Placenta Baja en la Semana 27: Riesgos y Cuidados

La placenta previa es una condición que requiere atención y seguimiento médico especializado durante el embarazo. Normalmente, la placenta se coloca en el fondo o en las paredes laterales del útero, a una distancia adecuada del cuello uterino o cérvix. Sin embargo, en 1 de cada 200 embarazos, la placenta se implanta de forma anómala en la parte baja del útero, demasiado cerca del cérvix o incluso cubriéndolo. En estos casos, se habla de placenta previa.

Aunque puede sonar alarmante, la mayoría de los casos de placenta previa se controlan de forma segura, si bien, a veces, es necesario adoptar algunas precauciones especiales. La placenta previa es una anomalía que no debe asustarnos, ya que suele diagnosticarse con bastante antelación y no perjudica el avance del embarazo.

Tipos de Placenta Previa

La placenta previa puede ser de tres tipos, que difieren entre ellos por la distancia que hay entre el borde inferior de la placenta y el cuello uterino o cérvix.

  • Placenta Previa Total: Son las que se insertan sobre el cuello del útero y que impiden de forma completa el parto normal. Este tipo también es conocido como placenta previa oclusiva.
  • Placenta Previa Parcial o Marginal: Se encuentran cerca del cuello del útero, que pueden en algún momento del embarazo tapar el orificio cervical interno.
  • Placenta Baja: Se denomina placenta baja a la que está cerca (a menos de 2 cm) de la abertura del cuello del útero.

La porción inferior del útero no es la adecuada para que se inserte la placenta porque es más delgada, con menos musculatura que la zona superior.

Generalmente las placentas de inserción baja no llegan al final del embarazo como tales, ya que suelen desplazarse hacia arriba como consecuencia del desarrollo de la porción inferior del útero a partir de las 32 semanas.

Causas de la Placenta Previa

La causa de la placenta previa se desconoce. Lo más común es pensar que esta anomalía en la placenta esté relacionada con causas uterinas o por alteraciones en la propia placenta. Los factores de riesgo para sufrir una placenta previa incluyen los traumatismos previos en el útero y en su vascularización.

No obstante, existen algunos factores de riesgo que predisponen a las mujeres a sufrir esta complicación:

  • Malformaciones uterinas
  • Embarazo gemelar o embarazo múltiple
  • Haber tenido varios embarazos previamente
  • Poco tiempo entre dos partos
  • Haber tenido un parto previo por cesárea
  • Cicatrices uterinas por abortos o cirugías previas
  • Edad materna avanzada
  • Tabaco y abuso de cocaína

La placenta previa no se puede prever ni evitar. Embarazos múltiples o antecedentes de embarazos previos: cuantos más embarazos ha tenido una mujer, más probabilidades hay de tener placenta previa. Cesáreas anteriores y antecedentes de endometriosis: las cesáreas previas dejan cicatrices en la pared uterina que pueden dificultar la inserción de la placenta en la parte superior del útero. Presencia de fibromas uterinos: los fibromas son tumores benignos que pueden deformar la cavidad uterina.

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Diagnóstico de la Placenta Previa

El diagnóstico de la placenta previa es clínico y su confirmación, ecográfica. El diagnóstico de la placenta previa es un paso fundamental para garantizar un seguimiento adecuado del embarazo.

Si no se ha realizado una ecografía en el segundo trimestre y la embarazada refiere sangrado vaginal después de la semana 20, se debe hacer una ecografía para determinar la localización de la placenta antes de explorar a la paciente por vía vaginal para evitar producir hemorragias. Inicialmente se debe realizar una ecografía abdominal para localizar la placenta (con la vejiga parcialmente llena de orina). La resonancia magnética es también un buen medio para diagnosticar la placenta previa.

En los primeros meses de embarazo, aproximadamente un 30% de las mujeres presentan una placenta baja. A medida que el útero crece, la placenta suele “desplazarse” hacia arriba. Este fenómeno se produce sobre todo durante el segundo trimestre, corrigiéndose de forma natural en la mayoría de las gestantes. El diagnóstico de placenta previa como tal solo se establece después de la semana 28-30 de embarazo. Antes de este momento, el término más adecuado es “inserción baja de la placenta”.

Si se detecta esta afección antes del tercer trimestre de embarazo, no hay por qué alarmarse, ya que es muy probable que la placenta varíe su posición a medida que el útero se agrande. Tan solo el 30% de las mujeres con placenta previa antes de la semana 24 de embarazo aún la mantienen en esa posición en el momento de dar a luz.

Síntomas y Riesgos

Entre el 70% y el 80% de los casos, la placenta previa se presenta como un sangrado vaginal repentino e indoloro de sangre roja y líquida. El sangrado puede ocurrir porque el cuello uterino comienza a dilatarse y rompe los vasos sanguíneos de la placenta y del área donde está implantada. Este sangrado puede detenerse por sí solo y volver a empezar unos días después. En ocasiones, el sangrado vaginal no ocurre hasta el comienzo del trabajo de parto.

Existe tendencia a que el sangrado se interrumpa espontáneamente, con la ayuda del reposo. Sin embargo, lo habitual es que comience de nuevo días o semanas después con sangrados mayores e intervalos cada vez más cortos. En una tercera parte de los casos el sangrado se produce antes de la semana 30 de la gestación; este grupo es el que tiene mayor riesgo de necesitar transfusiones sanguíneas, de sufrir partos prematuros y de mayor mortalidad perinatal.

La placenta previa solo sangra si se desprende. La capacidad de crecimiento del segmento inferior del útero supera a la de la placenta y puede producir pequeños desprendimientos del borde placentario que dejan al descubierto vasos sanguíneos que pueden producir hemorragias.

Es importante que el médico os supervise tanto a ti como al bebé para reducir posibles complicaciones. Los riesgos de tener placenta previa incluyen: Sangrado intenso. Puede ocurrir durante el parto o más adelante. Parto prematuro. El sangrado puede ser motivo para someterte a una cesárea de emergencia aunque no hayas llegado a término.

La placenta previa puede aumentar el riesgo de sufrir hemorragias vaginales. Por este motivo, las mujeres con placenta previa precisan más transfusiones sanguíneas, extirpaciones del útero (histerectomías) tras el parto, ligaduras de las arterias uterina e iliaca o embolizaciones de los vasos sanguíneos de la pelvis, que las embarazadas que no sufren esta complicación. El compromiso fetal depende del materno.

Otros riesgos asociados son:

  • Implantación anormal de la placenta o placenta accreta.
  • Mala presentación del feto.
  • Retraso del crecimiento intrauterino.
  • Vasa previa y cordón umbilical velamentoso.
  • Anomalías congénitas.

Tratamiento y Cuidados

Estas pacientes deben evitar las relaciones sexuales y la práctica de ejercicio físico a partir de las 20 semanas de gestación. También deben disminuir su actividad física general a partir del tercer trimestre.

En función de la intensidad de la hemorragia vaginal y el tipo de placenta previa, la manera de proceder será la siguiente:

  • Sangrado leve y placenta previa baja o marginal: el médico mandará reposo absoluto en cama, reducir actividades y descansar la pelvis, lo que implica no mantener relaciones sexuales ni usar tampones.
  • Sangrado abundante y placenta previa parcial o total: es probable que la mujer sea hospitalizada para estar más vigilada y tratada con transfusiones de sangre. El aumento de sangrado puede poner en riesgo la salud de la madre y del bebé.

La paciente debe ingresar en un centro hospitalario en la primera hemorragia para una cuidadosa monitorización tanto materna como fetal. La mayor parte de las hemorragias por placenta previa suelen detenerse por sí solas. Si la edad gestacional está entre las semanas 23 y 34 se deben administrar corticoides para acelerar la maduración de los pulmones fetales. Estas pacientes pueden necesitar suplementos de hierro para corregir la posible anemia debida a la hemorragia.

Si la mujer presenta un sangrado vaginal a partir de la semana 20, es necesario acudir al ginecólogo para realizar una ecografía y comprobar si se debe a una placenta previa o a algún otro problema. Si aparece sangrado abundante, dependerá del momento de la gestación: Si el bebé es aún muy inmaduro será necesario el ingreso hospitalario para controlar la situación y preparar a la madre y al bebé por si fuera necesario llevar a cabo una cesárea prematuramente.

Si tienes placenta previa, lo averiguarás durante los controles prenatales habituales o la ecografía del segundo trimestre. Para estar segura u obtener un diagnóstico más completo, el médico puede realizar una ecografía transvaginal con un dispositivo similar a una varita, que se introduce en la vagina.

Parto con Placenta Previa

En placentas previas totales o parciales se debe realizar cesárea. Algunos autores consideran la posibilidad del parto vía vaginal en placentas marginales cuando la distancia entre el borde de la placenta y el orificio del cuello del útero es mayor de 2 cm.

Las placentas previas estables (sin sangrado o con sangrado mínimo) deben cumplir 36-37 semanas de gestación para programar el parto. Se debe realizar cesárea siempre que la placenta previa sea total o parcial. Si la hemorragia es moderada y el embarazo es mayor de 34 semanas, o si el sangrado se va incrementando progresivamente tras haberse interrumpido después de una hemorragia inicial, se debe realizar una cesárea si la paciente ha recibido corticoides durante el embarazo (y por tanto se supone una adecuada maduración de los pulmones del feto). Si no los hubiera recibido porque su primera hemorragia se produjo después de la semana 34, se debe realizar una amniocentesis para valorar la madurez pulmonar del feto. Si la amniocentesis indica que los pulmones del feto están maduros se debe realizar una cesárea. Se trata de una urgencia obstétrica. Las cesáreas de urgencia en pacientes inestables se realizan bajo anestesia general.

La forma de proceder a la hora de dar a luz con placenta previa va a depender del tipo que sea y de su gravedad. En caso de embarazo con placenta previa sin complicaciones, se programa un parto vaginal o cesárea sobre la semana 37. No se recomienda que el embarazo llegue a término porque el riesgo asociado a la placenta previa podría ser mucho peor que el hecho de tener un parto prematuro. Por ejemplo, habría que proceder a una cesárea urgente si aparece una hemorragia grave en las últimas semanas de gestación.

En general, la mayoría de mujeres con placenta previa parcial o total darán a luz a través de una cesárea, ya que un parto vaginal podría causar un sangrado intenso que podría ser mortal para la madre y el bebé. En caso de embarazo con placenta previa que presenta sangrados abundantes y otros factores de riesgo, se procederá a hacer una cesárea si la mujer está de al menos 36 semanas. Antes de esto, es posible que sea necesario administrar corticosteroides para acelerar el proceso de maduración pulmonar del feto.

A continuación, se presenta una tabla con las recomendaciones generales para el parto según el tipo de placenta previa:

Tipo de Placenta Previa Recomendación de Parto
Total Cesárea
Parcial Cesárea (generalmente)
Marginal (distancia > 2 cm) Parto vaginal posible
Baja Evaluar posición al final del embarazo

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