La leyenda urbana de "El Niño Llorón" ha cautivado la imaginación de muchas personas, generando un debate entre la superstición y la realidad. Estas pinturas, que representan a niños con rostros afligidos y lágrimas en los ojos, han sido asociadas con una serie de eventos desafortunados, incluyendo incendios inexplicables y fenómenos paranormales.
Una de las pinturas de "El Niño Llorón" de Giovanni Bragolin.
El Origen de la Leyenda
En muchas ocasiones aquí está la clave de una leyenda urbana, una buena leyenda urbana y el misterio. La leyenda cobró fuerza en la década de 1980, impulsada por informes de bomberos que afirmaban haber encontrado copias de estas pinturas intactas en casas que habían sido devastadas por el fuego. Aquel pintor no destacaba excesivamente en nuestra sociedad deshumanizada pero alcanzaría cierta popularidad a raíz de una serie de cuadros que serían conocidos como “Los niños que lloran”. El sensacionalista diario británico The Sun alimentó aún más la histeria al publicar artículos sobre estos incidentes y organizar quemas masivas de las pinturas.
La leyenda se intensificó con historias de fenómenos paranormales en hogares que poseían estas pinturas: lamentos y lloros inexplicables, objetos que se movían solos, anomalías eléctricas e incluso la aterradora afirmación de que "el niño se salía del cuadro, subía a la cama de tu habitación y mueres de la impresión al ver su rostro endemoniado. Luego incendiaba la casa y borraba las evidencias de su crimen”.
Otra pintura de "El Niño Llorón" de Giovanni Bragolin.
El Artista Detrás de la Obra
El personaje que le queremos presentar es un impactante pintor, llamado Giavanni Bragolin, pero conocido como Bruno Amadio y que vivió en Sevilla. Se trata de Bruno Amadio, un artista nacido en Venecia, Italia. Tuvo varios apodos, siendo el más conocido Angelo Giovanni Bragolin, aunque también se le conoció como Frank Shot Sebil o J. Brangolin. Se asegura que en estos cuadros, el autor intentó plasmar la intensa tristeza que vio en la cara de los huérfanos de guerra que se encontró cuando estuvo movilizado en la II Guerra Mundial. Se supone que es en esta dura experiencia cundo se fija en el sufrimiento de los más inocentes, los niños huérfanos a causa de la contienda que se encuentra en diferente pueblos y aldeas.
Tras la guerra, Amadio se trasladó a España. Estuvo en Sevilla, y cabe preguntarse si allí no encontró inspiración en los cuadros de Murillo, quien también pintó a muchos niños con expresiones emotivas. La vida de Bruno Amadio se mueve un poco en la bruma, lo que indudablemente ha facilitado la creación de la leyenda. Con seguridad se sabe que nació en Venecia (Italia) en 1911. Estudió pintura y desarrolló un estilo academicista, que posteriormente evolucionó a una técnica, pincelada y estilo propios.
Relatos y Experiencias Personales
Tengo una amiga, Puri, que en su casa tenía colgados un par de cuadros de “niños llorando”. Escuchaba pisadas en el techo y otros fenómenos inexplicables. Un día le salió ardiendo aquella parte de la casa donde estaban colgados los cuadros y tras las reparaciones volvió a salir ardiendo. ¿Qué hizo Puri? Quemarlos en el patio de su casa.
Pero no finaliza aquí la historia maldita de estas pinturas ya que nuevamente corrió el rumor de nos decía que si se ponía al revés se aparecía al diablo e incluso que si te relataban la historia del cuadro y tenías uno pues que se quemaba tu casa... ¿Verdadero?
Explicaciones Racionales
Algunos expertos han intentado ofrecer explicaciones lógicas para la supuesta maldición. Steve Punt, un escritor británico y comediante, investigó la maldición del “Niño llorón” en una producción de la BBC Radio Four, llamada Punt PI. Hicieron pruebas en el Building Research Establishment, y los resultados indican que las impresiones fueron tratados con un barniz que contienen un repelente de fuego, y que la cuerda que sujeta la pintura a la pared ardería antes que la pintura, lo que da como resultado el caer al suelo, en muchos casos boca abajo. Se decía que los incendios, supuestamente, eran provocados por copias de las obras originales.
Pero la gente no quería explicaciones lógicas. «¡No, no, eso no es así! ¡Están malditos, tienen el alma del niño y nos queman la casa!», proclamaban, y corrían a quemar sus cuadros.
El "Cuadro Maldito" de Cádiz
La leyenda no se limita solo a los "Niños Llorones". En Cádiz, existe una historia similar sobre el cuadro de un payaso. Me cuentan, a modo de leyenda, que en cierta ocasión una familia se mudo a una casa de este lugar y se encontró el cuadro de un payaso, de vistosos colores, con la palma de la mano abierta. Les gustó y decidieron dejarlo allí colgado. Al caer la noche sintieron ruidos extraños que provenían de la habitación donde estaba aquel cuadro. Nadie quiso concederle mayor importancia pero a la mañana siguiente......A la mañana siguiente el padre de aquella familia muere. Fue un duro golpe para todos y nadie reparó que en el cuadro del payaso había un cambio. Aquella mano abierta había bajado uno de sus dedos.Apenas unos días después murió la madre, todo dijeron que «había muerto de pena», y aquel cuadro del payaso sufrió otro cambio: bajo otros de los dedos de aquella mano antaño abierta completamente.Poco a poco todos los miembros de aquella familia fueron muriendo, excepto uno de ello, el cuadro del payaso tenía ya todos sus dedos bajados excepto el mañique. Aquella misma noche una nueva desgracia se cebó con la familia y la casa sufrió un terrible incendio. Los bomberos sofocaron el mismo y sólo pudieron rescatar de su interior, aun intacto, una cosa: el cuadro de un payaso con la mano completamente abierta y vivos colores.Pasaron diez años y aquella casa vivían una nueva juventud cuando una familia entraba a ocuparla.
La Opinión de los Expertos
Antonio García Villarán, experto en arte y cultura, explora esta leyenda en uno de sus videos. La creencia popular afirmaba que si tenías uno de estos cuadros en casa, tu vivienda corría el riesgo de quemarse. Pero lo más inquietante es que, supuestamente, la casa ardía… ¡y el cuadro permanecía intacto! Además, la leyenda iba más allá, sugiriendo que la presencia de estas pinturas podía provocar apariciones fantasmales y el movimiento inexplicable de objetos, es decir, fenómenos sobrenaturales que hoy vamos a desgranar.
Ante todo esto, la pregunta es obligada: ¿tenemos que creer que un cuadro de un niño llorando puede quemar nuestra casa? Reflexionemos sobre el poder de las imágenes. Piensa en las representaciones de los dioses en todas las religiones: la gente reza ante ellas, les atribuye poderes, pide favores. ¿Tienen las imágenes un poder intrínseco, o somos nosotros quienes les otorgamos ese poder?
Conclusión
La leyenda de "El Niño Llorón" sigue siendo un tema de debate y fascinación. ¿Son estas pinturas realmente portadoras de mala suerte, o son simplemente víctimas de una histeria colectiva alimentada por la superstición y los medios de comunicación? La respuesta, como muchas leyendas urbanas, puede que nunca se conozca con certeza.
