Se habla mucho sobre cuál es el término adecuado para referirse a la lactancia en bebés mayores. El uso de "prolongada" no gusta, tampoco convence el uso del término "lactancia irrestricta". Parece que aún no hemos conseguido encontrar los términos idóneos para referirnos a la lactancia cuando los bebés pasan de los dos años.
En este artículo, exploraremos las razones por las que algunas madres experimentan sentimientos negativos hacia la lactancia materna, especialmente cuando se prolonga más allá de los primeros meses. Además, ofreceremos algunas estrategias para afrontar estos desafíos emocionales.
Mitos y realidades de la lactancia en niños mayores
La idea de que a medida que crecen los bebés van pidiendo menos pecho es totalmente errónea. Cuando un niño crece y es capaz de "servirse" él mismo, lo hace. Te levanta la camiseta o te mete la mano por el cuello de la camiseta para llegar al pecho. Además de poder acceder libremente al pecho, tiene voz (y mucha) y pueden pedir el pecho, por si no captas la indirecta de meterte mano, a gritos si es necesario. Después de la crisis de los dos años, la mayoría sigue mamando bastantes veces al día. Y no es hasta la llegada a la escuela que empiezan a mamar menos, y si piden menos no es más que por la separación que se produce en el horario escolar.
Otro mito muy extendido es que el pecho no alimenta a cierta edad. No es cierto, la leche materna, tenga la edad que tenga el bebé, aporta nutrientes de calidad e inmunoglobulinas que les protegen.
El pecho no es solo para comer
¿Quién ha dicho que el pecho es solo para comer? El pecho tiene múltiples funciones y vale la pena que las aprovechemos. Cuando un bebé de dos o tres años tiene una rabieta, ofrecerle el pecho puede conseguir de manera casi mágica que el bebé se calme.
Presión social y familiar sobre la lactancia prolongada
La familia suele ser un gran escollo y soportar los comentarios se merece un premio a la paciencia. Discutir por la lactancia no es la mejor idea, y disertar con ellos si es o no es por vicio no vale la pena. Sonreír ampliamente, darles la razón en todo momento y hacer lo que nos dé la gana suele ser la mejor opción.
A medida que crecen, solemos "pactar" con ellos los momentos y los lugares en los que pueden mamar. Y lo solemos hacer por nosotras, por evitarnos miradas, comentarios o simplemente porque no nos apetece hacerlo a cada momento.
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El destete: un proceso natural
¡Claro que lo va a dejar! Lo sé, igual ahora te parece imposible, pero lo va a dejar. Todos lo dejan. Además, la naturaleza lo tiene todo pensado y el mismo crecimiento del bebé impide a la larga que sigan mamando. A medida que crecen van perdiendo la capacidad de succión porque se producen modificaciones anatómicas que dificultan la succión: la boca se hace más grande, los carrillos pierden el tejido adiposo necesario para sujetar el pezón y la areola dentro de la boca, la epiglotis desciende… Eso marca el destete.
Crisis de lactancia
Durante los primeros días de vida, los bebés suelen hacer tomas muy frecuentes (entre 8 y 12). No obstante, existen fases en los que los bebés parecen no estar satisfechos con el pecho, comportamiento que causa ansiedad importante en las madres. Son las denominadas "Crisis de lactancia". De nuevo, el niño necesita incrementar la cantidad de leche, demandando mayor número de tomas. Puede durar de 3 semanas a un mes. El bebé recorta la duración de las tomas (apenas 5 minutos) y el ritmo de demanda es más irregular.
Es importante:
- Conocer sus causas, momentos de aparición y características de transitoriedad.
- Intentar adaptarse a la demanda del bebé. Si pide mamar con más frecuencia, ponerlo al pecho cada vez que lo pida, aumentado así la producción de leche.
- No es conveniente insistir ni forzar al niño a mamar.
Agitación por amamantamiento: cuando la madre siente rechazo
Bajo este término se quiere describir el cúmulo de sentimientos de rechazo que afloran repentinamente en la madre lactante hacia su hijo. Es un término traducido del inglés, que para nada nos ayuda a entender de qué estamos hablando y en el caso de no haberlo padecido casi es imposible hacerse a la idea de lo mal que se siente una mujer cuando este sentimiento le invade. El sentimiento que mejor define este extraño término es el de rechazo. Es muy duro aceptar y explicar que sientes la necesidad de apartar a tu hijo de tu lado, que no puedes soportarlo cuando mama o que deseas imperiosamente que algún familiar se haga cargo de él para alejarlo de tu lado.
Existen diversos momentos en los que este rechazo puede aparecer. No sabemos muy bien las razones por las que aparece estos sentimientos, pero se cree que quizá se sustentan en la necesidad inconsciente de acelerar el crecimiento de nuestros bebés. De la misma manera que las hembras de los pájaros animan a sus polluelos a salir del nido, nosotras en un determinado punto de lactancia necesitamos que se hagan mayores. Cuando la madre se queda en estado y tiene otro bebé, sus hormonas (en especial la oxitocina) la llevan a volcarse y proteger a la cría más indefensa, se transforma en mamá leona. Hay mujeres que nunca lo van a experimentar, al menos no lo manifiestan, pero lo que tenemos claro es que muchas mujeres sí lo han vivido.
Si estás sufriendo el rechazo hacia tu hijo, en primer lugar aparta el sentimiento de culpa, esto no es algo racional que puedas evitar. En segundo lugar valora qué deseas hacer por encima de todo. De esta manera vas a saber si para ti es más adecuado destetar o intentar seguir con la lactancia, con pequeños trucos.
Sentimientos encontrados durante la lactancia
Durante el transcurso de la lactancia, la madre va a experimentar muchos sentimientos y rara vez se habla de ellos, parece que está mal visto o que es inapropiado compartir sentimientos que no sean positivos respecto a la maternidad. Al inicio de lactancia quizá la madre puede sentir miedo o inseguridades, si todo va bien se sentirá estupenda, pletórica y feliz. Si la lactancia no funciona o se tuercen quizá sienta frustrada y triste.
El término agitación por amamantamiento no es demasiado clarificador, no permite hacerse a la idea de las profundas implicaciones emocionales que conlleva. Lo que se siente es un rechazo, un rechazo visceral hacia el niño cuando mama. Este rechazo se puede manifestar en diversas situaciones relacionadas con la lactancia y la crianza.
En bebés mayores (1, 2 años o más) que siguen mamando: Cuando un niño mayor demanda el pecho continuamente puede ser desconcertante y la madre se puede sentir abrumada y ahogada con tanta demanda. No sabemos muy bien las razones por las que aparece el sentimiento de rechazo, pero se cree que quizá se sustentan en la necesidad inconsciente de acelerar el crecimiento de nuestros bebés. Cuando la madre se queda en estado y tiene otro bebé sus hormonas (en especial la oxitocina) la llevan a volcarse y proteger a la cría más indefensa. Como hemos dicho van a aparecer y controlarlos es complicado.
Cada vez más mujeres dan el pecho de manera prolongada, así que cada vez más madres van a experimentar estas sensaciones de rechazo y no hay nada mejor hablar de ello.
