La Plaza Clot de Joan en Paterna es un lugar emblemático con una historia rica y diversa, que se remonta a tiempos ancestrales. Este espacio ha sido testigo de importantes acontecimientos y transformaciones que han moldeado la identidad de la ciudad. A continuación, exploraremos la historia de Paterna, deteniéndonos en los momentos clave que han influido en la configuración de la Plaza Clot de Joan.
Los orígenes históricos de la villa de Paterna nos trasladan en el tiempo a varios yacimientos arqueológicos ubicados en nuestro término municipal. Concretamente, es en las partidas de La Vallesa y Despeñaperros donde se documentan restos como hachas de sílex, cerámica cardial, agujas y arpones de hueso, etc. Estos mismos yacimientos evolucionarán y alcanzarán cierta relevancia en época ibérica, fácilmente constatable en el poblado de la Vallesa situado sobre un promontorio (lugar defensivo) y próximo al río Turia, donde se encontraron piezas de cerámica ibérica y molinos (piedras de rodeno) para triturar el grano.
Desde el Eneolítico (2000 a. de C.) hasta la conquista romana de la Edetania, nuestro territorio fue poblado por los iberos de la tribu de los Edetanos quienes durante todo ese largo período de tiempo fueron influidos por las culturas fenicia y, sobre todo, helénica, de los colonos asentados en la costa y con los que se produjeron fuertes mestizajes. En las zonas más antiguas de las huertas de Benaguacil, la agricultura ibera, en especial el cultivo de cereales, alcanzó un gran desarrollo como indican los aperos de labranza y molinos encontrados, que nos muestran, además, cual era la base principal de su alimentación.
Además de los poblados fortificados, como el del “Tossal de Montiel” que eran cabeza de una zona de explotación agrícola, surgieron también grandes y ricas ciudades como las ubicadas donde ahora se encuentran, Liria, Valencia, Sagunto, Domeño, Artana, Eslida, Erves, Mosqueruela, Benifazá, etc. La falta de intervenciones arqueológicas adecuadas en la zona de Benaguasil, hace que no se puedan presentar, por el momento, grandes muestras de cerámica ibera.
A partir del año 1050 a. de C., los fenicios establecen un intenso intercambio comercial y cultural con las tribus iberas próximas al litoral. En el año 650 a. de C. Cartago, antigua colonia fenicia que había adquirido un fuerte poder político y militar, comenzó su expansión por el Mediterráneo conquistando todas las tierras ocupados por los iberos. La Edetania quedó bajo el poder cartaginés. Sin embargo su interés no pasaba de la explotación de los recursos agrícolas, pesqueros y mineros.
Los historiadores hacen especial hincapié en las levas de mercenarios que los Cartagineses hicieron en las tribus iberas que, dadas las extraordinarias cualidades guerreras de sus hombres, constituyeron uno de los puntales de los ejércitos cartagineses. Guerreros edetanos participaron, como primera fuerza de ataque, en los ejércitos de Amilcar Barca, Asdrúbal y Anibal en las conquistas mediterráneas y en las Guerras Púnicas contra Roma. A raíz de la segunda, Roma inicia la conquista de Hispania, en el año 218 a. de C.
Con la llegada de los romanos se inicia un lento cambio en las formas de vida. La documentación relativa a este período procede de fuentes literarias romanas que hacen referencia a acontecimientos político/militares de la zona (Valentia, Edeta, Saguntum, etc.) junto a datos epigráficos y numismáticos. También debemos hacer referencia la importancia de los hallazgos que se han producido en la última década, referidos a este periodo de dominación romana. Esta presencia se corrobora con otro descubrimiento más reciente, y quizás de mayor relevancia. En efecto, en la zona de desarrollo urbanístico de la calle del Santísimo Cristo de la Fe, han aparecido los cimientos de lo que fuera una gran villa romana, con una serie de habitaciones bien marcadas, y un área de producción de la tradicional tríada mediterránea (vid, olivo, cereal).
Como complemento a lo anteriormente mencionado, la presencia romana en nuestro término también se constata en otros hitos. A destacar, por ejemplo, los restos de acueducto que se inician en las proximidades del Mas de Vélez, de donde tomaría las aguas del río Turia y, a través de unos tramos superficiales y otros subterráneos, finalizaría en Lloma Llarga para seguir hasta las proximidades de Sagunto.
La Segunda Guerra Púnica provocó la venida de los Romanos a la Península para cortar el avituallamiento de las tropas de Anibal que se encontraban en el centro de la Península Itálica. Gneo Cornelio Escipión desembarcó en Ampurias en Agosto del 218 a. de C., y al año siguiente lo hizo su hermano, el procónsul Publio Cornelio Escipión, quienes en una primera fase fueron venciendo a Cartagineses e Iberos, conquistando una amplia faja del litoral mediterráneo desde Ampurias al golfo de Cádiz y que comprendía los valles del Ebro, Turia, Jucar, Segura, Guadiana y Guadalquivir. En el año 206 a. de C. con la conquista de Gades, los Cartagineses abandonan la Península. Las tierras de Benaguacil quedaron sometidas a los Romanos en esta primera etapa. Toda la Edetania quedó incluida en la provincia de la “Hispania Citerior”.
La conquista de las tribus de la Meseta constituyó una segunda fase, más dura y larga que la anterior, en que tuvieron que enfrentarse con rebeliones y fuertes resistencias que terminaron el año 133 a. de C. con la difícil y trágica conquista de Numancia. Durante los años 141 y 139 a. de C. los caudillos lusitanos Táutalo y Taugino realizaron numerosos saqueos por los poblados y huertas de la Edetania, intentando, en vano, la conquista de Sagunto. Los historiadores Polibio y Tito Livio narran que Roma estableció una relación de alianza con los edetanos en el siglo II a. Artemidoro señala que, alrededor del año 100 a. En el año 90 a. de C., C. Gneo Pompeyo Estrabon concede la ciudadanía romana a los jinetes que componían la unidad del ejército romano llamada “turma salvitana” que estaba formada por iberos procedentes de las tribus hispánicas, entre ellos los edetanos. Hacia finales del siglo I a.
A partir del final del siglo II y durante gran parte del I a. de C., surge en Roma una corriente política popular encabezada por el Consul Mario que exige al partido de la nobleza, dirigido por Sulla, una mayor participación de los ciudadanos en los derechos políticos y un acceso más amplio a los repartos de las tierras conquistadas. Sertorio, militar de excepcional prestigio y astucia que pertenecía al partido popular de Marco, en el año 83 a. de C. fue nombrado Pretor de la provincia Hispania Citerior, donde estaba la Edetania.
Sertorio tuvo que huir de Roma hacia Hispania donde se enfrentó a los partidarios de Sulla, buscando para su causa la adhesión de las tribus hispanas, especialmente, celtíberos y lusitanos. No sucedía lo mismo con los iberos de Edeta que fue la única ciudad de la Edetania que permaneció fiel a Sulla. Durante el año 76 a. de la C. la lucha se planteó por el dominio de la Edetania y su costa mediterránea. Gneo Pompeyo el Grande, enviado a Hispania para acabar con las pretensiones de Sertorio, se lanzó a la conquista de Edetania donde, después de cruentos encuentros, sufrió una emboscada en la zona de los montes de Benaguacil, poblados, entonces, de espesos bosques. Tito Livio cuenta que Pompeyo perdió 10.000 soldados, su impedimenta y la mayor parte de las insignias militares.
En el año 75 a. de C., Pompeyo intenta de nuevo apoderarse de la costa mediterránea, ataca y derrota a los generales de Sertorio, conquistando Valentia. Se acerca, entonces, a nuestras tierras para castigar los apoyos a Sertorio de ciertos iberos de Edetania y los ejércitos de Sertorio al mando de Perpena que estaban por la zona, huyen hacia el Rio Jucar donde acampaba su caudillo. Metelo, lugarteniente de Pompeyo, ataca a Sertorio con un numeroso ejército quien se ve obligado a huir hacia Sagunto apoyado por los Edetanos y acampa en las huertas de Benaguacil. Metelo y Pompeyo, a marchas forzadas se dirigen hacia el campamento enemigo. Las luchas entre Sertorio y Pompeyo, continuaron hasta el año 72 a. de C.
Los estudios arqueológicos realizados en la zona de Valencia que coincide con la Edetania, indican que en el Alto Imperio (siglos I a II d. En cambio, el Bajo Imperio (siglos IV y siguientes, hasta la invasión visigoda), no registra esta abundancia de yacimientos arqueológicos. No obstante hay que suponer que la naturaleza esencialmente débil de las construcciones rurales junto con las invasiones de francos y alemanes (s. III d. En Benaguacil se han encontrado monedas, restos de un canal tallado en la roca, de cerámica, de edificaciones y lápidas romanas que indican la nobleza de las personas en ellas mencionadas y la ubicación precisa de las villas: la zona urbana actual, las partidas del Charril, L’Olivereta, l’Alteró, el Ballestar, el Pla de la Barca, la Caiguda, Montiel, etc. Las inscripciones de las lápidas indican que todas las tierras y las quintas enclavadas en ellas, pertenecían a gentes de la ciudad de Edeta.
Los historiadores atribuyen a Benaguacil, como conjunto urbano, un origen hispano-musulmán. La estabilidad del Imperio Omeya, tanto en el siglo IX como en el X, se basó, en parte, en el establecimiento de un sistema defensivo que garantizara la seguridad de las vías de comunicación y avalara la protección de las ricas zonas agrícolas. Conocida es la inmensa labor constructora llevada a cabo por los reyes amiríes de Valencia Abd al-Aziz ibn Abi Amir al Muzafar, nieto de Almanzor, junto a sus hijos, Abd al-Maliq ibn Abd al-Aziz ibn Abi Amir y su sucesor, Abu Bakr ibn Abd al-Aziz ibn Abi Amir al-Wazir, durante un largo período de paz y prosperidad (1022-1085). Hasta el momento, Benaguacil aparece por primera vez documentado en el “Libre del Repartiment” donde se cita hasta ocho veces con grafías ligeramente diferentes.
Beuter, en su “Crónica General”, opina que el nombre de Benaguacil se debe a un moro renegado, Muza Beniacin, que fue su primer señor en el siglo IX. Desde el punto de vista filológico, todos los autores (Asín Palacios, P. Guichard, L. Provençal, Ribera Tarragó, Caro Baroja, etc.) coinciden en que el topónimo Benaguacil procede de Banu al -Wazir y que sustentado por el gentilicio Al-Wazir, corresponde a la ocupación real de un lugar por el grupo portador del gentilicio que se convirtió luego en topónimo.
Basándonos en el conjunto de argumentos arqueológicos, históricos, lingüísticos y antropológicos podemos afirmar que las primeras construcciones, embrión de lo que después sería Benaguacil, se deben al rey amiri de Valencia, al-Wazir, biznieto de Almanzor, en el último cuarto del siglo XI. El Castillo y las defensas urbanas debieron construirse en tiempos del rey Lobo, Muhamed Ibn Sa’d Ibn Mardanis (1147-1172) y que el califa almohade Abu Yusuf Ya’qub al-Mansur, reconstruyó, reforzó, mejoró y adornó las murallas urbanas y el castillo entre 1184 y 1199, dándole el aspecto y fortaleza que ofrecieron ante los ejércitos del Rey D. Jaime I.
La villa musulmana que se rindió al Rey de Aragón presentaba unas robustas y elevadas murallas, un Castillo muy fortificado con muros de 3 m.
- Numerosos restos de sus Torres y de su Muralla Urbana, que nos presenta muros de 2,50 m. de espesor y 12,69 m. de altura, con zarpa; con un perimetro de 1.162,6337 m. de longitud, que encierra un área de 65.081,4757 m2; 18 Torres intermedias, 5 torreones de esquina y 3 puertas, la principal flanqueada por dos torreones semicirculares.
- Restos bastante bien conservados, de la Torre del ángulo N.E. del Castillo.
- Restos de la totalidad del foso que rodeaba la Muralla Urbana, de unos 12 m. de anchura y alrededor de 3 m. de profundidad.
- Restos casi intactos, excepto las bóvedas, de la Cisterna Musulmana o “Cisterna Vella” de dos naves rectangulares.
- Acequias del “Alguacil” y del “Campés” o “Cequies de d’alt” y de Baix” construidas por los hispano-musulmanes para dar servicio a la villa y llenar la Cisterna y el foso.
- Restos de la necrópolis musulmana, en un área muy extensa extramuros.
- Restos de los muros del recinto fortificado en la colina del “Castellet” a unos 4 Km.
La política de recuperación, protección y difusión del Patrimonio Histórico Cultural de Benaguacil emprendido en el año 2003 por la Corporación Municipal, ha permitido rescatar un paño de Muralla Urbana de unos 6 m. En 1237 el rey Jaume I, antes de entrar en Valencia dió la villa de Benaguasil y la alquería de Felx al noble aragonés, Ferrando Díeç o Díaz. En 1261 ya aparece documentalmente Rodrigo Díaz como señor de Benaguasil, éste se casa con Alda Ferrandis hija, nieta del antiguo rey de Valencia Ceit Abu-Sa’id e hija de Ximén Pérez d’Arenós del cual heredó la Vall de Lullén, futuro monasterio de Porta-Coeli. Na Constança al casarse en c. 1299 con Rodrigo de Luna se une a la importante familia de los Luna, sumando los títulos de Segorbe y Benaguasil con Paterna.
En la guerra de la Unión, Benaguasil fue una fortaleza reducto de los realistas de la zona, sitiada en varias ocasiones, quedó vencida casi al finalizar la contienda. La villa fue liberada en otoño de 1348 por el señor de Benaguasil En Llop de Luna al mando de las tropas realistas. A partir de este momento hasta 1436 el señorío de Benaguasil y el resto de posesiones del “Antic Patrimoni” en donde se encontraba esta villa pasaron a formar parte de un señorío propio del patrimonio de la Corona, pero nunca fueron de realengo. Durante este periodo los censos y rentas de la población estuvieron en manos de los jurados de la Ciudad de Valencia entre otros, provocado por el endeudamiento militar de los monarcas Martí l’Humà y de su hijo Martí el Jove de Sicília y Luna. A raíz de la donación de un canónigo llamado Pere Camuel a los monjes de Lullén, desde el año 1401 hasta 1772 las rentas eclesiásticas y los nombramientos de los vicarios perpetuos o párrocos de Benaguasil se dirigen desde el monasterio de Porta-Coeli. A pesar de ser una población de moros o sarrains con varios cristianos viejos llegados en una primera repoblación.
En 1436 el rey Alfons el Magnànim después de sus desavenencias con Frederic Sicília de Luna -En Fadric-, otorga un privilegio a su hermano el infante Enric d’Aragó en el cual lo nombra señor de Benaguasil y del “Antic Patrimoni”. N’Alfons d’Aragó, II duque de Segorbe, se casa en 1516 con Joana Folch de Cardona, heredera universal de la importante casa de Cardona. En la guerra de las Germanías, Benaguasil como población mudéjar y señorial estuvo en contra de los agermanados con luchas contra los de la Pobla por el perpetuo problema del agua y contra los exaltados cristianos de Valencia y l’Horta que buscaron el bautismo forzoso.
Poco tiempo después, el decreto del emperador Carlos que obligaba a los moros a bautizarse o a ser expulsados de la península causó una importante revuelta de los moriscos, supuestamente bautizados en las Germanías, que fue dirigida y tuvo su principal escenario en Benaguasil. Tras varias negociaciones y frustradas audiencias realizadas por Abdal·là Abenàmir, alcadí y escribano de Benaguasil, y persona con prestigio entre los moros del Reino de Valencia. Empezada la lucha, los moros de Paterna, Bétera, Vilamarxant y Benissanó se refugiaron en las murallas de Benaguasil creando una plaza fuerte en la zona. Los ataques realizados por el caballero Lluís Ferrer con cien jinetes apostados en Lliría no provocaron incertidumbre ni temor entre los sublevados dirigidos por Selim apodado Almansur. Ante la persistencia de la rebelión el Consell de Valencia acordó en enero de 1526 sacar la real senyera en señal de guerra contra Benaguasil.
Las milicias de la ciudad marcharon a dar sitio a las murallas de esta villa acudiendo también dos grandes bombardas -cañones- de Xàtiva llamadas el “Bou” y el “Porc” acompañadas con más de mil hombres. Pero viendo la continua resistencia y que los moros salían y entraban a sus anchas por unos supuestos túneles, decidieron concentrar más fuerzas en la zona. En febrero, la real senyera iba en dirección a Benaguasil custodiada por el Centenar de la Ploma -ballesteros de élite- sabiendo que se enfrentaban con los afamados ballesteros del duque de Segorbe. Pero la partida que les seguía de cuatro mil infantes capitaneados por el gobernador Jeroni Cabanyelles y dos jurados de Valencia iban a desequilibrar la balanza. Las fuerzas de Benaguasil llegaron a resistir un mes al asedio pero los duros combates y los muchos muertos hicieron que el caudillo Selim Almansur y los más resistentes y guerreros huyeran siguiendo la lucha en la abrupta Serra d’Espadà durante un tiempo. En 1528 se redactaría una concordia con los moriscos del Reino, pero la situación para los moriscos valencianos ya no sería la misma que antes de las Germanías.
La familia Abenàmir de notable prestigio entre la comunidad musulmana y señores feudales durante varios siglos sería constantemente atacada por la Inquisición. Tras la triste expulsión de los moriscos en 1609 y de unos fallidos intentos de repoblación por parte del señor duque de Segorbe. La desolada villa tuvo por fin su carta-puebla en 1613 realizada por Enric Ramon Folch de Cardona y d’Aragó, antes Fernández de C...
La Plaza Clot de Joan en la Actualidad
En la actualidad, la Plaza Clot de Joan sigue siendo un lugar de encuentro y celebración para los habitantes de Paterna. El Ayuntamiento de Paterna ha logrado una recaudación de 1.820 euros, a través del Mercadillo Solidario celebrado con motivo de la Semana del Mayor. Este Mercadillo Solidario, que se ha ubicado durante una semana en la plaza Clot de Joan del municipio, inició la programación de la Semana del Mayor el pasado 5 de junio. También se dio la charla Alimenta tu bienestar. Consejos de nutrición para personas mayores. Por otra parte, el miércoles 7 se hizo un viaje cultural a Manzanera (Teruel), con almuerzo, visita guiada, comida y baile.
El Teniente Alcalde de Protección de las Personas, Julio Fernández, ha destacado que “la Semana del Mayor y toda la programación cultural-lúdica que proponemos desde el Ayuntamiento es una más de las propuestas municipales con la que cuentan las personas mayores de Paterna para fomentar e impulsar su envejecimiento activo, a la vez que ponemos en valor su importante papel en nuestra ciudad y en la sociedad, en general”.
