Número de Cotiledones y Aspectos Clave de la Placenta

La placenta es un órgano efímero presente en la mayoría de los mamíferos y que relaciona estrechamente al bebé con su madre. Este órgano atiende las necesidades de respiración, nutrición y excreción del feto durante su desarrollo. Sin placenta no hay embarazo viable.

La placenta humana comienza a formarse en la segunda semana de concepción y se considera que ha adquirido su forma definitiva alrededor del tercer mes, cuando sigue extendiéndose, creciendo y engrosándose, pero ya está delimitada.

Diagrama de la placenta humana mostrando sus componentes principales.

Formación y Estructura de la Placenta

La placenta humana, como órgano de relación estrecha entre el feto y su madre, comienza a formarse en la segunda semana, y evoluciona hasta el tercer-cuarto mes, cuando ya está totalmente formada y diferenciada, aunque sufre algunos cambios menores hasta el término del embarazo.

Implantación: Es el primer estadío en el desarrollo de la placenta. En la mayoría de los casos ocurre una muy cercana relación entre el trofoblasto embrionario y las células del endometrio. El cigoto, en estado de blastocito, se adosa a la capa funcional del útero, el endometrio, que para entonces ha sufrido modificaciones histológicas a causa de los cambios hormonales del embarazo. La implantación del embrión humano se lleva a cabo por la acción erosiva del sincitiotrofoblasto, un grupo de células que rodean parte del blastocito.

Las vellosidades que se forman en la superficie del corion relacionadas con el polo embrionario aumentan rápidamente de número, se ramifican y crecen, formando el corion velloso frondoso. Es el período de evolución de las vellosidades a lo largo de la cavidad de implantación.

  • Desde el día 9 hasta el día 13, la fase lacunar: Se caracteriza por la aparición de vacuolas aisladas en el sincitiotrofoblasto que, al fusionarse e invaginarse, forman lagunas extensas llamadas cavidades hemáticas con lo cual se origina la nutrición embrionaria.
  • Día 13: Aparecen las vellosidades a modo de tabiques que separan las lagunas. A estas trabéculas o tabiques se los conoce como los troncos de las vellosidades primarias.
  • Día 15: En cada columna sincitial aparece un eje trofoblástico, el tronco de las vellosidades secundarias.
  • Día 18: Las vellosidades aparecen como un eje mesenquimatoso envueltas por la capa de citotrofoblasto y sincitiotrofoblasto, en cuyo seno aparecen unos islotes vasculares que permiten distinguir lo que será la futura circulación fetal.
  • Día 21: Las células del mesodermo en el centro de la vellosidad terciaria comienzan a diferenciarse en capilares de pequeño calibre que forman redes capilares arterio-venosas constituyendo las vellosidades terciarias.

La red vascular que se formó entre las vellosidades contacta con los vasos umbilicoalantoideos, quedando establecida la circulación feto-placentaria, que como hemos dicho, emplea vasos alantoideos (de aquí proviene el nombre de corialantoidea). Al final de la tercera semana la sangre comienza a circular a través de los capilares de las vellosidades coriónicas.

Del 2º al 4º mes: las vellosidades se arborizan y aparecen rodeadas por una doble capa trofoblástica: una parte superficial, originada por el sincitiotrofoblasto; y una parte profunda y fibrótica, originada por el citotrofoblasto, que se conoce como células de Langhans. Aparecen en este momento las vellosidades en grapa, ramas de estos “árboles” que llegan hasta la cara materna de la placenta; mientras que el resto quedan como vellosidades flotantes en la cámara intervellosa.

Después del 4º mes: las vellosidades se han transformado en un árbol frondoso, muy vascularizado, a través de cuyos huecos (los espacios intervellosos) circula la sangre materna. El citotrofoblasto en este momento prácticamente ha desaparecido.

Se le llama caducas a las transformaciones que ocurren exclusivamente en la mucosa uterina por efecto de la fecundación, y se distinguen tres porciones: caduca basilar, caduca parietal y caduca refleja. Las células conjuntivas de la mucosa uterina se transforman durante la implantación tras sufrir lo que se denomina la reacción decidual, formando una zona compacta en la que se encuentran restos de lo que fueron las glándulas uterinas. En la parte que se encuentra inmediatamente debajo, encontramos la zona esponjosa por la cual pasará el plano de despegamiento durante el alumbramiento.

La placenta por la cara materna está formada por parte de la mucosa materna y dividida en lóbulos o cotiledones por una serie de surcos profundos. El origen de esta parte placentaria es la mucosa uterina, que en cada ciclo menstrual se prepara por la acción de una serie de hormonas ováricas (foliculina y progesterona) para la anidación. Esta proliferación del endometrio afecta a los vasos, al epitelio, al corion y a las glándulas. La porción materna es la parte más externa de la placenta, en contacto con la pared uterina, por lo que se llama placa basal. En la placenta se pueden distinguir entre 20 y 30 troncos vellosos (partes redondeadas y salientes por la cara materna). Es una evolución del trofoblasto, el cual aparece alrededor del quinto día para que el huevo pueda implantarse el 6º o 7º día en la mucosa uterina.

Al final de la gestación, la placenta es un disco con un diámetro aproximado de 20cm y medio kg de peso (que equivale aproximadamente al 16% del peso fetal). Una modificación excesiva de estos valores supone una patología.

Circulación Placentaria

La circulación placentaria trae en cercana proximidad a dos sistemas circulatorios independientes, la materna y la fetal. La llegada de sangre a la placenta está influenciada por varios factores, en especial la presión arterial, contracciones uterinas, hormonas y efectos adversos como el tabaquismo y fármacos. Las divisiones de la placenta dan gran superficie, lo que permite mayores intercambios (unos 10 m² al término del embarazo).

El flujo sanguíneo desde el embrión llega a los vasos que se localizan en las vellosidades-entre 2 a 8 redes capilares localizadas dentro de 20-50 vellosidades hijas que derivan de un total de aproximadamente 30 troncos vellosos. Los capilares de las vellosidades son ramas terminales de los vasos sanguíneos umbilicales. La sangre fetal desoxigenada llega por vía de las arterias umbilicales y sale de la placenta con sangre oxigenada por una sola vena, la vena umbilical.

La presión sanguínea en la arteria umbilical es aproximadamente 50 mmHg y esta sangre fluye a través de vasos más delgados que cruzan la placa coriónica hasta los capilares que están dentro de las vellosidades, lugar donde la presión sanguínea cae a 30 mmHg. En la vena umbilical la presión es de 20 mmHg. La presión en los vasos fetales y sus ramas siempre es mayor que la de los espacios intervellosos.

La cámara intervellosa tiene tres espacios limítrofes: los septos intercotiledóneos (provenientes del endometrio), la placa corial (separa al feto de uno de los polos de las vellosidades) y la placa basal (separa al endometrio del polo opuesto de las vellosidades). La sangre proveniente de la madre llega a la placa basal por ramas distales de la arteria uterina hasta las cámaras intervellosas, circulando entre las numerosas ramificaciones, y retorna por ramas de la vena uterina.

La circulación materna es posible por una diferencia de presión: 70 mmHg en la arteria y entre 8 y 10 mmHg en la cámara, mientras que en el feto la circulación se produce en un sistema vascular cerrado con una presión media de 30mmHg, que evita que los vasos vellositarios se colapsen.

Diagrama de la circulación placentaria mostrando los componentes maternos y fetales.

Cordón Umbilical

El cordón umbilical se forma cuando, aproximadamente entre la cuarta y la octava semana de la gestación, se unen el amnios-que recubre la cavidad amniótica-y la capa de ectodermo que rodea al embrión, formando un anillo umbilical que se vuelve pedículo.

Por ese pedículo embrionario pasan varias estructuras, ventralmente pasan el conducto onfalomesentérico (que incluye el conducto y vasos del saco vitelino); dorsalmente el alantoides con los vasos umbilicoalantoideos. Finalmente, ambos pedículos se fusionan y aparece el cordón umbilical. El cordón reúne un eje mesenquimatoso y elementos del pedículo embrionario y del canal vitelino, y está recubierto por el amnios, de forma que se continúa con los tejidos embrionarios en la zona de inserción umbilical.

Evaluación Diagnóstica del Espectro de Placenta Acreta

La exploración ecográfica (mediante sonda transabdominal y transvaginal) sigue siendo la modalidad de imagen de preferencia para la evaluación de la placenta. La RM se considera una técnica de diagnóstico por imagen complementaria. Tanto la exploración histopatológica como las técnicas por imagen (ecografía y RM) se enfrentan a retos para determinar la presencia y la extensión de la invasión en los trastornos del EPA (especialmente en las formas focales y menos graves de invasión).

Sin embargo, la diferenciación entre placenta acreta frente a increta es irrelevante desde el punto de vista clínico, ya que comparten el mismo plan de tratamiento. En cambio, en caso de placenta percreta, las vellosidades coriónicas invaden estructuras adyacentes (por ejemplo, vejiga, rectosigmoide y pared pélvica) que afectan a la planificación quirúrgica y deberían identificarse.

Cuando la exploración ecográfica es sospechosa o no concluyente, en casos de placenta posterior en los que los haces de la ecografía no pueden alcanzar la placenta de forma apropiada, o cuando se sospecha placenta percreta grave en la ecografía (para determinar la extensión extrauterina de la placenta), entra en juego la RM de la placenta.

La RM ofrece un mayor detalle de las interfaces uteroplacentarias y el entorno periuterino, que resultan mucho más difíciles de evaluar en una exploración ecográfica.

Placenta Envejecida e Insuficiencia Placentaria

La placenta está diseñada para que dure el tiempo que el bebé se encuentre dentro del útero materno, es decir, entre 36 y 42 semanas. Todas las placentas evolucionan a lo largo de la gestación, y si no hay complicaciones, están preparadas para llegar con buen funcionamiento a un embarazo a término. Pero en algunas ocasiones, la placenta empieza a fallar y aparecen unas calcificaciones en los vasos sanguíneos que dificultan que al bebé le llegue la cantidad correcta de oxígeno y nutrientes, y que pueda crecer bien.

La placenta envejecida hace referencia a un término ecográfico en el que la placenta presenta un aspecto blanquecino sugestivo de depósitos de calcio. Si por algún motivo, empieza a tener un peor funcionamiento, tiene mecanismos para que el recién nacido pueda sobrevivir con estrecha vigilancia hasta que el obstetra considere que el riesgo del mismo ya es alto y tenga que nacer.

Si estás sana, para mimar tu placenta no vas a tener que hacer nada extraordinario. Tu placenta te va a exigir los mismos cuidados que tu bebé: buena alimentación, ejercicio físico moderado, nada de alcohol, tabaco u otras drogas y correcta vigilancia del ginecólogo u obstetra.

PLACENTA PREVIA: CLASIFICACIÓN, DIAGNÓSTICO, 🩸SÍNTOMAS🩸, MANEJO... - Ginecología y Obstetricia -

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