El dolor de vientre bajo sin menstruación genera dudas y, a veces, preocupación. No es extraño sentir molestias en la parte baja del abdomen fuera de los días de regla, sobre todo si coinciden con la mitad del ciclo. Aun así, no siempre es tan simple. Cuando el dolor es intenso, aparece con otros síntomas o se repite mes tras mes, conviene prestar atención.
El dolor de vientre bajo sin menstruación suele estar relacionado con cambios normales del ciclo menstrual. La causa más habitual es la ovulación, aunque no es la única explicación posible. Cuando la molestia surge a mitad del ciclo y desaparece sola en poco tiempo, lo más frecuente es que no indique un problema de salud.
El dolor intermenstrual aparece cuando el ovario libera el óvulo. Este tipo de dolor de vientre bajo sin menstruación suele cumplir un patrón reconocible. Aparece alrededor de la mitad del ciclo, dura poco tiempo y no impide hacer vida normal. Ten en cuenta que, aunque resulte molesto, no suele requerir tratamiento si es leve y puntual.
El dolor de vientre bajo sin menstruación asociado a la ovulación tiene rasgos bastante definidos. Suele aparecer de forma puntual y desaparecer solo. El dolor se nota en uno de los lados del bajo vientre, derecho o izquierdo, según el ovario que libere el óvulo ese mes. Algunas mujeres sienten siempre la molestia en el mismo punto durante varios ciclos seguidos.
La duración es variable. Puede tratarse de una molestia breve, de unos minutos, o alargarse varias horas. También es posible notar pequeñas molestias lumbares o una ligera sensibilidad al tacto en la zona baja del abdomen.
Hay señales que orientan hacia una causa distinta a la ovulación. El dolor de vientre bajo sin menstruación no siempre se explica por la ovulación. La endometriosis aparece cuando tejido similar al del interior del útero crece fuera de él. El dolor no suele limitarse a un momento concreto del ciclo y, en algunos casos, empeora con el tiempo.
Los quistes ováricos funcionales suelen ser benignos y, muchas veces, no dan síntomas. La enfermedad inflamatoria pélvica suele estar relacionada con infecciones y provoca dolor continuo en la parte baja del abdomen. El dolor de vientre bajo sin menstruación no siempre tiene origen ginecológico. Problemas como el estreñimiento, la gastroenteritis o el síndrome del intestino irritable pueden provocar dolor en la parte baja del abdomen, a veces acompañado de hinchazón o cambios en el ritmo intestinal.
La sobrecarga muscular, malas posturas o tensión mantenida en la zona lumbar y abdominal también pueden generar dolor en el bajo vientre.
El tratamiento del dolor de vientre bajo sin menstruación depende de la causa y de la intensidad del dolor. Si el dolor es frecuente, intenso o afecta a tu día a día, el profesional sanitario puede valorar otras opciones. Se habla de dolor pélvico crónico cuando el dolor de vientre bajo sin menstruación se mantiene en el tiempo o aparece de forma recurrente durante varios meses. En estos casos, la causa no siempre es evidente desde el principio.
El dolor puede mantenerse por problemas ginecológicos como la endometriosis, pero también por causas digestivas, urinarias o musculares. Conviene pedir una nueva valoración si el dolor no mejora, aumenta con el tiempo o limita actividades habituales como trabajar, dormir o hacer ejercicio.
Los cambios hormonales pueden favorecer el desarrollo de infecciones vaginales. Un aumento de las hormonas femeninas, los estrógenos, como ocurre en el embarazo o en algunas fases del ciclo menstrual, puede incrementar la producción de glucógeno por parte de las células de la mucosa vaginal. Como el glucógeno es el nutriente de algunos microorganismos, como el hongo Candida, éstos pueden crecer y desarrollarse en grandes cantidades y provocar la Candidiasis vaginal.
El interior de la vagina está recubierto por un manto de microorganismos que componen lo que se conoce como flora vaginal. En la edad fértil de la mujer, la actividad hormonal está activada, lo que contribuye al buen funcionamiento de la vagina. En cambio, en el embarazo el nivel hormonal aumenta, dándose un exceso de Lactobacillus y un pH más ácido, que puede favorecer la candidiasis vaginal.
Cualquiera que sea tu situación hormonal, debes estar atenta a los síntomas vaginales. Dispones de varias opciones para tratar y aliviar los síntomas de las infecciones vaginales, así como corregir el desequilibrio del pH y de la flora vaginal.
En el presente artículo, nos adentraremos en las diferentes causas que pueden provocar dolor de ovarios sin regla en las mujeres. En CER Santander, nos preocupamos por la salud reproductiva femenina y, por ello, compartimos esta información. Existen varias causas comunes del dolor en ovarios sin menstruación, como el síndrome premenstrual y la ovulación.
El dolor en los ovarios es una preocupación que afecta a muchas mujeres en diferentes momentos de sus vidas. En CER Santander, nuestra misión es proporcionar información precisa y basada en evidencia sobre la salud reproductiva femenina.
Fases del Ciclo Menstrual
Antes de explorar las posibles causas del intenso dolor de ovarios sin regla, es importante comprender las distintas fases del ciclo menstrual:
Fase Folicular
Esta fase marca el inicio del ciclo menstrual y se inicia con la menstruación. Durante este periodo, los niveles de progesterona y estrógenos son bajos. El endometrio, se desprende durante esta fase, lo que resulta en la llamada regla. Los folículos son estructuras que contienen los óvulos y durante la fase folicular del ciclo, estos aumentan en tamaño. Este crecimiento o maduración se debe a la hormona foliculoestimulante (FSH), que estimula su desarrollo.
Fase Ovulatoria
La fase ovulatoria u ovulación, ocurre cuando el folículo dominante libera el óvulo hacia las trompas de Falopio. Los niveles de estrógenos son elevados y comienza a aumentar la progesterona. Esta es la fase en la que la mujer es más fértil, por lo que muchas mujeres utilizan pruebas de ovulación junto a calendarios de fertilidad para determinar el momento exacto de la ovulación.
Fase Lútea
Durante esta fase, tanto los niveles de estrógenos como de progesterona en el cuerpo femenino aumentan para fortalecer el endometrio y el folículo previamente roto se cierra, formando una estructura conocida como cuerpo lúteo.
El dolor menstrual se caracteriza por ser una molestia que se experimenta en el abdomen y la pelvis durante el ciclo menstrual de una mujer. Es una complicación común que puede variar en intensidad y duración. Este es causado por las contracciones del útero, que son necesarias para expulsar la capa interna del útero (endometrio) durante la menstruación.
Los síntomas del dolor menstrual incluyen dolor abdominal y pélvico, calambres, dolor de espalda, dolor de cabeza, náuseas, vómitos, fatiga y cambios de humor. El tratamiento del dolor menstrual depende de la causa subyacente y de la gravedad del dolor. Los métodos de relajación, como la meditación y el yoga, pueden ayudar a reducir el dolor.
En algunas ocasiones, el síndrome premenstrual puede estar asociado con el dolor en los ovarios. El síndrome premenstrual es un trastorno que afecta a las mujeres durante la fase lútea del ciclo menstrual. Algunos de los síntomas comunes del síndrome premenstrual incluyen vómitos, mareos, dolor en los senos, dolor de espalda y cambios de humor. Otro signo que puede experimentarse es el dolor en los ovarios, que se produce durante la fase lútea y no está acompañado de la menstruación.
El dolor pélvico intermenstrual es una de las causas más comunes del dolor en los ovarios. El dolor pélvico intermenstrual es una afección o trastorno que afecta a algunas mujeres durante la fase ovulatoria del ciclo menstrual. Este dolor se experimenta en la zona abdominal, específicamente en el costado donde se encuentra el ovario que está ovulando.
¿Qué puede causar este dolor?
Existen varias causas que pueden provocar el dolor pélvico intermenstrual en las mujeres. Como podemos ver, ambos casos están relacionados con la ovulación. El primer caso ocurre justo antes de la fase ovulatoria, en la fase folicular. El segundo caso se produce durante la ovulación misma.
Si recordamos las etapas mencionadas anteriormente, ambas situaciones ocurren mucho antes del inicio de la fase lútea y la menstruación. Algunas posibles causas de dolor de ovarios sin regla incluyen quistes ováricos, endometriosis, síndrome de ovario poliquístico, entre otras.
Además del dolor físico, el dolor de ovarios en ausencia de la menstruación también puede tener repercusiones emocionales y psicológicas en la vida de una mujer. El dolor crónico puede afectar la capacidad de realizar actividades diarias, trabajar y disfrutar de las actividades cotidianas.
El ciclo menstrual de una mujer puede dar lugar a diversas irregularidades que, en algunos casos, pueden provocar incomodidades notables. Si una mujer experimenta dolor en los ovarios sin menstruación, es esencial que busque la orientación de su médico. El profesional de la salud llevará a cabo un examen físico y pruebas de diagnóstico para identificar la causa subyacente del dolor.
Además de las implicaciones físicas, el dolor en los ovarios sin menstruación puede tener un impacto emocional y psicológico en la vida de una mujer. El dolor crónico puede interferir en su capacidad para realizar actividades cotidianas, trabajar y disfrutar de sus pasatiempos habituales. Por lo tanto, es fundamental que las mujeres que enfrentan dolor de ovarios sin menstruación reciban el tratamiento adecuado y, si es necesario, accedan a un apoyo emocional y psicológico.
Aunque los dolores de ovarios sin menstruación y los gases pueden parecer síntomas muy diferentes, pueden estar relacionados a través de diversas condiciones médicas.
Los dolores de ovarios y riñones pueden ser síntomas de embarazo, pero también pueden tener otras causas. Es importante tener en cuenta que los retrasos en la menstruación pueden tener diferentes causas, además del embarazo.
Sentir dolor en un ovario puede ser desconcertante y angustiante, pero entender las posibles razones detrás de este malestar es clave para abordarlo de manera efectiva. Experimentar dolor ovario izquierdo puede ser preocupante, pero entender las posibles causas detrás de este malestar es esencial para abordarlo adecuadamente.
Medicamentos: Los analgésicos de venta libre pueden ayudar a aliviar el malestar leve a moderado.
Relación entre el ciclo menstrual y la cistitis
¿Alguna vez has pensado si existe una relación entre el ciclo menstrual y la cistitis? Es normal que nos surjan dudas sobre esta relación, ¿puede verse afectado? ¿influye la fase del ciclo en la que estemos ante el desarrollo de una cistitis?
La cistitis es una infección del tracto urinario que afecta a la vejiga o las vías urinarias inferiores. La E. La microbiota en condiciones normales evita su sobrecrecimiento y por tanto, evita que se desarrolle la infección. Si se produce un desequilibrio o una alteración del medio, esta bacteria E. coli puede llegar desde el tracto intestinal a la uretra, debido a la proximidad anatómica, y desde ahí ascender hasta la vejiga.
Este tipo de infección urinaria es más frecuente en mujeres que en hombres debido a las diferencias anatómicas. Esta frecuencia también podría verse aumentada debido a que el ano es un foco bacteriano que está muy cerca de la apertura de la uretra de la mujer, aumentando así la probabilidad de infección.
Las hormonas sexuales femeninas que participan en la regulación del ciclo menstrual son los estrógenos y la progesterona. Las células que revisten las paredes de la uretra femenina responden a los estrógenos y a la progesterona de la misma forma que lo hacen las células vaginales.
Durante la menstruación, la concentración de estrógenos y progesterona baja considerablemente. Esta bajada de niveles hormonales produce que el ambiente que rodea a las células vaginales y de la uretra se vuelva desfavorable, lo que hace que el sistema defensivo de estas zonas sea más vulnerable y por tanto, aumenta la probabilidad de infecciones. También la existencia de una cistitis puede afectar a determinadas características del sangrado menstrual, en concreto al olor y al aspecto.
¿Cómo prevenir la cistitis?
- Beber mucha agua, de 1,5 a 2 litros al día.
- Cambiar el tampón o la compresa de forma regular, y mucho mejor si son de algodón en lugar de materiales sintéticos.
- Una correcta higiene íntima es fundamental. Es muy importante no olvidar que la zona genitourinaria se lava y se seca siempre de adelante hacia atrás.
- Es mejor utilizar ropa interior de algodón, así como evitar el uso de prendas muy ajustadas.
- Ve al baño a orinar cada vez que lo necesites, no hay que aguantar demasiado las ganas de orinar.
- Ingerir, al menos, un litro y medio de agua al día, para conseguir reducir la concentración de bacterias en el aparato urinario. También ayuda evitar bebidas carbonatadas y excitantes como el alcohol, la cafeína y el tabaco.
- Orinar cada dos o tres horas pues el crecimiento bacteriano es mayor cuando la orina permanece en la vejiga, sobre todo, antes y después de haber mantenido relaciones sexuales.
- Lavar la zona con jabones neutros y de delante hacia atrás. Igualmente, el secado debe realizarse en la misma dirección.
- Cambiar el bañador después del baño.
- Utilizar ropa interior de algodón y evitar prendas ajustadas.
- Evitar el estreñimiento y no posponer la evacuación de las heces.
Tratamientos para las infecciones urinarias en mujeres
Infecciones del Tracto Urinario (ITU) y Fertilidad Femenina
Las infecciones del tracto urinario (ITU) son patologías que afectan a distintas partes del aparato urinario. La ITU es la segunda causa de infección más frecuente tras la infección respiratoria. La presentación clínica de la ITU durante el embarazo se subdivide en tres categorías principales: Bacteriuria Asintomática (BA) (2-11%), Cistitis (1,5%) y Pielonefritis aguda (PA) (1-2%). Los cambios fisiológicos del tracto urinario durante el embarazo facilitan el desarrollo de la ITU y aumentan su recurrencia y persistencia.
Existe mucha información sobre las modificaciones gravídicas en las adaptaciones cardiovascular, pulmonar, metabólica o genital. Interesa conocer los cambios que acontecen en los tejidos blandos, muscular o nervioso del suelo pélvico relacionados con la gestación.
En las mujeres diagnosticadas de ITUR, encontramos que el 3.4% son nulíparas, 70.74% tienen antecedentes de partos eutócicos, 9.86% de partos distócicos, 17.34% han sido operadas de legrado por aborto, 17% han sido intervenidas de histerectomía sin anexectomía y 17% de histerectomía con anexectomía bilateral. Los antecedentes ginecológicos/obstétricos más prevalentes en las mujeres con ITUR son el parto eutócico asociado a un buen estado de salud.
En cuanto a la DM, tiene mayor peso en la asociación con ITUR en las mujeres nulíparas, mientras que no tiene peso en las mujeres con antecedentes obstétricos. La interrelación entre los antecedentes obstétricos y la presencia de DM en mujeres con ITUR no asocia correlación positiva, excepto en mujeres nulíparas donde la DM determina por sí misma el aumento de ITUR.
La cistitis intersticial es una inflamación crónica y no infecciosa de la vejiga urinaria. Desde el punto de vista médico, la cistitis intersticial se caracteriza por una alteración de la pared de la vejiga. En muchos pacientes se observa un deterioro de la mucosa que la recubre, con pequeñas hemorragias (glomerulaciones) o con lesiones más profundas conocidas como úlceras de Hunner.
La cistitis intersticial puede afectar a personas de cualquier edad y sexo, aunque presenta un claro predominio femenino. Según los datos de ORPHANET, la prevalencia estimada es de entre 1 por cada 200 y 1 por cada 2.000 mujeres, mientras que en los varones oscila entre 1 por cada 2.450 y 1 por cada 12.500 hombres.
La cistitis intersticial puede comenzar de forma silenciosa y, en sus fases iniciales, algunas personas apenas notan molestias. El dolor es el rasgo más distintivo de la cistitis intersticial y el que la diferencia de otros trastornos urinarios. Se localiza en la zona suprapúbica, pélvica o abdominal baja y, en muchos casos, se extiende a otras áreas, como la uretra, la vulva, la vagina o el recto, en las mujeres, y los testículos o la punta del pene, en los hombres.
Las personas con cistitis intersticial orinan con mucha más frecuencia de lo habitual, tanto de día como de noche. La urgencia en la cistitis intersticial no debe confundirse con la urgencia relacionada con la incontinencia urinaria.
Una de las teorías más aceptadas se centra en el deterioro del urotelio, la capa protectora que recubre el interior de la vejiga. En las personas con cistitis intersticial, las células del urotelio producen una proteína denominada factor antiproliferativo que impide la regeneración normal de esta capa.
Otras hipótesis señalan a la activación anómala de los mastocitos, células relacionadas con los procesos inflamatorios y alérgicos cuya proliferación se ha observado en pacientes con esta enfermedad. Pero ninguna de estas teorías explica por sí sola la enfermedad, lo que refuerza la idea de que bajo el término “cistitis intersticial” se agrupan probablemente distintos procesos que comparten una sintomatología similar.
El diagnóstico de la cistitis intersticial es uno de los aspectos más complejos de la enfermedad. El proceso diagnóstico se inicia con una entrevista clínica exhaustiva en la que se recogen los síntomas, su duración, su relación con el llenado vesical, la presencia de dolor, la frecuencia urinaria y los posibles desencadenantes.
Para confirmar el diagnóstico, se puede recurrir a la cistoscopia, una exploración que permite visualizar el interior de la vejiga y las características úlceras de Hunner. No existe un tratamiento curativo para la cistitis intersticial, de manera que el objetivo terapéutico es controlar los síntomas, especialmente el dolor, y mejorar la calidad de vida.
El entrenamiento de la vejiga permite aumentar progresivamente el intervalo entre micciones, mientras que la fisioterapia manual del suelo pélvico puede ayudar a relajar las contracturas y los puntos dolorosos. Entre los fármacos orales más utilizados para el tratamiento de la cistitis intersticial está el pentosano polisulfato sódico, que ayuda a restaurar la capa protectora de la vejiga, aunque su efecto puede tardar meses en notarse.
Según el Centro de Información de Cistitis, «se calcula que casi la mitad de las mujeres padecen episodios a lo largo de su vida. De ellas, un 20 % repite». En casos como el de la madre de Felipe VI, las bacterias presentes en el tracto urinario suelen ser las de la propia flora de la mujer, que acaban por colonizar la zona.
La infección de las vías urinarias más frecuente es la cistitis. Sucede más en las mujeres por una razón anatómica: «Tienen el tracto intestinal mucho más cerca del periné, y una uretra mucho más cortita. Eso hace que los microorganismos del tracto digestivo pasen con más facilidad y colonicen la vagina. Si en esta zona no están las defensas que tocan de forma natural, es más probable que los microorganismos asciendan por la uretra y colonicen la vejiga», detalla la doctora Rocío Jiménez, uróloga en la Fundación Puigvert, que añade: «Por otra parte, los varones tienen el periné más alejado, y una uretra mucho más larga. Además, el fluido seminal funciona como un elemento protector.
El cuadro clínico característico de la cistitis es quizás uno de los más conocidos en el saber popular: dolor miccional, más ganas de ir al baño con escasa micción (polaquiuria), constante deseo miccional (tenesmo) y en ocasiones, sangre al orinar (hematuria). La causa principal de esta infección son los gérmenes procedentes de las heces, conocidos como enterobacterias.
Hay etapas en la vida de una mujer en la que, debido a las fluctuaciones del perfil hormonal, las cistitis pueden convertirse en algo más frecuente: «Los cambios hormonales pueden ser un factor de riesgo en la infección. Esto se da, sobre todo, cuando comienza la menstruación, con la ovulación, en el post parto, y sobre todo, en la menopausia, que es cuando se ve un aumento de las infecciones», precisa la experta.
En pacientes en edad fértil, los principales factores de riesgo son los considerados de comportamiento. Hablamos de prácticas sexuales y hábitos higiénicos correctos. «La humedad o el frío pueden ser algo más discutibles. «A medida que avanza la edad, las infecciones urinarias tienen otra sintomatología y son más difíciles de solucionar en las mujeres mayores. Ahí ya entran en juego otros factores más allá de las relaciones sexuales. Cobran peso los hormonales asociados a la menopausia. El déficit de los estrógenos, que hacen que sufran cambios en los genitales externos, en la zona de la vulva, de la entrada de la vagina, e incluso, en la mucosa del final de la uretra.
Normalmente, los antibióticos son el primer tratamiento para las infecciones de las vías urinarias. El estado de salud y el tipo de bacterias que se encuentran en la orina determinan qué medicamentos se pueden administrar. Durante el curso de la enfermedad, está desaconsejado el consumo de bebidas irritantes, como el café, el alcohol y los refrescos que contengan jugos cítricos o cafeína. Por lo general, los síntomas desaparecen al cabo de unos pocos días después del inicio del tratamiento. Sin embargo, es posible que sea necesario continuar con los antibióticos durante una semana o más.
Entre estas complicaciones, la más frecuente es la infección del riñón. «En mujeres es algo más habitual porque primero se origina una cistitis que posteriormente puede empeorar. El tratamiento es muy eficaz y no suele ser necesario el ingreso. En cambio, si se produce en los varones, siempre hemos de tener la sospecha o asociación de algún problema obstructivo o renal, por lo que el tratamiento es más complicado.
Rocío Jiménez, de la fundación Puigvert, destaca como posibles factores de riesgo una escasa ingesta hídrica, los antecedentes familiares de primer grado, cualquier malformación como puede ser la dilatación de la vía urinaria, y sobre todo, una mala higiene local. Y ojo, porque esto no significa falta de limpieza: «Hay mujeres que piensan que una buena higiene implica lavar y frotar con miles de jabones específicos. Y la verdad es que podemos ahorrarnos bastante dinero en ese sentido.
Esto implica realizar controles ginecológicos periódicos e hidratar la vagina, sobre todo a partir de la mediana edad. La microbiota es fundamental para preservar la salud de diversos tejidos y en este caso, las protagonistas también son las bacterias naturalmente presentes en la vagina, «sobre todo, los bichitos que nos protegen son los lactobacillus». Para cuidarlos, «la higiene debe ser sin jabones, solo con agua y con el grifo de la ducha. De delante hacia atrás, sin el uso de bidé. Lo mismo para la limpieza después de hacer pis», ejemplifica la uróloga.
Hablando de flora vaginal, muchos podrían pensar que consumir productos como el kéfir o yogures, de por sí probióticos, ayudaría. Nada más lejos de la realidad: «Hay alimentos que contienen lactobacillus, pero no son los mismos que los presentes en la flora vaginal. Por último, cabe destacar la importancia de unos hábitos miccionales correctos.
