‘Pinocho’ sigue inspirando nuevos proyectos e infinitas lecturas. Siempre será una de las figuras más queridas de la cultura popular, siempre habrá un nuevo creador que utilice su universo para ofrecer una nueva lectura o una revisión de sus principios fundamentales.
Esa es su principal magia, su capacidad para concentrar los retos y los miedos que provoca el aprendizaje, el camino hacia la madurez. Al fin y al cabo, su protagonista es una marioneta que siempre toma el camino equivocado, que se deja engañar y llevar por lo fácil, que miente, convirtiéndose así en una metáfora de la condición humana.
Apareció en las páginas de un periódico del siglo XIX en Italia de la imaginación de Carlo Collodi, que más tarde reunió sus aventuras en un libro ilustrado por Enrico Mazzanti. En principio no se trataba de una historia para niños.
Había demasiados episodios crueles y todo un itinerario en el que salían a relucir las miserias del hombre, que nos llevan de paseo por la codicia, el engaño y la explotación. Su primera adaptación, en 1911, fue un filme mudo del que solo se conservan algunas escenas y en 1935 se intentó hacer en Italia una versión animada que no consiguió terminarse.
Poco después Walt Disney compraría los derechos convirtiendo a Pinocho en un icono universal. Señalar por último que para los anales ya ha quedado como la segunda producción Disney de la historia, filmada tres años después de la iniciática, no menos talentosa y fundacional BLANCANIEVES Y LOS SIETE ENANITOS.
Después de Blancanieves y los siete enanitos, Disney tenía la ambición suficiente como para demostrar hasta qué punto había perfilado su técnica y vertió todos esos conocimientos en la que se convertiría en una de sus películas más complejas y barrocas, visualmente exuberante y llena de ideas portentosas.
Es cierto que dulcificó el relato primigenio, pero no escatimó en elementos oscuros. Sigue siendo una de las películas más importantes de la factoría animada. Lo que le hace grande no es solamente su técnica, con resultar esta asombrosa (su sofisticada animación y sus espectaculares movimientos de cámara, desde travellings a planos secuencias, resultan verdaderamente espectaculares teniendo en cuenta la época), sino que participaba de un momento en la que los contenidos, los argumentos acababan de conferirle ese plus impagable.
Algo que hoy en día han recuperado Pixar, Miyazaki y otros cuantos. Por otra parte, si uno quiere ver más allá, o más acá, depende, no deja de ser una trasposición libre de la propia historia de Jesucristo en formato de cuento infantil.
Y lo más importante, continúa y continuará siendo una película imperecedera, para el disfrute permanente al menos del que esto escribe. Pues no deja de causarme admiración ese trabajo tan genialmente creativo dibujo a dibujo, esa extraordinaria utilización del color en sus tonos más cálidos (¡cómo son es ese fondo marino!), ese gran ritmo narrativo, esa complejidad técnica patente en el tratamiento otorgado a carruajes o relojes de cuco o esa manera de esculpir a los personajes principales para poder abordarlos desde cualquier perspectiva.
Además, afortunadamente, sigue destilando esa inocencia perdida en el camino o ante tantos avatares sufridos por el planeta en pasadas décadas o en estos agitados y descreídos tiempos. Méritos algunos de ellos procedentes de la obra literaria original de la que fue adaptada, la popular LA AVENTURA DE PINOCHO del italiano Carlo Collodi.
Curiosamente esta experimental -sitúense en la fecha que vio la luz: 1940-, coloristamente refulgente y estilizada propuesta, no acabó de funcionar en taquilla cuando en su momento. Hollywood la recompensó con 2 Oscar en un apartado igualmente destacable, el musical. Se premiaron su banda sonora obra de Leigh Harline, Paul J.
Para muchos, tanto colegas de la crítica especializada como simples aficionados, continúa siendo el largometraje más perfecto surgido de la factoría Disney. De la cual se ha cumplido en 2020, ochenta años de su estreno. Estoy convencido que en un porcentaje considerable de niños actuales aún pueden hoy en día participar de la dicha que esta maravilla animada ha proporcionado a tantos otros de generaciones anteriores.
En formato televisivo destaca la serie de 1972 dirigida por Luigi Comencini para la RAI, Las aventuras de Pinocho, con Nino Manfredi como Geppetto que marcó a toda una generación y que le devolvía a la historia ese halo de podredumbre moral que siempre le acompañó. El director de películas como ‘Pan, amor y fantasía’ asumió como un reto el encargo de la RAI.
Para el público español hay dos referentes muy asentados en el imaginario colectivo. En primer lugar la versión de Walt Disney de 1940, en la que intervinieron siete guionistas. Sin duda es la versión más popular, y también la que subraya los aspectos más moralistas del cuento. La segunda, que marcó a los espectadores que hoy tienen más de 50 años, fue la miniserie de 1972 Las aventuras de Pinocho, de Luigi Comencini, con Nino Manfredi en el papel de Geppetto y la gran Gina Lollobrigida en el rol de Hada.
En un tiempo en el que el cine vuelve a poner sobre la mesa la urgente revaloración de la figura paterna, se estrena en España la enésima versión del clásico cuento de Carlo Collodi (1826-1890), con el inevitable retraso impuesto por la pandemia. Un aliciente es el propio director, Garrone, habituado a un cine social duro, rodado con mucha personalidad y fuerza narrativa. Recordemos Gomorra(2008) o Dogman (2018).
Muchos años y adaptaciones después, Roberto Begnini aportó su propia interpretación, que no terminó de funcionar. Siempre le habían dicho que, por sus características físicas, era ideal para convertirse en Pinocho, entre ellos el maestro Fellini, con el que trabajó en su última película, La voz de la luna. Sin embargo, ha sido encarnando a Geppetto cuando ha conseguido alcanzar una interpretación memorable, entre la fragilidad y la tristeza.
Lo hace en la última versión que ha llevado a cabo Mateo Garrone, en la que el director intenta capturar la esencia primigenia del libro y las ilustraciones originales con toda su carga de crudeza, de violencia y de sordidez. Resulta curioso que Garrone, que se convirtió en uno de los exponentes del naturalismo más descarnado gracias a Gomorra, haya virado hacia territorios más alegóricos desde que dirigiera El cuento de los cuentos.
Eso no quiere decir que haya abandonado la realidad como objeto de estudio, pero sí que es cierto que, de un tiempo a esta parte, ha preferido abordarla utilizando el elemento fabulador para acercarse de una manera más imaginativa a las contradicciones y miserias del ser humano. Los cuentos para Garrone, como también lo eran para Collodi, no son precisamente lugares confortables.
De hecho, Pinocho podría ser casi una película de terror, aunque no se necesite recurrir a ese género para generar miedo y desasosiego. Hay suficientes episodios dentro del trayecto de la marioneta que cobra vida que resultan sobrecogedores y que, en esta ocasión, no pierden ni un ápice de su capacidad corrosiva.
Garrone siempre había acariciado la idea de llevar esta historia a la pantalla. Para materializarla ha utilizado la tecnología, pero con un toque artesanal. Los personajes de fantasía se han caracterizado a través de maquillaje protésico, lo que dota a cada uno de ellos de una especie de extrañeza grotesca que al principio repele y después provoca una especie de extraño magnetismo.
Nos adentramos así en un universo que bascula entre la magia y la pobreza más absoluta. Entre la belleza, la pureza del Hada Azul y la truculencia de los personajes del Zorro, el Gato y el Cochero de la Isla de los Juegos, que representan un mundo degradado en el que no parece haber lugar para la inocencia.
Otro acierto es el diseño imaginativo de los personajes fantásticos, con el recurso de la animación digital del que carecieron las anteriores versiones citadas. Incluso el diseño de Pinocho está especialmente logrado. La elección de Roberto Benigni para el papel de Geppetto es muy inteligente, pues sabe transmitir a la perfección la sencillez de corazón de un hombre muy pobre y solitario, la ternura de un buen padre y el talante agradecido de quien no tiene nada.
Benigni encarna al verdadero educador y padre, que mira siempre al niño con una mirada positiva, que acoge todo, que perdona todo y que consigue que nazca un vínculo verdadero entre ambos. Esto tiene más fuerza que el mensaje moralista que está presente en el relato, que afirma que solo si eres bueno serás merecedor de una redención. Incluso en el personaje del hada se subraya su continua tendencia al perdón.
La película, como las anteriores versiones, es bastante fiel al libro, pero son estos matices, significativos, los que marcan las diferencias entre ellas. La película cuenta con una excelente dirección artística que nos recuerda las ilustraciones decimonónicas de los cuentos fantásticos, una buena banda sonora de Dario Marianelli, ganador de un Óscar por Expiación, y unas interpretaciones solventes.
Garrone va repasando los capítulos más importantes del cuento como si los viéramos por primera vez. Cada episodio es de sobra conocido, pero el director consigue que adquieran una personalidad independiente entre el neorrealismo y la fantasía.
JAN. Robert Zemeckis, el oscarizado autor de ‘Forrest Gump’ (1994), rodará una nueva versión -en imagen real y respaldada por Disney- de ‘Pinocho’. Gepetto y Pinocho según la visión de Guillermo del Toro. Tras la fascinante visión indirecta que Spielberg aportó en el año 2001 con ‘A.I. Según expresó el autor de la oscarizada ‘La forma del agua’, «ninguna forma de arte ha influido tanto en mi vida y en mi trabajo como la animación, y no he tenido una conexión personal tan profunda con ningún personaje en la historia como con Pinocchio.
Ilustración de Pinocho por Carlo Chiostri.
A continuación, se presenta una tabla comparativa de algunas de las adaptaciones más destacadas de Pinocho:
| Adaptación | Director | Año | Características |
|---|---|---|---|
| Pinocho (Disney) | Varios | 1940 | Animación, dulcificación del relato original, enfoque moralista. |
| Las aventuras de Pinocho (miniserie RAI) | Luigi Comencini | 1972 | Nino Manfredi como Geppetto, rescate de la crudeza original. |
| Pinocho | Roberto Benigni | 2002 | Benigni como Pinocho, no tuvo gran éxito. |
| Pinocho | Matteo Garrone | 2019 | Roberto Benigni como Geppetto, crudeza y violencia del original, uso de maquillaje protésico. |
