en el gobierno local. Sin embargo, la desgracia deparó la misma suerte a todos los que permanecieron en Pompeya cuando ya era demasiado tarde para escapar: ricos y pobres, señores y esclavos, hacendados y jornaleros.

Dos Mil Víctimas del Volcán

Desde que Pompeya fue descubierta se ha sucumbido a la tentación de imaginar las vidas de algunos de sus habitantes cuyos restos se han encontrado, haciendo de ellos verdaderos personajes literarios: sus restos son reales, aunque no necesariamente sus nuevas vidas ficticias. Tal es el caso del cadáver de una mujer que llevaba consigo una pulsera de oro en la que podemos leer: «Del amo para su esclava», circunstancia que ha dado pie a fantasear con una desigual historia de amor.

En vísperas de la erupción, Pompeya debía de tener unos 12.000 habitantes (aunque hay autores que creen que pudieron llegar a 60.000); de ellos, las víctimas de la erupción debieron rondar las 2.000. Muchos pompeyanos seguramente habían abandonado la ciudad en los días y las horas previos a la erupción, temerosos de los temblores de tierra que venían avisando de un desastre inminente.

A pesar de ello, otras muchas personas aguardaron en sus casas hasta que ya no hubo posibilidad alguna de huir. Pensaron, seguramente, que aquello sería algo pasajero, un nuevo terremoto tras el que la vida continuaría como siempre. Los arqueólogos han recuperado los restos de muchos pompeyanos muertos en el desastre.

Unos intentaron huir en el último momento, tratando de abrirse paso a través de la capa de lapilli depositada en las calles y los caminos, hasta que la onda piroclástica del volcán (una mezcla de gases, residuos volcánicos y piedra ardiendo) los sorprendió fatalmente: una pareja que salió de la ciudad con la llave de su casa y una pequeña lámpara de bronce, quince jóvenes que huyeron con sus escasos ahorros, un esclavo caído en el jardín de una mansión mientras trataba de escapar pese a los grilletes que arrastraba en los tobillos, un sacerdote que había recogido los objetos valiosos de su templo, una dama enjoyada que había buscado refugio en el cuartel de los gladiadores (es dudoso que estuviera allí con su amante, como han sugerido algunos estudiosos demasiado imaginativos)...

Otros ni siquiera llegaron a intentar escapar, como una familia de doce miembros, compuesta por un matrimonio de edad avanzada, una hija embarazada, otros parientes y diversos esclavos, que quedó atrapada en su casa. El destino fue igual de terrible para todos, pero bajo diferentes y crueles formas, desde la muerte inmediata por el golpe certero de una piedra hasta la lenta agonía por asfixia.

Los pompeyanos ante la erupción del Vesubio. Óleo por Karl Bruellov. 1830.

Todo por la Ciencia

Sobre el desastre de Pompeya poseemos un testimonio excepcional: el de Plinio el Joven, quien se encontraba en la bahía de Nápoles en el momento de la erupción junto a su famoso tío, Plinio el Viejo, y que años después relató su experiencia en una carta al historiador Tácito.

Plinio el Viejo era un conocido erudito romano, autor de una gran enciclopedia titulada Historia Natural, obra en la que cita el Vesubio, pero sólo para decirnos que es un lugar donde se criaban ásperos vinos. A pesar de lo mucho que sabía sobre el mundo conocido, Plinio no podía adivinar que lo que él consideraba una fértil montaña era un peligroso volcán.

En el fatídico verano del 79, Plinio, que contaba 56 años, se encontraba acompañado por su sobrino en el norte de la bahía, en Miseno, al mando de la flota de la región. Hacia la hora séptima, que correspondería a nuestra una de la tarde, del 24 de agosto (la fecha que ofrece Plinio el Joven, aunque algunos estudiosos la han puesto en cuestión y retrasan el episodio hasta el mes de septiembre), pudo ver a lo lejos una nube de humo gigantesca semejante a un pino mediterráneo, de copa redonda.

Por su situación dedujo que la nube provenía del monte Vesubio, a unos 32 kilómetros de Miseno. El naturalista quedó admirado por lo que veía y decidió acercarse hasta donde se estaba produciendo el fenómeno, considerándolo algo digno de estudio. Por ello ordenó que se le preparase una nave pequeña para hacer la travesía.

Antes de partir ocurrió un suceso inesperado que anticipaba la desgracia: Plinio el Viejo recibió una petición de ayuda de unos amigos suyos que estaban cerca del Vesubio. En este momento, a la simple curiosidad se añadió la voluntad de socorro, pues decidió enviar unas embarcaciones mayores en auxilio de sus amigos en peligro.

Quizá la imagen más heroica de todo este relato sea la del naturalista navegando hacia el volcán en dirección contraria de los que huían, bajo una lluvia de piedras. Pero su nave no pudo acercarse tanto como él hubiera querido hasta Pompeya y se vio obligado a desviarse hacia Estabia, más al sur, donde se levantaba la villa de su amigo Pomponiano.

Una vez allí, Plinio no cesó de infundir ánimos a la gente y pidió que lo llevaran a la sala de baños para quitarse la suciedad acumulada durante un viaje expuesto al humo y la lluvia de piedra. Tras la cena, Plinio durmió plácidamente en la que iba a ser su última noche con vida.

Como la lluvia de piedras persistía y amenazaba con derribar la propia casa, sus habitantes decidieron despertarle y valorar si era mejor permanecer en la villa o huir. Al amanecer seguía habiendo una total oscuridad, así que ya no quedaba otra salida que dirigirse a la costa para intentar escapar. Sin embargo, el mar era innavegable, lo que cerraba la única vía de escape. Fue entonces cuando a Plinio le sorprendió la muerte, quizá debida a un infarto.

Venus atándose la sandalia y apoyándose en Eros. Escultura procedente de Pompeya.

Análisis Genético y Nuevas Perspectivas

El análisis genético de 14 cuerpos nos describe una sociedad que se aleja de nuestras suposiciones actuales. Cuando el Vesubio entró en erupción en el año 79 d. C., la devastación que causó no tuvo precedentes. Solo en Pompeya murieron unas 2.000 personas y en Herculano, al menos 300, aunque el total de muertos podría haber sido de unas 16.000.

La erupción cubrió todo con una capa de ceniza de hasta 6 metros de altura que si bien mantuvo oculta por 15 siglos la catástrofe, también preservó muchos de los cuerpos. Ahora, el ADN antiguo recogido de los famosos moldes de los cuerpos altera la historia que se ha escrito desde el redescubrimiento de la ciudad.

Un reciente estudio publicado en Current Biology, señala que la evidencia de ADN muestra que los sexos de los individuos y las relaciones familiares no coinciden con las interpretaciones tradicionales que se habían formulado en gran medida a partir de suposiciones modernas.

“Los datos científicos que proporcionamos no siempre coinciden con las suposiciones comunes - explica David Reich, de la Universidad de Harvard y líder del estudio -. Por ejemplo, un ejemplo notable es el descubrimiento de que una persona adulta que llevaba un brazalete de oro y sostenía a un niño, tradicionalmente se interpretó como madre e hijo, pero resultó ser el cadáver de un hombre adulto y un niño. Y no formaban parte de la misma familia. De manera similar, se descubrió que un par de individuos que se pensaba que eran hermanas, o madre e hija, incluían al menos un varón genético. Estos hallazgos desafiaban las suposiciones tradicionales sobre género y familia”.

El equipo de Reich había oído las historias de Pompeya y se dieron cuenta de que el ADN antiguo y los isótopos de estroncio utilizados para datar las muestras podrían ayudarlos a comprender mejor la diversidad y los orígenes de los residentes de Pompeya. Con esto en mente extrajeron ADN de restos esqueléticos altamente fragmentados mezclados con moldes de yeso, centrándose en 14 de los 86 moldes que están siendo restaurados actualmente.

Su enfoque les permitió determinar con precisión los vínculos genéticos, el sexo y la ascendencia de esos 14 individuos. Y lo que descubrieron contrastaba en gran medida con las suposiciones sostenidas durante mucho tiempo basadas únicamente en la apariencia física y la posición en la que fueron hallados los cuerpos. Los datos genéticos ofrecieron información sobre la ascendencia de los pompeyanos, revelando que tenían antecedentes genómicos diversos. Descendían principalmente de inmigrantes recientes del Mediterráneo oriental. El hallazgo resalta la naturaleza cosmopolita del Imperio Romano, según los investigadores.

“Nuestros hallazgos tienen implicaciones significativas para la interpretación de los datos arqueológicos y la comprensión de las sociedades antiguas - añade Alissa Mittnik, coautora del estudio -. Resalta la importancia de integrar los datos genéticos con la información arqueológica e histórica para evitar interpretaciones erróneas basadas en suposiciones modernas. Este estudio también subraya la naturaleza diversa y cosmopolita de la población de Pompeya, lo que refleja patrones más amplios de movilidad e intercambio cultural en el Imperio Romano”.

El Domus de Julio Polibio

En el Domus de Julio Polibio (sabemos su nombre porque en el frente de la casa hay un grafiti que llama a votarlo en las próximas elecciones) se encontraron 13 esqueletos, uno de ellos de una joven en avanzado estado de gestación. Sabemos que eran una familia por el análisis del ADN, así que probablemente estos no huyeron en los primeros momentos de la erupción, por la situación de la joven embarazada. Algunos tienen el cráneo quebrado, un indicio de una fuerte lesión probablemente por un golpe. El resto se refugiaron en las habitaciones del fondo. En la casa había tres varones adultos, tres mujeres adultas de distintas edades, cuatro niños, una niña, un bebé y un feto en el último mes de vida intrauterina. Uno de los varones prefirió ahorrarse el tormento quitándose la vida. Junto a su cuerpo se hallaron unas pequeñas botellas que contenían veneno.

La tabla a continuación resume los hallazgos del Domus de Julio Polibio:

Tipo de Individuo Cantidad Detalles
Varones adultos 3 Uno se suicidó con veneno
Mujeres adultas 3 Una en avanzado estado de gestación
Niños 4 Varias edades
Niña 1 -
Bebé 1 -
Feto 1 Último mes de vida intrauterina

En la actualidad, millones de visitantes recorren las calles de Pompeya, maravillándose con sus obras de arte. En el sitio arqueológico podemos ver el Foro, centro cívico y comercial. Un amplio espacio abierto en forma rectangular rodeado de una columnata y edificios públicos, como el templo a Jupiter.

El Vesubio sigue dominando la Bahía de Nápoles. Sus fértiles tierras atraen a personas de todas partes, como en el pasado, solo que ahora 3.5 millones de personas viven a su sombra.

Publicaciones populares: