Los Hijos Bastardos de la Realeza Española: Una Historia de Secretos y Legados

La historia de la monarquía española está llena de figuras importantes y eventos trascendentales. Sin embargo, también está marcada por secretos y controversias, entre ellos, la existencia de hijos bastardos de reyes y nobles. Estos hijos, nacidos fuera del matrimonio, a menudo vivían en las sombras, pero algunos lograron alcanzar notoriedad y dejar su huella en la historia.

Reconocimiento y Legitimidad

A lo largo de la historia, el reconocimiento de los hijos bastardos varió según la época y el rey. Algunos fueron reconocidos oficialmente, mientras que otros vivieron en el anonimato. La legitimidad de estos hijos a menudo dependía de la voluntad del rey y de las circunstancias políticas del momento.

Tal día como hoy, el 6 de junio de 1554, el emperador Carlos V reconocía en un codicilo a Don Juan de Austria como hijo suyo. Bautizado en realidad con el nombre de Jeromín, Don Juan de Austria fue criado en Castilla lejos de su padre, al que no conoció hasta que este le llamó durante su retiro en el monasterio de Yuste en 1556. Fue el Rey Felipe II quien, siguiendo el testamento de su padre, le reconoció como miembro de la Familia Real con el nombre de Juan de Austria, quien recibió a partir de ese momento honores y rentas dignas de un Infante.

Siendo el hombre del momento intentó que Felipe II le reconociese oficialmente como Infante con tratamiento de alteza, demanda que su hermanastro rechazó. Sí le otorgó el cargo de gobernador de los Países Bajos para poner fin a la rebelión protestante, un puesto en el que ya habían fracasado el duque de Alba y Luis de Requeséns. Don Juan de Austria no fue la excepción, y todo después de comprometerse a retirar a los Tercios Españoles de Flandes y de respetar las libertades flamencas a cambio de que los rebeldes reconocieran la fe católica, así como la soberanía española. Don Juan de Austria completó sus estudios en la Universidad de Alcalá de Henares. Su destino no era otro que la carrera eclesiástica pero su decidida vocación militar hizo que Felipe II, en 1568, le pusiera al mando de una escuadra para combatir a los piratas berberiscos que asolaban el Mediterráneo. Con el tiempo demostró sus grandes dotes militares, lo hizo al acabar con la rebelión de las Alpujarras, un hecho que le permitió obtener el mando supremo de la flota de la Liga Santa que el Imperio español formó junto a Venecia y los Estados Papales para hacer frente a los turcos, a los que venció de forma contundente en la batalla de Lepanto.

El Sultán Rió del "Bastardo" Español, Hasta que Don Juan de Austria Tiñó el Mar de Rojo

Sancho III el Mayor y Ramiro I de Aragón

Sancho III el Mayor de Pamplona, antes de contraer matrimonio, tuvo un hijo que reúne los requisitos imprescindibles para considerarlo hijo natural en aquellos lejanos tiempos. Ramiro se llamaba y tras la muerte de su padre recibió tierras, vinculadas al reino de Pamplona, en Navarra y en Aragón. A su medio hermano Gonzalo, este legítimo, se le asignaron los condados de Sobrarbe y Ribagorza. A la muerte de este último Ramiro se anexionó por la fuerza sus condados, aumentando sustancialmente su extensión territorial, lo que propició que naciera el reino de Aragón. La tradición sostiene que Ramiro I es el primer rey de Aragón.

Alfonso VI y Zaida

Alfonso VI de Castilla y León tuvo varias esposas pero ninguna le dio el deseado heredero. Lo cierto es que en esa frenética búsqueda el destino propició que conociera, ya veremos hasta qué punto, a una mujer llamada Zaida, cuya procedencia es un tanto oscura. Unos dicen que era nuera del rey moro de Córdoba y otros sostienen que provenía de Sevilla. Además de su belleza, la misteriosa mujer, aportaba un importante patrimonio, cosa nada baladí para las arcas reales siempre huérfanas del preciado metal. En cualquier caso mantuvieron una relación, no hay certeza de si se casaron, fruto de la cual nació el príncipe Sancho. Sancho, llamado a suceder a su ilustre padre, muere en la triste batalla de Uclés. Las tropas cristianas acudieron en socorro de la citada plaza que estaba siendo atacada por los musulmanes. Hubo una segunda concubina, Jimena Muñoz. Una hija llamada Teresa nace de esta relación. El rey no la olvida y le concede amplios territorios en lo que hoy es el norte de Portugal. Lo curioso del caso es que, al amparo de una inocente autonomía, Teresa se aprovecha y se convierte en la iniciadora de la independencia del actual Portugal.

Alfonso XI y Leonor de Guzmán

Alfonso XI mantuvo como amante a Leonor de Guzmán. De esta relación extramatrimonial nació, entre otros varios, Enrique que después de su personal participación en el regicidio de Montiel, donde murió Pedro I, rey legítimo, accedió al trono con el nombre de Enrique II, apodado el de las Mercedes. No me digan que no dan juego los hijos bastardos. De simple Conde de Trastámara a rey de Castilla y León mediante regicidio y por la gracia de Dios.

Fernando el Católico y sus Hijos Extraconyugales

Fernando el Católico también tuvo sus escarceos amorosos fuera del matrimonio. A resultas de los cuales, hasta donde yo sé, tuvo un hijo y tres hijas extraconyugales. El hijo, conocido como Alonso de Aragón, nace de su relación con Aldonza Ruiz. Debió de quererlo mucho pues le nombró arzobispo de Zaragoza a la temprana edad de 10 años. No destacó precisamente por sus aptitudes eclesiales. Se cuenta que en toda su vida solo celebró una misa pues parece ser que le aburría sobremanera. Sus esfuerzos se dirigieron a la política y a las señoras. La primera hija de nombre Juana es también hija de Aldonza Ruiz. En contra de la costumbre de aquella época de encaminarla hacia algún monasterio contrajo matrimonio con el Condestable de Castilla. Hubo otras dos hijas del mismo nombre, las dos Marías. Estas si siguieron la norma no escrita de terminar en un cenobio. En concreto en el convento de Nuestra Señora de Gracia en Madrigal de las Altas Torres. Este convento con anterioridad fue la residencia del rey Juan II de Castilla, padre de Isabel la Católica. Se da la circunstancia que en esa casa nació la propia reina Isabel.

Carlos I y Germana de Foix

El Emperador Carlos I no podía faltar a la cita. Su llegada a Castilla, en concreto a Valladolid, dio ocasión a que conociera a Germana de Foix, última esposa de su difunto abuelo Fernando el Católico. El emperador debía tener alrededor de 18 años. A esa edad hay necesidades que es vital satisfacer. El resultado del experimento con la viuda de su abuelo fue una niña, cuya existencia fue guardada con celo, para evitar posibles conflictos. Solo recientemente, al encontrar la profesora Regina Pinilla Pérez de Tudela el testamento de la reina Germana, quedó al descubierto el secreto.

Felipe IV y María Calderón

El más claro exponente de las relaciones extraconyugales es Felipe IV. Se han contabilizado hasta treinta hijos e hijas bastardos. Tuvo tiempo para posar y que el gran Velázquez lo inmortalizara y además frecuentar los sitios de más ambiente de Madrid. En ellos conoció a sus múltiplos amantes. La más significativa fue María Calderón, la Calderona como popularmente se la conocía. Como siempre la monarquía se ponía nerviosa si no había heredero. Como este se demoraba aconsejaron al rey reconociera la legitimidad de Juan José. Al final casado con su sobrina carnal Mariana de Austria consiguió el deseado heredero. El príncipe Carlos, que reinaría con el ordinal segundo. Fue un ser débil y enfermizo que murió sin descendencia.

Carlos IV y María Luisa de Parma

Los primeros Borbones no dan mucho juego en este sentido. El primero en destacar es Carlos IV y no precisamente por tener hijos fuera del matrimonio. Más bien todo lo contrario. Era la reina, María Luisa de Parma, quien concebía pero sin la participación del monarca. Cuentan que en una discusión con su hijo y heredero Fernando VII la reina le espetó: No protestes tanto y piensa que la única sangre real que llevas en tus venas es la mía.

Alfonso XII y XIII

No es hasta Alfonso XII cuando aparecen hijos concebidos fuera del matrimonio y ninguno es relevante. Jorge, Alfonso y Fernando se limitaron a derrochar los dineros que se le asignaron a su madre, Elena Sanz. Alfonso XIII también está incluido por derecho propio en este club. Sus hijos extraconyugales no pueden considerarse ilustres.

El Caso de Juan Carlos I

En tiempos más recientes, el rey emérito Juan Carlos I ha sido objeto de controversias relacionadas con supuestas paternidades. A pesar de los desmentidos y las acciones legales, las acusaciones persisten, alimentando el debate sobre la vida privada de la realeza y su impacto en la imagen de la monarquía.

El rey emérito Juan Carlos I ha desmentido esta semana la información que corrió por todas partes, incluidos los pasillos del Congreso de los Diputados, sobre una supuesta hija ilegítima que habría tenido con la aristócrata Rosario Palacios. En declaraciones a EFE, el rey Juan Carlos explica que "por el respeto a la verdad y al honor" de las personas afectadas se ve obligado a desmentir estas informaciones "rechazando y condenando por falso cuanto se ha publicado en relación con este inventado asunto".

En el comunicado afirma: "Niego absolutamente haber tenido relación amorosa alguna con la señora doña Rosario Palacios que en paz descanse y consecuentemente haber tenido una hija con ella", subraya de forma rotunda. A pesar del desmentido de Juan Carlos I lo cierto es que los hijos bastardos de la realeza española han sido una constante en la historia de la monarquía y algunos llegaron a ser figuras relevantes, con bastantes casos demostrados y reconocidos, algunos de ellos no muy lejanos en el tiempo.

Él mismo se definió como bastardo real, Leandro Alfonso de Borbón, nacido como Leandro Alfonso Ruiz Moragas, hijo de Alfonso XVIII con una conocida actriz de la época. Hermanastro de don Juan, tío del rey emérito, la justicia le dio el apellido pero no el derecho a ser tratado como alteza real. Tampoco el título de infante de España.

Amantes a lo largo de la historia y también reclamaciones. La justicia ha desestimado las dos demandas de paternidad contra el rey emérito presentadas por una ciudadana belga y un español. En las últimas horas, Juan Carlos I ha tenido que desmentir la existencia de una tercera hija secreta.

Albert Solà

Uno de ellos es Albert Solà, quizá el más mediático, recientemente fallecido. Su recorrido por los medios de comunicación fue casi el mismo que por los juzgados, donde demandaba un reconocimiento que nunca llegó.

Albert Solà nació en Barcelona en 1956, siendo hijo de una madre soltera que enviaron a Suiza para evitar un escándalo lógico en la época. Nada más nacer, dijeron a la madre que el niño necesitaba cuidados especiales y los separaron, ya que el niño fue entregado a una familia acomodada de Ibiza para que lo criaran. Y es ahí cuando empieza una serie de acontecimientos que llevaron al barcelonés a concluir que era hijo de don Juan Carlos.

En 1988 visitó la Casa de Maternidad de Barcelona para pedir su expediente de adopción, un documento que le negaron, alegando que tenía que solicitarlo por vía judicial. El catalán comenzó entonces a atar los cabos de las numerosas pistas que se le habían presentado a lo largo de su vida y que no había sabido explicar, como el extenso chequeo médico al que se le sometió antes de hacer el servicio militar o vacaciones imprevistas durante ese periodo, además de unas anotaciones en su expediente de adopción, siempre según su relato, en las que se leía 'chupete verde', unas palabras que hacían referencia a los bebés con sangre real.

Ingrid Sartiau

Años más tarde se enteró de que una belga llamada Ingrid Sartiau era su hermana, después de que los resultados de las pruebas de ADN así lo concluyeran. En 2012 ambos interpusieron una demanda de paternidad en juzgados ordinarios, que fue rechazada casi inmediatamente por la inviolabilidad que regía en ese momento sobre don Juan Carlos, al ser el jefe del Estado.

Ingrid Sartiau nació en Gante (Bélgica) en 1966, y allí sigue residiendo en la actualidad. Su madre le comunicó la identidad de su supuesto progenitor mientras veía la televisión. “Este hombre es tu padre, me dijo, cuando aparecían unas imágenes del Rey de España en una cadena belga”, según narraba ella misma a Vanitatis hace unos años. La joven sostiene que su madre, Liliane Sartiau, conoció al monarca en 1956, en Francia. La pareja se reencontraría en 1966, en una feria en Luxemburgo, y nueve meses más tarde nació la pequeña Ingrid.

Pese a descubrir a muy temprana edad el nombre de su supuesto padre, no empezó a indagar su ascendencia hasta años más tarde. Convencida de su relación con el monarca, buscó información sobre los Borbón. Casualmente, buceando en internet encontró a una persona en su misma situación: Albert Solà Jiménez, un hombre de Gerona que desde los años noventa intentaba demostrar su parentesco con el Rey.

En 2014, la misma sala aceptaba la demanda, incluso para su propia sorpresa. Pero la ilusión no duraba mucho, puesto que, en marzo de 2015, el pleno de la Sala Civil del Supremo decidía no admitir a trámite la demanda, por 7 votos en contra y 3 a favor.

Nombre Supuesta filiación Estado actual
Albert Solà Hijo de Juan Carlos I y Anna Maria Bach Ramon Fallecido
Ingrid Sartiau Hija de Juan Carlos I y Liliane Sartiau Demanda desestimada
Alejandra de Rojas Hija de Juan Carlos I y una aristócrata no revelada Negado por Juan Carlos I

Implicaciones Legales y Sociales

En el pasado, la condición de hijo natural o de bastardía cercenaba en gran medida la posibilidad de acceder a los derechos hereditarios. En cambio en el entorno oficial la cosa era drásticamente distinta.

Las normas de derecho eclesiástico y civil marginaban por completo al hijo nacido fuera del matrimonio. Pensemos que la Iglesia tenía capacidad para anular matrimonios por muy diversos motivos. Una vez anulado el matrimonio los hijos nacidos de esa unión dejaban de ser legítimos. En derecho cuando un acto se anula es como si nunca hubiera existido. No hay posibilidad de subsanar el defecto al que ha dado origen la anulación.

Todos conocemos casos en los que se ha peleado lo indecible para restaurar la condición de legitimidad para un descendiente que la había perdido, o incluso para concederla ex novo al que nunca la había tenido. En el caso de los reyes es frecuente, como veremos, que tuvieran hijos, o hijas, naturales o bastardos y en este supuesto la herencia podía ser un trono o, por el contrario, la desaparición de la dinastía.

Hoy en día sería fácil demostrar sin son legítimos o ilegítimos. Los restos de Carlos IV y Fernando VII están en el panteón real de los reyes de España en el Escorial, con la prueba del ADN se podría demostrar si después de Carlos IV, los siguiente Borbones son o no son bastardos.

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