La Navidad es el tiempo en el que la Iglesia celebra que Dios se hace hombre. Los cristianos celebramos su humilde nacimiento en Belén, anunciado a los pastores. Nace un niño que se presenta como signo de luz y paz en medio de la oscuridad de la violencia y de la guerra. Este niño nacido pobre en Belén traerá la paz. Jesús es nuestra paz y la fuente de nuestra alegría. Él es nuestra esperanza, como dice el Evangelio.
Hoy, inmersos en tantísimas oscuridades por la tenebrosidad de los acontecimientos que no cesan en su devenir, ha nacido para nosotros un niño y un hijo nos ha sido dado. Un ser frágil en la que la soberanía reposa sobre sus hombros y se le dará por nombre: ‘Consejero maravilloso’. Con este don recibimos el anuncio de la salvación y Dios es el Señor. Por eso brotan cánticos de alegría y la consolación del Señor es para su pueblo. Esta noticia y regocijo no tienen límites y se expande hasta los confines de la tierra. Podemos repetir: “Toda la tierra ha visto la salvación de nuestro Dios”. Es una proclama que nos otorga el sentido universal de la Buena Noticia y que incluye a los seres humanos y la creación.
El Hijo de Dios entra en la historia convirtiéndose en nuestro compañero de viaje, y comienza a viajar cuando aún está en el vientre de su madre. El evangelista Lucas nos cuenta que, apenas concebido, fue desde Nazaret hasta la casa de Zacarías e Isabel; y luego, al final del embarazo, de Nazaret a Belén para el censo. María y José se vieron obligados a ir a la ciudad del rey David, donde también había nacido José. El Mesías tan esperado, el Hijo del Dios Altísimo, se deja censar, es decir, contar y registrar, como cualquier otro ciudadano. Lucas sitúa el nacimiento de Jesús en «un tiempo que se puede determinar con precisión» y en «un entorno geográfico indicado con exactitud», de modo que «lo universal y lo concreto se tocan recíprocamente» (Benedicto XVI, La infancia de Jesús, 2012, 77).
Belén significa «casa del pan». Allí se cumplieron para María los días del parto y allí nació Jesús, Pan bajado del cielo para saciar el hambre del mundo (cf. Jn 6,51). El ángel Gabriel había anunciado el nacimiento del Rey mesiánico con el signo de la grandeza: «He aquí que concebirás en tu seno y darás a luz un hijo, a quien pondrás por nombre Jesús. Sin embargo, Jesús nace de una forma totalmente inédita para un rey.
De hecho, «mientras estaban en aquel lugar, se le cumplieron los días del parto. Dio a luz a su hijo primogénito, lo envolvió en pañales y lo acostó en un pesebre, porque no había sitio para ellos en el albergue» (Lc 2,6-7). Lucas nos muestra así que Dios no viene al mundo con sonoras proclamas, no se manifiesta con clamor, sino que comienza su viaje en la humildad.
Los Primeros Testigos: Los Pastores
¿Y quiénes son los primeros testigos de este acontecimiento? Son unos pastores: hombres con poca cultura, malolientes por el contacto constante con los animales, que viven al margen de la sociedad. Sin embargo, ejercen el oficio por el que Dios mismo se da a conocer a su pueblo (cf. Gn 48,15; 49,24; Sal 23,1; 80,2; Is 40,11). Dios los elige para que sean los destinatarios de la noticia más maravillosa que jamás haya resonado en la historia: «No teman: porque les anuncio una gran alegría para todo el pueblo: hoy, en la ciudad de David, les ha nacido un Salvador, que es Cristo el Señor.
El lugar al que acudir para conocer al Mesías es un pesebre. Sucede, en efecto, que, después de tanta espera, «para el Salvador del mundo, para Aquel en vista del cual todo fue creado (cf. Col 1,16), no hay sitio» (Benedicto XVI, La infancia de Jesús, 2012, 80). Los pastores se enteran así de que, en un lugar muy humilde, reservado a los animales, nace para ellos el Mesías tan esperado, para ser su Salvador, su Pastor. Esta noticia abre sus corazones al asombro, a la alabanza y a la proclamación gozosa. «A diferencia de tanta gente que pretende hacer otras mil cosas, los pastores se convierten en los primeros testigos de lo esencial, es decir, de la salvación que se les ofrece. Son los más humildes y los más pobres quienes saben acoger el acontecimiento de la Encarnación» (Carta ap.
Hermanos y hermanas, pidamos también nosotros la gracia de ser, como los pastores, capaces de asombro y alabanza ante Dios, y capaces de custodiar lo que Él nos ha confiado: nuestros talentos, nuestros carismas, nuestra vocación y las personas que Él pone a nuestro lado. Los cristianos no podemos olvidar que en el corazón de esta festividad se encuentra un Niño que es el Salvador, el Mesías, el Señor. Podemos comenzar con unos minutos de silencio o cantando un villancico apropiado. Ha nacido el Salvador, de J.
El Relato Evangélico de Lucas
El evangelista san Lucas cuenta cómo se celebró la primera Navidad. Después de unos momentos de silencio, leemos y comentamos en grupo los siguientes párrafos.
- En la primera (Lc 2,1-7) presenta la ascendencia de Jesús (era de la familia de David y nace en Belén).
- La segunda escena (Lc 2,8-14) relata el «alboroto» que se forma en el cielo.
- La tercera escena (Lc 2,15-20) narra el anuncio a los pastores.
- Observad también las actitudes de los pastores.
El Salvador, el Mesías, el Señor, se ha hecho niño por nosotros. ¿Dónde descubro hoy el nacimiento de Jesús? Quienes se han encontrado con Jesús no pueden callar la buena noticia, tienen que contarla, como los pastores.
Dios se une a la humanidad
La Navidad nos recuerda que Dios se ha unido para siempre a la humanidad y la creación, permaneciendo fiel a ella hasta conducirla hacia su plenitud. Estamos en el camino e indudablemente contemplamos los signos de la fatiga, del pecado y la muerte que nos interrogan para que pueda ser purificada nuestra fe. En este día confirmamos la confianza y pedimos crecer en ella.
Verdaderamente ha despuntado un día santo y una luz espléndida ha descendido sobre la tierra.“En este Niño y por este Niño, Dios mismo sale al encuentro del hombre y Dios viene a nuestro encuentro. En este claroscuro se fusionan la luz y la noche, la pobreza y la grandeza unido a la pequeñez que se diviniza en el portal de belén. Verdaderamente la vida era la luz de los hombres y esta luz brilla en las tinieblas y las tinieblas no la vencieron.
El hombre llamado a creer en este primado del amor del Padre en Jesucristo y en el Espíritu, derramado sobre la creación, capaz de alcanzar y transformar por caminos misteriosos a toda persona y criatura. Este amor permanecía en el mundo y el mundo fue hecho por Él. Siempre es posible el cierre y rechazo y esta realidad parte de la tragedia de nuestra condición humana. Al mismo tiempo, a los que lo recibieron les concedió el poder de llegar a ser hijos de Dios. Por lo tanto, hoy este Niño es posible aceptarlo y en la frágil carne de la humanidad reconocer su modo inmutable de ser el Dios con nosotros y no sólo sobre nosotros, porque la Navidad se manifiesta dentro de una historia concreta de luces y sombras de la que Dios Nuestro Padre no queda impasible.
Y es que, el Nacimiento del Niño Dios no es una idea, como tampoco una invención humana, sino algo que ha sucedido en la historia universal. De ahí, que el Evangelio encuadre este hecho en un tiempo y espacio.
La Salvación viene de Dios
Dentro de este entramado existencial, puede ser que en nosotros resida el impulso de creernos dioses, cuando absolutizamos la autonomía de la libertad. La salvación y la vida en plenitud únicamente nos puede venir de Dios. Y eso es lo que actualmente ocurre: Dios nace para proporcionarnos su salvación.
En esta noche santa estamos llamados a acercarnos a la gruta de Belén y mirar fijamente a ese Niño humilde, descubriendo y adorando el misterio para que por medio de lo visible alcancemos lo invisible en la intimidad y el corazón. En ese Niño, valga la redundancia, verdadero Dios y verdadero hombre, porque asume la naturaleza humana, Dios se ha unido para siempre. En ese misterio está significada la razón, el fundamento y la raíz de la dignidad de cualquier persona humana, desde su concepción hasta su muerte natural.
Por eso la vida, la dignidad de toda persona humana es inviolable. Nadie puede determinar quién es digno de vivir o quien debe morir. Únicamente Dios es el Señor de la vida de todo ser humano. Todos estamos citados a participar para siempre de su vida. Es lo que da aliento en nuestro caminar incesante. Esta es la causa de nuestra alegría en la Navidad y de la que nadie nos puede despojar, porque es la satisfacción de saberse y sentirse amados por Dios en este Niño.
Celebrando la Liberación
Celebrar el Nacimiento de Cristo es exaltar nuestra liberación. Hoy, entrar en el misterio de Belén significa esponjarnos del amor inagotable de Dios. Como dice textualmente la Epístola a Tito 2, 11-13: “Porque se ha manifestado la gracia salvadora de Dios a todos los hombres, que nos enseña a que renunciemos a la impiedad y a las pasiones mundanas, vivamos con sensatez, justicia y piedad en el siglo presente, aguardando la feliz esperanza y la Manifestación de la gloria del gran Dios y Salvador nuestro Jesucristo”.
Abracemos a Cristo que viene a salvarnos, adentrémonos decididamente en la Iglesia que es nuestra Madre y en la que Cristo continúa vivo, alimentemos el espíritu con la Palabra de Dios hecha carne, acojamos la gracia del Señor en los sacramentos y marchemos hacia la santidad. En contraste con la palaba humana que no es más que la resonancia de un sonido o concepto, ‘el Verbo’, ‘la Palabra de Dios’, es el mismo Dios, revelado, manifestado y puesto a nuestro alcance en este Niño. Porque la Palabra de Dios se ha hecho carne. Jesús no es una ficción retórica, sino un...
En el evangelio de Lucas notamos una diferencia significativa entre el nacimiento de Jesús y el nacimiento de Juan Bautista. Juan nace en su casa, en su tierra, en medio de sus parientes y vecinos y es acogido por todos. (Lc 1,57-58). Jesús nace desconocido, fuera del ambiente familiar y de los vecinos, fuera de su tierra. “ No había puesto para ellos en el mesón”. Intentemos colocar y comentar nuestro texto (Lc 2,16-21) en el amplio contexto de la visita de los pastores (Lc 2,8-21).
El texto de esta fiesta de la Madre de Dios (Lc 2,16-21) forma parte de la descripción más amplia del nacimiento de Jesús (Lc 2,1-7) y de la visita de los pastores (Lc 2,8-21). El ángel había anunciado el nacimiento del Salvador, dando una señal para reconocerlo: “Encontraréis un niño envuelto en pañales, y acostado en un pesebre”. Ellos esperaban al Salvador de todo un pueblo y deberán reconocerlo en un niño recién nacido, pobre, que yace entre dos animales. El plan de Dios acontece de modo inesperado, lleno de sorpresa. Esto sucede hoy también. ¡Un niño pobre será el Salvador del mundo!
La Palabra de Dios no es un sonido producido por la boca. Es sobre todo ¡un acontecimiento! Los pastores dicen literalmente: “Vayamos a ver esta palabra que se ha verificado y que el Señor nos ha manifestado” En hebreo, la expresión DABAR puede significar al mismo tiempo palabra y cosa (acontecimiento), generado por la palabra. La palabra de Dios tiene fuerza creadora. Cumple lo que dice. En la creación dijo Dios: “¡Hágase la luz! ¡Y la luz se hizo!” (Gén 1,3). Lucas añade enseguida que “ María conservaba estas palabras (acontecimientos) meditándolos en su corazón”.
El niño recibe el nombre de Jesús que le había sido dado por el ángel, antes de ser concebido. El ángel había dicho a José que el nombre del niño debía ser Jesús “él salvará a su pueblo de sus pecados” (Mt 1,21). El nombre de Jesús es Cristo, que significa Ungido o Mesías. Jesús es el Mesías esperado. Un tercer nombre es Emmanuel, que significa Dios con nosotros (Mt 1,23). Se trata de dos capítulos bastantes conocidos, pero pocos profundizados.
Lucas los escribe imitando los escritos del Viejo Testamento. Es como si estos dos capítulos fuesen los últimos del Viejo Testamento abriendo la puerta para la llegada del Nuevo Testamento. En estos capítulos nos hace sentir el perfume de un ambiente de ternura y alabanza. Del principio al fin, se alaba y canta la misericordia de Dios que, finalmente, viene a cumplir sus promesas. Lucas nos muestra cómo Jesús, cumple el Viejo Testamento iniciando el Nuevo Testamento. Y lo cumple a favor de los pobres, de los anawim, de aquéllos que sabrán esperar su venida: Isabel, Zacarías, José, Simeón, Ana , los pastores.
Por esto, los dos primeros capítulos no son historia según el sentido que hoy le damos a la historia. Sirven mucho más como un espejo, en el que los destinatarios, los cristianos convertidos del paganismo, podían descubrir quién era Jesús y cómo había venido para realizar las profecías del Viejo Testamento, respondiendo a las más profundas aspiraciones del corazón humano. Era espejo también de lo que estaba acaeciendo en las comunidades del tiempo de Lucas.
Es en el modo en el que María sabe referirse a la Palabra de Dios en el que las comunidades contemplan el modo más correcto de relacionarse con la Palabra de Dios: acogerla, encarnarla, vivirla, profundizarla, rumiarla, hacerla nacer y crecer, dejarse plasmar por ella, aun cuando no se entienda o cuando nos hace sufrir.
Por el nacimiento de su Hijo en la humildad de nuestra carne, Dios ha confundido nuestra soberbia y vencido al pecado del mundo. Fiesta de la Sagrada Familia. - Eclo 3, 2-6. - Sal 127. - Mt 2, 13-15. 19-23. La Sagrada Familia es modelo de virtudes domésticas y de unión en el amor (Co). Con ella comenzó a existir la familia como Iglesia doméstica, en la que se evangeliza y se practica la vida cristiana. La primera lectura nos recuerda que hay que honrar a los padres.
Encontraron a María y a José y al niño. En este primer día del año celebramos la Octava de la Natividad del Señor-a los ocho días circuncidaron al niño y le pusieron por nombre Jesús, que significa Dios es salvación- (Ev) con la solemnidad de la maternidad divina de la Virgen María. De ella nació el enviado por Dios, el Hijo (cf. 2 Lect), la segunda Persona de la Santísima Trinidad, hecho hombre, por lo que puede ser proclamada con toda propiedad como Madre de Dios y Madre de la Iglesia, Cuerpo místico de Cristo (cf. De).
Jesucristo es Salvador para todo el mundo. Así se expresa en el relato evangélico que nos presenta a unos gentiles -los magos de Oriente- que guiados por la luz de la fe representada por la estrella, adoraron al niño que estaba con María, su madre. Y le ofrecieron oro, como rey; incienso como Dios; y mirra como hombre que habría de sufrir para salvarnos.
Aquí aprendemos que todo núcleo familiar cristiano está llamado a ser «iglesia doméstica», para hacer resplandecer las virtudes evangélicas y llegar a ser fermento de bien en la sociedad.
Dios Padre, tú has amado tanto a los hombres que nos enviaste a tu único Hijo para salvarnos y llevarnos de nuevo a ti, derrama tu bendición sobre estos alimentos y también sobre los miembros de este hogar, para que así como ahora acogemos gozosos a tu Hijo hecho niño en Belén, lo recibamos también confiados cuando venga al fin de los tiempos. Por Jesucristo, nuestro Señor. Amén.
Con la encarnación del Hijo de Dios, Dios se hace cercano, accesible y más aún, se hace uno como nosotros.
Si la gente pudiera experimentar lo que verdaderamente significa ser amados por Dios, todo cambiaría y la paz habitaría en la tierra.
Lucas nos muestra cómo Jesús, cumple el Viejo Testamento iniciando el Nuevo Testamento. Y lo cumple a favor de los pobres, de los anawim, de aquéllos que sabrán esperar su venida: Isabel, Zacarías, José, Simeón, Ana , los pastores.
En el evangelio de Lucas notamos una diferencia significativa entre el nacimiento de Jesús y el nacimiento de Juan Bautista. Juan nace en su casa, en su tierra, en medio de sus parientes y vecinos y es acogido por todos. (Lc 1,57-58). Jesús nace desconocido, fuera del ambiente familiar y de los vecinos, fuera de su tierra. “ No había puesto para ellos en el mesón”. Intentemos colocar y comentar nuestro texto (Lc 2,16-21) en el amplio contexto de la visita de los pastores (Lc 2,8-21).
El texto de esta fiesta de la Madre de Dios (Lc 2,16-21) forma parte de la descripción más amplia del nacimiento de Jesús (Lc 2,1-7) y de la visita de los pastores (Lc 2,8-21). El ángel había anunciado el nacimiento del Salvador, dando una señal para reconocerlo: “Encontraréis un niño envuelto en pañales, y acostado en un pesebre”. Ellos esperaban al Salvador de todo un pueblo y deberán reconocerlo en un niño recién nacido, pobre, que yace entre dos animales. El plan de Dios acontece de modo inesperado, lleno de sorpresa. Esto sucede hoy también. ¡Un niño pobre será el Salvador del mundo!
La Palabra de Dios no es un sonido producido por la boca. Es sobre todo ¡un acontecimiento! Los pastores dicen literalmente: “Vayamos a ver esta palabra que se ha verificado y que el Señor nos ha manifestado” En hebreo, la expresión DABAR puede significar al mismo tiempo palabra y cosa (acontecimiento), generado por la palabra. La palabra de Dios tiene fuerza creadora. Cumple lo que dice. En la creación dijo Dios: “¡Hágase la luz! ¡Y la luz se hizo!” (Gén 1,3). Lucas añade enseguida que “ María conservaba estas palabras (acontecimientos) meditándolos en su corazón”.
El niño recibe el nombre de Jesús que le había sido dado por el ángel, antes de ser concebido. El ángel había dicho a José que el nombre del niño debía ser Jesús “él salvará a su pueblo de sus pecados” (Mt 1,21). El nombre de Jesús es Cristo, que significa Ungido o Mesías. Jesús es el Mesías esperado. Un tercer nombre es Emmanuel, que significa Dios con nosotros (Mt 1,23). Se trata de dos capítulos bastantes conocidos, pero pocos profundizados.
Lucas los escribe imitando los escritos del Viejo Testamento. Es como si estos dos capítulos fuesen los últimos del Viejo Testamento abriendo la puerta para la llegada del Nuevo Testamento. En estos capítulos nos hace sentir el perfume de un ambiente de ternura y alabanza. Del principio al fin, se alaba y canta la misericordia de Dios que, finalmente, viene a cumplir sus promesas. Lucas nos muestra cómo Jesús, cumple el Viejo Testamento iniciando el Nuevo Testamento. Y lo cumple a favor de los pobres, de los anawim, de aquéllos que sabrán esperar su venida: Isabel, Zacarías, José, Simeón, Ana , los pastores.
Por esto, los dos primeros capítulos no son historia según el sentido que hoy le damos a la historia. Sirven mucho más como un espejo, en el que los destinatarios, los cristianos convertidos del paganismo, podían descubrir quién era Jesús y cómo había venido para realizar las profecías del Viejo Testamento, respondiendo a las más profundas aspiraciones del corazón humano. Era espejo también de lo que estaba acaeciendo en las comunidades del tiempo de Lucas.
Es en el modo en el que María sabe referirse a la Palabra de Dios en el que las comunidades contemplan el modo más correcto de relacionarse con la Palabra de Dios: acogerla, encarnarla, vivirla, profundizarla, rumiarla, hacerla nacer y crecer, dejarse plasmar por ella, aun cuando no se entienda o cuando nos hace sufrir.
Por el nacimiento de su Hijo en la humildad de nuestra carne, Dios ha confundido nuestra soberbia y vencido al pecado del mundo. Fiesta de la Sagrada Familia. - Eclo 3, 2-6. - Sal 127. - Mt 2, 13-15. 19-23. La Sagrada Familia es modelo de virtudes domésticas y de unión en el amor (Co). Con ella comenzó a existir la familia como Iglesia doméstica, en la que se evangeliza y se practica la vida cristiana. La primera lectura nos recuerda que hay que honrar a los padres.
Encontraron a María y a José y al niño. En este primer día del año celebramos la Octava de la Natividad del Señor-a los ocho días circuncidaron al niño y le pusieron por nombre Jesús, que significa Dios es salvación- (Ev) con la solemnidad de la maternidad divina de la Virgen María. De ella nació el enviado por Dios, el Hijo (cf. 2 Lect), la segunda Persona de la Santísima Trinidad, hecho hombre, por lo que puede ser proclamada con toda propiedad como Madre de Dios y Madre de la Iglesia, Cuerpo místico de Cristo (cf. De).
Jesucristo es Salvador para todo el mundo. Así se expresa en el relato evangélico que nos presenta a unos gentiles -los magos de Oriente- que guiados por la luz de la fe representada por la estrella, adoraron al niño que estaba con María, su madre. Y le ofrecieron oro, como rey; incienso como Dios; y mirra como hombre que habría de sufrir para salvarnos.
Aquí aprendemos que todo núcleo familiar cristiano está llamado a ser «iglesia doméstica», para hacer resplandecer las virtudes evangélicas y llegar a ser fermento de bien en la sociedad.
Dios Padre, tú has amado tanto a los hombres que nos enviaste a tu único Hijo para salvarnos y llevarnos de nuevo a ti, derrama tu bendición sobre estos alimentos y también sobre los miembros de este hogar, para que así como ahora acogemos gozosos a tu Hijo hecho niño en Belén, lo recibamos también confiados cuando venga al fin de los tiempos. Por Jesucristo, nuestro Señor. Amén.
Con la encarnación del Hijo de Dios, Dios se hace cercano, accesible y más aún, se hace uno como nosotros.
Si la gente pudiera experimentar lo que verdaderamente significa ser amados por Dios, todo cambiaría y la paz habitaría en la tierra.
Lucas nos muestra cómo Jesús, cumple el Viejo Testamento iniciando el Nuevo Testamento. Y lo cumple a favor de los pobres, de los anawim, de aquéllos que sabrán esperar su venida: Isabel, Zacarías, José, Simeón, Ana , los pastores.
| Evento | Descripción |
|---|---|
| Anuncio del Ángel | El ángel Gabriel anuncia a María que concebirá un hijo, Jesús, el Mesías. |
| Nacimiento en Belén | Jesús nace en un pesebre en Belén debido a la falta de alojamiento. |
| Visita de los Pastores | Los pastores, informados por los ángeles, visitan al niño Jesús. |
| Adoración de los Magos | Los Magos de Oriente, guiados por una estrella, llegan para adorar a Jesús y ofrecerle regalos. |
