Operación Bebé Oso: Cuidados Postoperatorios Tras una Abdominoplastia

Este artículo detalla la experiencia y los cuidados postoperatorios tras una abdominoplastia con plicatura de rectos y colocación de malla. Se abordan aspectos clave desde la preparación hasta la recuperación completa, ofreciendo una visión completa del proceso.

Ya han pasado dos meses desde que pasé por quirófano para realizarme una abodminoplastia con plicatura de rectos y colocación de malla.

Preparación para la Cirugía

Como he contado en varias ocasiones, fruto de los embarazos desarrollé una generosa diástasis que intenté abordar por varios medios antes de decidir someterme a una abdominoplastia. Pero llegó un momento, después de que dos fisioterapeutas me lo confirmaran, en que asumí que en mi caso la cirugía estaba recomendada.

El tema de si operarse es la solución definitiva o no es muy controvertido. Sólo decirte que, si estás en mi misma situación y tienes mil dudas, o directamente estás perdida…. antes de visitar al cirujano (o además de), acude a un fisioterapeuta especializado en suelo pélvico. Ellos son quienes mejor conocen esta lesión y pueden recomendarte según tu situación.

Ah! Me realizaron una doble intervención conjuntamente un cirujano plástico y un cirujano general. Duró unas cuatro horas.

Yo tenía mucho miedo al momento quirófano, a estar enchufada a una máquina para respirar porque no podía hacerlo por mí misma. Y la realidad es que fue la parte más «agradable» de todo el proceso porque… ¡no me enteré de nada! Y de paso me eché una siesta gorda de esas que quienes tenemos nenes pequeños no nos echamos a menudo (por no decir nunca).

Cómo es la recuperación de una Abdominoplastia | Cirugía Corporal

Descripción de la Operación

Paso a contar en qué consistió la operación en sí (según me han explicado). El cirujano plástico me practicó una incisión de lado a lado en la parte baja del abdomen, por debajo de la línea del bikini. Después despegó la piel hasta debajo del pecho.

A continuación el cirujano general realizó una plicatura de los rectos. Esto consiste en juntar ambos rectos y efectuar una sutura. Me pusieron después una malla de polipropileno por encima de toda la zona. La malla va fijada únicamente con cuatro puntos de sutura en las esquinas, y el resto va pegada con un gel especial.

Una vez terminado el trabajo del cirujano general, intervino el plástico de nuevo para la resección del faldón. O sea, lo que viene siendo recortar el colgajo de piel sobrante. Elminió de ombligo para abajo (lo que se ve dibujado en la foto de más arriba), y estiró y estiró y estiró el chicle hasta juntar lo de arriba con la línea del bikini.

El ombligo lo conservo. Bueno, en realidad lo que conservo es el «tubo». Por fuera quedó cubierto con la piel estirada que venía de más arriba, y han hecho una incisión. Esa cicatriz resultante es mi «nuevo» ombligo.

Casi me olvido comentarlo: en algún momento de la intervención, creo que me dijeron que al principio, me hicieron liposucción en los laterales, o sea, en los michelines (que yo creo que no tenía muchos pero bueno ya que se ponen a hurgar…).

En un principio me pusieron tres drenajes y a las pocas horas de subir a la habitación me quitaron dos. A primera hora del segundo día me retiraron la sonda para la orina y me ayudaron a ponerme en pie.

Primeros Días Postoperatorios

Lo más incómodo que recuerdo de la estancia en el hospital son las “secuelas” de la intubación. Afortunadamente no tuve ninguna complicación pero el mero hecho de meterte un tubo por la laringe hace que esta se resista y se defienda. ¿Cómo? Soltando mocos. Y esos mocos te producen carraspera y tos.

Me dieron medicación como para montar una farmacia: analgésicos, antibiótico, antiinflamatorios, antieméticos (para los vómitos), heparina y ya no sé qué más. En el hospital, muy fácil, porque me lo daban todo hecho.

La tarde que volví a mi casa duró 12309837048730598345 horas. Se me hizo eterna. Estaba muy embajonada. No tenía hambre. Esa tarde solo pasaron ideas negativas por mi cabeza. Una de ellas, la que resonaba con más fuerza, fue «¿quién co** me mandaba a mí meterme en esto, con lo asumido que tenía yo mi colgajo y mis dolores de espalda?». Sí, durante 12 horas me arrepentí de haberme metido en aquel embolao.

Durante toda esa semana tenía décimas. Bueno, según me insistían todos (todos los sanitarios, claro) 37,4ºC no son ni siquiera décimas (y son normales después de una intervención de esta envergadura). Pero a mí me hacían sentirme enferma.

Iba con el drenaje colgando, me daba mucha grimilla. No podía ponerme erguida, ¡me tiraba todo! Y tenía que dormir (y Pantuflo por ende) con el colchón incorporado y un cojín bajo las rodillas.

No sentí dolor alguno derivado de la abdominoplastia en sí. Hasta que me quitaron el drenaje no me podía duchar. Así que mi madre rescató una técnica de aseo ancestral y me lavaba por partes.

Esos primeros días fueron los más difíciles. Yo intentaba pensar que era todo por una buena causa, que afortunadamente no estaba enferma y sólo me quedaba esperar a recuperarme de la operación… Paciencia… Y dejarse cuidar, algo que a las madres nos cuesta un poco asumir.

Recuperación y Cuidados a Largo Plazo

También empecé a recibir masajes de drenaje linfático que ayudan muchísimo a deshinchar y expulsar líquido. Y encima, me resultaban muy relajantes.

Cada día vas haciendo cosas nuevas: volver a conducir, dar paseos cada vez más largos, y recuperar la movilidad en general… Lo único que está completamente vetado es cargar pesos y hacer esfuerzos grandes.

Aún sigo llevando faja. Las cuatro primeras semanas llevaba la tubular día y noche. Luego la tubular por la noche y por el día una más «estética». En el ombligo llevo una canica para dar forma redondeada.

Me dieron el alta médica a las 7 semanas de la operación. Me encontraba fenomenal en ese momento, y así sigo.

Algo que creo fundamental es saber qué puedes esperar después de una intervención de este calibre. Quizás si te operas pensando que vas a quedar como cuando tenías 18 años, luego te lleves un gran chasco. En mi caso, me imaginaba que la barriga sí se iba a quedar más o menos plana, y así fue (aunque insisto, no estoy como cuando tenía 18 años, ni tampoco como cuando tenía 30 y me quedé embarazada de Zipi y Zape).

Sin embargo, en lo que a la piel se refiere, el cirujano plástico me había advertido de que el estado de la piel que quedaba por encima del ombligo se iba a mantener igual que estaba (solo que ubicado en la parte baja del abdomen), con sus estrías y demás. Un poco más estirada, pero con la misma calidad.

Respecto a la funcionalidad, estoy muy muy contenta. El dolor crónico de espalda ha desaparecido.

Por decirlo claramente y simplificando: si cuando tenía 18 años (con sus correspondientes complejos adolescentes) a mí me enseñan una foto de mi abdomen a día de hoy, me habría llevado las manos a la cabeza y me habría dado un parraque.

Si estás pensando en pasar por esto y me estás leyendo en estos momentos, más abajo puedes dejarme un comentario y preguntar lo que quieras.

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